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miércoles, octubre 14, 2026

Nito Mestro

 


Nito Mestre

 


sábado, julio 25, 2026

Nito Mestre

 


jueves, julio 23, 2026

Nito Mestre

 Nito Mestre en Bariloche: “Sui Generis fue el sueño del pibe”

El músico actuará el sábado en Wesley.

La llegada de Nito Mestre a Bariloche, a partir de la presentación que realizará el sábado en el Tap Garden de Wesley Brewery, devino en una visita del músico a la redacción del diario El Cordillerano. Llegó acompañado por el reconocido fotógrafo Diego Ortiz Mugica, con quien, tras saludar a los periodistas y sacarse fotos con aquellos que se lo solicitaron, ingresó al estudio radial.

Durante el programa Chocolate por la noticia, Nito mantuvo una extensa conversación con uno de los conductores de la emisión, Daniel Pardo.

Al finalizar el programa, Nito traspasó la puerta del estudio y ya se dirigía a la salida cuando fue interceptado por este cronista "pesado", que le propuso sentarse a charlar… ¡de nuevo!

El músico, lejos de poner reparos, aceptó de buena gana… 

—¿Qué se siente subir a un escenario en este momento de la vida?

—Es divertido. También lo es grabar, pero se trata de dos mundos distintos. Yo soy más un animal de gira, de actuar, por el contacto con la gente y todo lo que genera actuar, las pruebas de sonido en lugares distintos… Tocar en vivo me hace sentir joven.

—¿Y cómo recordás los primeros tiempos, los inicios artísticos?

—A veces, como si se tratara de algo que le hubiese sucedido a otro. Me pasó a mí, pero lo veo lejano en el tiempo. Lo recuerdo con cariño, pero como si no hubiese sido yo.

—Y recurriendo a aquel Nito de sus comienzos, ¿cómo se tomó la decisión de iniciar el álbum debut de Sui Generis, Vida, con Canción para mi muerte? 

—En realidad, el disco se llama Vida por el último tema (previo al instrumental Posludio), que es Cuando comenzamos a nacer. Ese era nuestro caballito de batalla e iba a ir primero, pero Jorge Álvarez (en aquel momento, 1972, al frente de la marca discográfica Talent), con muy buen criterio, dijo: “No, primero irá Canción para mi muerte, en cambio, Cuando comenzamos a nacer va a gustar con el tiempo y lo van a empezar a respetar, pero Canción para mi muerte 'pegará' directo”. Jorge, entonces, sostuvo: “Ese es el single”. En aquel momento, estaban los vinilos, así que ponías la púa y el primer tema tenía que “entrar” rápido, para que escucharan todo el disco. Si después del primero, no te gustaba el segundo, sacabas la púa y no escuchabas nada más. Entonces, las primeras canciones de los dos lados, sobre todo del A, tenían que “pegar”.

—Lo último que grabaron como Sui Generis, a partir de un registro en vivo, fue Si (detrás de las paredes), de 2001…

—Ese disco no me gusta nada, directamente. La pasé mal. Me parece un mazacote. Eso no es Sui Generis. El criterio de ese disco iba a ser otro. La realidad es que, cuando empecé a escuchar la grabación en vivo, la banda algunas veces aparecía, otras no… Hacían de cuenta que tocaban, estaban fuera de tiempo…  Y se empezó a corregir y corregir y corregir, pero cuando corregís todo es como agarrar una comida que está más o menos hecha y empezás a meter especias para mejorarla y queda cualquier cosa. Ese disco fue de goma, largo. Se empezó a emparchar y emparchar… El comienzo iba a ser tipo Steely Dan (un dúo de una elegancia sonora notable), pero hay trece mil billones de teclados por todos lados. A Charly le agarró lo de “la pared de sonido” (método que utilizaba el productor musical Phil Spector, superponiendo instrumentos hasta conformar una especie de muro sonoro). Adiós Sui Generis (1975), que es en vivo, no se corrigió, sólo se masterizó, y está bárbaro, es diez mil veces más prolijo que Si, que terminó como una pasta pasada…

—Por las sobregrabaciones...

—Sí, me resulta saturado. 

—¿Y qué te sucede con Sinfonías para adolescentes, la placa anterior, con la que Sui Generis había regresado? 

