viernes, noviembre 28, 2025
Rodolfo Serrano
Vuelven los gorriones
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Paris Joel
La Maldición de Innsmouth
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Félix Maraña
Cunetas de los caminos
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Café Berlín
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Andrés Calamaro
Andrés Calamaro en el Arena, otra noche en ebullición
El Salmón protagoniza una tripleta de shows que cerrará este viernes 28 con una puesta bien rockera y una cita final a Oasis. El público arrancó la fiesta desde temprano en el Parque Los Andes.
Ni siquiera Andrés Calamaro pudo zafar de la “Oasismanía” que aún palpita en Buenos Aires. Además de aludir a Noel Gallagher en uno de los pasajes de la segunda función de su vuelta al Movistar Arena (el día anterior se refirió a Liam), el músico abrió el bis del show del miércoles con una adaptación “manchesteriana” de “Flaca”. Si bien circuló la hipótesis de que se había inspirado en la versión que unos meses atrás hizo de su clásico el artista Allcaraz, el ex frontman de Los Rodríguez explicó horas más tarde: “En un ensayo la arranqué así, usamos el tono del disco para que los acordes sean más abiertos y para cantar una octava más arriba, y al final subimos un tono cantando fuerte y con coros. Cantar más alto es más fácil porque ponés más músculo. Las complicadas son las bajas”.
Pese a que desde 2022 se volvió habitual que el icono del rock argentino actúe a fines de noviembre en el predio de Villa Crespo, esta tríada recitalera (la última está pautada para este viernes, y, al igual que las otras, las entradas están agotadas) sin duda estableció una gran distancia con lo que hizo antes en el mismo lugar. Aunque el repertorio que manejó fue más o menos similar, la rockeó deliciosamente. Al punto de que esta vez eligió colgarse la guitarra eléctrica antes que pararse frente al teclado, al que acudió brevemente en algunos tramos de las casi dos horas de actuación. Sacando chapa además de su condición de alumno insigne de esa sediciosa institución del rock and roll que fundaron Mick Jagger y Ketih Richards, cuya impronta homogeneizó estéticamente su obra solista y el legado de su antiguo cuarteto.
Esta performance de la Agenda 2025 Tour no sólo estuvo en sintonía con la resurrección que experimenta el rolinguismo en la escena local, sino que también mantuvo lazos con el último paso del Salmón por Buenos Aires, como parte del Quilmes Rock, donde sorprendió al mechar los caños del funk “Sir Duke”, himno de Stevie Wonder, con los de “Loco”. O al menos con los de esta reinvención de uno de los caballitos de batalla de su álbum Alta suciedad (1997). De hecho, el cantautor volvió a apoyarse en escena en la banda que lo acompañó en su presentación en el festival, formación que en esta oportunidad sonó todavía más ensamblada, aceitada y, por sobre todo, afilada. Ahondando en el trabajo de las guitarras, que, contando la de Calamaro, terminaron siendo tres las que hilvanaron esa suite de yeites.
Ni siquiera logró salvarse de este arsenal rockero “Tuyo siempre”, que desde aquel memorable Luna Park con la Bersuit mostraba una tez próxima a la de la cumbia villera, a partir de la mimetización del teclado con el keytar metralleta patentado por Pablo Lescano. Si bien esa estética quedó, el sostén tropical fue reemplazado por la vuelta a la intención reggae que distinguió a la original, partícipe del primero de los cinco CDs del disco El salmón, lo que dio pie para el remate con un guiño a “Mil horas”. Eso sucedió promediando la mitad del show, cuya inauguración se produjo con “Crímenes perfectos”, bombazo que auguraba una noche “para no olvidar”, apelando a ese éxito de Los Rodríguez, también de la partida en este setlist y otro de los clímax de la presentación. Tanto así que esos cuatro minutos de duración parecieron efímeros.
Sin embargo, este reencuentro con la capital argentina comenzó mucho antes, en la antesala que se armó espontáneamente en el Parque Los Andes, a una cuadra del Movistar Arena. Ahí esa feligresía fiel, Fernet o cerveza mediante, se encargó de seguir amplificando la leyenda en torno a Calamaro, al mismo tiempo que ensayaba una tentativa lista de canciones para esa jornada, que al final repitió la de la primera fecha. Al igual que los invitados que deambularon por el tablado, quirúrgicamente seleccionados. Lo que igualmente se conservó fue la devoción que existe por el otrora Los Abuelos de la Nada, uno de los músicos nacionales (posiblemente el último) que se esforzó por llevar al rock hacia el terreno de las músicas populares, a la misma estatura del tango y del folklore.
