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domingo, agosto 16, 2026

Juan José Campanella

 Juan José Campanella y sus recuerdos de El hijo de la novia, que hoy cumple 25 años de su estreno

Llamamos al director, por el aniversario del filme con Ricardo Darín, Héctor Alterio y Norma Aleandro, que fue candidato al Oscar.

Y Campanella nos escribió esta nota.

En realidad, la historia empezó en el año 1999, para mí se cumplen 27 años por estas épocas. Fue una noche de ese año que fui a cenar con mi papá, y tuve la charla que empezó todo.

Los ubico en la situación. Hacía poco habíamos terminado de filmar El mismo amor, la misma lluvia, y sentía que ese tándem que habíamos formado con Ricardo Darín era una especie de Milagro. Ese enorme actor al que le debo tantísimo, además tenía conmigo una serie de coincidencias creativas muy raras. Una película es una sucesión de emociones intangibles y tener como coautor (un gran actor es también coautor) a alguien con quién se acuerda en esas (el sentido del humor, de la emoción, de la comedia, del timing, de la sensibilidad) debe ser cuidado como una orquídea.

Al mismo tiempo con otro de esos coautores/hermanos de la vida, Fernando Castets, buscábamos una historia para contar lo que le pasaba al hombre de 40 y pico en esos años, a ese hombre que estaba solo y esperaba, sin saber qué, mirando un televisor caleidoscópico a las 4 de la mañana sin poder dormir, control remoto en mano. Teníamos el personaje, pero no la historia.

Y esa noche de 1999 fui a cenar con mi papá. “Quiero casarme con Luisa por Iglesia”. Mi madre, que sufría de Alzheimer, estaba en un geriátrico al que mi padre visitaba todos los días, de domingo a domingo. Ellos nunca se habían casado por Iglesia por razones que no vienen al caso. Tratamos de cumplir ese sueño, pero no hubo caso. La Iglesia no lo permitía por la situación de salud de mi madre.

Pero algo salió de ese pedido, y hoy estamos hablando de eso. El personaje del cuarentón sin brújula encontró su historia y ahí fuimos con Fernando Castets a escribirla. Un año y medio de trabajo constante y 27 bocetos después, estaba listo el guion que sin ningún cambio es lo que hoy podemos ver. En el proceso fueron fundamentales los consejos de Aída Bortnik, nuestra gran amiga y maestra de toda la vida. El guion no sería lo que es sin ella. ¡Gracias, Aída!

Las primeras reacciones

No fue fácil. Cuando comenzamos a mostrar el guion la reacción no fue buena. “Deprimente”, “Nadie quiere ver esto”, “Te va a arruinar la carrera”, “Viejos, Alzheimer, ataques al corazón… Esto es veneno”. Solo Jorge Estrada Mora, otro enorme amigo y productor al que le debo tantísimo, creía en la historia. ¡Gracias, Jorge! Y Ricardo Darín también, sin su fe hubiera sido imposible. ¡Gracias, Ricardo!


Y luego de muchas vueltas, el guion paró en la mesa de Adrián Suar. Adrián lo llevó al teatro, en donde estaba hacienda junto con Guillermo Francella “La cena de los tontos” y lo dejó esa noche en su camarín. Al día siguiente, Guillermo preguntó qué era ese libro. Adrián le cuenta. Guillermo, curioso como es, se lo lleva. Al día siguiente le dice a Adrián “Tenés que hacer esta película”. Otro gran enorme amigo de la vida, Guillermo Francella. ¡Gracias, Guillermo! Y Adrián resolvió hacerla, lo que comenzó otra gran amistad que ya lleva 25 años. ¡Gracias, Adrián!

El elenco

¿Alguien se puede imaginar esta película sin Norma y Héctor? Imposible. Quizás el que desconoce los mecanismos de trabajo de un actor no dimensione justamente el trabajo de Norma Aleandro. Un actor trabaja con emociones, recuerdos, objetivos de escena, subtexto y motivación. NADA DE ESO se aplica a una persona con Alzheimer, cuyos estados emocionales responden a caprichosos centelleos del cerebro. Norma tenía dudas al respecto, y fuimos a ver a mi madre.

Pasamos dos horas con ella y fue como un Milagro, mi madre, cuyo sentido del humor estaba intacto aun cuando ya no me reconocía, hizo un paseo por casi toda la película. Recitó la poesía de los cuarenta balcones, hizo gala de su picardía natural, quizás el único rasgo que conservaba intacto de su personalidad, e hizo reír a Norma.

Cuando volvíamos en el auto, Norma pensaba. Yo, callado. En un momento, Norma dice “Es un trabajo muy difícil”. Yo, callado. Segundos después dice “Es MUY riesgoso”. Yo asentí. En efecto, lo era. Y medio minuto después, Norma dice “Pero si sale bien…” . ¡Gracias, Norma!

El proceso

Sin lugar a dudas, y por muy lejos, fue el proyecto más fácil de mi vida. Los actores, en estado de gracia, me daban lo mejor de sí en la primera toma. La película se terminó en tiempo y en forma, y estaba editada una semana después de terminar el rodaje. Cada día era orgásmico.

Dos anécdotas. Cuando filmamos la escena en la que Nino le explica a Rafael lo que era el restaurante cuando trabajaba Norma, yo tenía planeado un recurso cinematográfico, inspirado en Rebecca, de Hitchcock. La idea era que mientras Nino describía el camino de Norma llevando a un cliente hacia la mesa, la cámara recorriera el restaurante vacío, y la teoría era que el espectador combinara en su cabeza el texto en off de Héctor y el recorrido de la cámara, imaginando a Norma.

Cuando filmamos la toma en la que Héctor describe el personaje (el monólogo era apenas un cuarto de página, casi pasaba desapercibido en el guion), nos quedamos todos mudos. Yo, al borde del llanto, no podía ni decir “Corte”. Miro a mi costado al sonidista, viejo veterano del cine, con lágrimas en los ojos. Me acerco a los actores. Natalia Verbeke tenía todo le maquillaje corrido por las lágrimas. Ricardo me dice sonriendo “me robó la película”.

En ese momento decidí agradecerle al recurso cinematográfico, a Rebecca y a Hitchcock por los servicios prestados y los mandé a la casa. La filmación terminó ahí ese día. Cortar esa cara con un “recurso cinematográfico” hubiera sido mala praxis.

Otra. Estábamos filmando la escena en la que Rafael le declara su nueva filosofía y su amor a Nati por el portero eléctrico. Ensayamos desde cámara. Había una cámara chiquita en lo que sería el portero eléctrico, y la cámara grande filmaba desde el costado. Ensayamos (siempre ensayamos sin la actuación a full, no sea cosa de que salga perfecta en el ensayo) y largamos la primera toma. Lo que yo veía de Ricardo en el monitor mío, era tan natural, tan sentido, tan real, que pensaba “se está improvisando todo, qué genio”. Termina la toma, y me acerco.

“Estuvo espectacular, pero hagamos otra con la letra, por las dudas”. Ricardo me mira confundido, y me dice “Era la letra”. Voy a leer el guion y efectivamente, era. El nivel de verdad, espontaneidad, compromiso y sensibilidad, el timing innato que tiene Ricardo es realmente para comprarse una fábrica de sombreros para ir sacándoselos uno a uno. En ninguna de estas dos escenas medió por parte mía ni la más mínima dirección. Fueron ellos. ¡Gracias, Ricardo! ¡Gracias, Héctor!

