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domingo, julio 26, 2026

Muerdo

 


lunes, julio 06, 2026

Roque

 El taxista que lleva 40 años regalando libros por todo Buenos Aires

Roque, conocido como Tigre, cada vez que termina de leer un libro, lo deja en algún parque de la ciudad con una nota manuscrita y bien envuelto. A veces son las botellas las que buscan náufragos.

En la ciudad de Buenos Aires, la capital de las 400 librerías, vive un tipo tremendamente literario. Se llama Roque, aunque casi todos lo llamen Tigre por la fiera que se tatuó a la espalda cuando era joven, el pelo largo atado con una hebilla y unos puños siempre listos para desafiar a quien se metiera con sus 1,60 metros. Hoy su pelo es plata, como el río porteño, y escaso como sus aguas. Pero el Tigre sigue rugiendo en esas pupilas que se encienden en el retrovisor a medida que cuenta su historia, la de ese hombre anónimo que cada vez que termina un libro se entrega al mismo ritual: cierra el ejemplar, lo envuelve en una bolsa de nailon, toma papel y bolígrafo y escribe una nota como esta: “Te dejo este libro para que te instruyas. Tal vez sea el único que leas en tu vida, pero dirás: leí un libro”.

Sin firmar la nota, Roque sale con su taxi o a pie por las larguísimas arterias de Buenos Aires. Entonces localiza una mesa, de esas que tienen bancos de cemento alrededor, y deja el libro. Siempre se marcha de inmediato, sin mirar atrás. Le daría vergüenza contemplar la escena que lleva propiciando de forma anónima desde hace 40 años con libros de Borges, de Neruda, de Sabato, de Coelho, de tantos otros. Le daría vergüenza presenciar el mágico encuentro que después cobra forma novelesca en su cabeza. El libro que cambia una vida, que mitiga una soledad, que hace pensar en lo inesperado, que convierte en mejor persona, que refuerza una relación amorosa, que salva de la desesperanza, que pone lágrimas en unos ojos nunca vistos por el Tigre. Le daría vergüenza que alguien lo identificara con ese repartidor anónimo de libros que sigue yendo a animar a la cancha de Argentinos Juniors, adonde Maradona, bueno, el Diego, lo llamaba Roque cuando el dios era solo un Pelusa adolescente y Mónica, la primera esposa del Tigre, ya se había reunido con el Dios de verdad si es que tal cosa existe cuando hay tanto amor y tres bocas que alimentar.

El Tigre tenía 31; su esposa, 27, y unos dolores de estómago insoportables. “En 45 días se me murió la flaca, pobrecita”. Habla de ella y todavía llora 40 años después. Y por eso a Carla, su segunda esposa, con la que lleva 22 años casado y tiene dos hijos, muchos le preguntan, incómodos, que si no le molesta ver aún emocionado al Tigre cuando recuerda a la flaca, su flaca, y entonces ella les responde que Roque continúa enamorado de su mujer y yo soy su segundo amor.

Todo eso —y que nació en un pueblo del interior sin luz, y que ese pueblo, Oroño, se despobló por completo y desapareció, y que se arrepiente de haber trabajado demasiado cuando fue padre por primera vez, y que ahora cada jueves juega a la pelota con su hijo pequeño, y que no quiere dejar de trabajar para quedarse arrumbado en un parque diciendo cuando éramos jóvenes—, todo eso lo va contando el Tigre mientras en el maletero aguardan dos tomos de tapa dura. Uno es de Tirso de Molina. El otro, de Honoré de Balzac. Los está terminando. Pronto los repartirá siguiendo el viejo y secreto ritual. “A veces me pasá por la cabeza: ahora va a disfrutar de este libro. Otras veces pienso: pobre tipo, qué denso es, pero será mejor que lo lea a que pierda el tiempo”. Y así, Tirso y Balzac aparecerán pronto en la plaza de Mayo, en la del General San Martín o cerca de la avenida Corrientes con una nota y el nailon protector. Dice, sonriendo, que le ha gustado mi expresión. Que a partir de ahora firmará así la nota: El bibliotecario invisible de Buenos Aires. Nota aquí.



domingo, mayo 24, 2026

Chambao

 


sábado, mayo 23, 2026

El Obelisco

 La historia detrás del Obelisco

Una carta decisiva y una prueba de fuego, los hitos que esconde el monumento de 170 toneladas

“Como la Torre Eiffel de París o el Big Ben de Londres, el Obelisco es el símbolo de Buenos Aires, su representación, su marca, su logotipo”, dijo el escritor y periodista Antonio Requeni.

