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lunes, julio 27, 2026
Rodolfo Serrano
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Silvina Garré
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Lionel Scaloni
La conmovedora carta de Scaloni a una semana de la caída en la final del Mundial: “Lo siento por no haber podido traer otra Copa”
El entrenador habló de la emoción por las muestras de cariño recibidas y también apuntó contra los que criticaron a la Selección y a los argentinos
Una semana después de la derrota de la selección argentina ante España en la final del Mundial 2026, Lionel Scaloni publicó su primer mensaje en redes sociales. El entrenador, que durante la semana recibió el cariño de miles de hinchas en Pujato, su ciudad natal en la provincia de Santa Fe, evitó pronunciarse sobre su continuidad al frente del equipo y optó por un texto emotivo en el que agradeció el apoyo popular y apuntó, con mayúsculas, a quienes criticaron al grupo durante el torneo.
“Lo siento por no haberles podido traer otra Copa”, escribió Scaloni en su cuenta de Instagram, en lo que fue la frase más directa de una publicación que, en pocos minutos, acumuló cientos de miles de “Me Gusta” y una ola de comentarios de respaldo al orientador, de 48 años.
El posteo, más extenso que el habitual en el técnico —quien reconoció no ser afecto a las redes sociales—, describió la semana posterior a la final como un período en el que “se han entrelazado la tristeza con la alegría, el llanto con una sonrisa, la angustia con la tranquilidad”. Scaloni apeló al concepto de esfuerzo colectivo para retratar al plantel y se refirió a los jugadores como “mis guerreros”, según señaló que los definía en conversaciones con su esposa.
El pasaje más llamativo del texto fue el que aludió a las voces críticas que acompañaron la campaña argentina. “El aguantar baldazos de agua fría (DE GENTE QUE NO NOS CONOCE)” fue la frase que el entrenador decidió escribir en mayúsculas, un recurso que, en el contexto del mensaje, funcionó como un énfasis deliberado, en medio de las críticas, sobre todo desde países rivales, por la enjundia albiceleste. Para Scaloni, ese conjunto de actitudes —el esfuerzo, la voluntad, la resistencia— constituye “el verdadero trofeo”.
El entrenador también extendió su agradecimiento al cuerpo técnico, a los jugadores y al personal de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), con mención especial a quienes “de forma silenciosa trabajan para que estemos cómodos”. Cerró la publicación con una frase que rápidamente se viralizó: “Quien tiene un amigo argentino, tiene un tesoro”. Nota aquí.
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Dora María Téllez
La exguerrillera Dora María Téllez: “Ortega se ha convertido en dictador vitalicio de Nicaragua”
La legendaria militante revolucionaria exiliada en España afirma que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo “está en una crisis terminal”
“A Dora María, una compañera resuelta le trasquiló de dos tijeretazos su hermosa cabellera de combate, para que no se viera que era una mujer con boina negra”. Así describió Gabriel García Márquez en su crónica sobre la Operación Chanchera ―el asalto al Palacio Nacional de Managua, el 22 de agosto de 1978, el golpe con el que el Frente Sandinista de Liberación Nacional aceleró la caída de la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua― a la mítica “Comandante Dos” de la revolución, Dora María Téllez, la única mujer que, con 22 años, lideró aquella operación y negoció con el dictador. Al año siguiente, el 19 de julio, la guerrilla entró en la capital.
Ahora, 47 años después, aquella “muchacha muy bella, tímida y absorta”, según el Nobel colombiano, vive refugiada en un barrio popular de una ciudad del sur de España que exige no revelar por miedo a represalias del régimen nicaragüense. “Si lo consideran necesario, te mandan sicarios”. No es paranoia. Al menos tres críticos de la pareja presidencial formada por Daniel Ortega y Rosario Murillo fueron asesinados en Costa Rica entre 2022 y 2025 y también hubo un doble intento fallido de homicidio contra un matrimonio opositor.
Dora María Téllez recibe a EL PAÍS en una calurosa tarde de verano en el piso modesto en el que vive desde hace año y medio en compañía de su esposa, Ana Margarita Vijil, también encarcelada como ella por la dictadura en 2021, y con quien se casó en Washington cuando ambas fueron liberadas en 2023 tras 606 días encerradas en celdas de aislamiento en la siniestra prisión de El Chipote. La artesanía nicaragüense adorna todo el piso y hay una manta encima del sofá que reza: “Florecerás Nicaragua”.
Ambas parecen bien adaptadas a la vida española. Dora ha terminado un curso de fotografía y producción audiovisual este año y Ana Margarita, un máster. “La personalidad andaluza es más cercana a nosotros, hay una cierta identidad común entre Andalucía y Nicaragua, además del idioma, que es esencial, aunque al principio tenía que ponerme subtítulos. Pero ahora ya lo entiendo todo”.
A sus 70 años, la exguerrillera, historiadora y doctora honoris causa por las universidades de La Sorbona (París) y Helsinki, nacida en Matagalpa, que fue ministra de Sanidad en el primer Gobierno sandinista, vicepresidenta del Consejo de Estado y diputada, se ha quedado sin nada: sin nacionalidad (ahora tiene la española porque formó parte del grupo de 222 opositores expulsados a Estados Unidos por el régimen a los que el Gobierno de Madrid ofreció la ciudadanía), sin sus propiedades en Nicaragua (ha vivido en 30 casas en los últimos años) y sin pensión.