Y acá estamos

Nadie pensó que estaríamos celebrando y recordando la película 25 años después. Nadie imaginó siquiera el Oscar. Fue Adrián el que primero lo dijo, promediando la filmación luego de ver lo que íbamos filmando, “Me parece que con esta peli vamos a viajar”. Yo nunca lo creí, siempre preparándome para el fracaso.

Poco importa ahora la recepción que tuvo en ese momento. Gran parte de la crítica “especializada” la mató y trató de convertirla en lo peor del cine, pero acá estamos. Todo eso es parte olvidada del pasado.

Hoy, a 25 años de su estreno esta pequeña comedia nos sigue recordando que, en medio del ritmo vertiginoso del día a día, siempre estamos a tiempo de parar, mirar a los ojos a quienes amamos y cumplir esas promesas pendientes que le dan sentido a todo. Rafael encontró su brújula, y nos ganamos el final feliz.

Empecé esta nota sin saber qué escribir, y naturalmente se convirtió en un agradecimiento enorme a todos los que ayudaron a que existiera. Me faltan algunos agradecimientos claves. Al equipo de filmación, sin los cuales nunca nada es posible. Un equipo que puso todo, con enorme eficiencia, entusiasmo y muchísima creatividad. ¡Gracias, gran equipo!

Al público que la sigue viendo y queriendo. A los que se la recomiendan a sus hijos, a sus amigos, a los que hacen que ese esfuerzo de tanta gente siga vigente. ¡GRACIAS!

Y sobre todo, desde lo más profundo de mi corazón… ¡Gracias, papi! ¡Gracias, mami!

Porque como nos enseñó la historia de la familia Belvedere, el verdadero amor no entiende de olvidos: se adapta, resiste y encuentra la manera de volver a casarse todos los días. Nota aquí.









lunes, junio 22, 2026

Malena Alterio

 “Mi gran herencia es el cariño de la gente, que amaba a mi padre”

MADRID.- Malena Alterio vive un gran momento. La avalan más de 30 años de trayectoria en los que más de una vez ha disfrutado de calurosos elogios y ha podido jactarse de sus muchas ofertas de trabajo, sí. Pero hoy se la nota especialmente consolidada, segura, con el aplomo que da elegir bien y lucirse en cada papel.

Nacida en Buenos Aires en un período convulsionado de la historia argentina —el 21 de enero de 1974, apenas unos meses antes de la muerte de Juan Domingo Perón, un detonante clave de la crisis política que desembocaría en la irrupción de la última dictadura militar en el país —, tiene ahora mismo una agenda cargada de compromisos profesionales que es una prueba concreta de la valoración de la que puede hacer gala.

Tras su exitoso estreno en Madrid, la obra escrita y dirigida por el argentino Mariano Tenconi Blanco que protagoniza junto con la española Carmen Ruiz, saldrá de gira por España este septiembre, apenas terminado el verano europeo. También aparece en carpeta el rodaje de la segunda parte de Odio el verano, una comedia de Fer García-Ruiz que alcanzó en 2024 una cifra inusitada de espectadores para los tiempos que corren (más de 800 mil entradas vendidas). Y un viaje a Uruguay para estrenar en Montevideo Los que hablan, obra de Pablo Rosal que protagoniza con su exmarido, Luis Bermejo.

Los que hablan se estrenó en 2020 en el Teatro del Barrio, en Lavapiés, y desde entonces ha girado por toda España y regresa de tanto en tanto a la cartelera de esa muy activa sala independiente madrileña, porque cada vez que la programan, se llena. Por otra parte, Amazon Prime Video acaba de lanzar Cochinas, una serie enfocada en la liberación sexual, en la que Alterio interpreta a una señora bien de Valladolid que encuentra en el porno una tabla de salvación para salvar un videoclub familiar.

El trabajo de Malena Alterio en La vida extraordinaria es fabuloso. Tanto ella como su compañera en escena se comprometen a fondo en lo que el diario español ABC definió ocurrentemente como “un decatlón olímpico sobre un escenario”. Es que realmente asombra el despliegue de las actrices en esta pieza de Tenconi Blanco que, en su versión original argentina, protagonizaron Valeria Lois y Lorena Vega. Es admirable por la exigencia física de una obra de dos horas muy intensas (vale la pena destacar el trabajo de la coreógrafa argentina Josefina Gorostiza, que aportó mucha organicidad al movimiento de Alterio y Ruiz en el espacio) y por la multiplicidad de recursos a los que echan mano para interpretar a esas dos mujeres entrañables que susurran y gritan, sufren y se divierten mientras repasan sus historias de vida desde la más rabiosa subjetividad, en un reencuentro atravesado por una catarata de emociones.

La vida extraordinaria estuvo dos semanas en cartel en el Teatro del Canal y agotó todas sus funciones. Es indiscutible que Alterio acertó al aceptar este papel. Lo hizo respondiendo a la intuición que tuvo cuando vio en Buenos Aires Las cautivas, otra obra de Tenconi Blanco protagonizada por Laura Paredes y Lorena Vega: “Me dije: ‘Quiero hacer este tipo de teatro, tengo que hacerlo’”, recuerda ahora. “Esa obra me pareció fascinante por el humor, la poética, la inteligencia, la estructura… Y cuando me llegó el ofrecimiento para hacer La vida extraordinaria y la leí, también quedé maravillada. Confirmé que Mariano es un gran dramaturgo y un gran director”, agrega.

En simetría, Tenconi Blanco también quedó maravillado. “Malena es una estrella en España”, dice. “Pero además de popularidad, tiene reputación. No es solamente alguien muy conocido. Es una actriz realmente prestigiosa. Creo que llegó hasta acá porque es muy responsable y dedicada. Malena trabaja con mucha sutileza, va encontrando en cada ensayo algo que te sorprende. Siempre aporta algo más. Como tiene un catálogo de habilidades muy amplio, entonces va sumando algo nuevo todo el tiempo. Con ella pasa lo que pasa con las grandes actrices: le pedís algo y eso te vuelve transformado en algo muy potente, ya sea un signo, un gesto, un movimiento o una pausa. Y además escucha muchísimo y va a fondo. Como persona es inteligente, cálida, generosa y muy humilde. Disfruté mucho de las conversaciones que tuve con ella. Me gustó que me contara cosas de su padre”, agrega.

Como el público bien sabe, Malena Alterio es hija de Héctor Alterio, el gran actor argentino fallecido en diciembre pasado. Su madre, Ángela Bacaicoa, es una prestigiosa psicoanalista. Y su hermano, Ernesto, también es un popular actor. La vida de esta familia estuvo marcada por el exilio: se mudaron de Buenos Aires a Madrid después de que Héctor fuera incluido en una lista negra por la Triple A.

En España, Malena Alterio se formó en la escuela de Cristina Rota, otra argentina que sufrió de manera directa la violencia en la que quedó involucrada la sociedad argentina en los años 70. Fundadora de la reconocida Escuela de Interpretación en Madrid, Rota abandonó la Argentina después de que los militares secuestraran (en 1977) a Diego Fernando Botto, actor, igual que sus dos hijos María y Juan Diego Botto. Rota estaba embarazada de Nur Al Levi (también actriz) cuando decidió marcharse a España, donde formó a varias generaciones de actores, entre ellos Malena y Ernesto Alterio.