Los primeros obeliscos surgieron en el Antiguo Egipto, originalmente en honor al dios Ra. Con el paso del tiempo, estos monumentos se popularizaron dentro y fuera de Egipto. Distintas ciudades del mundo levantaron los suyos: algunos funcionaron como trofeos de guerra, otros como regalos entre naciones y muchos terminaron convirtiéndose en fragmentos vivos de la historia. Buenos Aires también siguió esa tradición y mañana el ícono indiscutido de la ciudad cumplirá 90 años desde su inauguración.

En 1936, la ciudad de Buenos Aires celebraba el cuarto centenario de su primera fundación por parte de Pedro de Mendoza. En ese contexto, la intendencia comenzó a pensar en una gran obra para festejar el aniversario. El Obelisco fue la opción elegida.

El intendente Mariano de Vedia y Mitre y sus secretarios firmaron el 2 de febrero de 1936 el decreto que disponía su construcción. “A la significación del acontecimiento debe corresponder la ejecución de una obra de carácter extraordinario, que señale al pueblo de la República la verdadera importancia de aquella efeméride”, sostenía el texto oficial.

El 4 de febrero, el arquitecto Alberto Prebisch, que luego quedaría a cargo del diseño del monumento, recibió una carta confidencial para convocarlo al proyecto.

“Mi querido amigo Prebisch: con motivo de la próxima terminación de la Plaza de la República, he propuesto al Intendente una idea que él ha recogido con todo entusiasmo. Se trataría de erigir en el centro de esa plaza un obelisco. Indudablemente no será posible construir un verdadero monolito al estilo oriental, es decir, de una sola pieza; pero como no deseo abandonar mi proyecto, que me parece realmente bueno, quisiera conversar con usted y pedirle su inteligente opinión para mejor realizarlo”, decía la carta escrita por Atilio dell’Oro Maini, secretario de Hacienda y Administración de la ciudad.

Se eligió la Plaza de la República para levantar en su centro el Obelisco. El terreno había sido intervenido por el proceso de modernización urbana de la ciudad, en el marco del proceso de la apertura y ensanche de avenidas como la 9 de Julio y la Diagonal Norte.

Además, el sitio tenía otras dos razones históricas que lo volvían simbólico. Según distintos registros, allí habría estado emplazado el listón de madera con el que Pedro de Mendoza fundó simbólicamente la ciudad en nombre de España.

En ese mismo espacio se había levantado además la histórica iglesia de San Nicolás de Bari, demolida en 1931. Ese templo ocupaba un lugar clave en la historia porteña: fue el primer sitio de la ciudad en el que se izó la bandera nacional, el 23 de agosto de 1812. Nota aquí.




sábado, mayo 02, 2026

Jorge Drexler

 AIRES BUENOS

Cuando era más aprendiz
de lo que aún sigo siendo
vos me besaste, y sonriendo
tocaste mi cicatriz.
Acá aprendí a ser feliz
en tus noches torrenciales,
me abriste tus arrabales
se abrió tu boca en el beso,
quedé para siempre preso
de tus excesos teatrales.
Yo quiero tus aires buenos
mi Buenos Aires querida,
quiero tu abrazo, tu herida,
tu alegría, tu veneno.
Para entregarme de lleno,
a corazón descubierto,
quise, concierto a concierto,
dejar un verso en tu Arena.
Me voy con el alma llena
-como siempre- de tu puerto.




sábado, abril 25, 2026

Evaristo

 


jueves, abril 16, 2026

Rafa Pons

 


martes, marzo 31, 2026

La Banda Sabinera

 


domingo, marzo 15, 2026

Gilberto Gil

 Gilberto Gil, la alegría y la melancolía

El legendario músico brasileño logró un adecuado recorrido de una carrera inabarcable, en una noche tan disfrutable como dolorosa: ya no se lo verá en el escenario.

