viernes, mayo 01, 2026

Milo J & Agarrate Catalina

 

Ramón Serrano

 LA MUSA Y SU POETA

Quise ser tu Poeta para ayudarte
llevar a tu molino
el grano y el agua
y el molinero de la palabra
y justo los vientos pusieron el mundo al revés
me siento campo que pide sembrado
me siento caballo
me siento arado
tú mi labradora
desbrozas mi acequia
preparas la simiente
y me llevas el sudor del barbecho
en una silla de ruedas
eres Musa que cosecha y gavilla los versos de mi pequeño abecedario cultivado
¡Que suerte poder crecer espigado
al lado de tu belleza y tu halo!



Leire Martínez


 

Nia

 

Juanlu Mora

 


Bruno Bonacorso

 


El Roto

 


jueves, abril 30, 2026

Manuel Muga

 Muga: un apellido puesto al servicio de la calidad

La bodega familiar riojana ha construido su identidad desde el cuidado del viñedo, el control del proceso y una visión de largo plazo en un mercado tensionado.

En el oficio del periodismo sabemos muy bien lo que significa tener el apellido como divisa. La firma como patrimonio: con el rigor como máxima para protegerlo. Con esa misma filosofía trabaja la familia Muga, que lleva casi un siglo poniendo su apellido en las etiquetas de sus vinos finos –por complejos, no por generosos– de Rioja, sabedora de que esos caldos con los que comparten el apellido tienen que tener, ante todo, la vitola de la calidad. Por encima del volumen o de las cifras de negocio.

Ese principio, trasladado al vino, explica buena parte de la trayectoria de Bodegas Muga desde su fundación en 1932 hasta hoy. La bodega familiar, asentada en el Barrio de la Estación de Haro desde 1967, ha construido su identidad sobre una premisa que apenas admite matices: crecer solo cuando la calidad acompaña y frenar cuando no lo hace, incluso si el mercado empuja en sentido contrario.

A las puertas de su centenario, que llegará en 2032, Muga mantiene intactos los rasgos que han definido el proyecto a lo largo de generaciones. “La clave ha sido la coherencia a lo largo del tiempo y tener muy claro desde el principio qué queríamos ser como bodega”, explica Manuel Muga Peña, vicepresidente de la compañía y miembro de la tercera generación familiar. Esa coherencia se ha traducido en una manera de entender el negocio que prioriza la visión de largo plazo frente a las tentaciones coyunturales.

El punto de partida siempre es el mismo. “En Muga todo empieza en el viñedo. Nosotros no hacemos el vino en bodega, lo interpretamos”, subraya Manuel Muga. La frase define una filosofía productiva que condiciona cada decisión posterior. La bodega cuenta con 425 hectáreas de viñedo en propiedad, que cubren alrededor del 60% de sus necesidades, y completa el 40% restante con uva procedente de viticultores históricos con los que mantiene relaciones estables y un seguimiento técnico continuo. No se trata de acumular hectáreas, sino de conocer cada parcela y trabajarla con precisión.

Artesanía, control y oficio

Ese vínculo con el viñedo se prolonga en la bodega mediante prácticas que subrayan el peso del oficio frente a la estandarización. La vendimia es 100% manual, las trasiegas y los clarificados se realizan de forma artesanal y la elaboración se lleva a cabo exclusivamente en depósitos de madera. Son decisiones que encarecen el proceso y reducen la capacidad de producción, pero que refuerzan el control y la identidad del vino.

La exigencia no se negocia cuando una añada no alcanza el nivel esperado. En esos casos, cuenta Manuel Muga, la bodega renuncia a embotellar parte del vino bajo sus etiquetas de referencia y opta por venderlo a otros productores como vino joven, incluso a granel. Es una decisión poco habitual en un sector presionado por el volumen, pero coherente con una casa que asocia su apellido a cada botella. La marca se protege también renunciando a vender cuando la calidad no acompaña. Nota aquí.