Los primeros pasos de Malena Alterio en el teatro, a mediados de los años 90, pueden ser considerados como la necesaria etapa de acumulación de experiencia previa antes de pegar el gran salto con Aquí no hay quien viva, una popular serie del canal Antena 3 de la que se habló muchísimo en España entre 2003 y 2006. Pero toda su carrera está jalonada por grandes hitos: fue nominada para un Goya en la categoría Mejor Actriz Revelación ya con su debut cinematográfico, en la comedia El Palo (2000); fue muy elogiada por su labor teatral —en Tío Vania (2008), en Madre Coraje (2010), en Los hijos se han dormido (2012)—; y fue también gran protagonista de otro suceso, Vergüenza (2018), serie de Movistar+ por la que ganó los premios Feroz y Fotogramas de Plata. En 2024, finalmente, llegó el esperado Goya como Mejor Actriz Protagónica por Que nadie duerma (2023), película dirigida por Antonio Méndez Esparza y basada en la novela homónima de Juan José Millás. En ese largometraje interpreta a Lucía, una programadora informática que, tras perder su empleo, decide convertirse en taxista en Madrid. Y su desempeño justifica plenamente el reconocimiento.

“Fue una alegría inmensa —rememora Alterio dos años después de aquel alegrón—. Y fue buenísimo que lo hayan podido vivir mi padre y mi madre. Me hizo sentir un gran abrazo de mis compañeros, mis amigos, mi familia. Toda la felicidad que hubo a mi alrededor en aquel momento me llenó durante mucho tiempo. Y me sigue llenando...”.

—Se suele preguntar a los actores y las actrices si es más difícil la comedia o el drama, ¿vos qué opinás?

—No separo tanto entre géneros, no entiendo el drama sin comedia ni la comedia sin drama. La comedia, que es con lo que generalmente se me identifica, debe estar muy bien escrita y debe tener ritmo. Tienes que saber reírte de ti mismo, además. Pasar vergüenza delante de todos sin tener pudor. Yo no tengo pudor, pero también soy bastante dramática; tengo una veta melancólica. Dicen que los cómicos siempre tienen algo de payaso triste. Yo me reconozco mucho en eso. Nota aquí.






viernes, diciembre 19, 2025

Rosana Torres

 Alterio no era de método, tampoco del método

El actor, recién fallecido a los 96 años, siempre lo dijo: “Mi método a la hora de abordar un trabajo es sudor y lágrimas”

Héctor Alterio llegó a Madrid en los años setenta cuando, amenazado de muerte por la Triple A, tuvo que huir de su Argentina natal. Pero pronto fue aceptado como uno más entre la profesión actoral madrileña, hasta el punto de que no llevaba ni un año en España cuando ya iba por los sitios donde entonces un actor conseguía trabajo. El café Gijón del Paseo de Recoletos y el Dolly de la calle Príncipe. Entonces no es que no hubiera móviles. No había forma de localizar a los actores, tan dados a pensiones y a brujulear por casa de amigos.

El espectador de teatro le descubrió en el reparto de Bodas que fueron famosas del Pingajo y la Fandanga, de José María Rodríguez Méndez. A partir de ahí nunca renunció al teatro, donde se encontraba consigo mismo.

El recordado crítico teatral Eduardo Haro Tecglen, tan duro y certero siempre, se rindió ante Alterio tras ver en 2004 uno de sus trabajos más emblemáticos “Claudio es Héctor Alterio y es lo más impresionante del espectáculo”. Era sólo el primero de los elogios tras ver al actor protagonizando Yo, Claudio, de Robert Graves, bajo la dirección de José Carlos Plaza, profesional en cuyas manos se dejó caer en varias ocasiones Alterio, como en la brillante puesta en escena de La sonrisa etrusca, de José Luis Sampedro, en donde el actor y su partenaire, Julieta Serrano, brillaban con luz propia allá por 2012.

Otra de sus cumbres interpretativas la encontramos en 2009 con Dos menos, del francés Samuel Benchetrit, donde coincidió por primera vez en los escenarios con José Sacristán, con el que ya había compartido pantalla en varias ocasiones. Aquello fue un maravilloso duelo entre estos dos grandes y verlos en el escenario era uno de los grandes regalos a los que puede aspirar cualquier espectador de teatro que se precie.

Aunque también se pudo encontrar lo mismo en trabajos como El padre, de Florian Zeller, en 2016, o aquella puesta en escena argentina por los cuatro costados de El túnel de Ernesto Sábato. Sin olvidar propuestas insólitas como la que aceptó del Teatro de la Danza para representar, junto a Lola Greco, en Escorial, de Michel de Gelderode, a un rey absolutamente majareta que para Alterio estaba lleno de atractivas e inesperadas aristas para un actor.

También otro trabajo imposible de olvidar es el que realizó con Lola Herrera en la versión teatral (mucho mejor contada que la cinematográfica) de El estanque dorado, de Ernest Thompson, en 2013.

Pero entre sus muchísimos trabajos actorales es difícil olvidar una maravillosa interpretación que junto al gran actor Paco Casares hizo en 1992 en Los gatos, de Agustín Gómez Arcos, en una de las pocas piezas que se han representado de este autor ignorado y ninguneado en España y en la que se abordaba con ironía e inteligencia la intolerancia y la represión. Nota aquí.




lunes, diciembre 15, 2025

José Sacristán

 Héctor Alterio, el amigo retraído que nos aproximó a la verdad

José Sacristán recuerda su amistad y sus trabajos con el actor fallecido, como ‘Asignatura pendiente’ o la obra ‘Dos menos’

Cómo duele la muerte de Héctor. Con él y con Federico Luppi, que falleció en 2017, se me han ido dos lazos de unión con Argentina, mi segundo país. Eran entrañables cada uno a su manera, pero se van mis puentes con esa nación.

La primera vez que trabajé con Héctor fue en Asignatura pendiente (1977). Él daba vida a un alter ego de Marcelino Camacho. Cuando el filme se estrenó en Buenos Aires, los militares, que tenían censurado a Héctor, cortaron su parte. Cuando cayó la dictadura, se reestrenó Asignatura pendiente, y en la publicidad decían “Ahora, con Héctor Alterio”. Por fin.

Nos quedamos con ganas de más. Y eso lo logramos con la obra de teatro Dos menos: estuvimos 10 meses en Buenos Aires, dos temporadas en Madrid, otras dos en Barcelona y luego la gira. Al margen del trabajo en común, disfrutamos de las cosas de la vida y de que coincidiéramos en la manera de pensar.

Una era no creer en los nacionalismos. Cuando viví en Buenos Aires hice un programa de radio, y allí entrevisté a Héctor —tengo la grabación guardada— en lo que era un tipo de Chinchón con un programa en Radio Rivadavia de Buenos Aires hablando con un actor argentino que vivía en España porque estrenaba una obra de teatro, Los gatos, de un autor español exiliado en Francia (Agustín Gómez Arcos) en la que hacía de mujer. Eso es el cosmopolitismo y el reconocerse no solamente en una latitud geográfica, sino incluso en ver el hermanamiento más allá del género sexual.

Héctor era muy retraído. En Buenos Aires en alguna ocasión coincidimos en celebrar nuestro cumpleaños juntos en casa de la actriz Cipe Lincovsky, porque los tres nacimos del 21 al 27 de septiembre, y Héctor, con todos allí reunidos, no nos hacía caso. Primero, porque estaba más sordo que una tapia y, segundo, porque siempre fue a su bola. Su mujer nos decía: “No os preocupéis, vuelve enseguida”. Héctor, con sus tiempos, sus distancias, era un tipo cordial y entrañable, aunque reservado en su territorio.