Vive de sus ahorros y de la única ayuda de un subsidio que recibe de Estados Unidos como inmigrante retornada por impartir clases en universidades de allí, pero mantiene intacto el porte militar, la entereza, la lucidez y el sentido del humor. Téllez rompió hace más de dos décadas con Ortega, al que conoció en 1977, y junto a otros sandinistas como el escritor Sergio Ramírez fundó el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), ahora conocido como Unamos, del que fue presidenta y ahora militante, y cuyos miembros son perseguidos con obstinación.
Pese a todo el sufrimiento, Téllez no guarda rencor, solo pide justicia, y cree que volverá a su país porque el final de la dictadura está cerca. “Están, como dirían los cubanos, tramitando el certificado de defunción. La dictadura está completamente aislada. No tiene alianzas y mantiene una política de detención y persecución sistemática. La semana pasada detuvieron a un obispo y días después cancelaron los títulos profesionales a cientos de abogados y notarios…”.
“Además”, continúa, “ahora están ejecutando purgas en las instituciones, la policía y el propio Frente Sandinista. Han metido en la cárcel a un grupo de gente próxima a Ortega. Todo esto ocurre por un proceso de instalación del poder de Rosario Murillo por encima de la lealtad a Ortega”. EL PAÍS contactó de nuevo por teléfono con Dora María Téllez tras el anuncio de Ortega, el 19 de julio, fecha del aniversario de la revolución, de que no habrá más elecciones en Nicaragua.
Pregunta. ¿Qué le ha parecido esta decisión? El régimen ya ha había retrasado las elecciones un año, a 2027, tras la reforma constitucional.
Respuesta. Se ha convertido en dictador vitalicio. Desde 2006 ha hecho fraude, primero disimulado y cada vez más descarado. Ortega y su mujer, Rosario Murillo, están contra las cuerdas. Por una parte, desafían el orden internacional y al tiempo muestran su debilidad. La dictadura tiene miedo porque está en una crisis terminal.
P. ¿Apoyaría una solución como la de Nicolás Maduro?
R. Lo que queremos es salir de la dictadura. Si finalmente no hay elecciones libres, solo se estarán apretando la soga que ya tienen al cuello. Hay otra variable a tener en cuenta: la enfermedad crónica y misteriosa de Ortega, que está viejo y es un hombre debilitado. Rosario Murillo no disfruta de cohesión política sobre su figura. Nota aquí.
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domingo, julio 26, 2026
Benjamín Prado
"Para mí Almudena Grandes siempre reinará en Rota, con la espumadera en la mano, sobre todo el rebaño de sus admiradores"
El poeta y escritor rinde homenaje a sus maestros y amigos en unas memorias que son una auténtica delicia. Se titulan ‘Qué estoy haciendo aquí’ (Alfaguara) y por ellas pasan Alberti, Octavio Paz, Vargas Llosa, Ana María Matute, Almudena Grandes, Sabina, Paul Auster, Bob Dylan... Emocionan, divierten e instruyen, mientras revelan los entresijos del mundillo cultureta con la sabiduría del intelectual y la intimidad que compartió con ellos. Benjamín es el protagonista de nuestra sección de los viernes Club Esquire: la entrevista.
Creo que no hace falta que te recuerde que Benjamín Prado (Madrid, 1961) es un escritor muy especial para mí –si te lo perdiste, revisa aquí la entrevista que le hice por su novela policíaca El anillo del general (Alfaguara) y la siguiente, por su poemario La edad de los fantasmas (Visor)–. Pero en esta ocasión, mi admiración y agradecimiento son mucho más profundos. Primero, porque acaba de publicar unas memorias tituladas Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara) que son una auténtica delicia y una clase magistral de literatura, en las que repasa sus vivencias –diurnas y algunas abiertas hasta el amanecer– junto a grandes nombres de las letras, la música y la cultura en general: Alberti, Octavio Paz, Vargas Llosa, Ana María Matute, Almudena Grandes, Javier Marías, Ángel González, Paul Auster, Gil de Biedma, Bob Dylan, Leonard Cohen, Patti Smith… Y segundo, porque el que fuera mi primer jefe en el periódico Diario 16 ha tenido a bien publicar en la faja y en la contraportada de su nuevo libro las palabras que un día le dediqué: “Una de las voces más sensatas, interesantes y entretenidas de nuestra literatura, además de un divulgador empedernido”. Ana Trasobares, Esquire. ¿Se puede ser más generoso? ¡Gracias, querido jefe!
El caso es que Benjamín, por H o por B, siempre me toca la fibra sensible y esta vez muy especialmente en el capítulo El periodista, en el que lógicamente narra una época que bien conocí. El poeta, El dramaturgo, El novelista y El letrista son los otros apartados de unas memorias envidiables que te hacen reír y llorar, que emocionan, que instruyen, que divierten y que te revelan los entresijos del mundillo cultureta con la sabiduría del intelectual y la cercanía y la intimidad que solo poseen los que forman parte de este círculo sagrado.