—Sinfonías me gusta más, pese a que tiene algo de desborde, pero cuenta con cosas más artísticas. De alguna manera, fue más arriesgado, pese a que hay muchos covers, y resultó divertido. El comienzo de la grabación fue medio enquilombado, porque Charly tenía una forma de grabar y yo otra, hasta que llegamos a unirlas. Habrán pasado cuatro o cinco sesiones y me empezó a gustar. En cambio, en el otro (Si), el proceso resultó engorroso, eran parches… En Sinfonías, en cambio, no había parches, aunque tampoco me “chifla” demasiado cómo está mezclado. En realidad, en ninguno de aquellos dos discos estaba muy de acuerdo con las mezclas, porque el técnico tenía mucha tendencia a Charly, no a Sui.

—Para vos, entonces, Sui Generis sería el de los inicios, no el del retorno del 2000…

—En aquel regreso, parte de Sinfonías está bien, pero el Sui verdadero es el de los tres primeros discos. Lo otro quedó bajo la influencia de Say No More, así que lo que siguió es y no es Sui. En Sinfonías hay más; en Si, muy poco.

—¿Cómo definirías a cada uno de aquellos primeros tres discos? Es decir, Vida, Confesiones de invierno y Pequeñas anécdotas para las instituciones.

—Los tres me gustan, cada uno a su manera. Con el tiempo, los escucho y, claro, hay una cosa con el sonido a la que uno se tiene que acostumbrar; el primero es súper inocente.

—Entre Vida y el tercero, Pequeñas anécdotas para las instituciones, no pasó mucho tiempo —el primero es de 1972; el otro, de 1974—, pero se nota una gran diferencia en el modo de abordar el sonido.

—En Instituciones cambió... En realidad, el cambio ya se había iniciado con Confesiones de invierno, porque Vida lo habíamos grabado en cuatro canales, era muy básico. En el segundo pasamos a ocho canales y fue otra cosa. Y en el tercero teníamos dieciséis.

—De aquella etapa también es Porsuigieco (la unión de Sui Generis con María Rosa Yorio, Raúl Porchetto y León Gieco)…

—El disco lo grabamos de a poquito, cada semana poníamos algo. Tardamos un año. Nunca coincidimos los cinco en el estudio. Cada uno tenía su carácter. Raúl era el que menos iba. De hecho, cuando hubo que hacer una foto de prensa no fue, así que puse, en un árbol, un cartel que decía “Porchetto”, y así quedó la fotografía. La gira estuvo divertida; era muy familiar, todos nos llevábamos bien. En cuanto a la grabación del álbum, cuando salió de nuevo (se reeditó en 2025, a cincuenta años de su registro), lo fuimos a escuchar juntos, y cuatro de los temas los oímos de la cinta original. Sonaban súper bien, como si estuviésemos tocando ahí; fue muy agradable. Nota aquí.






lunes, mayo 25, 2026

Milo J & Nito Mestre

 

martes, abril 14, 2026

Nito Mestre

 Falleció a los 87 años Julio Ricardo (Maestro. Locutor. Periodista Deportivo).

Julio Ricardo López Batista. Excelente profesional y persona. 

Un dato poco conocido es que Julio fue maestro de Nito Mestre,  siendo una persona muy importante en su vida,  como un segundo padre.

Nito hasta ese entonces escuchaba música clásica (su papá la ejecutaba en el violín) se destacaba en el colegio por su timbre de voz cantando en el coro y tocaba en el colegio en el grupo de música folklórica. Conoció la música de Los Beatles a través de un disco traído de Inglaterra por una amiga de su mamá.  Julio Ricardo a pedido de su alumno lo llevó al cine junto a otro compañero a ver "A hard days night" (Anochecer de un día agitado como se lo conoció aquí) y a partir de allí Nito ya quería dejarse el flequillo y tener las botitas beatle. ¿Qué hacer con el folklore? Julio Ricardo lo alentó a elegir el género musical con el que se sintiera más representado. 