Su carrera es impresionante, qué voy a decir de ella. Hay una realidad: que pertenecía a una corriente con Marilina Ross, con Luppi, con Walter Vidarte y Norma Aleandro, que nos trajo una forma de aproximarnos a la verdad que entonces en España ni olíamos: aún andábamos un poco anquilosados, un poco melodramáticos y un poco grandilocuentes. Los actores y actrices argentinos nos fueron aproximando a un territorio que era más cercano a la verdad y que ha seguido dándose así, con Ricardo Darín, Cecilia Roth... Afortunadamente, he tenido la suerte de compartir con ellos trabajo y también, y sobre todo, amistad. Nota aquí.







domingo, diciembre 14, 2025

Héctor Alterio

 La películas y obras fundamentales de Héctor Alterio

El actor participó en algunas de las producciones más importantes del cine argentino y español, de ‘El crimen de Cuenca’ a ‘El hijo de la novia’, pasando por ‘La historia oficial’

A sus 96 años, Héctor Alterio seguía interpretando. Deja una nutrida carrera desde su debut en 1948 como protagonista de Prohibido suicidarse en primavera, de Alejandro Casona. En su haber, obras y películas, protagonistas y secundarios, numerosos premios (en 2004 recibió el Goya de Honor). He aquí una lista de algunos de sus trabajos fundamentales.

A un dios desconocido (1977, Jaime Chávarri). José es un homosexual en la cincuentena, interpretado por Alterio, que trabaja de mago en una sala de fiestas. Su peripecia vital tiene como fondo la Granada de la Guerra Civil, donde sucede el asesinato de Federico García Lorca, cuyo jardinero era el padre de José. Por esta actuación Alterio fue distinguido como mejor actor en el Festival de San Sebastián.

El crimen de Cuenca (1979, Pilar Miró) Basada en hechos reales y en la novela homónima de la guionista Lola Salvador Maldonado, narra​ el proceso que dos inocentes sufren, acusados de asesinato, tras la desaparición de un pastor, sin que aparezca el cadáver. La película fue controvertida por su retrato de las torturas de la Guardia Civil, secuestrada durante año y medio y su directora juzgada en un tribunal militar. Alterio encarnaba a uno de los acusados.

El nido (1980, Jaime de Armiñán). Nominada al Oscar, cuenta la historia de don Alejandro, interpretado por Héctor Alterio, un viudo obsesionado con su difunta mujer hasta la aparición de una preadolescente interpretada por Ana Torrent, con la que establece una relación con reminiscencias de la Lolita de Nabokov. Alterio ganó por esta interpretación el premio de la Asociación de Cronistas del Espectáculo (ACE).

La historia oficial (1985, Luis Puenzo). Alterio trabajó en cuatro de las ocho películas argentinas candidatas a Oscar, y en la primera que lo ganó: La historia oficial. La historia transcurre en el ocaso de la dictadura. Cuenta la toma de conciencia de Alicia Marnet de Ibáñez (Norma Aleandro), una profesora de Historia en Buenos Aires y su marido Roberto Ibáñez (Héctor Alterio) un empresario que se ha enriquecido por su vínculos con la dictadura.

El detective y la muerte (1999, Gonzalo Suárez). Con Javier Bardem, María de Medeiros y Carmelo Gómez, y basada en un relato de Hans Cristian Andersen, cuenta cómo G.M., un viejo magnate interpretado por Héctor Alterio le entrega a su hija un artefacto por el cual puede presentarse como un holograma después de su muerte.

El hijo de la novia (2001, Juan José Campanella) relata la historia de un cuarentón, interpretado por Ricardo Darín, que ha heredado el restaurante de su padre, en la piel de Alterio. Ese cuarentón tendrá que tratar de cumplir el sueño de su madre, ingresada por Alzheimer, antes de que fallezca: casarse por la Iglesia.

Vientos de agua (Juan José Campanella, 2006), fue una serie hispanoargentina que narraba la experiencia migratoria a Argentina de un participante en la Revolución de Asturias de 1934 y el retorno de su hijo en 2001, expulsado por la crisis que azotaba al país latinoamericano. Actuaban Héctor Alterio y su hijo Ernesto, ambos interpretando al mismo protagonista en momentos diferentes de su vida.

Una pequeña historia. A pesar de su avanzada edad, tras 80 años de profesión, Alterio seguía en activo interpretando esta obra teatral, con material autobiográfico. Un monólogo de 90 minutos, donde se mezclaban tangos, recuerdos o poemas de Cátulo Castillo y León Felipe. Nota aquí.



sábado, diciembre 13, 2025

Héctor Alterio

 Muere a los 96 años el actor hispanoargentino Héctor Alterio

El intérprete de filmes como ‘Cría cuervos’, ‘El hijo de la novia’ o ‘La historia oficial’, y de larguísima trayectoria en teatro y tele, se mudó a España en 1975 por amenazas de la ultraderecha

El actor Héctor Alterio ha fallecido este sábado en Madrid a los 96 años, según ha informado su familia en un comunicado distribuido por Pentación Espectáculos, productora de su última obra teatral, Una pequeña historia. De nacionalidad hispanoargentina, y aún en activo, deja en su haber una larga trayectoria en teatro, cine y televisión. Es uno de los artistas más destacados de su generación, recibió el Goya de Honor en 2004, y padre, además, de los también actores Malena y Ernesto Alterio.

Muestra de su talento es que, aunque viviera en España desde 1975 por amenazas de la Triple A, la banda paramilitar ultraderechista, apareció en cuatro de las ocho películas argentinas candidatas a Oscar, y en la primera que lo ganó: La historia oficial. Además, actuó en filmes ya clásicos como Cría cuervos, El hijo de la novia, Las huellas borradas (con el otro grande de su generación, Federico Luppi), Pascual Duarte, Asignatura pendiente, El detective y la muerte, La escopeta nacional...

Su familia se ha despedido escribiendo: “Con profundo dolor queremos comunicaros que hoy, 13 de diciembre por la mañana, nos ha dejado Héctor Alterio. Se fue en paz después de una vida larga y plena dedicada a su familia y al arte, estando activo profesionalmente hasta el día de hoy. Descanse en paz”.

Hijo de inmigrantes originarios de Molise, en la Italia meridional, Héctor Alterio nació en Buenos Aires y empezó en el teatro con 18 años, justo donde ha acabado su carrera, con una gira con el texto Una pequeña historia, de tintes autobiográficos. “Me da la posibilidad de expresarme. No tengo otra. Y me sigue gustando muchísimo entretener a los demás. A lo largo de mi vida he buscado sobre todo dos cosas: entretener y que me crean, que crean en lo que estoy haciendo sobre un escenario. Esto es muy importante. Para mí actuar ha sido una búsqueda incesante de la verdad”, contaba el pasado mes de mayo en El País Semanal, cuando se cumplían 50 años de su exilio en España.