Hoy pillo al autor de las novelas Raro (1995) y Dónde crees que vas y quién te crees que eres (1996); de la saga detectivesca protagonizada por Juan Urbano y de los libros de poemas El corazón azul del alumbrado (1990), Cobijo contra la tormenta (1995) o Marea humana (2007) recién llegado a Rota, su lugar de vacaciones donde comparte patio desde hace años con vecinos tan ilustres como Joaquín Sabina o Luis García Montero, sus íntimos desde ni se sabe. Y le pillo feliz porque, además, el día anterior ha celebrado su cumpleaños y, aunque sopló 65, la palabra jubilación no aparece en su diccionario. Es más, tiene previstas algunas de sus veladas-concierto donde recita versos al son de la música; está acabando también un “librillo”, dice, sobre la Generación del 27 –él es premio Generación del 27, además de Hiperión de Poesía y otros tantos más–, y, por si todo esto fuera poco, repetirá como actor, después de disfrutarle en la serie de Sorogoyen Los años nuevos. Menos mal que sus colaboraciones en radio y televisión le dejarán descansar unas semanas hasta el nuevo curso, porque relajarse ahora es lo que necesita. Eso dice.
He tenido una suerte biológica extraordinaria. Empecé a escribir en un momento en el que todavía estaban vivos los poetas de la Generación del 27, los autores del Boom latinoamericano y los escritores de la Generación del 50. Y convivíamos todos. Estos recuerdos merecían convertirse en unas memorias
Feliz cumpleaños, Benjamín, espero que disfrutaras mucho de tu día.
Gracias, pero no se enteró casi nadie porque coincidió con el cumpleaños de Lamine Yamal (risas).
¡Ay, qué injusta la fama!
Hombre, yo voy a pasar la tarde sentado con todos los vecinos de Rota viendo su partido y él no va a venir a mi próxima lectura. Pero bueno, qué se le va a hacer (risas)
O sea, que ya estás de vacaciones en tu querida Rota. ¿El plan es pasar allí todo el verano o saldrás de gira con alguna de tus veladas literarias de música y poemas?
En verano intento no hacer prácticamente nada, pero alguna cosa tengo: Alcalá la Real, Santander y Logroño. Necesito descansar. ¿Sabes qué me pasa? Que, con el despiste que llevo encima, nunca meto mis libros en el calendario. Por ejemplo, las memorias que acabo de publicar, previsiblemente, pensé que tendrían cierta repercusión, pero hice como si no. Así es como organizo mi agenda pensando en mis cosas y, de repente, aparecen setenta u ochenta entrevistas, viajes de promoción, presentaciones… Ahí ya me supera todo. Siempre me pasa igual: hasta que llega el momento, hago como si no existieran las promociones de mis libros. Así soy yo: un desastre.
Desastre no, hombre, lo que pasa es que tocas muchos palos: escritor, poeta, letrista, colaborador en radio y televisión, actor principiante…
Sí, luego te cuento otro proyecto interpretativo que me ha surgido (risas)… Es que sigo pensando lo mismo desde que era joven, cuando creía que a nadie le iba a interesar lo que hacía. Luego resulta que le interesa a más gente de la que esperaba y, por tanto, tengo que hacer muchas más cosas de las que imaginaba. Pero bueno, no me quejo. Al revés. Yo feliz. Eso sí, me canso. Así que este verano me lo voy a tomar de relax total. Estoy terminando un librillo sobre la Generación del 27 que publicaré próximamente y poca cosa más: cuatro viajes, playa y los vecinos.
Hablemos ya de esas memorias tan jugosas que titulas Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara), una auténtica delicia que he disfrutado de principio a fin porque hacen reír y hacen llorar, enternecen, divierten y, por encima de todo ello, instruyen como una clase magistral de literatura, mientras vas revelando intimidades de vida y de obras, tanto propias como de grandes nombres de la cultura universal con los que te has cruzado. ¿En qué momento vital decides escribir tus vivencias?
Cuando me doy cuenta de que llevo toda la vida guardando esos recuerdos y de que realmente merecían convertirse en unas memorias. Como se decía en el escondite: “Por mí y por todos mis compañeros”. Pero también cuando empecé a notar algunos olvidos, cuando vi que había nombres que ya no recordaba o episodios que empezaban a difuminarse. Entonces pensé: “Es el momento. No vaya a ser que luego sea demasiado tarde”.
Y es que yo he tenido una suerte biológica extraordinaria. Empecé a escribir en un momento en el que todavía estaban vivos los poetas de la Generación del 27, los autores del Boom latinoamericano y los escritores de la Generación del 50. Y convivíamos todos, por lo que mis maestros podían acabar siendo también mis amigos. Podías leer Sobre los ángeles por la mañana y tomarte una copa con Rafael Alberti por la tarde. O leer Sin esperanza, con convencimiento al mediodía y estar comiendo unas horas después con Ángel González. Eso ya no puede pasar, por desgracia. Todos ellos han ido desapareciendo y creo que era importante dejar constancia de aquella experiencia.