Contradiciendo al sempiterno bossa nova “A felicidade”, “Tristeza não tem fim”. Y es que Gilberto Gil se despidió de los escenarios argentinos, como parte de la serie de recitales con le dice “adeus” a las giras. A ver si se entiende mejor: a uno de los más notables músicos brasileños de todos los tiempos nunca más se le volverá a ver por acá con su guitarra, ni sambeando, ni desenfundado su arsenal de clásicos, tal cual sucedió en la noche del miércoles en el Movistar Arena.

Por más que fueron dos horas y cuarenta minutos de alegría, ese público desaforado asistió básicamente a un acto de inmolación en directo. Aunque corpóreamente el baiano sigue pululando en el mundo de los vivos, se trata de una pérdida a la par de la muerte del salsero Willie Colón, cuyo funeral se hizo sentir el martes a punta de trombón.

La música popular latinoamericana se está quedando sin sus héroes. Esos que supieron hilvanar nuevos estilos, sin retar a la tradición, y que consiguieron con una habilidad aún vanguardista contar historias que versan acerca de la contemporaneidad. Renovando no sólo una estética, sino también el discurso, bien afín a esa idea de la “raza cósmica” sobre la que fantaseó Vasconcelos. Configurando de esta manera la gran banda de sonido del pundonor y del orgullo idiosincrático; resistiendo al imperialismo, a los cipayos y a los gobiernos totalitarios que osaron inhibir el clamor popular. Y de eso puede dar constancia Rubén Blades, otro de los que se despide este año de los tablados. Nuestros John Lennon, nuestros Fela Kuti y nuestros Bob Marley están en extinción.

Si bien es un trabajo complejo sintetizar 60 años de trayectoria, en el formato que sea, Gil logró con la maestría que lo distingue, carente de soberbia y solemnidad, registrar una radiografía de su obra. Apeló por las canciones de siempre, por supuesto, pero las organizó de forma que fueran esta vez un canal para evidenciar sus intenciones musicales y reflexiones artísticas. Al igual que sus influencias, sus camaraderías, sus amores y los contextos en los que se produjeron las creaciones. Un relato bien planificado, legado con dejo a testamento. Apoyado por una puesta escenográfica y en especial visual (a cargo de la realizadora Daniela Thomas) que, contraria a la estupidez nostálgica que atraviesa a estos acontecimientos memorabílicos, reforzó su dialéctica con la modernidad.

La leyenda de 83 años contó además con la complicidad de una banda tan numerosa (alrededor de 15 músicos sonando en simultáneo) como impecable, en la que destacaron varios integrantes de su familia. Comenzando por su hijo Bem en guitarra, bajo y dirección musical; a los que le secundaron su hija Nara y su nuera Mariá Pinkusfeld en coros, su hijo José en batería; y su “primer nieto”, João, en la guitarra.

Tempo rei es el título de este tour, tomado del tema homónimo de 1984 (“Transforma las viejas formas de vivir”, versa uno de sus pasajes), que originalmente debía consumarse en octubre de 2025 (su anterior recital en Buenos Aires fue en 2018, en el Teatro Colón). Pero por un tema de agenda tuvo que ser reprogramado.

La canción conmemorativa también fue parte del repertorio, integrando un inicio sutil que arrancó con los funks amigables “Palco” y “Banda Um”. Entonces saludó en español a la audiencia, y mechó esa elocuencia con un trocito de “Aqui e agora” (“El mejor lugar del mundo es aquí y ahora”). Para luego mixturarla con una reinvención más festiva del clásico del forró “Eu só quero um xodó”, de la autoría de Dominguinho (con presencia suya en la pantalla), y en la que despuntó la labor del acordeonista Mestrinho. Hicieron la samba “Eu vim da Bahia”, y, a continuación, rescató uno de sus rock en tiempos del auge de la Tropicália, “Procissão”, de su segundo álbum en solitario, titulado igual que él (data de 1968). Mucho más adelante desenvainó otro rock, aunque de 1981: “A gente precisa ver o lunar”.