Sobre su infancia, complicada por la muerte de su padre cuando él tenía 12 años, por lo que se puso a trabajar, contaba: “Cuando era niño me dedicaba a divertir a mis amigos. Imitaba, cantaba… lo que hiciera falta. Me llamaban el flaco, y me pedían cosas. ‘Eh, flaco, haz de mendigo’. Y yo me tapaba un ojo, cojeaba, me tumbaba a pedir limosna y estiraba la mano para ver si caían monedas. Y caían. Me di cuenta de que sabía hacer cosas que los demás no sabían hacer. Tenía ese poder y eso me hacía sentir muy bien. Las carcajadas de mis amigos eran un regalo que me fascinaba. Luego pasaba semanas y semanas viviendo de esos recuerdos".

Desde joven tuvo gran éxito en Argentina porque al acabar los estudios creó la compañía Nuevo Teatro en 1950, que estuvo hasta 1968 en activo. Al cine llegó al final de esa etapa, en 1967, con Cómo seducir a una mujer. A finales de esos años ya había enganchado con los directores punteros de su país, como Leopoldo Torre Nilson (Estirpe de raza, La maffia y Los siete locos), Juan José Jusid (La fidelidad) y Héctor Olivera (La Patagonia rebelde y La venganza del Beto Sánchez). Se había casado en 1969 con la psicoterapeuta Ángela Bacaicoa, y de ese matrimonio nacieron Ernesto (1970) y Malena (1974).

Alterio tuvo que abandonar precipitadamente su país en 1975, porque durante un viaje a España para presentar en el festival de San Sebastián La tregua, de Sergio Renán, basada en la novela de Mario Benedetti y la primera película argentina nominada al Oscar a mejor película extranjera, la Triple A, la banda terrorista de ultraderecha que asesinó a más de 1.000 personas, le envió esta amenaza: “Si en 48 horas no abandona Buenos Aires, será ejecutado en el lugar en el que se encuentre”. El actor se quedó en España, adonde tiempo más tarde llegaron su esposa y sus hijos. “Fue muy duro pensar que no podíamos volver a Argentina. Buenos Aires se convirtió en mi paraíso. No hay otros paraísos que los paraísos perdidos, como decía Borges”.

Desde su exilio, Alterio participó en numerosas producciones españolas, como Cría cuervos (1976); Pascual Duarte (1975); A un dios desconocido (1977), un trabajo que le brindó el premio al mejor actor en el festival de San Sebastián; La guerra de papá (1977); Las truchas (1978); ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? (1978); La escopeta nacional (1978); El crimen de Cuenca (1979); El nido (1980), de Jaime de Armiñán, nominada al Oscar...

Ya era uno más en el cine español, aunque no dejó de viajar a Argentina a filmar, por eso su nombre aparece en cuatro de las cinco primeras películas argentinas candidatas al Oscar (han sido, por ahora, ocho), galardón que por primera vez ganó su país natal con La historia oficial (1985), de Luis Puenzo, donde encarnaba a un empresario enriquecido con la dictadura.

Alterio compaginó el cine con el teatro y la televisión. Porque su presencia, su capacidad para transmitir una bondad infinita o la maldad más oscura y sus ojos azules, además de ese talento que en los intérpretes argentinos no tiene fin, le granjearon décadas de trabajos encadenados. En cine, Don Juan en los infiernos (1991) y El detective y la muerte (1994), ambas de Gonzalo Suárez; Asesinato en el comité central; Mi general; Tango feroz; El rey del río; Caballos salvajes; Cenizas del paraíso; y en 1999 llegaría Las huellas borradas, junto a Federico Luppi. En la década de los noventa y la primera década del siglo XXI rodó hasta cuatro filmes al año: Sé quién eres, Plata quemada, Sagitario, el exitazo El hijo de la novia (en la que volvió a encarnar, como en La historia oficial, al marido de Norma Aleandro, cuyo personaje protagonizaba ambos filmes), Kamchatka, Noviembre, Intruders...

En televisión apareció en Anillos de oro, Teresa de Jesús, Segunda enseñanza, El Quijote, Cuéntame cómo pasó... En la serie hispanoargentina Vientos de agua, que narra la experiencia de migratoria a Argentina de un exiliado de la Revolución de Asturias en 1934 y el retorno de su hijo en 2001 expulsado por crisis económica de ese país, actuaron tanto él como su hijo: en realidad ambos hacían el mismo personaje, solo que Héctor le dio vida de anciano y Ernesto de joven, razón por la cual no se cruzaron nunca en el desarrollo de la serie. Este año ha aparecido en televisión por última vez en Su majestad, de Borja Cobeaga y Diego San José, con Ernesto de secundario.

En mayo, dijo a este diario: “La vida pasa muy rápido. Demasiado rápido. Se va con un soplo. No esperaba llegar a la edad que tengo. Y sé que tengo poco tiempo para seguir trabajando y para seguir viviendo, así que prefiero no pensar demasiado ni en el pasado ni en el futuro. Vivo mi día a día tranquilo”.Nota aquí.








martes, mayo 20, 2025

Héctor Alterio

 “A mis 95 ya me entrego mansamente a la vida, como en un tango”

Lleva actuando casi 80 años y ahora está de gira por España con su obra autobiográfica ‘Una pequeña historia’. El actor reflexiona en esta entrevista sobre el oficio de actor, el exilio, la vida y la muerte: “Aún me divierte entretener a los demás sobre un escenario”.

El día que se subió a un escenario por primera vez en la radio sonaba La Zarzamora de Lola Flores. En España aún no existía la televisión, sólo habían pasado tres años desde el final de la Segunda Guerra Mundial y aún faltaban cinco años para la coronación de Isabel II de Inglaterra. En Argentina, Borges escribía el último relato de El Aleph, Julio Cortázar publicaba sus primeros cuentos y Perón llevaba dos años al frente del Gobierno. Era el año 12 a.M. (antes de Maradona). En ese mundo de mediados del siglo XX tan distinto al de hoy, en el Buenos Aires de 1948, Héctor Benjamín Alterio Onorato debutó como actor protagonizando Prohibido suicidarse en primavera, de Alejandro Casona. “Quería entretener a los demás”, recuerda. “Solo eso. Me hacía sentir como un rey”. Tenía entonces 19 años...

Es de noche y chispea en la puerta del teatro Santo Tomé de Ávila. Un coche oscuro se detiene junto a la fachada principal y de su puerta trasera se baja Héctor Alterio. Hoy tiene 95 años, 77 más que aquella primera vez. Viste traje negro y camisa blanca, está muy delgado y se mueve ligeramente encorvado. Entra y camina despacio hacia una sala de butacas aún vacía. Sube al escenario, se prueba unas zapatillas de deporte también negras que le acaban de regalar y se ajusta una gorra azul de marinero. Bromea y ensaya un par de tangos con el pianista Juan Esteban Cuacci.

El último organito irá de puerta en puerta

hasta encontrar la casa de la vecina muerta

de la vecina aquella que se cansó de amar.

Tiene la barba blanca perfectamente recortada y cuando sonríe cientos de arrugas le dibujan la cara como si fuera un mapa cartográfico. Cuando habla lo hace despacio, como si pensara bien cada palabra. A ratos parece cansado y se queda callado, con sus enormes y profundos ojos azules observándolo todo como un búho. “Tengo 95 años y me sigo divirtiendo entreteniendo a los demás”, proclama mirando a su alrededor. “Cuando lo hago, me sigo sintiendo como un rey”.

Está de gira por toda España. Es febrero de 2025 y ya hace casi un lustro que murió Maradona.