¡Que privilegio tan inmenso!, ¿verdad?
Desde luego. Además, fue un momento histórico muy especial. Los escritores del 27 regresaban del exilio –o del llamado exilio interior–. Unos recuperaban el país que habían perdido durante cuarenta años y otros trataban de explicar por qué se habían quedado. Al mismo tiempo, se produjo una normalización literaria: empezaron a reeditarse todos aquellos libros que habían estado prohibidos durante el franquismo. Creo que ese desfase de cuarenta años explica muchas cosas de mi generación como lectores y como escritores.
Había gente que descubría Poeta en Nueva York en 1977, cuando ese libro se había publicado casi medio siglo antes. Existían ediciones clandestinas o piratas, pero no habían circulado de verdad. Ese retraso condicionó nuestra forma de leer y también de escribir poesía. Los de mi generación –Felipe Benítez Reyes, Luis García Montero y tantos otros– admirábamos a los poetas del 27 como si fueran figuras míticas, pero, al mismo tiempo, nos sentíamos mucho más cerca de los del 50: Jaime Gil de Biedma, Ángel González… Todo eso me parecía que había que contarlo. Nota aquí.
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Rodrigo Cuevas, Ana Belén & Mala Rodríguez
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La M.O.D.A
La M.O.D.A.: héroes de Burgos que reivindican a ‘los nadie’ de la vida
Una pandilla de amigos montaron una banda en 2010 y hoy es la más importante en la historia de la ciudad y una de las más grandes del panorama español. Los chicos de la Maravillosa Orquesta del Alcohol son profetas en su tierra.
Primera mañana de verano en Burgos, con un sol intenso en el cielo azul y las margaritas felices en el campo, cuando se monta la marabunta en la puerta del Cernégula. Se bajan hasta los auxiliares de la ambulancia de Protección Civil. “¡Sois unos artistas!”, exclama un anciano llamado Paco en la puerta de la antigua fonda de la carretera de Arcos, abierta durante 70 años en el actual barrio de San Felices y de la que queda hoy solo el estanco, lugar de peregrinaje de los chicos de la Maravillosa Orquesta del Alcohol (M.O.D.A.) para pillar bocadillos, bebidas y tabaco cuando se escapan de su estudio de grabación a tan solo 200 metros ladera bajo en el parque del Hangar. “Estáis en casa. Venga, pa’ dentro, coged botellas de agua que hace mucho calor”, pide a todos Rosa Melgosa, dueña del Cernégula y citada en la canción de la M.O.D.A. ‘San Felices’: “Y sé que ya hemos vuelto a casa al ver a Rosa en el Cernégula”. Esa casa está ahora repleta de personas que han visto llegar a los miembros de la banda más importante de la ciudad y se han ido directos a por ellos. Algunos estaban en el estanco, otros han salido de un bar cercano, otras han cruzado desde la otra acera, uno se ha bajado de la moto y otros dos de la ambulancia, resuelta la urgencia, se han arrimado también. Incluso un grupo de niños con autismo que sale con sus tutoras “muy fans” del colegio Sagrado Corazón Hermanas Salesianas, justo enfrente del Cernégula, se ha parado para fotografiarse con ellos. Fotos, autógrafos, besos, abrazos y palabras de cariño por todas partes: “sois los mejores”, “gracias por todo”, “no dejéis de tocar”, “Burgos os quiere”… Los seis integrantes de la M.O.D.A. atienden a todos, uno por uno. “Todo esto se monta por las camisetas de tirantes”, asegura David Ruiz, cantante y compositor del grupo. “Si no las llevamos puestas, la gente no nos reconoce. Cuando vamos vestidos de paisanos normales, pasamos desapercibidos en todo Burgos como si fuéramos Clark Kent”, añade. “Al ponernos estas camisetas, es como si fueran el traje y la capa de Superman”, dice el baterista Caleb Melguizo con media sonrisa. “O Superlópez, que nos pega más”, añade Ruiz.
Bien sean Superman o Superlópez, las camisetas de tirantes son un elemento de distinción, pero, lejos de cualquier heroísmo de superioridad, es una declaración de intenciones. “Es una prenda que puede llevar cualquiera. Desde nuestros abuelos hasta un currante”, explica Ruiz. De hecho, el grupo tiene una canción llamada precisamente ‘Héroes del sábado’, todo un himno entre sus seguidores coreado a pleno pulmón en sus multitudinarios conciertos, sobre todo, en el verso: “No te olvides de dónde vienes”. Ellos, burgaleses todos menos el guitarrista y productor Nacho Mur, “aunque ya está adoptado”, no se olvidan de dónde vienen. La ciudad de Burgos, con su bella catedral presidiendo la silueta desde cualquier horizonte, es su casa, como lo podría ser también la provincia repleta de pueblos de la que vienen algunos de ellos y sus familias, toda esa tierra a la que cantan y que reivindican por la población llana, por la gente anónima formada por “los nadie”, tal y como dice, parafraseando al escritor uruguayo Eduardo Galeano, Ruiz, quien lleva un tatuaje de Johnny Cash en el brazo en honor “al cantante de los desfavorecidos”. Así lo han hecho desde que nació la M.O.D.A. en 2010, después de que David Ruiz decidió crear una banda con sus amigos de los parques a su vuelta de tocar por los bares de Dublín, y lo siguen haciendo hoy con su último disco, San Felices (Universal), un homenaje al barrio donde tienen su local de ensayo y oficina.