Julio Ricardo estuvo presente en la Legislatura cuando lo distinguieron a Nito como "Personalidad Destacada de la Cultura" (2016) dedicándole unas afectuosas palabras. Nito Mestre lo invitó a participar de su programa "Rock and Road" donde repasaron la vida de Julio y visitaron el colegio donde se conocieron hace tantos años. Julio Ricardo fue un maestro que no solo impartió conocimientos sino que fue un sostén emocional para ese niño cuyo padre había fallecido a los 11 años.

Q.E.P.D. Julio Ricardo, quedan los mejores recuerdos en todas las personas que lo conocieron.




domingo, enero 25, 2026

Nito Mestre


 

martes, noviembre 04, 2025

Nito Mestre

 "No me adjudico haber descubierto a Charly, pero casi"

El cantante y músico atravesó una vida de película. Éxitos, prohibiciones, situaciones límite y reconocimientos forjaron un camino que mira sin nostalgia y con agradecimiento. A las puertas de un recital en el que evocará los grandes temas de Sui Generis junto a las canciones de su etapa solista, reafirma que el escenario es su lugar en el mundo: “Hoy creo que un buen show es aquel del que la gente se va feliz”.

Guiado por la intuición más que por el razonamiento, Nito Mestre ha sabido tomar decisiones que marcaron su destino. En esta conversación íntima con El Planeta Urbano, demuestra cómo esa capacidad le permitió construir una mirada vital que trasciende los límites. Desde temprano supo superar contornos: en su juventud se convirtió en la otra mitad de Sui Generis, y formar parte de un dúo que hizo historia en el rock argentino no es para cualquiera. Música de fondo para cualquier fiesta animada de la primera mitad de los setenta, su unión con Charly García fue la pista de despegue de una carrera solista que, desde esa base sólida, se nutrió tanto de la inspirada obra del dúo como de su propio repertorio, siempre sostenido por su condición de intérprete y esa voz eternamente cercana.

En la entrevista, a semanas del concierto en el que evocará los shows de despedida de Sui Generis –ocurridos hace medio siglo– y repasará sus éxitos en solitario, el músico aborda temas diversos que convergen en un eje común: el encuentro. Desde el descubrimiento de una vocación y el vínculo inolvidable con Paul McCartney hasta las veces en que sintió de cerca la muerte.

–¿Dedicarte a la música fue tu primera opción?

–No, pero nací cantando. De chico armé mi primera banda, aunque recién decidí vivir de la música cuando dejé Medicina.

–¿Cuánto tiempo estudiaste en la universidad?

–Llegué a cuarto año, no fue poco. La medicina me sigue gustando. 

Mi padre era médico y violinista.

–¿Cómo te decidiste por la música?

–A medida que avanzaba en la carrera, también crecía la musical. Quería ser cirujano, pero era complicado. Pensé en ser cardiólogo, aunque no tengo un gran pulso. Podría haber sido clínico, pero me parecía poco activo. Soy inquieto y me imaginaba viajando.

–¿Entonces dejaste la universidad por temor a la frustración?

–No. La música tomó más fuerza después del primer disco de Sui Generis. Estaba por reinscribirme para evitar el servicio militar y entendí que seguía estudiando más por eso que por vocación.–¿Eso te convenció?

–Reencontrarme con compañeros y sentir que ya no pertenecía a ese ámbito fue decisivo. Solo se hablaba de medicina, y pensé: “No la veo”

.–¿Fue una decisión impulsiva?

–No. Aunque parezca que actúo por impulso, suelo madurar las decisiones. Necesito evaluar los riesgos. Nota aquí.




jueves, octubre 23, 2025

Charly García

 Retrato de Charly García, el hombre que no eligió este mundo pero aprendió a querer 

El artista continúa siendo un espejo de contradicciones y obsesiones. Nito Mestre, Hilda Lizarazu, Fernando Samalea, Joaquín Levinton, Rosario Ortega y José Luis Fernández reconstruyen cómo su genialidad, rebeldía y curiosidad crearon mundos propios desde la música y otras expresiones artísticas. "Es nuestro Maradona, un tipo que ya es un monumento en vida", asegura Mestre a Página|12.

Hablar de Charly García se volvió una forma de hablar de nuestro país: de su euforia y de sus heridas, de su talento y de su fragilidad, de una Argentina que encontró en sus canciones un espejo y en su figura uno de los símbolos más incómodos —y brillantes— de su propia historia. 

