domingo, mayo 24, 2026

Destilerías Ovalle

 ¿Escocia o Irlanda? No: Galicia ya quiere jugar en la primera liga del whisky

Destilerías Ovalle, en Meaño (Pontevedra) apuesta por envejecer el destilado en barricas de vino ligadas al Camino de Santiago.

“Sin desmerecer a nadie, Galicia lo tiene todo para ser tierra de whisky, como lo son Escocia o Irlanda. Tenemos los cuatro ingredientes principales: el cereal, la madera, el agua y el clima”, explica Juan Ovalle Rodríguez Marqués (Santiago de Compostela, 58 años), uno de los socios de Destilerías Ovalle, un proyecto que nació en 2011, inicialmente en Sanxenxo (Pontevedra), pero asentado ahora en Meaño (Pontevedra). Pertenece a la cuarta generación de una familia con tradición vinícola desde 1888, tanto en las Rías Baixas como en El Bierzo. Detrás está la familia Rodríguez Ovalle, creadora de la marca de aguardientes y licores elaborados con orujo gallego Ruavieja, que, tras formar parte de la empresa malagueña Larios, pasó a integrarse en 2001 en el grupo francés Pernod Ricard.

“Mi padre, Luis Rodríguez Marqués, fue el gran impulsor de los orujos de Galicia y siempre hemos estado vinculados a los destilados. Yo, aunque estudié Derecho y ejercí la abogacía durante un tiempo, he desarrollado proyectos y asesorado a destilerías en Polonia, Brasil, Francia, México y Estados Unidos, e incluso desarrollé una marca de ginebra gallega”, recuerda sobre sus inicios Rodríguez Marqués, que adoptó como segundo nombre de pila Ovalle “para que no se perdiera nuestro apellido”, además de bautizar así a la destilería, creada junto a un socio, el empresario gallego José Manuel Brandariz, presidente de la Asociación de Empresarios Gallegos en Estados Unidos. Fue precisamente rebuscando en el legado familiar cuando decidió aprovechar 70 barricas que aún conservaba y en las que su progenitor envejecía aguardiente añejo. “Quería probar cómo podía quedar el whisky en esa madera, además de cómo se comportaba el envinado, y no tanto dar prioridad a la cebada, el trigo, el maíz o el centeno, porque lo que hace al whisky diferente es haber pasado tres años en una barrica”.

El siguiente paso lo dio cuando se dio cuenta de que podía crear una marca ambiciosa, dejando a un lado la madera con olor a orujo y teniendo en cuenta que Galicia dispone de una de sus señas más internacionales, con permiso de Zara, como es el Camino de Santiago. Optó por comenzar a envejecer el whisky en barricas de roble vinculadas a la ruta jacobea: de albariño y de la Ribera del Duero. De ahí surgieron los dos primeros destilados: Gold, afinado en barricas de vino blanco, y Ruby, en madera de vino tinto. El precio de cada uno de ellos es de 49,50 euros. Tanto el vidrio como las etiquetas son reciclados, y el corcho es de carbón activo. “Hacemos whiskies frescos, pensados para los nuevos consumidores, como las mujeres, los mileniales y la generación Z, que quieren beber menos y beber mejor. Queremos ser el whisky de entrada a este mundo”, añade. Este año tienen previsto elaborar 20.000 botellas, de las cuales el 80 % se destinarán al mercado nacional y el resto se venderá en Latinoamérica, especialmente en Argentina.

El tercer whisky que elaboraron lleva el nombre de Bateeiro, en homenaje a los hombres y mujeres que trabajan en embarcaciones de madera al servicio de las bateas dedicadas al cultivo de mejillones. Está afinado en madera de castaño gallego, con barricas fabricadas en Andalucía y envinadas con vino oloroso y Pedro Ximénez. “Es algo único, que no se hace en ningún otro país, y el resultado es una experiencia sensorial diferente”, agrega Rodríguez Marqués. Para este año tienen previsto sacar al mercado 15.000 botellas, a 39,50 euros cada una. Nota aquí.





Ismael Serrano

 

Luis Quintana

 


Javier Cercas

 Instrucciones para cambiar el mundo

Todo se repite en la historia, la política y la moral, a diario se modifican las formas, pero el fondo es siempre el mismo.

Los periódicos nos engañan, la actualidad miente: cada día, a todas horas, por todas partes parecen ocurrir cosas originales e inesperadas, hechos nunca vistos, acontecimientos insólitos. Tenemos la impresión de que el presente vive en ebullición y el mundo es un lugar en cambio constante, que a todas horas se reinventa a sí mismo, donde la realidad es siempre inédita. Por supuesto, es un espejismo: quien ha vivido un día los ha vivido todos. Que yo sepa, nadie lo entendió mejor que Marco Aurelio, emperador de Roma y uno de los hombres más sabios que en el mundo han sido. “El que ha visto lo presente, lo ha visto todo”, escribió a mediados del segundo siglo de nuestra era: “lo que hubo en el pasado indefinido y lo que habrá en el futuro interminable, pues todo tiene el mismo origen”.