Cuando asentaron su centro de operaciones en este barrio en 2011, todo era campo. Los miembros de la M.O.D.A. fueron de sus primeros pobladores. San Felices se levantó en la antigua barriada de los ferroviarios y, por eso, al pasear entre sus amplias calles de edificios residenciales nuevos, se ven, a modo decorativo con sus hierbajos, las viejas vías de tren. El local de ensayo y la oficina descansan en El Hangar, que fue una estación y que hoy alberga además un centro cultural y una sala de conciertos dentro de un parque con un antiguo vagón de mercancías. “En Burgos, se dice que antes había solo dos estaciones: el invierno y la de la Renfe”, cuenta el saxofonista Alvar de Pablo. Eso era cuando no había cambio climático ni tampoco existía la M.O.D.A., una banda que se puede decir que, tras su éxito de público en toda España, se ha convertido en la más importante en la historia de Burgos. Hay hechos que lo confirman: el año pasado, tocaron en una noche memorable ante 50.000 personas en las Fiestas de San Pedro y San Pablo de Burgos; y este año, son cabeza de cartel del festival Sonorama Ribera donde volverán a tocar ante cerca 30.000 personas en Aranda de Duero. Ese día festivalero, compartirán escenario principal con Leiva, otro cabeza de cartel que colabora en el disco San Felices, en la canción ‘Subiendo como El Chava Jiménez’.
Este lunes por la mañana acaban de llegar, precisamente, las cajas con las nuevas camisetas del merchandising inspirada en la canción dedicada al ciclista Chava Jiménez. Tiene un aire muy noventero. La oficina de la M.O.D.A. está en la planta de arriba de la sala Hangar por lo que huele todavía a la fiesta del fin de semana de los conciertos. En los pasillos para llegar al local de ensayo, se ven carteles de The Cure o Jimi Hendrix. Choli, el dueño del Hangar, aparece y da abrazos a todos. “A ver si quedamos para hacer una comida antes de las vacaciones”, dice. Hasta este álbum en el que ficharon por la major Universal, el grupo se editaba sus discos y controlaba todo: contratación, merchandising, comunicación, redes sociales… “Nosotros siempre hemos ido arando todo con la mano, pero ya veíamos que nos pasaban con la cosechadora a toda hostia”, explica el acordeonista José Ángel Hortigüela, Joselito, en referencia a otros grupos que trabajan desde hace años con grandes discográficas. “Queríamos probarlo para poder dejar de dedicar tantas horas a lo extramusical”, añade Ruiz.
Más allá de este fichaje, la esencia de la M.O.D.A. es la misma desde que en 2010 dieron su primer concierto para colegas en Estudio 27, un bar que ya no existe que estaba ubicado en los bajos del plantío. La esencia de una pandilla de amigos que representa la llaneza de la gente común burgalesa. Nacho Mur, que también toca la mandolina, llegó el último desde Madrid en 2017 y pronto pudo comprobarlo. “El día que me incorporé oficialmente al grupo pensé que las camisetas de tirantes blancas venían dadas por contrato o algo así. Fue una equivocación. Aquí cada uno se compra las suyas y se encarga de ellas”, recuerda con una sonrisa. Eso ha llevado a que alguna vez hayan tenido que ir a por otras de urgencia porque alguno se la dejó en casa o, en un despiste, alguno pilló una de color gris y eso no se permite. También los ha llevado a rechazar “una buena pasta” por tenerlas bajo patrocinio. La independencia de la banda sigue intacta como el primer día. “No hacemos nada con instituciones ni queremos ser usados en política”, explica Ruiz. “Hace unos años nos ofrecieron 50.000 euros para un apoyo institucional y dijimos que no. Entonces, era un dineral que nos ayudaba a mucho, pero ya tomamos esa decisión y seguimos con ella a rajatabla”. En los últimos años, encima, han tenido que hacer frente al impago de la plataforma de venta de entradas Wegow, que entró en concurso de acreedores y dejó a muchos artistas sin su dinero. La M.O.D.A. fue la banda más afectada con decenas de miles de euros perdidos. “Hemos decidido centrarnos en lo que nos llevó un día a meternos en un garaje, que son las canciones, los conciertos y el público”, dice Ruiz. Ellos, aparte de demandar colectivamente a la plataforma, siguen currando. Nota aquí.