Colectivo Panamera

 


Carlos Vives

 

Paris Joel

 Con Madonna en Viena

Y nos hicimos viejos soñando el vals en Viena,
El día en que, solemnes, haríamos cimbrar
Las columnas de los salones imperiales,
Tú, la Venus de los ochenta en cueros de azabache,
Y yo, consciente de mi último tren, sin duda,
Vacié la esperanza con mi escrache.
De esa luz de nevera
apenas quedó nada,
Paredes desconchadas,
Ateridos relojes,
Y grandes puertas al frío,
Ventanales y portones.
Nos hicimos viejos sin ir a Viena,
Pero aún conservamos el compás,
Para hacer un último giro
Antes que cierren la caja
En la cual hacemos la ronda
Al son del metálico clamor
Del asombro de los niños.
Nos hicimos viejos soñando el vals de Viena,
Recuerdas,
Fue en el último tres por cuatro,
Tú, tan rubia, tan bella,
Yo, casi manteniendo el tipo,
Tan Danubio, tan serio,
tan calvo.




León Gieco, Joana Gieco & Alejo León

 


Los Tipitos

 

Xavier Lozano

Xavier Lozano y la historia detrás de la ‘flauta silla’ de Amaia: “Vinieron a verme y lo hizo bastante bien”

La navarra es la protagonista del último Tiny Desk de NPR, un concierto en YouTube en el que mostró al mundo un curioso instrumento que esconde su secreto en Galicia

Rodeada de su grupo de músicos que la acompañaban en la percusión, a la guitarra y al violín, Amaia también mostró este jueves en el Tiny Desk de NPR sus habilidades como instrumentista. Fue la imagen más comentada de los 22 minutos que duró este concierto: la navarra haciendo sonar una silla plegable como una flauta para la introducción de Nanai, una de las seis canciones que interpretó en directo. Después sonaron C’est la vie, Zorongo, Auxiliar, Giratutto y Yamaguchi.

El polinstrumentista catalán Xavier Lozano es el culpable de la ‘flauta silla’ de Amaia. “Me llamó su hermano. Estaban muy sorprendidos con lo que hacía y les apetecía que ella tocase alguno de mis instrumentos en el Tiny Desk. Vinieron a verme a Badalona, tocó la silla y lo hizo bastante bien. Yo dudé, no la tocó como yo, que llevo muchos años, pero es de una familia de músicos y siempre ha estado rodeada de instrumentos”, explica a EL PAÍS.

Este artista es capaz de hacer música casi con cualquier cosa. Dice que empezó con la muleta de su abuelo. “La miré y me di cuenta de que era un tubo con agujeros y que se podía tocar como una flauta. La toqué y me sonó como siempre, bastante afinada”, relata. Pensó lo mismo de una pata de una silla: aunque no tuviese agujeros, se los podía hacer él. El detonante de un mundo de objetos que podía agujerear.

Cuenta que le diseñó una silla especial para este concierto con los agujeros que necesitaba para esta canción, para que le resultase más sencillo interpretarla: “Es fácil tocarla un poco, es díficil hacerlo muy bien, pero si eres flautista tienes muchos puntos, partes de arriba”. Lozano insiste que había más propuestas sobre la mesa, como un taburete, una lámpara o un bastón pero la silla fascinó a los hermanos. Una vez hecha, asegura que Amaia estuvo practicando y que le envío varios vídeos para que valorase cómo la utilizaba: “Es como si hubiese apadrinado su idea. Dijo que era una invención mía, no es apropiación de ideas. El día 1 me la devuelve. Es todo de buen rollo”.

Su magia puede hacer que salga música de una valla de obra, de una escoba, de una escalera, de una rueda, de una regadera o de un ladrillo. Siendo capaz de convertir todas estas cosas en flautas. “Me encantan las flautas del mundo y empecé a tocarlas cuando nadie las tocaba”, insistía recientemente en TV3. En su cuenta de Instagram afirma que “vive del aire”, porque sí, su música brota del aire y de cualquier objeto que permita jugar con él y que termina siendo un instrumiento de viento más. Nota aquí.







Ismael Serrano

 


Tute

 


miércoles, abril 29, 2026

Jorge Drexler & Young Miko

 

Patti Smith

 La cantante y poeta Patti Smith, premio Princesa de Asturias de las Artes 2026

La creadora, de 79 años, se ha convertido en un mito del rock gracias a cinco décadas de una carrera que empezó con ‘Horses’, un disco legendario.