Los antiguos imaginaban el tiempo como un círculo, en el que todo reaparece y cíclicamente se repite; nosotros, marcados por la muerte y resurrección de Cristo, que constituyen hechos irreversibles, lo entendemos como una flecha lanzada por un arco. “Vivir es ver volver”, escribió Azorín recordando a Nietzsche, quien rescató la concepción del tiempo de la Grecia antigua (Eterno Retorno, la llamó). Todo ha ocurrido ya muchas veces, pero olvidamos con facilidad, y de ahí que todo nos parezca novísimo, inaudito; además, leemos poco y mal, así que repetimos una y otra vez los mismos errores. Los periódicos nos engañan, la realidad es una tramoya: no es la primera ocasión en que Rusia invade Ucrania, la guerra de Irán ha estallado muchas veces y el mundo ha caído muchas veces en manos de un ególatra desquiciado y rodeado de una banda de aduladores, maleantes y arribistas. Es verdad que, contra lo que parece, o contra lo que puede sentir quien vive el presente sin el pasado, el mundo de hoy no es peor que el de ayer; al revés: es un hecho que hoy se libran menos guerras que nunca y que existe menos violencia, menos pobreza, menos analfabetismo o menos mortandad infantil que nunca. Pero también es verdad que los seres humanos somos más o menos como siempre hemos sido: jamás han abundado entre nosotros la bondad ni la rectitud ni el altruismo ni el coraje ni la inteligencia; en cambio, convivimos a diario con la maldad, la mentira, la cobardía, la envidia, el odio, la estupidez. Para ser consciente de ello no es preciso ser pesimista: basta con una cierta dosis de realismo. Quienes estamos biológicamente incapacitados para adquirirla sobrevivimos como podemos, inoculándonos a diario los antídotos que suministran los sabios, contravenenos idénticos porque el problema siempre ha sido idéntico e idéntica la forma de solucionarlo, o de intentar protegerse de él. Marco Aurelio urge a refugiarse en el “soberano interior” (el “dios interior”, lo llama también), un reducto íntimo, invulnerable al mal y los vaivenes de la fortuna, al que uno siempre puede retirarse y vivir libre de inquietud y de tormento, alejado del ruido hueco que nos rodea; pero, si bien se mira, ese fortín feliz, recóndito y blindado del emperador pagano no es muy distinto del Dios católico de Teresa de Ávila, al menos tal y como aparece en un poema justamente memorable que es también una oración para desamparados: “Nada te turbe, / nada te espante, / todo se pasa, / Dios no se muda; / la paciencia / todo lo alcanza; / quien a Dios tiene / nada le falta: / solo Dios / basta”. Es muy improbable que la santa castellana leyera al estadista romano, pero su soberano exterior se asemeja al soberano interior de aquél como una gota de agua a otra.

Vivir es ver volver, todo se repite en la historia, la política y la moral, a diario se modifican las formas, pero el fondo es siempre el mismo, los seres humanos somos lo que somos y, ya que es muy difícil cambiar el mundo —­no podemos impedir las invasiones ni terminar con las guerras ni mandar al cubo de la basura a los gobernantes tarados—, al menos cambiemos nosotros, que es la única forma que tenemos de cambiar el mundo. No sé cómo dijo esto santa Teresa; Marco Aurelio lo dice así: “Es ri­dícu­lo no protegerse de la propia maldad, lo que es posible, y hacerlo de la de los demás, lo que es imposible”. Nota aquí.



Andrés Suárez

 

Lydia Cacho

 


Bar Jota

 El Bar Jota cumple 90 años de leyenda cervecera entre tanques y tradición

Esta taberna emblemática de Sevilla, que cuenta con la tercera generación familiar tras la barra, se mantiene fiel a su esencia.

En la época de los gastrobares, de los decorados prácticamente calcados, de las plantas replicadas de un local a otro y de las cartas que tienen de todo menos personalidad, se agradece cuando toca volver a alguna taberna emblemática de la ciudad. No es fácil mantener la esencia en estos tiempos que corren. Y mucho menos, ser fieles a la tradición pero, los que lo consiguen, tienen la suerte de celebrar cumpleaños muy elevados, como es el caso del Bar Jota, que está de aniversario por sus 90 años.

Aquí, nada más entrar, uno respira sevillanía. En las paredes, cuadros y fotografías antiguas sin un orden preestablecido. En el suelo, ese serrín tan de las tabernas de nuestra tierra. Y de frente, una barra de chapa con un buen tirador de Cruzcampo. No hace falta más —ni menos, que bastante complicado es tener todo esto— para que un negocio hostelero triunfe. Desde mayo de 1936, cuando abrió las puertas de la mano de José Martín Ruiz, estas son las señas de identidad de uno de los templos cerveceros que ya es leyenda de la ciudad.