“No elegí este mundo, pero aprendí a querer”, canta en Cerca de la Revolución. Desde los patios del colegio hasta los escenarios más grandes siempre se percibió la disputa entre un sistema que buscó encasillarlo y su impulso por crear universos donde pudiera existir con libertad. Por todo esto, hablar de Charly es también hablar de un artista que desde su infancia intentó escaparle a las formas que se le impusieron.

En un nuevo cumpleaños, artistas que compartieron escenario, amistad y vida con el ídolo de bigote bicolor reconstruyen en diálogo con Página|12 las manías, ternuras y formas de habitar el mundo del músico más indescifrable del rock argentino. “Ya de pibe se notaba que era distinto. Marcó la historia de muchas generaciones, y en esta última más todavía. Ya lo vemos como un ícono”, cuenta Nito Mestre, compañero de Sui Generis.

Cuando comenzamos a nacer

La profesora de inglés caminaba por el aula mientras daba la clase. Días atrás le había puesto 25 amonestaciones a Nito. Mientras, un jovencito Charly García, ajeno a todo, dibujaba en los márgenes de su carpeta. Cuando pasó por su lado, él, sin notar su presencia, respondió al aire:

—¿Y a mí qué me importa todo esto?

Más de 50 años después, Nito Mestre todavía se ríe mientras recuerda esta escena ingenua que compartieron juntos en las aulas del Instituto Dámaso Centeno, en Caballito. En ese gesto de un “pibe largo y desgarbado, con pantalones que no le llegaban a los zapatos”, dice, estaba la semilla de alguien que no sabía obedecer del todo. Nito lo resume sin vueltas: “Pero no era jodón ni quilombero ni mandón, sino un pibe distinto, metido adentro”.

Nadie más que él conoce el proceso de cómo Charly, durante esos últimos años de secundaria, mutó de la música clásica al rock. Eran mediados de los sesenta: Los Beatles cambiaron la forma de entender la música y la movida nacional empezaba a tener identidad propia con bandas como Los Gatos, que ya la rompían con "La Balsa". Mestre lo conoció en ese contexto, en un recreo. Dice que eran “los raros de la escuela” y que cada uno tenía su banda —Charly con To Walk Spanish, él con The Century Indignation— con una búsqueda compartida: “entender cómo deslumbrar una canción”.

- ¿Qué es lo primero que te deja Charly como artista?

- Con él aprendí a escuchar de verdad. Nos pasábamos tardes enteras escuchando canciones con auriculares, uno frente a otro, desmenuzando los temas de Los Beatles. Primero, la línea del bajo; después la guitarra. Así aprendí a distinguir las armonías, en una práctica que sigo recomendando aún hoy a los artistas jóvenes.

De ese ejercicio, cuenta Mestre, nació una amistad y un modo nuevo de escuchar rock. Sui Generis sería el refugio de la primera revolución de García. En un país que comenzaba a oscurecerse con la dictadura cívico-militar compuso canciones que hablaban de miedo, amor y libertad. No lo sabía, pero con apenas veinte años ya estaba dando voz a una generación, que aprendió a entender el mundo —y a resistirlo— cantando.

Qué se puede hacer salvo ver películas

De aquel adolescente que desobedecía con un lápiz en el aula nació el artista que quiso hacerlo con el propio rock. Con La Máquina de hacer pájaros quiso probar hasta dónde podía estirarse una canción sin romperse. “Para el momento político que se vivía, nosotros éramos los que rompíamos las reglas. Además, García estaba en su mejor momento: como pianista estaba al mango y tenía la dosis exacta de locura y de cordura”, recuerda a este diario José Luis Fernández, bajista que dejó el grupo Crucis para sumarse a aquella aventura.

Esa obsesión –rememora Fernández con cariño– se extendía más allá de los instrumentos: “Charly vivía al cine con la misma intensidad”. Pasaban madrugadas enteras en Cine Arte, subsuelo de Talcahuano y Lavalle, “donde se mezclaban Bergman, Fellini y la policía”: “Con Oscar (Moro) y Charly pasamos muchas noches en los calabozos porque nos prendían las luces del cine y nos llevaban a todos”, recuerda el músico de 66 años, que hoy lidera La Máquina De Hacer Pájaros (por Fernández/Moro/Spina/Vega), grupo que también cuenta con Juanito Moro –hijo de Oscar– y que se presentará el próximo 21 de noviembre en Niceto Club.