Tenemos reciente una imagen inolvidable de Patti Smith. Una estampa a recordar para siempre porque aquel concierto que ofreció en octubre de 2025 en el Teatro Real de Madrid fue primoroso y resume las cualidades de una artista que hoy miércoles ha sido galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2026. Salió al escenario vestida de Patti Smith: pantalón negro, botas, una camiseta blanca, chaqueta oscura y la melena orgullosamente encanecida. Celebraba los 50 años de su obra cumbre, Horses, y la interpretó al completo, pero al mismo tiempo fue muchas cosas aquel espectáculo: un recital corajudo, reivindicativo, poético, bello. Y punk: llegó a escupir en la tarima (¡del Teatro Real!) en el fervor de People Have the Power. Un compendio de lo representa Smith (Chicago 79 años) se pudo disfrutar en ese recinto. Para cuando terminó el recital, los 1.600 espectadores le habrían entregado el Princesa de Asturias, el Nobel y hasta las llaves de su casa.

El jurado ha destacado: “Intérprete de estilo vigoroso, ha plasmado la rebeldía del individuo en la sociedad en canciones palpitantes, algunas de las cuales ya son iconos de la música popular de nuestro tiempo. Como escritora, ha transmitido una visión poética de la vida, comprometida con ofrecer un mensaje de esperanza frente a las injusticias. Con una actitud inconformista y transgresora, ejemplo para muchas artistas, ha conmovido a oyentes y lectores de todo el mundo y sigue inspirando a las nuevas generaciones”. Algunos de los componentes de este jugado son: la coreógrafa María Pagés, el actor y director teatral Josep Maria Flotats, la música Christina Rosenvinge o la fotógrafa Isabel Muñoz.

Quizá haya que recordar justo ahora que Patti Smith tomó una decisión insólita en el mundo de la música de la época, e incluso hoy: después de cuatro discos, en 1979 se mudó de Nueva York a Detroit para formar una familia con su gran amor, Fred Sonic Smith, guitarrista de los obligatorios MC5. Estuvo casi diez años atendiendo a su familia (dos hijos), alejada del foco público, aunque no dejó la poesía el dibujo y la composición de canciones. Pero en privado, mientras veía a su familia crecer. En 1988 regresó con el disco Dream of Life.

Nunca fue una artista fácil de catalogar, y eso le honra en un entramado cultural tan monolítico. Se mueve con fluidez entre los géneros de la música, la poesía, la fotografía o las artes visuales. Smith ha publicado una decena de libros y otros tantos álbumes, que han obtenido premios y reconocimientos. Cuenta, entre otros, con un National Book Award, una Medalla de la Orden de las Artes y las Letras de Francia o un honoris causa por la Universidad de Columbia. La autora es también célebre por su activismo, en contra de las guerras, a favor de Palestina o, entre otras causas, para que no se destruyeran los jardines de la calle Elizabeth de Nueva York. Publicó el año pasado en castellano Pan de ángeles, sus memorias definitivas.

“Escribir es solitario. Actuar es lo opuesto: es colectivo, es eléctrico, es comunión. Amo ambos, pero vienen de diferentes partes de mí misma. Cuando escribo, estoy construyendo algo en silencio; cuando actúo, estoy compartiendo lo que he construido. No podría vivir solo como intérprete. Escribir me mantiene con los pies en la tierra; es donde entiendo las cosas. Actuar es donde las celebro”, relataba a EL PAÍS SEMANAL el pasado octubre.

Smith creció como la mayor de cuatro hermanos en una familia humilde. Su madre era camarera y su padre maquinista, pero ambos con inclinaciones artísticas. Fue educada como testigo de Jehová, empezó a trabajar a los 10 años, entre campos de cultivo o el cuidado de niños, y se mudó dos veces en su juventud con su familia: de su Chicago natal a Filadelfia y, luego, a Nueva Jersey. Descubrió la poesía a los 16 años, gracias Las iluminaciones, de Arthur Rimbaud, al que adora desde entonces. Se hizo fan de Bob Dylan cuando su madre vio en una tienda Another Side Of Bob Dylan (1964) y se lo regaló. Luego, Dylan se haría fan de ella. Nota aquí.




Luis Pastor


 

Xoel López

 

Miguel Ángel Yusta

 Miguel Ángel Yusta nos cuenta por Facebook.

Emoción, cariño, buena poesía de un grande, Rodolfo Serrano.