El tanque de cerveza frío y bien tirado —para algunos, la mejor de Sevilla—, la idiosincrasia de los clientes y la apuesta firme por mantener la esencia han hecho posible que el Bar Jota no sólo haya llegado a los 90 años de vida, sino que lo haya conseguido prácticamente sin cambiar, como explica Alejandro Martín, tercera generación del negocio y nieto del fundador: «El sevillano sigue buscando esto. Sobre todo, el tradicional. Tengo una clientela que mayoritariamente son parroquianos, ya que vienen todos los días. Tienen una edad más alta, pero no fallan. Pero el sevillano tradicional sigue buscando los bares tradicionales. Eso es costumbrismo. Algunos de los clientes llevan viniendo aquí más que yo, son como amigos, conozco a sus familias. Hay gente que viene desde los tiempos de mi tía Mercedes Martín».

Y es que la familia Martín es fundamental para comprender la historia de este emblemático bar, aunque desde 2018 esté gestionado por los hermanos Giráldez. «Mi abuelo, en gloria esté, era de El Viso y, tras trabajar de capataz en una finca de Lebrija, cogió un dinerillo y abrió el Bar Jota en 1936, ya que su pueblo tiene mucha tradición hostelera y es muy emprendedor. Creo que influye mucho la familia, es algo fundamental en la vida. Mi tía estuvo trabajando con mi abuelo hasta que éste falleció, y yo estuve trabajando con ella hasta que murió, así que los conocimientos que tengo son los que me enseñaron ellos dos. Esto siempre ha sido familiar. Yo llevo trabajando aquí desde el 10 de septiembre de 1989 y, aunque ahora hay otros gerentes de la empresa, la esencia nunca se ha perdido. Las características del establecimiento se han mantenido durante todo este tiempo. Los azulejos, la barra… todo es del año 1936, esto ha cambiado muy poco. Menos el servicio de señoras, que no había hasta 1991 y se puso con motivo de la Expo, el resto apenas ha variado», explica Alejandro desde la barra.

Bar Jota: poca comida y mucha cerveza

En el Bar Jota la carta es corta, casi inexistente, aunque algo se puede comer para acompañar, pero la realidad es que el sevillano acude a este local en busca de la cerveza. Aquí la Cruzcampo es una institución y, aunque muchas veces se ha dicho que tienen algún que otro récord de barriles tirados por día, lo cierto es que no les gusta hablar de cantidad, sino de calidad. Priman que esté buena por encima de vender más litros: «Lo que sí digo es que la instalación que tenemos aquí, no la tiene nadie en Sevilla. Y el tiempo que le dedicamos nosotros a la cerveza, pocos se lo dedican. Hay que estar muy pendientes, no es sólo abrir el grifo y se acabó. Hay muchas cosas detrás. ¿El secreto? No se puede contar, yo no sé nada (risas). Tenemos el bacalao y la mojama, que son cosas que se han puesto de toda la vida. Mi abuelo lo puso prácticamente desde que abrió el bar, pero en los años 30 y 40 no lo cobraba. Luego España empezó a mejorar en los años 50, empezó a despegar y el bacalao ya no se podía regalar, ya que subió de precio. Así que mi abuelo empezó a cobrarlo. Aparte tenemos frutos secos, patatas fritas, chacinas, la tapa del día que pueden ser avellanas o aceitunas. La carta es cortita, pero es que aquí el que viene a tomar cerveza. Es como el que va a una bodega de Jerez, que va a tomar vino. Pues aquí vienen a tomar cerveza. Come algo, pero viene a por la cerveza».

Parroquianos, futbolero, toreros y moteros

La familia Martín fundó y mantiene vivo al Bar Jota pero, sin duda, los verdaderos protagonistas son sus parroquianos. Este negocio cuenta con personas que van a diario y que pertenecen a cualquier sector de la sociedad. Aficionados al fútbol —el estadio del Sevilla está muy cerca— y al toreo son habituales. También moteros, de hecho sigue siendo lugar de reunión los jueves para los amantes de las dos ruedas. Y el motivo de esta fidelidad está claro para gente como Paco Gómez y Fernando Cobo, dos clásicos del lugar: «Venimos desde tiempos inmemoriales. Tenemos una edad ya, así que puede hacer perfectamente 30 años. Aquí nos atienden muy bien. Y, además, de siempre. Tanto cuando estaba la tía de Alejandro, como hasta ahora que están los hermanos Giráldez. Estamos aquí como en casa. Con asiduidad, desde la jubilación, venimos todos los viernes, algún día suelto y cuando volvemos de los partidos del Sevilla en el Sánchez-Pizjuán».