“Domingo no parque”, MPB orquestado partícipe de ese segundo disco en cuya tapa Gil luce vestido al estilo de Pedro I, con protagonismo esta vez de su terna femenina de cuerdas, dio pie a otra de las apropiaciones de la noche: “Cálice”. Aunque previamente hubo palabras de su autor, Chico Buarque, evocando cuando se conocieron, en plena renuencia contra la dictadura, y revelando la capacidad de su colega de no perder la calma. De los momentos más sublimes del show, al poner a dialogar, fiel a la imaginería de Heitor Villa-Lobos, a la música de corte clásico con la percusión afro. Lo que decantó en ovación. Situación perfecta para desconcertar con “Back in Bahia”, funk bien rockero compuesto con Caetano, en 1972, para celebrar su vuelta del exilio en Londres.

Después el músico brasileño se dedicó un rato a evocar su admiración (y traducción) del acervo sonoro jamaicano. Previo a eso, mandó al frente a dos de los MPB más lindos que existen: “Refazenda” y “Refavela”. Y un poco más adelante hizo su relectura de “No Woman No Cry” (él la llamó “Não chore mais”). Se metió con el reggae más blanco en “Extra”, y se puso en la piel de Marley en tiempos de The Wailers por intermedio de “Vamos fugir”. Cerrando el segmento con quizá su mejor acercamiento a Kingston, “A novidade”, tramada en complicidad con el grupo Paralamas. Y viró el volante hacia el funk “Realce”. En ese tramo recordó cuando abanderó a Brasil en un festival en Nigeria, en el que estuvieron Stevie Wonder, Fela Kuti y una señora que justificó: “Represento informalmente a la Argentina”.

El músico brasileño quedó solo con cuerdas y vientos en “Se eu quiser falar com Deus” y en una versión de “Drão” que superó por lejos a la original. No obstante, “Estrela” estuvo entre lo más agraciado del setlist, y seguidamente la multitud se sumó para cantar “Esotérico”. “Expresso 2222” sirvió para avisar que la performance estaba entrando en su recta final, lo que confirmaron el funk “Andar com fé”, la discotequera “Emoriô” y en especial la samba (con sabor a world beat) “Aquele abraço”. Bajaron un cambio con el forró “Esperando na janela”, pero sólo fue una distracción para procrastinar el desenlace.

No podía ser de otra manera que al mejor estilo del Carnaval, con papelitos, baile y amenizada por uno de los mejores samba reggae: “Toda menina baiana”. Recordatorio de que esto no volverá a pasar. Nota aquí.



martes, marzo 10, 2026

La Banda Sabinera

 


domingo, marzo 08, 2026

Luar Na Lubre

 


Alejandro Sanz

 Así fue el primer show de Alejandro Sanz en Buenos Aires: fotos y videos de un amor incondicional

El español se presentó en el Campo Argentino de Polo con localidades agotadas y un vínculo recíproco que parece eterno. Repite esta noche y el domingo se despide de la Argentina con un concierto en Córdoba

El Campo Argentino de Polo en Buenos Aires se colmó para recibir a Alejandro Sanz en la primera de sus dos fechas previstas en la ciudad, en el marco de la gira internacional ¿Y Ahora Qué?. El cantante español ofreció un repaso sostenido por los temas más reconocidos de su repertorio y las canciones de su último álbum, acompañado por su banda y por una audiencia que agotó la capacidad del predio y dándose el gusto de estrenar un tema con una cantante argentina.

A lo largo de más de dos horas, el vínculo entre el artista y el público se mantuvo constante, reforzado por gestos y mensajes que pusieron en primer plano la reciprocidad de afecto con sus seguidores argentinos. La minigira argentina que comenzó el 4 de marzo en el Autódromo de Rosario, continuará esta noche en el reducto de Palermo y concluirá el domingo 8 en el Mario Alberto Kempes de la ciudad de Córdoba.