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Félix Maraña
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Agustín Aristarán
"El presente es la consecuencia de todo lo que construí"
Se hizo famoso como Radagast y hoy se presenta como Soy Rada. Distintos nombres para un artista que conoce el mundo del espectáculo en su espectro más amplio. Su camino se inició en el arte callejero y lo llevó hasta escenarios míticos como el Teatro Colón. Hoy está al frente de una producción a la altura de Broadway con Charlie y la fábrica de chocolate, en la avenida Corrientes. La televisión aporta otra dimensión a este recorrido: compartir pantalla a diario con Mario Pergolini en Otro día perdido es el cierre de un círculo perfecto.Es la distancia justa entre el adolescente que enviaba cartas desde Bahía Blanca pidiendo una oportunidad y el profesional que hoy trabaja a la par de su gran referente. Pero ese hito no marca el final del trayecto.Lo verdaderamente singular de su trayectoria no es solo la escala que alcanzaron sus proyectos. En todos estos años nunca perdió la brújula. No habla desde la teoría, sino desde la acción, con la sencillez de quien no se olvida de sus orígenes. A contramano de los discursos empaquetados de la industria, asume la madurez como un desafío constante para no estancarse y seguir avanzando.
Su fórmula para sostener el paso firme en este oficio es puramente práctica: anclar los pies en el presente escénico, una regla que le permite mantener vivo el asombro sin tropezar con la ansiedad de lo que vendrá. Al fin de cuentas, todo su despliegue parece reducirse a una misma decisión: ser un adulto que elige transitar la vida jugando. Durante este diálogo con EPU, analiza el reconocimiento, el relevo de las nuevas generaciones y la persistencia de lo lúdico como el verdadero mapa emocional de su carrera.
–Ser Willy Wonka es un desafío enorme por la energía que demanda la obra. ¿Cómo fue tu proceso para encontrar una versión propia de un personaje tan instalado en el imaginario colectivo?
–Exige muchísimo en lo físico, algo que siempre me pasó con mis espectáculos. El gran reto con Wonka fue construir un camino propio teniendo a figuras como Johnny Depp tan presentes en la cabeza de la gente. El secreto estuvo en no intentar imitar lo conocido, sino en sumergirme en su locura y en su psicología.
–Es una puesta que atraviesa generaciones; se fascinan grandes y chicos por igual. ¿Cuál es el subtexto más fuerte que encontrás en la obra?
–Me dio una gran satisfacción notar que me viene a ver público de todas las edades por los distintos proyectos que hice en diferentes plataformas. Más allá del delirio de la puesta, el subtema real es el consumismo y la información que los padres les bajamos a los hijos. La crueldad no es de los chicos; viene de la conducta de los adultos que los rodean. Lograr que ese mensaje resuene de forma lúdica fue un gran acierto.
–Los chicos en escena suelen llevarse la atención, pero acá el talento está muy emparejado. ¿Cómo se logra esa organicidad en el escenario?
–El talento de esos pibes es impresionante. El otro día, precisamente, conversé con uno de ellos después de una función hermosa y le dije: “Hoy jugaste, no actuaste”. Esa es la diferencia clave que el público percibe: cuando estás habitando la escena en el presente, sin pensar en el texto que viene.
–En tu adolescencia le escribiste una carta a Mario Pergolini pidiéndole trabajo. Hoy comparten pantalla en la televisión. ¿Cómo se te cumplió el deseo?
–Fue una historia real. Le mandé esa carta expresando mi admiración, aunque lógicamente él nunca la leyó en ese momento. Años después, Mario vino a ver mi unipersonal y me invitó a almorzar al día siguiente porque volvía a la televisión. Se me llenó el cuerpo de preguntas, pero acepté de inmediato. Él se la jugó por mí más que nadie y por suerte la dinámica funcionó de manera excelente. Nota aquí.
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sábado, julio 25, 2026
Ismael Serrano & Ede
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Narea & Puche
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César de Centi
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Rubén Blades
Rubén Blades, un concierto con sabor a despedida en Barcelona
La estrella panameña se vació en un extenso concierto trufado con sus inmarchitables clásicos
Un señor en la sesentena manifestaba estar allí de consorte “estoy por mi mujer, yo soy más de Juan Luis Guerra”, decía, pero a la hora y media reconocía “la verdad es que se me están yendo los pies”. Es cierto que había tomado una copita de cava, pero ella sola no era responsable de su bailoteo. Varias parejas de parecida edad bailaban ya desde bastante antes, con ellas dando la vuelta bajo el brazo de él, también viceversa. Ya en el final, tras dos horas y tres cuartos, todo el Poble Espanyol cantaba Pedro Navaja al unísono, finalizado con un brusco corte. Despedían la actuación de Rubén Blades, que a sus 78 años recién cumplidos, indirectamente presumió de ellos, vino a decir que aquel era el último concierto que iba a protagonizar en Barcelona “uno debe organizarse la vida cuando hay más por detrás que por delante”, dijo antes de afirmar que en todo caso volvería de turista. Un capítulo más que se cierra, el de un artista que a sus visitas a la ciudad ha sumado tres recientes, dos en el Cruïlla y esta que en el Barts Festival certificaba que ha sido, es y será un pedazo de historia de Latinoamérica.