Tanto Paco como Fernando tienen claro por qué no fallan al Bar Jota: «Primero, por el material. La cerveza está muy buena. Alejandro no quiere contar el secreto, dice que es cosa de su abuelo. Yo sólo digo que, al darle un buche, se te queda una corona de espuma en el vaso. Eso no lo encuentras en otros lados, yo lo he comprobado y discutido con muchas personas. Y también mantiene la frialdad de la cerveza hasta el último buchito. Eso es fundamental para nosotros. Y luego porque es un centro de reunión de los amigos, porque te tratan bien, está la iglesia de San Benito al lado y por el buen tiempo que tiene Sevilla. Desgraciadamente, ya quedan pocos sitios como este. Estaba la taberna de nuestro querido Pepe Yebra, que era un referente en Sevilla. Siguen El Tremendo, El Coronado y El Vizcaíno. Luego, si te vas al barrio de Santa Cruz ya ves a los guiris invadiéndolo todo y habrá gente a la que le gusten los gastrobares. A nosotros nos gustan más las tabernas como estas». Nota aquí.






Rosa León & Ana Belén

 

David Uclés

 


Xoel López

 Xoel López en los conciertos de EL PAÍS: “Una parte de mí escucha a Bob Dylan por enésima vez y otra se compra el último disco de Rusowsky”

El gallego presentó su último trabajo, ‘Oniria Popular’, en un encuentro exclusivo ante más de 300 lectores del diario

Cuando tenía 18 años, Xoel López (A Coruña, 48 años) despertó con una melodía y una letra en la cabeza. Fue la primera vez que soñó con una canción, que después compuso y grabó. Luego llegaron más. Componer ha sido para él siempre un proceso misterioso. Lleva haciéndolo tanto tiempo —más de 30 años— que, como reconoce, “no hacerlo supondría un esfuerzo”.

El artista participó en los Encuentros EL PAÍS para presentar su nuevo álbum, Oniria Popular, en una conversación moderada por la periodista de Cadena SER Laura Piñero. Durante el evento, López estrenó un nuevo formato a trío, acompañado por Adrián Seijas y Alejandro Ovejero, que los lectores de EL PAÍS pudieron disfrutar en exclusiva. Ya puedes ver en vídeo la entrevista y el concierto que ofrecieron los músicos. Los Encuentros EL PAÍS forman parte del programa de fidelización para suscriptores EL PAÍS+.

El decimoséptimo álbum de estudio de Xoel López ha llegado casi sin buscarlo. Oniria Popular vio la luz el pasado 17 de abril y el artista confesó que aún “sigue descubriéndolo”. Surgió como un rayo mientras trabajaba en un proyecto especial de aniversario. Su mánager, Joaquín Martínez Silva —con quien trabaja desde 2001—, le propuso crear un par de temas nuevos. Cuando López se quiso dar cuenta, había compuesto un disco entero: “Después de tantos discos y canciones, ya no tengo miedo al folio en blanco”, reveló.

Su nuevo trabajo parte de una ensoñación. “Creo que todas mis canciones beben del inconsciente, soy muy freudiano”, explicó. “Mi mundo emocional adulto es onírico. Cuando sale en forma de canción me doy cuenta de que se convierte en algo colectivo”. Aquí el origen del título del disco. Sobre el proceso creativo, añadió que “te permite llegar a rincones de tu ser a los que no accederías en lo cotidiano”. Confesó que “componer es el sentimiento más bonito” de su carrera. Lo comparó con la pesca, una actividad que practicaba con su tío cuando era pequeño: “No sabes cuándo va a venir ni dónde está esa canción. Es algo que persigues. Yo estoy siempre, digamos, con la caña puesta”, señaló. Nota aquí.





Nadia Álvarez

 

ética y poética

 


Fabián D. Cuesta

  "Hubo un momento en que ni la música, ni las películas, ni los libros funcionaban ya como escudo"

Siete años después de su último disco, el cantautor leonés regresa con ‘Estar fuera’ (La Viejita Música, 2026), un álbum grabado junto a Juan Marigorta que nació en el peor momento y llegó al mundo en el mejor. Una conversación sobre el silencio, los pájaros, Baltimore y la decisión de no competir en el streaming.

Para entender lo que significa 'Estar fuera' hay que aceptar primero el peso de los siete años. No como cifra, sino como materia: siete años en los que Fabián D. Cuesta siguió produciendo música para otros en el estudio de Juan Marigorta, siguió escuchando o dejando de escuchar, siguió viviendo —y en algún momento dejó de poder hacerlo del modo habitual. Hay una frase en la carta que acompaña al disco, subrayada con signos de exclamación como si incluso a él le sorprendiera reconocerlo: ¡siete años! No es nostalgia lo que transmite, sino algo más cercano a la incredulidad.

El resultado de ese paréntesis forzado —y luego elegido, y luego superado— es un disco de diez canciones que suenan inconfundiblemente a él. Pájaros observadores, estibadores en Baltimore que sueñan con mujeres desde las grúas del puerto, rayos que atraviesan tardes sin resolver. Juan Marigorta firma la producción y coescribe una de las canciones, y hay en el sonido esa comodidad de quienes llevan años creciendo juntos sin necesidad de explicarse demasiado.