Una vez que quedaron atrás “Crímenes perfectos” y “Cuando no estás”, la groovearon en “Loco” y luego volvieron a hacerlo en la conclusión de “Carnaval de Brasil”. Y en el medio se mandaron una emocionante revisita a “Te quiero igual”. Apenas largaba el show, y ya esa masa que desbordaba el campo del Arena había tributado al artista con dos “Olé, olé, Andrés”. Mientras que “Rehenes” marcó el primer pogo de la noche. A “Para no olvidar” la escoltó “Cuando te conocí”, donde el laburo de la terna de violas empezaba a dejar huella, destacando la visceralidad de Brian Agustín Figueroa, quien, a pesar de su brillo con luz propia, nunca dejó de tender puentes con el estoico Julián Kanvesky. Mano a mano reforzado por “Me arde”, en la que además ganó estelaridad el tecladista Germán Wiedemer.
Tras dejar las maracas a un lado para colgarse nuevamente la guitarra, el Salmón, camuflado por su gorra negra de los Dodgers de Los Ángeles (recientes campeones de la Liga estadounidense de béisbol), advirtió: “Ahora viene una difícil de cantar”. Vaya que tenía razón: se trataba de “A los ojos”, temazo de Los Rodríguez que abajo desató un inmenso salto colectivo y que arriba consiguió que la audiencia no volviera a sentarse. Retomaron el funk de la mano de la brillante “Output-Input”, y se movieron a la bossa nova con la tremenda “Los aviones”, que tuvo como corolario el estribillo de “El ratón”, salmo salsero popularizado por el inmenso Cheo Feliciano. Y aprovecharon esa bajada de cambio para desenvainar el folk introspectivo “Nacimos para correr”, del disco Bohemio (2013).
A continuación, Calamaro llamó a Chano y Bambi, de Tan Biónica, para hacer el meditabundo “Donde manda marinero”, seguidos por “Tuyo siempre” y “Mi enfermedad”, desatando con éste una efervescencia de tal magnitud que puso a temblar a todo el estadio. El músico invocó a Facundo Soto, cantante de Guasones, para que se sumara en “El salmón”. La rockearon otra vez con “Alta suciedad”, en la que despuntó su binomio de caños (el septeto lo completan el bajista Mariano Domínguez y el baterista Andrés Litwin), escoltada por “Sin documentos”, “Estadio Azteca” y la sentida “Paloma”, para la que conocaron a Patricio Sardelli, violero de Airbag. Después del ínterin, llegó el bis con el “momento Oasis” y “Los chicos”, sentenciando la reinvención de un rockero en constante ebullición. Nota aquí.
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jueves, noviembre 27, 2025
Ismael Serrano
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Joaquín Sabina
Si digo Rafael
Si digo Rafael digo Picasso,cabello de ángel, gorro marinero,
Ignacio, Federico, Garcilaso,
Aitana, Benjamín, García Montero.
Si escribo cal y canto, ¡qué osadía!,
si Trastévere... casa de las flores,
no pasarán quiere decir Dolores,
si náufrago pernocto en tu bahía.
Si te falla mi hombro es porque muero,
si nombro a Juan abrazo al panadero
del pan de anís de la melancolía.
Si te desvives culpo a tu asesino,
si calla Alberti se avinagra el vino
del bar del Puerto de Santa María.
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Rafa Mora & Moncho Otero
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Florencia Núñez
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Luis García Montero
Cuando Almudena Grandes se sentaba a escribir
En el cuarto aniversario del fallecimiento de la escritora, su compañero, el poeta Luis García Montero, la recuerda delante del ordenador, con ‘Negrín’ sobre sus piernas.