Una presentación inolvidable. Cita de buenos amigos con la introducción de Rafael Soler, promotor de los encuentros literarios y alma del Comercial. Saludo de la editora Lidia LM con cariñosas referencias a Rodolfo. A continuación las palabras justas, atinadas, de Manuel Rico, narrador, poeta, ensayista, crítico literario y presidente de la ACE, pasando revista a un poemario que conecta emocionalmente con la poesía de la experiencia en un recorrido nostálgico por cines, bares, estaciones nocturnas donde acontecen despedidas, amor, deseo, amaneceres en soledad en hoteles de las afueras...La clara influencia de Angel González y Jaime Gil de Bieznma y, en fin, la dilución de ilusiones y sueños de la generación de los '50.
Sigue la intervención central del poeta y prologuista Jose José Luis Morante con un certero análisis de la genesis y estructura del poemario a través de su solvente visión literaria desde el conocimiento ya del manuscrito, incidiendo en el sentido de "huir de la soledad" como bálsamo de la poesía de Rodolfo y añadiendo la oportuna frase "Comprad el libro y olvidad el Megusta" Atinada y sagaz observación, entreverada de fino humor, ante las servidumbres impuestas por las RRSS...
Rodolfo ha tomado la palabra y nos ha emocionado con su cercanía de hombre bueno y poeta grande, con su lectura de poemas que tocan en profundidad los recuerdos y los sentimientos. Sus versos claros, inteligibles, musicales y rítmicos (bellisimos endecasilabos y alejandrinos en muchos de sus poemas) van directos al corazón...
Música ha habido, mucha y buena. Un pianista de diecisiete años -Manuel Serrano, nieto de Rodolfo- que nos ha asombrado con varias piezas interpretadas con excelente técnica y estilo que auguran un muy buena carrera; Rafa Mora y Moncho Otero siempre grandes y hoy más, cantando poemas del libro, así como un emocionado Antonio Sanz Misotrascosas.
Y recordado, nombrado y leído nuestro gran Félix Maraña que ha estado de corazón.
Un gran acto que daría para una mucho más extensa relación. Baste decir que ha habido además abrazos y mucho cariño, que Rodolfo Serrano ha sido muy feliz y que nosotros lo hemos sido tanto como él.
(Fotos: Mayusta).










Linaje

 


Luciano Pereyra

 

Luis García Montero

 Yo soy poeta

El mundo necesita países que luchen contra la guerra y consideren una prioridad la cultura, la paz, el no al racismo y la dignidad humana.

Recuerdo la primera vez que fui a México y la emoción que sentí al visitar la tumba de Luis Cernuda en el Cementerio de San Ángel. Llevé unas violetas como él había hecho al visitar el sepulcro de Larra en uno de sus poemas más emocionantes: “Escribir en España no es llorar, es morir / porque muere la inspiración envuelta en humo”. Volví a esos recuerdos en la entrega del Premio Cervantes con las intervenciones de Gonzalo Celorio y del ministro Ernest Urtasun. Con la fuerza conmovedora de la narrativa, Gonzalo habló de la muerte de su padre para salir después a caminar por el mundo de la literatura, la sociedad y las relaciones insustituibles entre España y México. Con la energía de su sentido político, Urtasun recordó el exilio español, la solidaridad de Lázaro Cárdenas y el encuentro de la escritora Elena Garro con Luis Cernuda en Valencia durante la Guerra Civil. Cuando le comentó que estaba casada con el poeta Octavio Paz, Cernuda respondió que él era también poeta.

Aquel joven Cernuda, orgulloso de la poesía y la libertad, se comprometió con su país en la defensa de la democracia. Para consolidar y dignificar su patria, consideraba que lo prioritario era luchar por la dignidad de los seres humanos. Habitante de su independencia, participó en una causa colectiva. Eso me pasó a mí al escuchar el discurso del ministro Urtasun. Camino ya de los 68 años, al oírlo hablar de la educación pública, la Universidad, la cultura republicana, el exilio, España, México y Cernuda, celebré la suerte de poder identificarme por fin con un Gobierno, algo que nunca había ocurrido en mi vida. Es una suerte. Porque el mundo necesita países que luchen contra la guerra y consideren una prioridad la cultura, la paz, el no al racismo y la dignidad humana. Países que, al hacer sus cuentas y sus programas políticos, digan como Cernuda: yo también soy poeta. Escribir ahora en España no es llorar ni morir. Nota aquí.