Estar fuera llega completo desde el primer día en vinilo y descarga digital. En Spotify, sin embargo, aparecerá canción a canción durante meses: una cada cinco semanas. Es una postura clara, casi un manifiesto, de alguien que volvió a la música cuando por fin volvió a ser suya.

¿Hubo un momento concreto en que supiste que se había acabado el paréntesis, o fue algo que simplemente ocurrió sin que te diera tiempo a darte cuenta?

Tuvo mucho que ver la gente que me rodea y me quiere, que está conmigo en el día a día. Juan me animaba constantemente a grabar... De vez en cuando voy a su estudio a producir canciones de otros artistas, y él siempre acababa diciéndome que ya era hora de retomar las mías. El resto de mi banda también me lo comentaba. Mi familia, mi pareja... compañeros de profesión que me escribían para preguntarme por esas nuevas canciones. Durante mucho tiempo sentí que no tenía nada más que aportar, pero poco a poco me fui ilusionando con las grabaciones, y al final nos ha quedado un disco muy bonito que merece la pena compartir.

Escribes en la carta que llegó un momento en que ni las películas, ni los libros, ni la música funcionaron como escudo, y que tuviste que buscar ayuda. ¿Cómo se escribe una canción cuando ya no puedes usarla para refugiarte en ella?

Es complicado. Las canciones son una parte importantísima de mi vida desde siempre. Me han servido de refugio, de bálsamo, de acicate... pero hubo un momento en el que ya ni siquiera escuchaba música. Me provocaba rechazo ponerme un disco o hablar de tal o cual artista. Creo que todo eso tuvo que ver con la industria, con saber cómo funciona y sentirte un extraterrestre en medio de todo ese lío. Me llevó un tiempo apartarme y volver a disfrutar de la música desde otro sitio.

Empiezas el disco con una canción que lleva tu propio nombre en el título. ¿Por qué tantos pájaros, Fabián? Es casi como si alguien desde fuera te estuviera haciendo una pregunta incómoda.

Es que es una pregunta que me suelen hacer habitualmente y con razón, porque en mis canciones hay mirlos, gorriones, pájaros que despegan entre las flores, aves del sur... de todo. Me hacía gracia responderla en una canción y darle al pájaro el papel de observador e identificarme con él. Un animalillo que lo observa todo desde fuera y lo apunta en su libretina.

Estibadores en Baltimore es la canción que más sorprende del disco, la que más se sale del registro íntimo del resto. Un tipo en una cabina de plástico soñando con una mujer desde el puerto. Es una imagen muy cinematográfica, muy americana. ¿De dónde sale Baltimore?

Esa canción es, probablemente, la más antigua del disco. La empecé cuando vi The Wire hace un montón de años. Creo que era la trama de la segunda temporada la que transcurría en los muelles de Baltimore, con Frank Sobotka, que era el líder sindical del puerto, y que, obligado por las circunstancias, toma unas decisiones terribles. El protagonista de mi canción no llega a tanto, pero por ahí se mueve. Nota aquí.



Guille Galván

 

Marta Kayser

 


Ramón Serrano

 HIBISCO

Hace unos 25 años mi hijo Juan regaló a su madre Carol un arbusto Hibisco que da flores muy vistosas denominadas Rosas de China. Entre toda la familia lo cuidamos.
Al dejar yo Calella de Palafrugell por razones de edad Juan se llevó el Hibisco a su pueblo, en las estribaciones de la España vaciada, a unos 360 kilómetros de su hábitat natural. Enfermó y estuvo en las puertas dela muerte. La vida venció en esa lucha
Ahí está, hermoso de hoja verde. Pronto llegarán las rosas de China, de un rojo reluciente. Son preciosas , brillantes y esplendorosas ,de vida corta, un día, pero muy abundantes. Ya llegaran. Paciencia.



Chambao

 


Silvina Moreno

 

Alejandra Pizarnik

 


Fede Comín

 


El Roto

 


sábado, mayo 23, 2026

Rodolfo Serrano

 Estaremos también en la derrota

A Juan Barranco
y a Esther
(Habitación 205)
Si acaso, cuando todo se derrumbe
y el polvo cubra el tiempo y lo que fuimos
y quede en el recuerdo oscura sombra,
estaremos ahí, ya en la derrota,
pero siempre en el lado de la vida.
Dispuestos todavía, aunque la lucha
dejara piel y carne en los escombros.
De gloria solo fuimos un relámpago,
mas soñamos que aún nos enfrentamos
al último combate de la vida.
No importa lo que somos. Lo que importa,
en esta hora de sombra, es lo que fuimos.
Que nos juzguen, si acaso, por los pasos
que, al final, se llevaron a la nada
nuestras ansias de ser luz en la noche.
Es verdad que aceptamos mansamente
el yugo del vencido y, resignados,
dejamos que murieran nuestros sueños.
Pero siempre guardamos en el pecho
la esperanza de volver al paraíso.
Y aquí estamos ahora. Ya sabemos
que lo perdimos todo en los rincones
más sórdidos y oscuros, en el miedo
al olvido y la derrota. Ahora lloramos
la pena del exilio y el fracaso.
(Pero la vida sigue a nuestro lado)
Foto de Raul Cancio.



