sábado, mayo 23, 2026

Benjamín Prado

 “Aún puedo fingir que estoy mejor de lo que estoy”

El escritor publica memorias mientras afronta la cuenta atrás de “una enfermedad neurológica incurable”

Benjamín Prado es un hombre tan risueño, conversador y disfrutón que cuesta leerle confesar que está asustado, que ya está en una “cuenta atrás”. Pero es lo que desvela en sus memorias, Qué estoy haciendo aquí, que Alfaguara publicará la próxima semana, en las que recorre su vida y nos confiesa que padece “una enfermedad neurológica hoy incurable” que prefiere no detallar. El escritor madrileño de 64 años, también poeta, letrista, dramaturgo y hasta actor por accidente repasa una vida de grandes amistades, lecturas y una brújula siempre activada para probar y avanzar. Charlamos en el festival Barbitania, en Barbastro (Huesca).

Pregunta. Cuenta que un día le llamó Sorogoyen, le propuso actuar y dijo que sí. ¿Qué supuso?

Respuesta. La confirmación de que soy un tipo que siempre se está probando camisas de once varas y que le quedan bien. Yo pensé que estaba de broma o que quería un guion. Y cuando me dijo que era para actuar respondí que no, pero luego pensé: “¿Por qué no? Algo distinto, nuevo, prueba y ya está“. Lo que hago siempre, meter la cuchara en los platos de los demás, que es mi trabajo.

P. ¿Se hizo poeta por orden de un profesor, como cuenta?

R. Fue así, ese profesor vio algo en mí y me dijo: “Tú vas a escribir poesía. Vete a comprar Sobre los ángeles de Alberti y Poeta en Nueva York de Lorca”. Y así fue. ¿Qué vio en mí? Ni idea. ¿Qué vio Alberti cuando se hizo mi amigo? Ni idea.

P. Al poeta le conoció por casualidad y se hicieron íntimos.

R. Mi padre me mandó al bar de la esquina y allí le vi. Alberti tenía manía a su libro Sobre los ángeles por ser su obra maestra y cuando me lo encontré y le dije que lo había leído se puso a la defensiva: ¿Te ha gustado?, preguntó. Y yo, con la arrogancia de los 17 años, le dije: “No está mal, pero me ha gustado más Sermones y moradas”. Y me dijo: “¿Cuántos años tienes?" “17″. “Venga, te invito a un gin tonic”. Y así empezamos una amistad de 15 años.

P. ¿Todo lo que pone en sus memorias es verdad?

R. “Todo” es una palabra demasiado grande, pero esto sí es verdad (ríe).

P. Su padre era escolta motorizada de Franco.

R. Sí, sí, era el más guapo del mundo, una especie de Clark Gable con los ojos verdes, bigote facha de la época, uniforme de jinete y una Harley. Un día que se le rompió la moto mi madre se asomó, le vio y aquí estoy yo. Luego montó un taller mecánico y de eso vivimos siempre.

P. Poeta, escritor, periodista, letrista con Joaquín Sabina... ¿Qué es usted?

R. Básicamente un farsante que se mete en la vida de los demás (ríe) y hace cosas que parecen más de ellos que tuyas. Lo más divertido de la vida son los disfraces, no lo que somos sino lo que aparentamos, nadie disfrazado se lo está pasando mal si es por gusto. He aprendido muchas cosas, he tenido la suerte de nacer en una generación en la que estaba viva la del 27, la del 36, la del 50… Uno leía fascinado a Alberti y se iba a comer con él. Leía fascinado a Gerardo Diego o Luis Rosales y se iba a hacerles una entrevista. Jaime Gil de Biedma, Ángel González y otros han sido como de la familia a la vez que mitos literarios. Las amistades bonitas empiezan en los bares, así conocí a Rafael, a Sabina, a Luis García Montero… Han pasado 40 años de todo eso y mis amigos, salvo los que se han muerto, siguen siendo Luis, Joaquín, Chus Visor… los mismos.

P. Ha querido convertir el rocanrol en poesía y la poesía en rocanrol.

R. Sí. Me fascinó ver a Allen Ginsberg haciendo una lectura de poemas, era lo más cerca que yo había estado de Bob Dylan, mi héroe, que da nombre a mi hija, y dije: quiero hacer esto, llevar la poesía a otros sitios. Así empecé a hacer giras de 50 o 60 conciertos con Coque Malla, Leiva, Pereza… Al poema le da mucha potencia tener detrás una banda o un músico. La gente no sabe muy bien a lo que va ni lo que ha visto, es un terreno muy bueno para la sorpresa, pero se quedan con una idea, con un verso. Nota aquí.



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