El Plan de la Mariposa

 


El Roto

 


martes, abril 28, 2026

Pedro Pastor

 

Ramón Serrano

 NUEVO TESTAMENTO

Quisiera poner si no la palabra definitiva
sí el verso que lo explica todo
algo así como la teoría unificada de los sentimientos
una ecuación simple que exprese lo que mi hipotálamo persigue
y alcanzar no puede
no voy a hablaros de los dolores que socavan el albedrío de mis versos
o de las limitaciones inherentes a mí condición de tercera edad
voy ciego y sordo y torpe por la orilla del bosque
y me resisto a renunciar al cielo
quiero una vez más ver los gigantes encendidos por el Crepúsculo
desde la cima de las ilusiones
como aquella tarde de mi infantil adolescencia
ahora el mar de estaño ha invadido mi horizonte
en lontananza priva la bruma opaca y cínica incapaz me siento de poner sobre el tablero el verso unificado del Todo
para expresaros cómo me encuentro
en esta estación vacía de voces y trenes pasajeros
sentado en el andén de las vanidades repelentes
son la máxima expresión de mis incapacidades
la soledad un punto de partida
hacia la definitiva conjugación del ultimo verbo
el tiempo que acaba boca abajo
oscuro devenir de lo incierto
lamento deciros que todos mis mitos
ídolos e inventos
todos con su luz y sus pies de barro
se han diluido en la falsa metáfora del invierno eterno
noche sin fin
olvido y todo eso
Ramón Serrano Balasch
creyó en el cayado del amor sincero
y por el momento sólo tengo un jilguero callado
aunque de vez en cuando cante
que no sabe volar
posado casi siempre en el albero
y ese es mi lamento.



Dani Flaco

 


Alin Demirdjian

 


Juana Molina

 Juana Molina: Bucles, humor y experimentación

La artista argentina cerró en Barcelona su gira europea

En ocasiones se da por sentado que la música de raíz electrónica, a base de sintetizadores, tiende a unificar los sonidos en directo y en disco, asimilándolos en un contexto sonoro similar. No es el caso de la argentina Juana Molina, quizás porque esta música y actriz sigue tomándose la música a sus 64 años como un elemento lúdico, una suerte de materia plástica con la que jugar dándole forma. En Barcelona cerró su gira de presentación de su octavo disco, Doga, primero con temas nuevos en ocho años, luego de haber ofrecido en la misma ciudad otro concierto la semana pasada, una prueba de cómo las fechas se iban sumando ante el éxito de público. De nuevo lleno, esta vez en la sala Upload, y de nuevo gran presencia de compatriotas que jalearon su presencia y cada una de las palabras que, en muchos casos bañadas con humor y distancia, cosieron su concierto. Y fue de música incalificable que se bailó.

Juana juega tanto con ritmos, como con ambientaciones como con palabras. Su voz filtrada, tirando a etérea y aniñada, era de difícil comprensión, todo y que en muchos casos se basa en la reiteración de términos en bucles que acompañan los propios bucles sonoros de las composiciones. La idea de “árbol dormido” pautó la primera canción, Uno es árbol, también la de apertura de Doga, mientras que en Paradoja es una concatenación de adjetivos la que abre el significado de un texto sobre temas afectivos que se cierra repitiendo casi como un mantra “los perros y los gatos van corriendo por ahí” en una suerte de recordatorio de que no siempre nos llevamos bien. Es, en todo caso, una interpretación, pues tanto los textos como la música de Juana se abren a los significados como la propia vida y la música que no opta por los perfiles regulares. El carácter experimental de su propuesta abunda aún más en los sentidos de un material de difícil clasificación que no se abre fácil al consumo automático.

La puesta en escena de la docena de piezas interpretadas tuvo en directo un tacto mucho más crudo y rugoso que en disco. Una batería acústica también con pads digitales servía de base rítmica, en ocasiones acelerada, con acento en cada tiempo, para que sobre ella los sintetizadores de Juana, su guitarra en bucles muestreados en directo y su voz construyesen cada canción. Sonidos gruesos en muchos casos, sin ánimo de estilización, que sin embargo evocaban ritmos del folclore argentino, a menudo gracias a la guitarra, y que tenían un pulso bailable que en ocasiones acababa casi en desmán, con la batería redoblando asalvajada, como en Cara de espejo, Ay, no se ofendan o en Un dia. Era entonces cuando un público dispuesto a bailarlo casi todo, aunque no todo fuese formalmente bailable, se podía entregar a la euforia. Y aunque en algunos casos hubiese resabios de pop, como en Sin guía, no o en Caravanas, la canción más plácida de la noche, no se piense tanto en el pop redondo como en el de Radiohead, por poner un ejemplo. Y es que la música de Juana desea buscar el ángulo, no la comodidad de la circunferencia, aquello que rueda solo. Nota aquí.