miércoles, marzo 04, 2026

Tamar Novas

 “Me siento orgulloso de ser de un gremio que decide no callar”

El actor gallego, nominado en la pasada gala de los Goya, comienza la promoción de una serie y una película.

La entrevista a Tamar Novas (Santiago de Compostela, 39 años) tuvo dos etapas. La primera fue en la cafetería Brunetti de Madrid donde llegó, compró un paquete de harina para hacer pizzas y, tras un abrazo, dijo: “Bueno, tú me dirás de qué quieres que te hable”. Porque llevaba semanas hablando de un papel que ahora se antoja algo lejano, el de Xoel, su personaje en la película Rondallas, por el que fue nominado a actor de reparto en los Goya. La segunda, esta vez en forma de conversación telefónica, fue para hablar de lo que le toca ahora, una vez celebrada la gala: el rodaje de la serie Ardora (Movistar+), la promoción de Miguel, su personaje en Caminando con el diablo, que estrena pasado mañana, y acudir al festival de Málaga. “Tengo la sensación de vivir en una simulación”, cuenta.

Pregunta. ¿Por qué lo dice?

Respuesta. Uno ve cómo está el mundo, las noticias de los últimos días y todo parece como una especie de entretenimiento. Es algo extraño donde me siento absolutamente un privilegiado. En los Goya he sido muy feliz, me lo he pasado muy bien y he estado contento de vivirlo con mis padres, mi hermano y con Daniel Sánchez Arévalo [director de Rondallas]. Ha sido emocionante y me siento orgulloso de formar parte de un gremio que decide no callarse y no cerrar los ojos ante lo que sucede, aunque lo único que hacemos es películas, ni más ni menos. No se trata de anotarse un mérito, sino de darnos cuenta de que todo esto nos puede venir de vuelta.

P. Dicen de Rondallas que es una feelgood movie, para que nos sintamos mejor. A lo mejor es el bálsamo que nos hace falta.

R. En los tiempos que vivimos, sin duda. Digamos que es una peli riquiña, de las que te da un abrazo. Cuando leí el guion me emocioné mucho, porque vi la parte de comedia en la historia, y pasar de lo ridículo a lo profundo en una sola escena… Toca asuntos jodidos también, como el duelo, que es una etapa en la que pasan muchas cosas, también momentos de risa.

P. Cuando está usted de bajón, ¿tira de humor o se mete para dentro?

R. Bueno, soy gallego, así que depende [sonríe]. Cada vez tiro más de cinismo para no sufrir, busco la parte más ligera de las cosas. Como soy una persona que tiende a la introspección, me ayuda pensar que la vida está fuera, y que la gente que puede ayudarte, también. He vivido momentos de pena a los que he sobrevivido gracias a la terapia.

P. Tenía 11 años cuando hizo La lengua de las mariposas. Luego, Mar adentro con 17 ¿Se llegó a flipar?

R. Potencialmente podría haber pasado. Con La lengua de las mariposas fue más como una anécdota, porque duró un verano y luego volví al colegio. Con Mar adentro estaba a punto de llegar a la universidad, porque yo quería ser director de cine, periodista o publicista, tipo los de Mad Men, los encargados de hacer chistes. En la película ya tuve a un capitán como Bardem, que es lo contrario a fliparse a la hora de currar, que te lo deja bien claro. Tanto él como Celso Bugallo me dieron charlas, no porque viesen nada, sino porque querían anticiparse. También mi familia ha sido mi toma de tierra. Recuerdo cuando me nominaron para Mar adentro que se lo conté a mi madre y su respuesta fue: “Bueno, ¿y la selectividad?”. Yo no dije que era actor hasta que no me vi en un escenario profesional. Siempre me había dado mucho pudor. Nota aquí.



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