Rubén Blades es como el sol, al que no se le puede pedir que sea distinto a como es, y su generoso concierto de 21 piezas expuestas con la calma y el desarrollo que necesita la salsa, repasó su propia historia vinculándola a los grandes del género, “aquellos que no morirán nunca como Celia, Lavoe, Colón o Barreto”, algunos de los artistas que citó. Como siempre, o casi, iba de negro, como toda la fabulosa orquesta que le acompañaba, moviéndose bajo el sombrero “porkpie”, armado con una locuacidad que introducía con detalles y fechando los temas que interpretaba, más o menos los mismos que está tocando en esta gira aunque ordenados de forma distinta, como el sol cambiando la angulación de sus rayos. Alguna vez se acercaba a Roberto Delgado, el director de la orquesta, y le indicaba qué tocar. Y siempre todo era milimétrico, con un sonido poco menos que impecable en el que ni la potencia de la frondosa sección de metal tapaba los otros instrumentos, menos aún la voz de Blades, que lució en Buscando América tanto potencia como altura. Era el comienzo del concierto, lo volvería a hacer a lo largo del mismo, como en Arayué, una de las piezas que por su corta edad muestran que Rubén no sólo vive de su pasado. Aunque éste sea inevitable, pues Plástico sonó en primer lugar. En su listado final de países hispanoamericanos, recuperado por Bad Bunny en la Superbowl (súper tazón en sus términos) se notó que había muchos venezolanos en el lugar, también peruanos. Hablando de títulos e idiomas, Blades bromeó al presentar Ojos de perro azul, del que dijo este era su título en español y….también en inglés.
El concierto tuvo baile, mucho, con ese despliegue de movimiento corporal y contoneo sobre unos pies que no se mueven apenas del lugar, y enorme carga política, muy explícita. No se fue por los cerros de Úbeda al calificar a Donald Trump de “estúpido, corrupto y asno” y contraprogramó el racismo mostrando que en su camiseta ponía “migrante” y afirmando lo obvio, que a nadie le gusta marchar de su tierra y que si lo hace es forzado “mientras no se arreglen las causas que provocan la emigración no habrá solución”, dijo al cantar Emigrantes, un tema del año pasado. Cantó más temas recientes, como Fotografías o Canto Niche, pero el grueso del repertorio repescó sus clásicos sin olvidar sus temas con Seis del Solar, a los que definió como “una forma de abrir nuevas caminos a la salsa mezclándola con jazz y rock”, como la apoteósica Decisiones, la citada Buscando América, Cuentas del alma o Amor y control, un canto a la familia en los momentos más difíciles, como los que ampara la muerte.
Con recuerdos a Serrat, de quien dijo ha sido una de sus grandes influencias y evocó cantando Nadie sabe, donde es citado explícitamente, afirmando que recientemente un análisis genético ha demostrado que su abuelo no lo era y que había sido otro con raíces catalanas, Miró, dijo que se apellidaba, llamando constantemente a la participación de la ciudadanía para solventar la situación política y social en la que nos encontramos, manifestándose optimista pese a todo y dando rienda suelta a una personalidad en la que se mezcla el espectáculo, la pedagogía, un yo tras el constante nosotros, el activismo y el humor –cuando le lisonjearon respondió “me amas porque no vives conmigo y no me ves por las mañanas”- Rubén Blades se despidió de Barcelona y por extensión de Catalunya con una traca imparable con Héctor Lavoe en el retrovisor y El cantante en escena, María Lionza y una aplaudidísimo recuerdo a Venezuela, la crónica del dolor que se esconde tras la fiesta en Juan Pachanga y el ciclo de la vida que muestra Maestra Vida. Fue el Ruben Blades de siempre, el que ha venido siendo necesario desde hace décadas, un impulsor de lo que hoy es una realidad, la pujanza de la música latina y de su cultura. Moviendo los pies y cimbreando el cuerpo. Y él podrá decir orgulloso que jamás tuvo “cara de yo no fui”. Nota aquí.
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viernes, julio 24, 2026
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El Daiquiri
La historia del Daiquiri: el cóctel que nació entre minas de hierro y conquistó el mundo
Hay cócteles que parecen haber sido creados para impresionar con ingredientes exóticos o elaboradas técnicas de preparación. El Daiquiri no pertenece a esa categoría. Su grandeza radica precisamente en lo contrario: tres ingredientes, una técnica impecable y un equilibrio casi perfecto. Ron, jugo fresco de lima y azúcar. Nada sobra, nada falta. Sin embargo, detrás de esa aparente sencillez se esconde una historia que atraviesa guerras, minas, bares legendarios y algunos de los personajes más influyentes del siglo XX.Viajar al origen del Daiquiri es recorrer un capítulo fascinante de la historia de Cuba, donde el calor tropical, la abundancia de ron y la creatividad transformaron una bebida improvisada en uno de los cócteles más elegantes jamás creados.
El nacimiento en un pequeño poblado cubano
La historia comienza a finales del siglo XIX, cerca de la ciudad de Santiago de Cuba, en una pequeña localidad minera llamada Daiquirí, famosa por sus yacimientos de hierro.
En aquella época, ingenieros estadounidenses trabajaban en la explotación minera de la zona. La versión más aceptada atribuye la creación del cóctel al ingeniero de minas Jennings Cox, quien alrededor de 1898 recibió una visita inesperada en plena jornada.