La obra completa de La Máquina muestra a un Charly que va más allá del rock convencional de la época. Para José Luis, “esta etapa erróneamente se pasa de largo” en la carrera de García, que mezcló sintetizadores MOOG, teclados y melotrones: “Cuando vino Herbie Hancock (pianista y tecladista estadounidense de jazz, a la Argentina) Charly le llevó el LP Películas para que escuche lo que tocaba. No un disco de Sui, ni de Serú, ni de solista. Charly sabía que ahí estaba todo con una calidad grosera”, subraya.

Cuando este grupo llegó a su fin, Charly quiso seguir con José Luis Fernández y Oscar Moro en Serú Girán. Pero Fernández decidió tomar otro camino. “Le dije a Charly: ‘Mirá, disculpá, pero me voy a ir con los chicos de Crucis a vivir a Estados Unidos’. Creo que hasta el día de hoy no me lo perdona”, recuerda.

Fue, quizá, la primera vez que alguien se animó a decirle que no, aunque en esa negativa también había una forma de admiración: “Me costó muchísimo tocar con un tecladista después de haber tocado con él”, concluye.

Vivo bajo la tierra, vivo dentro de mí

Por más de tener una extensa y reconocida carrera dentro de la música popular argentina, Fernando Samalea lleva con mucho orgullo la etiqueta de ser “el baterista de Charly”. Lo acompañó en discos consagratorios de su carrera solista, como Parte de la religión (1987), Filosofía barata y zapatos de goma (1990) y La hija de la lágrima (1994). Y aunque conoció todas las facetas del artista –compartieron más de 40 años de giras, grabaciones y conciertos–, Samalea no puede olvidar al García “veinteañero de pelo largo, excéntrico y soñador, que desafiaba los moldes de una sociedad que fabricaba productos en serie”.

“Fue pionero del metaverso”, exagera con cariño el baterista y bandoneonista, que considera que cada material de Charly fue también una película y una forma de “traerle sofisticación al rock”: Pubis Angelical, Clics Modernos, Piano Bar. Cada composición estaba acompañada por visuales, escenografía y teatralidad. “No hay separación entre su música y la estética. Hacía que todos estemos atraídos bajo su encanto. –continúa Samalea–. Nos regaló una nueva forma de existir en un universo que mezclaba mitología griega, el humor de Groucho Marx y Mel Brooks, cine de culto y de no tanto”.

“Yo solo tengo esta pobre antena/ que me transmite lo que decir/ una canción, mi ilusión, mis penas/ y este souvenir”, canta Charly García en Chipi Chipi, de La Hija de la Lágrima. Pero para Hilda Lizarazu, que con Samalea formó parte de “Los enfermeros” –que acompañó a Charly durante los comienzos de los noventa– “esa pobre antena no es tal”: "Es una sensibilidad de 360 grados, que le permite conectarse con el mundo real a través de sus letras, desde Sui Generis hasta su última canción en inglés con Sting", asegura a Página|12.

Cada día de Charly –cuenta Hilda– estaba marcado por la composición y la escucha obsesiva de vinilos de otros artistas. Pero esa intensidad convivía con momentos de mucha calidez: “Durante las giras salíamos mucho a andar en bici y a nadar. Tenía muestras de afecto que revelaban un lado profundamente humano”, dice, y agrega: “Es un tipo con una humanidad generosa y todo eso se ve reflejado en su obra y en sus palabras. Por eso recibe baldazos de amor constante de generaciones de argentinos”.

No veo televisión ni las revistas

Rosario Ortega, voz de su última etapa, conoció a Charly entre la genialidad y lo cotidiano. “Tranquilamente podría haber sido un artista plástico”, recuerda Rosario, que junto a Samalea, Fabián "Zorrito Von" Quintiero y Joaquín Burgos crearon Beats Modernos, una banda que se presentó este martes en Vorterix para "celebrar al universo García". 

Mientras ríe y camina por la ciudad, cuenta una anécdota que define esa mezcla de excentricidad y generosidad: “Le dejé una guitarra en su casa y, cuando me la devolvió, estaba toda intervenida con dibujos y marcas. Pero nunca pensé que me iba a poner tan feliz de que alguien me devolviera una guitarra así”.