Antes del concierto, el español mostró la gran cantidad de obsequios con los que lo esperaban sus fans. Collages de fotografías, flores, camisetas y banderas argentinas, así como globos en forma de corazón. El cantante compartió un video en sus redes sociales donde mostró estos regalos, evidenciando la gratitud y la relación especial que mantiene con su audiencia local. Y que repitió al finalizar el show, donde publicó un mensaje en el que destacó la particular energía de la capital argentina: “Buenos Aires tiene esa costumbre. Te canta una noche, y ya te quedas un poco a vivir en ella”.

Con ocho músicos en escena y una puesta imponente en la que se destacó una pantalla concavoconvexa de 300 metros cuadrados, Sanz revalidó sus credenciales de más de tres décadas con el público porteño. Canciones como “Desde cuando”, “Mi soledad y yo” y “Hoy no me siento bien” manejaron los climas y las emociones de una noche en la que hasta la lluvia pareció asociarse. El cielo que amenazó durante toda la jornada desplegó unas tenues gotas, las justas para condimentar el espectáculo.

Durante la parte más intimista del concierto, el madrileño se sirvió unos mates e invitó a la argentina Yami Safdie a estrenar el tema que grabaron juntos. Todavía inédito, “Cuéntame” se publicará el 26 de marzo y los afortunados que asistieron al Campo de Polo tuvieron la oportunidad de testearlo en vivo y en directo.

Pero Sanz también usó el escenario para dejar un mensaje de paz en un mundo convulsionado. Lo hizo a través del arte, con una intervención y la palabra graffiteada en diferentes idiomas a modo de plegaria, mientras empuñaba la bandera argentina a modo de gratitud. También interactuó con cada uno de sus músicos, haciéndolos parte de su gran fiesta, y de esa conexión con el público local que se reatroalimenta en cada visita. Y que tuvo en “Corazón partío” el final tan esperado como emotivo. Nota aquí.









jueves, marzo 05, 2026

Colectivo Panamera


 

martes, enero 20, 2026

Librerías de Buenos Aires

 Buenos Aires, ciudad paraíso del libro

La capital argentina cuenta con la mayor red de librerías de Latinoamérica. De las gigantescas a las que atesoran auténticas rarezas, sus talleres, presentaciones y otras actividades las convierten en espacios de encuentro social.

Están los circuitos turísticos clásicos: dependiendo de la agencia que uno elija, cuando llega a una ciudad visita tal o cual restaurante, un determinado museo o una tienda de merchandising local. Pero luego hay otros modos de viajar. Más desorganizados, aleatorios, caseros. Con circuitos personales, más íntimos, que se van construyendo sobre la base de las preferencias personales. En algunos casos, las preferencias se comparten y esto hace que, en las charlas con turistas que llegan a Buenos Aires, las preguntas sobre librerías se repitan.

Según un informe del Centro de Estudios y Políticas Públicas del Libro de la Universidad Nacional de San Martín, al menos hasta enero de 2024 la ciudad contaba con la mayor red de librerías de Latinoamérica: 3,43 cada 100.000 habitantes, superando la media de Brasil, Colombia, Chile y México. Si bien desde ese momento muchas cerraron (los alquileres de los locales se encarecieron y las ventas bajaron), otras abrieron y el número sirve como parámetro.

Cuando alguien pregunta: “¿Qué librería debería visitar en Buenos Aires?”, la respuesta amerita una serie de preguntas. ¿Qué querrías encontrar? ¿Novedades locales? ¿Impacto visual? ¿Cantidad de títulos? ¿Joyas ocultas de la literatura rioplatense que no están en otro sitio? ¿Buen café?

Porque Buenos Aires tiene esas librerías que impactan visualmente, como El Ateneo Grand Splendid (avenida de Santa Fe, 1.860), la más grande de Sudamérica, visitada por miles de personas al mes y elegida por la revista National Geographic como “la más linda del mundo”. Un edificio construido en 1903, con un mural del italiano Nazareno Orlandi pintado en el techo, bar, sillones de lectura y miles de títulos: tantos que uno podría marearse. Pero también hay otras librerías arquitectónicamente más discretas que guardan en sus estantes volúmenes de editoriales independientes, libros de poesía, narrativa, teatro o ensayo, de autores que uno no encontraría en locales de grandes cadenas.