Sobre el escenario solo hay un piano, dos sillas y unos atriles. No necesita nada más para la función. Media hora después llega el público y se encienden las luces de escena. Comienza a interpretar Una pequeña historia. De pronto, todo se transforma. Como si una fuerza sobrenatural lo estuviera poseyendo e iluminando, sostiene con una energía inaudita un monólogo de 90 minutos sin apenas puesta en escena que es una suerte de Alterio al desnudo: él hablando, él cantando tangos, él recitando poemas y textos de León Felipe y Cátulo Castillo, recordando historias de su infancia y juventud en Argentina, de su exilio en España. “Hay que estar un poco chiflado para estar aquí, pero yo necesito esta locura”, dice. Cuando termina, los espectadores le aplauden en pie. Muchos se acercan a darle la enhorabuena. Algunos le dan un abrazo que él devuelve. Otros muchos hablan entre ellos: “Qué barbaridad”.

Su rostro casi centenario refleja una emoción muy honda ante la ovación, pero él se quita importancia de inmediato. “Vámonos a cenar”, dice. Su pequeño equipo lo recoge todo en menos de 10 minutos. Y se van a tomar un chuletón.

Semanas después, Alterio nos recibe en su casa, un luminoso chalé cerca del barrio madrileño de Arturo Soria en cuyo salón se agolpan decenas de premios que ha ganado a lo largo de su carrera. Están presentes su esposa, Ángela Bacaicoa, psiconanalista y autora de Una pequeña historia, y su hija Malena, también actriz, como su hijo Ernesto. Malena, al igual que su padre, ha tenido una carrera de fondo, escalando poco a poco hasta ganar el Goya a mejor actriz en 2024, con 50 años, por la película Que nadie duerma. Ella nos acompaña a lo largo de toda la conversación y ayuda a su padre a completar algunos detalles de sus 95 años de vida que Héctor ha olvidado o le cuesta recordar. A veces la conversación no es fácil. A veces parece cansado rememorando. Pero en ningún momento sus ojos dejan de mirar con esa calidez tan suya, la misma que desprende en la pantalla, una calidez que de inmediato hace sentir bien.

¿Qué le mantiene aún sobre el escenario?

Soy actor. Esta ha sido y es mi forma de ganarme la vida durante casi 80 años.

Pero supongo que ya no lo hace por necesidad económica.

Bueno, también en parte.

Su esposa, Ángela, interviene de inmediato:

—Pero Héctor, por supuesto que podrías retirarte. Lo haces porque te gusta, porque quieres hacerlo, porque te hace sentir bien…

Cambiemos la pregunta entonces. La mayoría de la gente de su edad lleva varias décadas jubilada. ¿Qué es lo que le gusta tanto de la actuación como para seguir ensayando, actuando y haciendo giras a solo cinco años de cumplir 100?

Me da la posibilidad de expresarme. No tengo otra. Y me sigue gustando muchísimo entretener a los demás. A lo largo de mi vida he buscado sobre todo dos cosas: entretener y que me crean, que crean en lo que estoy haciendo sobre un escenario. Esto es muy importante. Para mí actuar ha sido una búsqueda incesante de la verdad. Nota aquí.






lunes, julio 01, 2024

Héctor Alterio

 “Siempre vuelvo a Buenos Aires, pero definitivamente no para vivir”

El actor conversó con Teleshow antes de subirse al escenario en Madrid con Una pequeña historia, la obra donde revive momentos emotivos de su vida.

El reconocido actor argentino Héctor Alterio se presentó en el Teatro Reina Victoria de Madrid con su más reciente espectáculo, titulado Una pequeña historia, escrita y dirigida por su gran compañera de la vida, Ángela Bacaicoa y acompañado en el piano por el músico Juan Esteban Cuacci. Allí evocó las letras de los tangos que lo acompañaron desde pequeño, entrelazado con escritos de Jorge Luis Borges, Cátulo Castillo, Horacio Ferrer, Hamlet Lima Quintana y Eladia Blázquez. Con esta misma historia se presentó en abril del año pasado en el Teatro Astros de Buenos Aires en 12 funciones que conmovieron al público argentino que lo abrazó con sus aplausos.

Durante tres funciones especiales, el actor deleitó al público con su profunda conexión con los personajes que ha interpretado a lo largo de su extensa carrera, en el cine y el teatro. La última función se llevó a cabo el pasado fin de semana, marcando un emotivo adiós, al menos por el momento, de los escenarios. En una entrevista con Teleshow, minutos antes de subir a brindar su íntimo espectáculo, Alterio reflexionó sobre la posibilidad de volver a vivir en Buenos Aires.

“Definitivamente no, pero tengo ganas de ir allí a pegar unas vueltas. Sería maravilloso. En esa acepto ya”, afirmó el actor, una de las glorias de la interpretación de nuestro país. Esta declaración denota el arraigo emocional que mantiene con su lugar, aunque vivir aquí ya no forme parte de sus planes.

En el espectáculo Una pequeña historia Alterio se permitió revivir momentos significativos de su vida y carrera. Las melodías que lo acompañan a lo largo de su trayectoria, muchas de ellas tangos que evocan su íntima relación con su ciudad natal, fueron parte integral de la presentación. Al ser consultado por Teleshow sobre cuál era el himno de su vida, respondió sin dudar: “Es un tango que se llama Volver, que de entrada dice... ‘yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno’”, destacó el actor sobre la famosa canción que más refleja el momento que vive.

Durante las funciones en Madrid, el público tuvo la oportunidad de experimentar de primera mano la maestría de Alterio y su capacidad intacta para transmitir emociones con solo una mirada o un gesto, logrando cautivar a la audiencia en cada momento de la función. Abraza las palabras y no le teme a los silencios, siempre rescata algo pequeño y lo transforma en un momento inigualable y de un enorme talento interpretativo. Nota aquí.



lunes, abril 24, 2023

Héctor Alterio

 Héctor Alterio de paso por Argentina: las postales del exilio, el reencuentro con amigos y el paso del tiempo

El actor presenta A Buenos Aires, una obra en la que repasa su relación con la ciudad en los últimos 50 años. “Volver es una palabra que uno no puede conducir como querría”, asegura y lamenta, en esta entrevista íntima con Teleshow.

“Siento que la vida ha pasado rápido y eso es algo que no puedo controlar, y cada día es un día menos. Hay que aceptarlo, lo único que uno quiere es que reconozcan las cosas buenas y olviden las malas”. Héctor Alterio recibe a Teleshow en una habitación especialmente preparada en el hotel boutique del microcentro en el que pasa sus días porteños y suelta la primera frase de las tantas en las que resumirá su estado de ánimo, con sabiduría y sentido del humor, en medio de una nueva aventura por los escenarios.

Es un mediodía gris, de un otoño que llegó para quedarse, un giro divino del guion para propiciar el clima de nostalgia que transita Alterio por estos días. El regreso a su ciudad, la obra A Buenos Aires en la que repasa los últimos 50 años de su vida; el reconocimiento del ministerio de Cultura son algunas de las acciones que lo llevan por el ejercicio del recuerdo. Ese que se potencia en esta entrevista, de la que lejos de renegar, agradece. “Forma parte de mi trabajo hablar de lo que estoy haciendo y lo hago con todo gusto”, dice el actor, a contramano de cualquier tipo de divismo y valida en acciones sus palabras. Se presta a la prueba de cámara, al los ajustes de la luz siempre con una sonrisa. Y cierra con una ironía que solo él sabe hasta cuando va a utilizar: “Respondo a lo que me preguntan, y cuando no lo sé, invento otra cosa”.