Durante años vivió con nosotros un gato que se llamaba Negrín. Se lo habían encontrado recién nacido nuestras hijas en los aparcamientos de la urbanización de Rota donde pasábamos los veranos. Lo habían llevado a nuestra casa, y yo caí en la tentación de ponerle un plato con leche. Cuando Almudena vio la escena, empezó a regañarnos con el sentido común que a nosotros nos faltaba. La verdad es que era una locura responsabilizarnos de un gato porque vivíamos entre dos ciudades y muchos viajes, sometidos a unas costumbres de ida y vuelta que hacían poco aconsejable recibir con dignidad a una mascota en la familia. Al comprender que Almudena no quería que nos quedásemos con el gato, nuestras hijas tuvieron la idea de bautizarlo. Mamá, se llama Negrín, y todo cambió de golpe, no de golpe de Estado, sino de golpe de nombre, porque en las palabras caben muchas cosas, y en aquel animal que ellas habían encontrado en la calle vivió de pronto la historia de España, la memoria que estaban acostumbradas a oír una y otra vez en la mesa de la cocina, en el sofá donde veíamos la televisión o en el coche que cruzaba las ciudades y la memoria de los paisajes. El nombre de Negrín hizo imposible un nuevo exilio, el gato se quedó con nosotros, se quedó para siempre, más allá de los años y la muerte, porque yo recuerdo todavía con mucha frecuencia la imagen de Almudena sentada delante del ordenador, en medio del argumento de una novela o de un artículo para el periódico, con Negrín sobre sus piernas. La memoria histórica de aquel gato con nombre de protagonista de la República Española forma parte de mi memoria más íntima. Ante un ordenador apagado o un sofá solitario, convivo con mis recuerdos y les digo que no, no pasarán.
Sentarse a escribir es sólo una parte del proceso de la escritura, porque en las palabras caben muchas cosas que tienen que ver con la vida, los recuerdos, las conversaciones, las ciudades, los ojos, los oídos, los labios y los zapatos. Se hace camino al andar y se escribe con todo lo que se ha quedado en nosotros a cada paso dentro de nosotros. Hay que sentarse, desde luego, y conviene respetar una disciplina de trabajo con sus horarios y sus días. Pero resulta imprescindible que el trabajo se mezcle de verdad con la vida y que el oficio sea una vocación. Cuando escribía sus novelas, Almudena intentaba meterse en la intimidad de sus personajes para vivir la historia por dentro, pasar de las fechas y de los grandes acontecimientos a la intimidad de un hombre o una mujer que se enamoraban, sentían ilusiones o miedos, compartían ideas, fracasos o esperanzas, en su corazón y en sus miradas. La escritura iba desde los acontecimientos colectivos a la intimidad de los seres humanos. Cuando escribía sus artículos para EL PAÍS, dominaba casi siempre la dirección contraria, se partía de un episodio personal, una escena particular, un acontecimiento íntimo, para trascender y llegar a situaciones que definían la vida colectiva, el aire de una sociedad y un tiempo.
La literatura y la historia son inseparables porque surgen de la vida que hace y deshace a los seres humanos. Almudena se formó en una época en la que estudiar o participar en la movida madrileña suponía afirmar la libertad ante las costumbres de la dictadura franquista que había sometido a España durante muchos años. Y la libertad no suponía sólo votar cada cuatro años. Se trataba de afirmar un modo diferente, más libre, de ser mujer, una manera distinta de vivir la sexualidad o de escribir sobre ella, un deseo de leer los libros prohibidos, de conocer las historias silenciadas, de compartir los pensamientos o de buscar en el quiosco los periódicos. El aire de libertad que supuso la aparición de EL PAÍS hizo posible un nuevo modo de contar las noticias, un deseo hecho realidad de que el periodismo fuese parte decisiva de la democracia, tanto a la hora de informar como a la hora de opinar. Años después, la escritora que había indagado con Las edades de Lulú en los caminos de una nueva educación sentimental o que había habitado la memoria de la clandestinidad y la lucha por la democracia en El corazón helado, se sintió orgullosa de heredar en el periódico la columna de Manuel Vázquez Montalbán para contar, desde sus propios ojos, desde su intimidad, todo aquello que le despertaba opiniones en el día a día de la realidad española. Formó parte de su literatura y de su vida la disciplina de ponerle palabras a la actualidad y de pensarse las cosas dos veces. Nota aquí.
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Julio Llamazares
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Rodolfo Serrano
Ahora, yo
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Valeria Castro
El emotivo discurso de Valeria Castro en los Ondas tras su baja: “La voz no es algo inerte que vive en la garganta, convive con lo que pasamos”
La artista canaria, que llevaba un mes retirada tras anunciar un parón musical por salud mental y problemas vocales, fue galardonada como fenómeno musical del año.