Agustín Lombardini

 


Sonia San Román

 


El Obelisco

 La historia detrás del Obelisco

Una carta decisiva y una prueba de fuego, los hitos que esconde el monumento de 170 toneladas

“Como la Torre Eiffel de París o el Big Ben de Londres, el Obelisco es el símbolo de Buenos Aires, su representación, su marca, su logotipo”, dijo el escritor y periodista Antonio Requeni.

Los primeros obeliscos surgieron en el Antiguo Egipto, originalmente en honor al dios Ra. Con el paso del tiempo, estos monumentos se popularizaron dentro y fuera de Egipto. Distintas ciudades del mundo levantaron los suyos: algunos funcionaron como trofeos de guerra, otros como regalos entre naciones y muchos terminaron convirtiéndose en fragmentos vivos de la historia. Buenos Aires también siguió esa tradición y mañana el ícono indiscutido de la ciudad cumplirá 90 años desde su inauguración.

En 1936, la ciudad de Buenos Aires celebraba el cuarto centenario de su primera fundación por parte de Pedro de Mendoza. En ese contexto, la intendencia comenzó a pensar en una gran obra para festejar el aniversario. El Obelisco fue la opción elegida.

El intendente Mariano de Vedia y Mitre y sus secretarios firmaron el 2 de febrero de 1936 el decreto que disponía su construcción. “A la significación del acontecimiento debe corresponder la ejecución de una obra de carácter extraordinario, que señale al pueblo de la República la verdadera importancia de aquella efeméride”, sostenía el texto oficial.

El 4 de febrero, el arquitecto Alberto Prebisch, que luego quedaría a cargo del diseño del monumento, recibió una carta confidencial para convocarlo al proyecto.

“Mi querido amigo Prebisch: con motivo de la próxima terminación de la Plaza de la República, he propuesto al Intendente una idea que él ha recogido con todo entusiasmo. Se trataría de erigir en el centro de esa plaza un obelisco. Indudablemente no será posible construir un verdadero monolito al estilo oriental, es decir, de una sola pieza; pero como no deseo abandonar mi proyecto, que me parece realmente bueno, quisiera conversar con usted y pedirle su inteligente opinión para mejor realizarlo”, decía la carta escrita por Atilio dell’Oro Maini, secretario de Hacienda y Administración de la ciudad.

Se eligió la Plaza de la República para levantar en su centro el Obelisco. El terreno había sido intervenido por el proceso de modernización urbana de la ciudad, en el marco del proceso de la apertura y ensanche de avenidas como la 9 de Julio y la Diagonal Norte.

Además, el sitio tenía otras dos razones históricas que lo volvían simbólico. Según distintos registros, allí habría estado emplazado el listón de madera con el que Pedro de Mendoza fundó simbólicamente la ciudad en nombre de España.

En ese mismo espacio se había levantado además la histórica iglesia de San Nicolás de Bari, demolida en 1931. Ese templo ocupaba un lugar clave en la historia porteña: fue el primer sitio de la ciudad en el que se izó la bandera nacional, el 23 de agosto de 1812. Nota aquí.




Fito & Fitipaldis

 

Ismael Serrano

 


Ian Gibson

 “La actitud de la familia no ha ayudado nada a que se encuentren los huesos de Lorca”

El hispanista publica 'No me encontraron. La fosa de Lorca: crónica de un olvido', en el que repasa los intentos fallidos de hallar los restos del poeta y denuncia la pasividad de las instituciones o la oposición de sus herederos: “Hay que volver e investigar en profundidad”, defiende

Ian Gibson (Dublín, 1939) lleva toda la vida estudiando a Federico García Lorca. El hispanista tenía 18 años cuando sintió la primera conexión con el universo lorquiano en una librería de ocasión de su ciudad natal. Nunca lo abandonó. Llegó a Granada en 1965 con la intención de hacer una tesis sobre la literatura del poeta español más universal, pero acabó investigando su asesinato y el posible paradero de sus restos, que se cree que fueron arrojados a algún lugar de Alfacar (Granada), tras ser fusilado por los franquistas. El crimen se cometió el 18 de agosto de 1936, solo un mes después de que un grupo de militares encabezados por Franco se sublevaran contra la República.

La obra de Lorca es admirada en todo el mundo y ha sido traducida a decenas de idiomas, pero su cuerpo nunca ha sido encontrado a pesar de las búsquedas oficiales que se han llevado a cabo desde 2009. Al enigma vuelve otra vez el hispanista en No me encontraron. La fosa de Lorca: crónica de un olvido, que publica la editorial Aguilar este 21 de mayo y en el que repasa los “errores, ineficacias y silencios” que han rodeado a los intentos de encontrar los restos, algo a lo que desde el principio se ha opuesto la familia del poeta. “Tenemos que saber dónde están él y el resto de los miles de represaliados desaparecidos porque Lorca los representa a todos”, apunta Gibson.