Eterna Cadencia (Honduras, 5.582) y Libros del Pasaje (Thames, 1.762), ambas en el barrio de Palermo y separadas por siete cuadras, son locales de enormes bibliotecas de madera, música suave y bar para poder leer mientras se almuerza o se toma un café.

Otros establecimientos ubicados en el centro, sobre la avenida de Corrientes, son: Hernández (1.436), Losada (1.551), Zivals (esquina a de avenida de Callao), Cúspide (1.316), Galerna (1.916) y De La Mancha Libros (1.888). Visitados por clientes asiduos y, también, por paseantes que llegan después de comer, luego de sacarse una foto en el Obelisco, o antes del teatro o el cine. Los libreros saben que los viernes y los sábados, alrededor de las nueve o diez de la noche, muy probablemente quienes entran no vayan a comprar nada. Y, sin embargo, se prestan a ese diálogo: preguntas y respuestas, recomendaciones y referencias; charlas que empiezan en un título y terminan en cualquier tema, porque además de vender ejemplares, a veces, la tarea del librero es acompañar la soledad.

Y luego existen en la ciudad de Buenos Aires librerías más pequeñas, barriales, librerías de proximidad con una amplia y cuidada selección de títulos y caracterizadas sobre todo por la amabilidad de las personas que las atienden. En establecimientos como Verne Libros (Juan Ramírez de Velasco, 1.427, en Villa Crespo); La Coop (Bulnes, 640, Almagro); Te Llamaré Viernes (La Pampa, 1.569, Belgrano), Naesqui (Charlone, 1.400, Villa Ortúzar), Malatesta (Gándara, 2.994, Parque Chas), el librero suele acercarse al cliente, preguntar qué desea y, sobre la base de sus preferencias, proponerle un autor, o una materia, o un título del que quizás nunca había oído hablar.

También existen otras librerías, desde luego menos concurridas y notorias, que son aquellas especializadas en volúmenes usados: allí la búsqueda es distinta. Se trata más de sorprenderse con un libro inesperado que de encontrar un título preciso. En locales, pero sobre todo en las ferias de la plaza de Italia y las del parque Centenario y Rivadavia, por ejemplo. Nota aquí.






lunes, diciembre 15, 2025

Joaquín Lera

 BUENOS AIRES


En principio Buenos Aires,
era solo una canción.
Una espinita clavada
en mi frágil corazón.
Un pasito en mi viaje
por el túnel del amor.
Un tanguito en mi ventana,
una zamba en tu balcón.
Poco a poco entre tus brazos,
me fui haciendo más porteño.
Más boludo, más de mayo,
más gallego que un ribeiro.
Rosalía era Alfonsina,
Castelao primo de Borges.
Y Mafalda aquella niña,
con la que dormí en el bosque.
Buenos Aires, aires nuevos.
Buenos Aires de mis sueños.
Que me hiciste ser tan grande,
como un niño muy pequeño.
Fui… Romano, en Caminito,
una tumba en Recoleta.
Y en el barrio de San Telmo,
un torero en bicicleta.
En el Cuartito una góndola.
Un kamikaze en Corrientes.
Y en la boca de tus labios,
un bailarín de juguete.
Compartí mares y cielos,
lunas, llanuras y olas.
Yo la decía: "te quiero"…
Y ella: "no me rompas las bolas".
Fui vino tinto en Palermo.
Viento en popa en Mar del Plata.
Hierbabuena en tu sonrisa,
y en tu cintura un pirata.
Buenos Aires, aires nuevos.
Buenos Aires de mis sueños.
Que me hiciste ser tan grande,
como un niño muy pequeño.
Hoy sigo en suelo argentino,
bebiendo tu cuerpo de mate.
Solo te pido cariño,
por favor; ¡no me matés!
Pues cada verso es una imagen,
que en tu espalda dibujé.
Podré volar sin equipaje.
Sin tus labios, no lo sé.
Buenos Aires, aires nuevos.
Buenos Aires de mis sueños.
Que me hiciste ser tan grande,
como un niño muy pequeño.
©️Joaquín Lera.
* Está canción la escribí a unos cincuenta kilómetros de Buenos Aires, en casa de unos amigos muy queridos, allá en El Campito, unos días después de cantar en el Teatro Metropolitan…
Tengo ganas de volver a esa maravillosa tierra y compartir un buen asado con el amigo Romano y familia.
Y como no, de volver a dar un abrazo a Pancho y su hermosa familia de origen vasco.
A quien no podré ver es a mi buen amigo y grandísimo artista, Rafael Amor… porque ya no está entre nosotros…
Nunca olvidaré el bien trato que me dio y ese hermoso paseo que nos dimos recorriendo los teatros donde había compartido escenario con Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui y tantos otros grandes artistas.
Este gallego que escribe nunca podrá olvidar a la buena gente que conocí en mi añorado Buenos Aires.
La foto de abajo está hecha en Caminito.
En la parte musical me acompañan mis queridos, Mariano Marín al piano y Javier Paxariño a la flauta travesera.
Casa vez que escucho esta canción… siento que estoy allí.
Producción audiovisual y arreglos de un servidor.