La cantante canaria Valeria Castro reapareció este miércoles en la gala de los Premios Ondas para recoger su galardón como fenómeno musical del año, un reconocimiento que compartió con Guitarricadelafuente. Lo hizo tras un parón musical, un descanso que anunció que se tomaba en octubre y que termina el 8 de diciembre con nuevos conciertos en su agenda.
“Tengo derecho a una baja por salud mental que ha afectado a mi instrumento de trabajo”, dijo la artista en una entrevista previa en La ventana, en la que dijo estar bien y en la que habló de su proceso de recuperación. “Ha sido un mes para rodearme de grandes profesionales que me han ayudado a encauzar esto, que es un proceso largo para a protegerme y cuidarme para continuar mi trabajo”, explicó.
“Hoy, que tengo un micrófono que me da voz, la misma voz con la que les cuento mis historias, quería recordar que la voz no es algo inerte que vive en la garganta, si no que convive con lo que pasamos, con cómo nos tratamos y con el límite del cuerpo después de todo. El ruido y los estímulos extremos del mundo a veces nos hacen pensar que hay que tirar para adelante como sea. Y yo creo que está muy bien siempre y cuando no pasemos por encima de nosotras mismas”, señaló en su discurso tras recoger el premio.
“Creo que soy un cristalito, se me nota mucho todo, pero desde esta transparencia, desde esta fragilidad aprendí a hacer canciones que a mí me han salvado. Así que hoy les agradezco de todo corazón que hayan valorado esta forma de cantar y de componer, porque este Ondas me recuerda que se puede hacer música desde la honestidad, sin prisa, sin fingir fortaleza, y siendo nada más y nada menos que un ser humano”, añadió la canaria.
La cantante también quiso dar las gracias a su equipo y a su familia (“a mi padre y a mi madre que están esta noche aquí, que me dieron la vida y que me han cuidado siempre; a mi abuela Micaela de la que heredé toda mi fuerza”) y se acordó también de sus paisanos: “Gracias a mi tierra también que son gente de heridas reconstruidas y esta mujer de La Palma no va a ser menos”. Nota aquí.
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Antonio de Pinto
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Ramón Serrano
HAZ EL AMOR Y NO LA GUERRA
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Quique González
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miércoles, noviembre 26, 2025
Joaquín Lera
A MI GUITARRA
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Gioconda Belli
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Loquillo
“Me considero de clase obrera. Absolutamente. Y es algo que no tiene nada que ver con una ideología u otra”
El artista de Barcelona participó en el ‘podcast’ de ‘EL PAÍS Semanal’ que presenta Fernando Navarro
Loquillo protagonizó el cuarto episodio de la nueva temporada de Tercer Acto, el podcast sobre el valor de envejecer de EL PAÍS Semanal. En esta ocasión el artista conversa con Fernando Navarro sobre sus orígenes, cómo ve la muerte o su trayectoria en la música: “El verdadero tipo duro es, como cuenta Robert De Niro en Una historia del Bronx, el tipo que se levanta a las cinco de la mañana para mantener a su familia”. El rockero asegura que ha crecido con esa mentalidad y que es eso lo que ha intentado inculcar a su hijo.
El catalán destaca “el valor del trabajo, el valor de la dignidad, el valor de ser de clase obrera”. Y subraya que se siente de clase obrera: “Absolutamente, absolutamente. Y es algo que no tiene nada que ver con una ideología u otra. Ser de clase obrera es un ADN determinado. A mí nadie me ha regalado nada, de hecho a nosotros nos llamaban los hijos de nadie”. Precisamente Hijos de nadie es el título de una de sus canciones y de un libro de poemas que publicó.
Loquillo también habló de las dificultades de la vida de un artista: “Cuando vuelves al hotel estás solo y eso solo puedes equilibrarlo con drogas y alcohol”.
También de las dificultades vitales que ha sufrido personalmente y que, dice, nada tiene que ver con las que ha padecido su familia, razón por la que no le gusta quejarse. “No me quejo. Me cabreo y me cago en todo, pero jamás me quejo porque es que miro para atrás y pienso: ¿de qué coño me voy a quejar?. Hago lo que quiero”, apunta. Puedes ver la primera temporada de ‘Tercer acto’, aquí. Nota aquí.