90 años después de su asesinato hay una pregunta que sigue haciéndose mucha gente: ¿cómo es posible que los restos de Lorca no hayan aparecido aún?

Es una vergüenza que casi un siglo después no se hayan localizado, pero no es solo Lorca. Hablamos de un país que tiene miles de víctimas de la dictadura franquista todavía en cunetas. Aquí todavía la derecha habla de que se reabren heridas, pero en realidad es que no se han cerrado y este país solo se reconciliará cuando tengamos todos los cuerpos decentemente enterrados. Cuando vas a una exhumación te das cuenta de que no hay deseo de venganza, sino de encontrar al abuelo. Lorca es el poeta y dramaturgo español más conocido a nivel mundial, traducido a más de 40 idiomas: representa a esa España que todavía hay que buscar.

¿Qué supondría encontrar sus huesos?

Sería un alivio y algo acorde con su obra, que emana amor hacia el prójimo. Tenemos que saber dónde están él y el resto porque para mí Lorca los representa a todos. No para ponerle un monumento excesivo ni nada parecido, pero los huesos pueden revelar información, por ejemplo, si sufrió tortura. Es nuestra obligación ética e histórica encontrarlo.

Se han hecho varios intentos de búsqueda en Alfacar, el primero en 2009, en el lugar que le señaló a usted y a otras personas Manuel Castilla, el hombre que dijo haberle enterrado, sin embargo, solo se halló una roca. ¿Por qué cree que las prospecciones no han tenido éxito?

Esa es la pregunta. Las búsquedas no se han hecho bien, no han sido rigurosas ni se ha investigado suficientemente. En 2008 supimos que cuando se construyó el parque Federico García Lorca en Alfacar en 1986, la Diputación de Granada halló huesos que fueron enterrados de nuevo en otra parte del parque. Sin embargo, comunicar este hallazgo al juez podía hacer que se paralizara la obra y ya había una fecha elegida para la inauguración.

¿Su principal teoría es que estos podrían ser los restos del poeta?

Bueno, es una posibilidad, una hipótesis, algo que no se puede asegurar, pero que al menos sí debe investigarse a fondo. Según algunos testimonios, llegaron a aparecer trozos de madera que podrían ser de la muleta de Dióscoro Galindo, el maestro republicano que fue fusilado junto a Lorca y dos anarquistas. Ahora esto puede sonar como algo inventado, pero tal vez no... No lo sabemos. Lo que parece probable, según varios testimonios, es que los restos debieron trasladarse a donde hoy está la fuente monumental del parque, pero esta posibilidad no se ha explorado con rigurosidad.

Con lo que ya se sabe, ¿cuáles creen que deben ser los próximos pasos?

Sin lugar a dudas, hay que volver a Alfacar. Buscar en la fuente y en toda la zona porque también hay otros puntos en los que podría estar. Un país civilizado no puede permitirse esto en 2026. Se ha buscado mucho, lo sé, pero habría que poner todos los recursos en intentar encontrar a Lorca y a todas las personas que quedan. No fueron criminales, eran inocentes que luchaban por la República.

La familia de Lorca siempre se ha opuesto a buscar sus restos. En un inicio, uno de sus sobrinos hablaba de “profanación” y temía que se convirtiera en un “circo mediático”. Más actualmente, apuntan a que el poeta no debe distinguirse de los demás. Esto abre un debate sobre hasta qué punto la familia debe decidir o condicionar el proceso de búsqueda. ¿Entiende la posición?

La actitud de la familia no ha ayudado nada. Lorca pertenece a todos los que le aman y no es solo de sus progenitores ni de sus hermanos ni sus familiares, pertenece al mundo. Es mi opinión. Ellos lo ven de otra manera. Han llegado a decir que no se necesitan los huesos, que no nos van a enseñar nada, pero eso no es verdad. Parece que uno de sus asesinos fue diciendo por toda Granada que le había dado dos tiros en el culo por maricón. ¿No interesa saber cómo mataron al poeta español más grande de todos los tiempos? A mí sí. Nota aquí.





Linaje

 

Gabriela Damián Miravete

 


Iván Noble

 Iván nos cuenta por Facebook.

Por pereza, cobardía, falta d ambición o todo eso junto tardé demasiado tiempo en decidirme a cruzar el océano con las canciones que supe conseguir. Hoy terminó mi primera Gira en España. Fueron 5 shows deliciosos y muy emocionantes. Lo que más escuché de parte de quienes vinieron fue “ Gracias por hacerme sentir un rato en casa”. El profundamente agradecido soy yo, porque exactamente lo mismo podría decir del asunto. Nada de esta pequeña y bella odisea hubiese sido posible sin mi pie izquierdo @____casco que embellece las canciones, @gusmartelo que logró convencerme de que era un idiota si no lo hacía de una vez por todas y @lombardinestor que fue nuestro Ángel de la Guarda en toda España.
Ojalá se repita. Más valió tarde que nunca, ya lo creo.
Alegría, gratitud, risas, tapas y copas. Qué más puedo pedirle a este oficio?.