sábado, noviembre 29, 2025

Emiliano del Río

 Emiliano nos cuenta por Facebook.

No importa la hora, ni el cansancio.
Hoy decías que en el amor las medidas de tiempo cambian, todo se mide de otras maneras, la amistad, el respeto y tener la dicha de seguir aprendiendo de vos y tu forma de llevar este oficio, de seguro... Me ha regalado una nueva medida de tiempo ya que no me pesan tantas, tantas cosas y por el contrario...Vienen cosas hermosas, que alivianan mi andar.
Una vez mas gracias Ismael Serrano y gracias por lo que vendrá, en el tiempo dispuesto...Ahí te veo.
Gracias mi querido hermano. Rodolfo Serrano al menos te veo y te abrazo en tu inmenso hijo.
Ya cruzaré en cualquier momento y con sorpresa, te me cuidas.



lunes, noviembre 24, 2025

Ismael Serrano


 

miércoles, noviembre 19, 2025

Guada


 

domingo, noviembre 16, 2025

Oasis

 Oasis brilló en el estadio Monumental ante 85.000 personas: del abrazo de los hermanos Gallagher al guiño a Diego Maradona

Después de 16 años, la banda británica regresó a Buenos Aires y deslumbró a sus fans con un setlist que repasó sus mayores hits.

Ansias, lágrimas, emoción, con la cuenta regresiva activada, 85.000 personas esperaban la hora señalada para vivir un hecho que, meses atrás, parecía inimaginable: el regreso de Oasis. Tras 16 años de espera, el día llegó: Liam y Noel Gallagher desataron una euforia contenida que explotó en un pogo inolvidable en el Estadio Monumental.

Desde temprano, miles de fans colmaron el estadio de River Plate para presenciar el primer show de la banda británica en el marco de su gira Live ’25, una cita que combinó nostalgia, euforia y momentos inolvidables desde el primer acorde.

La expectativa por el reencuentro con los hermanos Liam y Noel Gallagher se sintió desde las horas previas. El público, que ya ocupaba cada rincón del estadio, recibió primero a Richard Ashcroft, encargado de abrir la noche como telonero, y luego estalló en ovaciones cuando Oasis irrumpió con “Hello”, marcando el inicio de una velada cargada de energía.

El arranque del show desató una ola de entusiasmo: miles de fanáticos saltaron, corearon y celebraron el regreso de la banda, mientras las redes sociales se llenaban de videos y mensajes que reflejaban la magnitud del evento. La conexión entre Oasis y el público argentino se hizo evidente desde el primer tema, con el estadio vibrando al ritmo de los clásicos.

Así también lo evidenció Liam Gallagher durante una interacción con la gente. Fiel a su estilo, el músico elogió a los presentes y se refirió con humor a la prohibición de venta de alcohol en el estadio: “Son los número uno, incluso sin el alcohol”, expresó, desatando risas y aplausos entre los asistentes. Nota aquí.






viernes, octubre 31, 2025

Juanes

 Juanes ofreció un cóctel de música popular latinoamericana

El cantautor colombiano paseó a sus fans por todos sus hits, incluyendo su mega éxito “A Dios le pido”. Pero también se animó a versionar clásicos de León Gieco y Soda Stereo.