Desde que llegó a la ciudad que lo vio nacer hace 93 años, Alterio recibe a cada paso el cariño y el respeto de aquellos que fueron contemporáneos de su obra, tanto arriba como abajo del escenario. Todavía lo embarga el abrazo interminable y eterno que le brindaron sus colegas en la ceremonia en la que fue destacado como Personalidad Emérita de la Cultura. Flanqueado por Pepe Soriano y Ricardo Darín, siguió la velada amenizada por Gastón Pauls: una síntesis de la veneración de tres generaciones de colegas. Nota aquí.




miércoles, abril 12, 2023

Héctor Alterio

 Héctor Alterio fue distinguido como "personalidad emérita de la cultura"

"Espero seguir jugando todo lo que pueda. Gracias a esta profesión y al amor de todos ustedes", expresó el actor durante la ceremonia en el Centro Cultural Kirchner.

“Olé olé olé, Héctor.” Con este cantito de cancha, con aplausos y los celulares arriba, Héctor Alterio es recibido en la cúpula del Centro Cultural Kirchner para un homenaje. “Cachito”, le dicen también; su apodo del barrio y la familia. El actor de 93 años avanza despacio por el pasillo de la sala del noveno y último piso del edificio, y es interrumpido a cada instante por abrazos y palabras al oído de sus colegas que tanto lo quieren y admiran. Ricardo Darín -de lentes negros-, Gerardo Romano, Víctor Laplace, entre ellos. Se funde en un largo abrazo con Pepe Soriano, se sienta a su lado en la primera fila. Cubre su rostro con ambas manos: está muy emocionado.

"Decir solamente 'gracias' sería poco. Decir 'no me lo merezco' sería mentira'", expresó este martes después de que el ministro de Cultura, Tristán Bauer, le entregara una placa dorada que lo reconoce como personalidad emérita de la cultura por su "talento, destacada trayectoria y compromiso". Radicado en España hace más de 40 años, el artista regresó al país para despedirse de los escenarios argentinos. Desde el 7 de abril está haciendo un ciclo de 12 funciones de un espectáculo que combina teatro y tango, llamado A Buenos Aires. Hacía diez años que no pisaba suelo argentino.

Bauer lo acompañó en su ingreso a la sala. Caminaban con él también su esposa Angela "Tita" Bacaicoia (responsable de la dramaturgia del espectáculo), su hija Malena, la productora Cipe Fridman y la secretaria de Desarrollo Cultural, Lucrecia Cardoso. "Para los argentinos es un orgullo verdadero esta entrega. Cuando un artista, actor, actriz, bailarina o cantante sale al escenario lo transforma todo con su sola presencia. Transformaste cuando entraste aquí el aire, el aura de esta cúpula, por eso queremos darte esta plaqueta", dijo el ministro. "Una vez la Argentina te dio la espalda. Conociste el exilio. Lo viviste con una dignidad extraordinaria. Hoy, que estamos conmemorando los 40 años de democracia, te recibimos una vez más en tu país. Te queremos y debemos muchísimo. Sos parte de nuestra historia y memoria. Estás y estarás siempre en nosotros. En realidad sos vos el que nos homenajea."

Tita le alcanzó un papel y entonces Alterio -actor en 150 películas, muchísimas fundamentales del cine argentino, y en 50 obras teatrales- pudo decir más que "gracias", la única palabra que espontáneamente le salía. "Han pasado 93 años, los recuerdos se agolpan, se mezclan, se distorsionan. Veo a un muchachito flacucho y narigón andando en bicicleta por el barrio de Chacharita, que encontró un modo de hacerse un lugar en este vasto mundo haciendo que la gente se divierta con sus payasadas. Así fue cómo los personajes me ayudaron a encubrir mi patología: la timidez. Y lo siguen haciendo", recordó. Al hablar de su juventud mencionó a Nuevo Teatro, la compañía teatral independiente que creó y funcionó entre 1950 y 1968. Gracias a ella, a la disciplina y a sus colegas aprendió "muchas cosas de la historia y la condición humana" y tomó "una posición política". Nota aquí.



lunes, abril 10, 2023

Héctor Alterio

Héctor Alterio, el que siempre está volviendo 

A los 93 años, el notable actor se está despidiendo de los escenarios. Con dirección de su esposa, la psicoanalista Ángela Bacaicoa, y con Juan Esteban Cuacci al piano, Alterio le rinde homenaje a su ciudad natal a través de recuerdos personales y de textos de Cátulo Castillo, Astor Piazzolla, Horacio Ferrer, Hamlet Lima Quintana y Eladia Blázquez, entre otros.

No hay duda de que Héctor Alterio es una leyenda viviente de la cultura argentina. Pero cuando irrumpe en escena, y la platea se pone de pie y aplaude al unísono, esa certeza se confirma. Y es que el actor está de regreso para presentar A Buenos Aires y despedirse de los escenarios y de una profesión que lo acompañó siempre. Tiene 93 años, pero sobre las tablas retrocede en el tiempo y sonríe con la frescura de un chico frente a un juguete nuevo. Porque, después de todo, el teatro es precisamente eso que él define como un “juego de la verdad y la mentira”.

“Siempre se vuelve a Buenos Aires”, cantó Eladia Blázquez, y eso hace Alterio que vuelve para homenajear a su ciudad natal y para compartir los tangos y las poesías con las que fue “tallado” de niño. Con la inmejorable compañía del pianista Juan Esteban Cuacci, el actor le pone voz a una cuidada selección de autores como León Felipe, Cátulo Castillo, Astor Piazzolla, Horacio Ferrer, Hamlet Lima Qui.ntana y la misma Blázquez.

La dramaturgia, a cargo de su esposa, la psicoanalista Ángela Bacaicoa, se remonta a 1974, año en el cual el actor viajó al Festival de San Sebastián a presentar la película La tregua, de Sergio Renán. Hasta allí llegó el eco de las amenazas de la Triple A, y el exilio se transformó en la única salida. La figura del destierro y la nostalgia serán, entonces, las que marquen el pulso de la ceremonia que el protagonista ofrece. Buenos Aires es para él un “paraíso perdido”, como decía Borges, y desde esa hipótesis se construye la propuesta. Nota aquí 



viernes, abril 07, 2023

Héctor Alterio

 Héctor Alterio comienza a despedirse de los escenarios argentinos

Durante doce funciones, el actor comparte recuerdos en el espectáculo de poesía y tango creado por su pareja, la psicoanalista Ángela Bacaicoa.

Héctor Alterio comienza el viernes 7 de abril su despedida de los escenarios argentinos. Por 12 únicas funciones, el reconocido actor se presentará con A Buenos Aires, un espectáculo de poesía y tango con el que busca homenajear a la ciudad que lo vio nacer hace 93 años. La cita será en el Teatro Astros (Corrientes 746), y las funciones se realizarán los viernes, sábados y domingos a las 20.30.

La dramaturgia, creada por su pareja, la psicoanalista Ángela Bacaicoa, se remonta a 1974. Aquel año, Alterio viajó al Festival de San Sebastián a presentar la película La tregua, de Sergio Renán, pero cuando quiso volver ya no había vuelos de regreso para él. La Triple A lo había amenazado de muerte y el exilio era la única alternativa posible. Casi cincuenta años después, y sobre la base de esa historia, el actor comparte los recuerdos de esos tiempos divididos entre dos continentes con una poética que se sirve de grandes autores como León Felipe, Cátulo Castillo, Astor Piazzolla, Horacio Ferrer, Hamlet Lima Quintana y Eladia Blázquez, y de la música en vivo del pianista Juan Esteban Cuacci.