Pero Charly también tiene intereses más banales, que lo acercan al humor y lo popular. Rosario se sorprende con su fanatismo por los programas de chimentos. “Ese mundo delirante lo divierte. Me gusta eso de él, porque te muestra un costado opuesto: no tiene nada de snob”, asegura. Y justifica: “Es que siempre estuvo muy cercano a personajes coloridos como Maradona o Carlos Saul, era un espacio en el que se sentía cómodo”.

Joaquín Levinton, muy cercano a García durante las últimas dos décadas, complementa esa visión con su humor característico: “Sus canciones son como el manual de Kapelusz, con canciones y una forma de vida te educan muchísimo. Si tuvieras que armar un manual de instrucciones para pasar un día con Charly García, la primera página diría: aerosoles, quitamanchas, teclado, martillo, ganas, auto, tabla de planchar y matafuego”.

En las palabras de Ortega y Levinton se escucha todavía esa voz que no puede ser domesticada. “A Charly se le perdonan cosas que a otros no. Todos tenemos contradicciones, él las tiene”, cierra Rosario.

Alguien en el mundo piensa en mí

Roque Di Pietro, autor de Esta noche toca Charly (Gourmet Musical), resume a este diario la tensión de toda una vida: “La obra de Charly estuvo atravesada por la lucha de un individuo ante una clase de poder que lo oprime. Lo vivió con el colegio, la familia, los gobiernos, el desencuentro de los vínculos, las drogas o, directa y especialmente, la muerte”. Entonces, quizás Charly García nunca fue un artista incomprendido, sino al revés: tuvo un mundo que le quedó chico.

Nito Mestre, que lo conoce desde los días en que apenas eran dos adolescentes con guitarras y auriculares, cree que “ya está más allá, convertido en un clásico, un Mozart del rock que seguirá marcando generaciones”. Y completa Samalea: “Hay algo de su personalidad que hilvana todas las expresiones culturales de nuestro país. Charly sigue dictando el camino y las normas”. Fernández confía en que ya está al nivel de Beethoven y Rosario Ortega, la más joven de todos, lo mira desde la cercanía y la contradicción: “A Charly hay que quererlo como es, con todos sus mundos. Es un genio con contradicción y amor. Me hizo ver lo que significa ser genuino y no transar”.

Pero más allá de las reflexiones y posibles lecturas sobre la vida y obra de Charly García, la respuesta completa siempre se encontrará en sus canciones. “Nunca me preocupo por las cosas, lo hago a mi manera”, canta en su última canción con Sting.

Al resto, no nos quedará más que aceptar que su música y su vida son un espejo en el que seguimos viéndonos todos y que, cuando el mundo no alcanza, uno puede inventarse otro. Nota aquí.








viernes, septiembre 05, 2025

Nito Mestre

 50 años después, la historia de "Adiós Sui Generis"

Este viernes 5 en el Teatro Opera, Nito celebrará el medio siglo de un evento que fue parteaguas del rock argentino, una inesperada explosión popular cuya génesis merece ser reconstruida.

El 16 de diciembre de 1974, Sui Generis lanzó su álbum más osado y vanguardista. Pequeñas anécdotas sobre las instituciones reunía un puñado de piezas que ponía el foco sobre diversos estamentos de la sociedad. “Música de fondo para cualquier fiesta animada” señalaba la corrupción judicial, “Pequeñas delicias de la vida conyugal” se mofaba de las convenciones impuestas por el matrimonio y “El show de los muertos” retrataba la violencia paraestatal de aquellos tiempos convulsionados. La placa había sido publicada por Talent, un subsello de la compañía Microfón. La empresa, dirigida por Mario Kaminsky, ejerció un férreo control durante su proceso de gestación. Charly García fue obligado a reescribir las letras de cinco de los nueve temas de la entrega. Jorge Álvarez, empresario editorial, discográfico y productor del grupo, sacó del disco dos canciones que apuntaban a la policía y al ejército: “Juan Represión” y “Botas locas”. El pianista debió, de apuro, reemplazarlas por otras. El trabajo, cercenado y censurado, se transformó en una obra fragmentada y críptica. Su complejo alumbramiento comenzó a hacer mella en el ánimo del conjunto.