Juanes regresó a Buenos Aires en la noche del martes sin otro motivo más que el de afianzar su idilio con el público argentino. Lo que no es poca cosa. “Es un milagro estar aquí, y más si es junto a ustedes. Desde que vine la primera vez, en el año 2000, me enamoré de este país. Miento: estaba enamorado antes de conocerlo”, reconoció el astro musical colombiano, promediando la mitad de esta vuelta a la ciudad, donde se presentó por primera vez en el Movistar Arena. “Mis papás, mi familia y yo crecimos escuchando música de aquí. Desde Los Chalchaleros hasta Gardel, pasando por Soda Stereo. Les había hablado tanto de Buenos Aires a mi esposa y a mi hija Paloma (presentes entre la audiencia) que en esta oportunidad vinieron conmigo. Y eso me hace sentir más feliz todavía”.

Pero el devaneo no quedó en la mera elocuencia, sino que se materializó en varios pasajes del show. De hecho, al poco tiempo de haber arrancado, mechó la canción “Amores prohibidos” con una respetuosa versión de “Persiana americana”, himno del grupo que alguna vez lideró Gustavo Cerati. Más tarde, cruzó del escenario principal a un pequeño tablado erigido en la otra punta del campo, en medio del público y con su guitarra eléctrica a cuestas. Una vez que subió, apareció Luciano Pereira, el comensal más inesperado, con el que compartió el tema “Para tu amor” y una revisita a “Sólo le pido a Dios”, clásico de León Gieco. Tras el piropeo mutuo, el lujanense acompañó a su colega en su retorno al escenario principal, para luego despedirse de la muchedumbre.

Previo al cierre, y después de transitar un buen trozo de su éxito “La camisa negra”, el nativo de Medellín detuvo la canción para invitar a escena a “unos amigos” para hacer algo de cumbia. Entonces irrumpieron los integrantes de Un poco de ruido, streaming viral de la movida tropical local, con instrumentos en mano. Cuando Damo Martínez, el MC de la terna, lo tentó a salir del rock para probarse en la bailanta, Juanes le espetó: “Yo soy colombiano, mijo”. Lo que sirvió de puntapié para retomar el tema que detuvo unos minutos antes, aunque ahora en clave cumbiera, con Pinky SD, el acordeonista de la troupe, compartiendo protagonismo con el cantante, compositor y guitarrista. Si bien ese pasaje pareció medio accidentado, terminó por convertirse en uno de los mejores gestos de la velada.

La última vez que el artista se presentó en la capital argentina, aconteció hace dos años, en el Teatro Gran Rex, como parte del tour de su más reciente álbum de estudio, Vida cotidiana. A pesar de que en aquella ocasión también hubo guiños hacia la Argentina, el clímax se produjo cuando el paisa invocó a David Lebón para que pusiera su guitarra al servicio de su revisita a “El amor después del amor”, original de Fito Páez. No obstante, en este desembarco las canciones de ese repertorio brillaron por su ausencia. Esta vez el foco estuvo puesto en sus hits, uno detrás de otro sin parar. Y vaya que tiene una suculenta colección, lo que generó un ambiente festivo entre las siete mil personas que asistieron al predio de Villa Crespo (la segunda bandeja del Arena se mantuvo cerrada).

“Mala gente” inauguró las casi dos horas de show, seguida por el primer popurrí del set, el ya mentado cruce entre “Amores prohibidos” y “Persiana americana”. A continuación, hubo un mash up más: “Nada valgo sin tu amor” y “Besos en guerra”. El otrora integrante de Ekhymosis parecía que iba a bajar un cambio con “Volverte a ver”, pero en realidad estaba tomando impulso para enlazar “Lo que me gusta a mí”, “Fuego” y “Luna”. Para conectar los dos últimos temas, el músico rescató, a manera de puente, un pedazo de “La danza de Los Mirlos”, legendario himno de la cumbia amazónica (vertiente de la cumbia peruana). Y esto dejó en evidencia nuevamente la impronta interpretativa para con su instrumento, siempre próxima a la música negra. O más bien al cruce entre el funk y los ritmos africanos. Nota aquí.