Maggie Cullen

 


Magui Olave & Camilú

 

César de Centi & Tito Calviño

 


Benjamín Prado

 “Aún puedo fingir que estoy mejor de lo que estoy”

El escritor publica memorias mientras afronta la cuenta atrás de “una enfermedad neurológica incurable”

Benjamín Prado es un hombre tan risueño, conversador y disfrutón que cuesta leerle confesar que está asustado, que ya está en una “cuenta atrás”. Pero es lo que desvela en sus memorias, Qué estoy haciendo aquí, que Alfaguara publicará la próxima semana, en las que recorre su vida y nos confiesa que padece “una enfermedad neurológica hoy incurable” que prefiere no detallar. El escritor madrileño de 64 años, también poeta, letrista, dramaturgo y hasta actor por accidente repasa una vida de grandes amistades, lecturas y una brújula siempre activada para probar y avanzar. Charlamos en el festival Barbitania, en Barbastro (Huesca).

Pregunta. Cuenta que un día le llamó Sorogoyen, le propuso actuar y dijo que sí. ¿Qué supuso?

Respuesta. La confirmación de que soy un tipo que siempre se está probando camisas de once varas y que le quedan bien. Yo pensé que estaba de broma o que quería un guion. Y cuando me dijo que era para actuar respondí que no, pero luego pensé: “¿Por qué no? Algo distinto, nuevo, prueba y ya está“. Lo que hago siempre, meter la cuchara en los platos de los demás, que es mi trabajo.

P. ¿Se hizo poeta por orden de un profesor, como cuenta?

R. Fue así, ese profesor vio algo en mí y me dijo: “Tú vas a escribir poesía. Vete a comprar Sobre los ángeles de Alberti y Poeta en Nueva York de Lorca”. Y así fue. ¿Qué vio en mí? Ni idea. ¿Qué vio Alberti cuando se hizo mi amigo? Ni idea.

P. Al poeta le conoció por casualidad y se hicieron íntimos.

R. Mi padre me mandó al bar de la esquina y allí le vi. Alberti tenía manía a su libro Sobre los ángeles por ser su obra maestra y cuando me lo encontré y le dije que lo había leído se puso a la defensiva: ¿Te ha gustado?, preguntó. Y yo, con la arrogancia de los 17 años, le dije: “No está mal, pero me ha gustado más Sermones y moradas”. Y me dijo: “¿Cuántos años tienes?" “17″. “Venga, te invito a un gin tonic”. Y así empezamos una amistad de 15 años.

P. ¿Todo lo que pone en sus memorias es verdad?

R. “Todo” es una palabra demasiado grande, pero esto sí es verdad (ríe).

P. Su padre era escolta motorizada de Franco.

R. Sí, sí, era el más guapo del mundo, una especie de Clark Gable con los ojos verdes, bigote facha de la época, uniforme de jinete y una Harley. Un día que se le rompió la moto mi madre se asomó, le vio y aquí estoy yo. Luego montó un taller mecánico y de eso vivimos siempre.

P. Poeta, escritor, periodista, letrista con Joaquín Sabina... ¿Qué es usted?

R. Básicamente un farsante que se mete en la vida de los demás (ríe) y hace cosas que parecen más de ellos que tuyas. Lo más divertido de la vida son los disfraces, no lo que somos sino lo que aparentamos, nadie disfrazado se lo está pasando mal si es por gusto. He aprendido muchas cosas, he tenido la suerte de nacer en una generación en la que estaba viva la del 27, la del 36, la del 50… Uno leía fascinado a Alberti y se iba a comer con él. Leía fascinado a Gerardo Diego o Luis Rosales y se iba a hacerles una entrevista. Jaime Gil de Biedma, Ángel González y otros han sido como de la familia a la vez que mitos literarios. Las amistades bonitas empiezan en los bares, así conocí a Rafael, a Sabina, a Luis García Montero… Han pasado 40 años de todo eso y mis amigos, salvo los que se han muerto, siguen siendo Luis, Joaquín, Chus Visor… los mismos.

P. Ha querido convertir el rocanrol en poesía y la poesía en rocanrol.

R. Sí. Me fascinó ver a Allen Ginsberg haciendo una lectura de poemas, era lo más cerca que yo había estado de Bob Dylan, mi héroe, que da nombre a mi hija, y dije: quiero hacer esto, llevar la poesía a otros sitios. Así empecé a hacer giras de 50 o 60 conciertos con Coque Malla, Leiva, Pereza… Al poema le da mucha potencia tener detrás una banda o un músico. La gente no sabe muy bien a lo que va ni lo que ha visto, es un terreno muy bueno para la sorpresa, pero se quedan con una idea, con un verso. Nota aquí.



Fede Comín

 


Mario Díaz

 


Antonio Carmona

 


Franz Kafka

 


Frank Delgado