El descomunal éxito de los elepés Vida y Confesiones de invierno -con piezas de la talla de “Canción para mi muerte”, “Dime quien me lo robó”, “Rasguña la piedras” y “Bienvenidos al tren”- transformó a Sui Generis en uno de los números más populares del rock vernáculo. Charly García y Nito Mestre ya habían atiborrado las instalaciones del Teatro Astral, del Teatro Ópera, del Teatro Coliseo y del Teatro Gran Rex. El poder de convocatoria de la dupla era el fruto de años de trajinar los más variados escenarios. Fue Álvarez quien los había conminado a tocar en todos lados. Desde una fiesta privada, en una zona residencial, hasta un club social de una barriada obrera. “Nos dijo: ‘hagan de cuenta que son putas, allí adonde les paguen tienen que ir’”, recuerda Nito hoy, en las vísperas de la presentación de esta noche en el Teatro Opera que celebra los 50 años de la consecuencia final de todas esas presiones: el Adiós Sui Generis en el Luna Park. En ese entonces, el cuartel de Bomberos Voluntarios de Echenagucía, en Gerli; la Confitería Burbujas de Lomas de Zamora; el Centro Asturiano de Vicente López;, la Facultad de Derecho, de la Universidad de Buenos Aires; y los colegios Carlos Pellegrini e Hipólito Vieytes fueron algunas de las estaciones de una travesía tan singular como épica.

Las flamantes canciones de Sui Generis estaban influidas por grupos como Yes, Genesis y King Crimson. García –munido de un piano eléctrico, un sintetizador monofónico, otro polifónico y un clavicordio eléctrico– se zambulló en el rock progresivo. La complejidad de la propuesta obligó al dúo a transformarse en cuarteto. El bajista Rinaldo Rafanelli y el baterista Juan Rodríguez aportaron las dosis necesarias de virtuosismo y potencia que la nueva etapa requería. La formación ostentaba una cargadísima agenda de conciertos. El circuito laboral, sin embargo, presentaba limitaciones. “Recorríamos Capital Federal, localidades del conurbano bonaerense y ciudades como Santa Fe y Córdoba”, cuenta Mestre. “Llegar al resto del país, por aquél entonces, era una utopía”. A las barreras logísticas se sumaban inconvenientes técnicos. “Al carecer de monitores de escenario, dependíamos de los anticuados sistemas de amplificación de cada lugar”, sostiene. “Mientras la banda sonaba fuerte, y el público cantaba a los gritos, yo me sentía frustrado por no poder escucharme”, confiesa. La situación amenazaba con perpetuarse. “Si no hacés diez shows por semana, no tenés ni para comprarte una púa”, se lamentaba García en el número 63 de la revista Pelo.

El domingo 13 de julio de 1975, Sui Generis actuó en el Teatro Astral. En el recital, anunciado para las 11 de la mañana, los músicos recorrieron parte de su discografía y presentaron novedades como “Alto en la torre” y “Fabricante de mentiras”. La cita matutina estaba planeada para asegurar la concurrencia de púberes, franja etaria que seguía con devoción al conjunto. Sin embargo, las malas condiciones climáticas mermaron la habitual convocatoria. A los típicos problemas de sonido se sumó un obstáculo inusual: Rafanelli cortó dos cuerdas de su bajo. Ante escaso público, y con el combo disminuido en sus posibilidades, las canciones lucieron desacopladas y sin brillo. El fallido concierto podría haber pasado a la historia como apenas una anécdota. No obstante, fue la gota que rebalsó el vaso. “De allí, nos fuimos todos a comer un asado. Durante el almuerzo decimos, de común acuerdo con Charly, separarnos”, rememora Mestre. Nota aquí.




viernes, agosto 22, 2025

Nito Mestre


 

domingo, agosto 10, 2025

Nito Mestre


 

martes, julio 01, 2025

Nito Mestre

 

domingo, junio 22, 2025

Charly García & Nito Mestre

 "Confesiones De Invierno"