Este particular unipersonal, en cierta forma autobiográfico, se estrenó en el Teatro del Barrio, un espacio alternativo situado en el barrio madrileño de Lavapiés. Pero en el corazón del centro porteño, la obra promete otras resonancias, porque además significa el reencuentro con un público local que reconoce en Alterio a una leyenda viva de la actuación. Nota aquí.



martes, abril 04, 2023

Héctor Alterio

 Héctor Alterio: a los 93 años, un regreso a Buenos Aires con despedida de los escenarios

El actor, radicado en España desde 1975, presentará "A Buenos Aires", un espectáculo de tango y poesía, desde el 7 de abril en el Teatro Astros.

Es otoño en Buenos Aires, con algo de sol y un poco de viento. A unas cuadras de la Plaza San Martín, la ciudad parece sosegada a la hora de la siesta: poco tránsito, pocos peatones. Héctor Alterio camina por Marcelo T. de Alvear del brazo de su hija Malena, apenas llegado desde Madrid, donde vive desde 1975.

A los 93 años, vino a despedirse de los escenarios porteños.

A partir del 7 de abril, por doce únicas funciones, en el Teatro Astros presentará el espectáculo A Buenos Aires, donde recita poemas de León Felipe, repasa anécdotas y recuerda tangos de Cátulo Castillo, Astor Piazzolla, Horacio Ferrer y Eladia Blázquez, con dirección de su esposa, la psicoanalista Ángela Bacaicoa, y con la colaboración en escena del pianista Juan Esteban Cuacci.

Parado en una esquina del microcentro porteño, posando sonriente para las fotos, Alterio juega y hace gestos divertidos, cuando pasan dos hombres jóvenes que se quedan como paralizados mirándolo. ¿Es él? ¿Está acá? "Gracias", le dicen antes de seguir caminando y haciendo un gesto de brindis con un vaso de cartón con café.

Prolífico y premiado

Emoción es lo que despierta este actor, uno de los más emblemáticos de su generación, prolífico y premiado a ambos lados del Atlántico. Comprometido y exiliado en España, desde la década de 1970. Pero sobre todo, admirado y querido, y el que le abrió el camino a muchos que llegaron después a probar suerte en Madrid. Los ojos claros se humedecen varias veces durante la charla pero la mirada está intacta.

De buen humor, dispuesto a la conversación, pide un vaso de Coca Cola y convida mientras habla, recuerda, va y viene por su vida y sus casi 70 años de carrera.

Hay nostalgia en sus palabras pero también mucho sentido del humor y mucha sensibilidad. Desde la última vez que había estado en la Argentina, cuando filmó la película Fermín, glorias del tango, pasaron diez años. Nota aquí.





martes, septiembre 21, 2021

Héctor Alterio

 "Con 92 años, tengo que seguir trabajando para poder pagar las facturas"

(Buenos Aires, 1929). Actor. Es una leyenda que se resiste a serlo y sigue en activo sin plan de parar. Mañana actúa en el Festival de Úbeda con Lo que vendrá, homenaje a Astor Piazzolla, maestro del tango.

¿Sigue trabajando con 91 años por vocación, costumbre o necesidad?

¡92! Que los cumplo la semana que viene. Practico mi profesión con el mismo entusiasmo, las mismas posibilidades y la misma inquietud, pero con más años. Lo único que cambia es que se va achicando el espacio de lo que puedo y lo que me queda, pero ahí estamos. Soy feliz, pero es cierto que tampoco puedo parar. No estoy jubilado porque, en el caso de que lo estuviera, la pensión que me corresponde no me da para seguir manteniendo un tren de vida en el cual no tengo grandes lujos, pero hay que pagar el gas, el teléfono, la comida, la luz, que sube cada día...

Así que los actores con una carrera de éxito no viven como marqueses.

¡Es un mito totalmente falso! Al que te diga eso pásamelo, que yo le voy a contar la verdad. No me quejo, pero con mis 92 años tengo que seguir trabajando para poder pagar las facturas. Por suerte, estoy bien de salud y me llegan ofertas.

Concha Velasco se ha retirado este mes de las tablas porque se lo pidieron sus hijos. Imagino que los suyos, Ernesto y Malena, le entenderán mejor, al dedicarse a lo mismo.

Afortunadamente. Y hay un agregado más: estoy realmente orgulloso de ellos porque han entendido muy bien, con total precisión, cómo es esta profesión, tanto respecto a mí como respecto a ellos. La llevan a cabo con respeto y los dos están trabajando mucho y bien. Así que me siento muy orgulloso y, lo que en este oficio es un lujo, muy tranquilo con sus vidas y sus carreras. Nota aquí.



martes, noviembre 10, 2020

Héctor Alterio

 “En escena aún me siento poderoso”

El actor vuelve a recitar en el teatro a León Felipe, contra viento y coronavirus, y confiesa que el mayor placer de la vida a sus 91 años es dormir a pierna suelta

Ni la mascarilla quirúrgica —el “barbijo”, dice— que le tapa la barba, ni la gorra de marinero que le cubre la calva, logran ocultar el fulgor de sus ojos azules, empañados, eso sí, por el velo de nueve décadas viendo miserias y prodigios. Espera a la visita de pie, todo lo erguido que le permiten el peso sus años y su leyenda a las espaldas, y no se sienta hasta que una toma asiento, con esa gentileza a la vez invisible y evidente de los caballeros a la antigua. Hablamos en el ambigú del teatro Infanta Isabel de Madrid, donde esta noche recitará de nuevo, por primera vez desde el confinamiento, los viejos versos de León Felipe sin más atrezzo que la guitarra de José Luis Merlín, y su voz de domador del silencio. Aquí se explica.

Héctor Benjamino Alterio Onorato. Con ese nombre, parecía predestinado a algo grande.

Bueno, no fue ex profeso, supongo. Héctor fue un guerrero. Alterio, el otro yo, es el apellido de la familia, italiana de toda la vida. Onorato, significa honorable. Y lo de Benjamino es porque fui el pequeño de la familia. Éramos cuatro hermanos. Fallecieron todos. Soy huérfano de hermanos desde hace diez o quince años, y aquí sigo

¿Cómo se lleva ser el último superviviente de una estirpe?

Con nostalgia, con cariño, con recuerdos que te asaltan de cosas que nos pasaron, buenas y malas. Cada vez quedamos menos. Nota aquí.



domingo, junio 16, 2013

Héctor Alterio

“Quería reencontrarme con Buenos Aires”



















La semana pasada, el actor terminó de rodar su participación en Fermín, la película, de Hernán Findling y Oliver Kolker, tras diez años lejos de los sets locales. “Extraño en muchas dimensiones”, asegura, aunque ya está habituado a ir y venir de España. Nota aquí.

sábado, octubre 25, 2008

Héctor Alterio

De pibe era arquero, pero soñaba con ser cantor de tangos. A los 12 años empezó a trabajar "de cualquier cosa" y enseguida debutó como actor. Dice que de chico padecía su nariz. De grande, le encontró su encanto. Retrato de la coherencia.
Leer nota.