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Lisandro Aristimuño
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Félix Maraña
España como prisión
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Savoretti y Los Descriptibles
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martes, noviembre 25, 2025
Ismael Serrano
“El algoritmo genera una tiranía y un estrés que padecemos todos”
El cantautor madrileño vuelve a nuestro país para presentar el espectáculo Gira acústica: guitarra y voz, un regreso a sus raíces. En diálogo con Tiempo, adelanta su próximo disco y los inminentes festejos por sus 30 años en la música.
Ismael Serrano vuelve a encontrarse con su público argentino con una gira en formato acústico que recorrerá algunas de las principales ciudades del país. El cantautor madrileño se presentará los días 26 y 27 de noviembre en el Teatro Ópera, en lo que serán sus únicas dos funciones porteñas, y luego continuará por La Plata, Rosario, Bahía Blanca, Olavarría, Tucumán y Córdoba. Bajo el título Gira acústica: guitarra y voz, la propuesta promete una experiencia íntima, centrada en la esencia que lo convirtió en una de las figuras más queridas de la canción iberoamericana.
En este nuevo tour, Serrano, de 51 años, invita a revisitar sus clásicos en un contexto despojado y poético, buscando recuperar la emoción de aquellas canciones que marcaron a generaciones. En su propio ideario, la música es un refugio capaz de acompañar, celebrar, sostener y resignificar la vida. “La vida sin música es un eterno etcétera, etcétera, ectétera… La música nos rescata”, sostiene el artista, reafirmando la lógica que siempre guió su obra: la de encontrar esa canción que pueda ser compañía en los momentos más luminosos y también en los más difíciles.
Serrano irrumpió en la escena musical a fines de los ’90 con Atrapados en azul (1997), disco que lo catapultó como una de las voces más representativas de la nueva canción española. Temas como “Papá, cuéntame otra vez”, “Vértigo” y “Amo tanto la vida” se convirtieron en himnos generacionales en España y América Latina. Su segundo trabajo, La memoria de los peces (1998), consolidó su vínculo con el público argentino y le valió discos de oro en el país.
A lo largo de casi tres décadas, Serrano construyó una trayectoria sólida y transversal: publicó discos emblemáticos, escribió libros, incursionó en el cine, trabajó con artistas fundamentales como Silvio Rodríguez, Luis Eduardo Aute, León Gieco y Mercedes Sosa, creó su propio sello y editorial, y mantuvo siempre un compromiso social activo. Sus canciones dialogan con causas y colectivos —desde las Madres de Plaza de Mayo al zapatismo mexicano— y sostienen un ideario que combina memoria, ternura y mirada crítica.
Su presente artístico lo encuentra celebrando ese largo camino: en los últimos años publicó La canción de nuestra vida, exploró nuevas formas escénicas y grabó en Buenos Aires su proyecto sinfónico, editado en 2024. Con esta nueva visita, Serrano retoma el contacto con un público que lo sigue desde sus inicios y que encuentra en sus recitales un espacio de emoción compartida. Gira acústica: guitarra y voz aparece así como un regreso a la raíz: una guitarra, una voz y las historias que siguen creciendo con quienes las escuchan.«
Volver a un formato más intimo
El cantautor español explica que, tras la magnitud del sinfónico, sintió la necesidad de “volver a la esencia”, a esa intimidad primera donde la voz y la guitarra bastan para contar historias. “Me apetece también reivindicar un poco al cantautor en estos tiempos de tanta impostura y de autotune, de tanta sofisticación un tanto superficial, reivindicar la figura del trovador que cuenta historias. Y me divierte también enfrentarme a ese reto, que además te permite tener un repertorio más fluido, no tan rígido, sujeto un poco a lo que pase en el concierto, a lo que pida la gente”.
Con casi 30 años de carrera, Serrano convive con la idea de que muchas de sus canciones se volvieron himnos personales para su público. Lo conmueve, aunque confiesa que aún lo sorprende. “Tenemos un poco de síndrome del impostor. Cuando alguien te dice que tu canción le cambió algo, piensas que quizás te confunde con otro”. Pero entiende esa relación porque también la vivió como oyente: las canciones que lo acompañaron en viajes, duelos o búsquedas. “Una canción no se termina hasta que alguien no la hace suya”, afirma. Nota aquí.
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