Me echó de su cuarto gritándome
"No tienes profesión"
Tuve que enfrentarme a mi condición
En invierno no hay Sol.
Y aunque digan que va a ser muy fácil
Es muy duro poder mejorar
Hace frío y me falta un abrigo
Y me pesa el hambre de esperar.
¿Quién me dará algo para fumar
O casa en que vivir?
Sé que entre las calles debes estar
Pero no sé partir.
Y la radio nos confunde a todos
Sin dinero la pasaré mal
Si se comen mi carne los lobos
No podré robarles la mitad.
Dios es empleado en un mostrador
Da para recibir...
¿Quién me dará un crédito, mi Señor?
Solo sé sonreír...
Y tal vez espere demasiado
Quisiera que estuvieras aquí
Cerrarán las puertas de este infierno
Y es posible que me quiera ir.
Conseguí licor y me emborraché
En el baño de un bar
Fui a dar a la calle de un puntapié
Y me sentí muy mal.
Y si bien yo nunca había bebido
En la cárcel tuve que acabar
La fianza la pagó un amigo
Las heridas son del oficial.
Hace cuatro años que estoy aquí
Y no quiero salir
Ya no paso frío y soy feliz
Mi cuarto da al jardín.
Y aunque a veces me acuerdo de ella
Dibujé su cara en la pared
Solamente muero los domingos
Y los lunes ya me siento bien...




martes, junio 03, 2025

Nito Mestre


 

jueves, abril 03, 2025

Nito Mestre


 

lunes, marzo 31, 2025

Nito Mestre


 

viernes, octubre 25, 2024

Charly Day

 "Charly Day": cuando las canciones toman vida propia

El tributo tuvo como punto culminante el encuentro en el Teatro Coliseo, con la participación de León Gieco, Nito Mestre, Pedro Aznar, Soledad y Fabi Cantilo, entre otros.  

La última vez que Charly García actuó frente a sus fans sucedió en la Sala Argentina del CCK, en 2021, como corolario de los festejos de su cumpleaños 70. Desde ese entonces, el ídolo no volvió a pisar un tablado, al menos públicamente. La nostalgia que generó su ausencia encendió la llama para que aparecieran homenajes de todo tipo: desde bandas temáticas hasta propuestas confeccionadas por los músicos que lo acompañaron a lo largo de su carrera solista. Esto provocó un fenómeno nunca visto en el rock argentino: sus canciones tomaron vida propia de tal forma que se empezaron a materializar sobre los escenarios locales, sin necesidad de que él estuviera presente. Lo único que importaba era que aún pudieran ser cantadas colectivamente. Y eso se tornó en una constante, especialmente este año.

De entre los diferentes eventos que se prepararon en Buenos Aires por el cumpleaños 73 del músico, este miércoles último despuntó el “Charly Day”. Se trató del tributo que diseñó el canal de streaming Olga, a partir de la iniciativa del programa “Soñé que volaba”, conducido por Migue Granados. Si bien el plato central de la actividad fue el segmento musical que se llevó a cabo durante la noche en el Teatro Coliseo, la maratónica jornada arrancó a las 6 de la mañana y se instaló a lo largo de la programación. La previa pidió cancha a las 18 hs, cuando Julio Leiva, Evelyn Botto, Elial Moldavsky y Pedro Rosemblat, desde el hall del teatro y mientras el público ingresaba, charlaron con parte de la artística que fue convocada para revisitar la inconmensurable obra de García.

Al igual que pasó anteriormente con las otras ceremonias que encaró Olga en el año y poco más de su creación, como “Cerati Day”, “Spinetta Day”, “Redondo Day”, “Cris Morena Day” y “Mambrú y Bandana Day”, realizadas en varios aforos de la ciudad, en esta ocasión primó y triunfó nuevamente la curaduría. A la imagen y semejanza de la identidad del canal de streaming: plural, inclusivo, inescrupuloso, desconcertante y generacionalmente abarcativo (por más que su público represente a un segmento de consumo joven). Su asequibilidad es tan potente que produce un efecto disruptivo. Una vez más, Lito Vitale, tecladista y director de la banda estable de los arrebatos musicales de “Soñé que volaba”, intentó traducir ese imaginario en la elección de las voces invitadas. Nota aquí.



domingo, octubre 20, 2024

Homenaje a Charly García


 

miércoles, agosto 28, 2024

Nito Mestre & Willy Quiroga