Cuenta la leyenda que, al quedarse sin ginebra para atender a sus invitados, decidió improvisar con lo que tenía a mano: ron cubano, jugo de lima recién exprimido, azúcar y hielo. Agitó la mezcla y la sirvió en vasos fríos.
El resultado fue tan refrescante que los presentes comenzaron a pedir otra ronda.
Había nacido el Daiquiri.
¿Por qué se llama Daiquiri?
El nombre no fue una estrategia comercial ni una inspiración poética.
Simplemente tomó el nombre del lugar donde fue creado: el pequeño poblado de Daiquirí.
Con el tiempo, aquel rincón del oriente cubano quedó inmortalizado en la historia de la coctelería mundial.
La llegada a los grandes bares
Durante los primeros años del siglo XX, el Daiquiri comenzó a viajar desde Santiago hasta Havana.
Fue allí donde el legendario bartender Constantino Ribalaigua Vert, conocido como “Constante”, elevó el cóctel a una categoría completamente nueva desde la célebre El Floridita.
Constante perfeccionó las proporciones, refinó la técnica de agitado y desarrolló numerosas variantes que todavía hoy forman parte de la coctelería clásica.
Gracias a él, el Daiquiri dejó de ser una bebida improvisada para convertirse en una obra de precisión.
El cóctel favorito de un Nobel
Si existe un personaje inseparable del Daiquiri, ese es Ernest Hemingway.
El escritor frecuentaba El Floridita durante sus largas estancias en Cuba.
Sin embargo, tenía un pequeño problema: padecía diabetes y prefería bebidas menos dulces.
Por esa razón, Constante creó para él una versión especial conocida como Papa Doble o Hemingway Daiquiri.
Esta variante sustituye parte del azúcar por el dulzor natural del licor de marrasquino y del jugo de toronja, además de incorporar una mayor cantidad de ron.
Hasta hoy, miles de visitantes acuden a El Floridita para fotografiarse junto a la estatua de bronce de Hemingway, que parece seguir esperando su próximo Daiquiri.
La receta clásica
A diferencia de muchas recetas modernas, el Daiquiri original destaca por su sencillez.
Ingredientes
* 60 ml de ron blanco cubano.
* 30 ml de jugo fresco de lima.
* 15 ml de jarabe simple (1:1 azúcar y agua) o 2 cucharadas de azúcar
* Hielo.
Preparación
1. Llenar una coctelera con hielo.
2. Añadir todos los ingredientes.
3. Agitar vigorosamente durante 12 a 15 segundos.
4. Colar finamente en una copa previamente enfriada.
5. Tradicionalmente se sirve sin decoración, aunque algunos añaden una fina rodaja o espiral de lima.
El secreto no está en añadir más ingredientes, sino en respetar el equilibrio entre dulzor, acidez y la personalidad del ron.
Las muchas vidas del Daiquiri
Con el paso del tiempo aparecieron innumerables variantes:
* Daiquiri de fresa.
* Daiquiri de mango.
* Daiquiri de maracuyá.
* Daiquiri de banana.
* Daiquiri de coco.
* Daiquiri de piña.
* Daiquiri Frozen, elaborado con hielo triturado.
Aunque estas versiones son muy populares, muchos bartenders consideran que ninguna supera la elegancia del clásico.
Curiosidades
Una de las mayores curiosidades del Daiquiri es que, pese a su fama como bebida tropical, los bartenders profesionales lo utilizan como una prueba de habilidad. Al tener tan pocos ingredientes, cualquier error en las proporciones, la calidad del ron o la temperatura del hielo se percibe de inmediato.
El Daiquiri también forma parte de la lista oficial de cócteles clásicos de la International Bartenders Association, lo que garantiza una receta estandarizada y reconocida internacionalmente.
Además, muchos historiadores consideran que es el mejor ejemplo de cómo un cóctel puede ser extraordinario sin necesidad de ingredientes complejos: la calidad de los productos y la técnica lo son todo.
Desde su nacimiento en un pequeño poblado minero, el Daiquiri ha recorrido un camino extraordinario. Hoy se sirve en hoteles de lujo, bares clásicos, terrazas frente al mar y coctelerías de autor en los cinco continentes.
Su influencia ha inspirado generaciones de bartenders y ha servido como base para incontables reinterpretaciones. Es, junto con el Mojito, uno de los grandes embajadores del ron y de la tradición coctelera cubana.
Más de un siglo después, sigue siendo un símbolo de equilibrio, sencillez y sofisticación.
La historia del Daiquiri demuestra que las mejores ideas suelen nacer de la necesidad y de la creatividad. Lo que comenzó como una improvisación en un pequeño poblado cubano terminó convirtiéndose en uno de los grandes clásicos de la coctelería mundial.
No necesita espumas, jarabes exóticos ni decoraciones extravagantes para conquistar el paladar. Su magia reside en el equilibrio perfecto entre tres ingredientes y en el respeto por la técnica.
Porque el Daiquiri nos recuerda una de las grandes lecciones de la coctelería: la verdadera elegancia no consiste en hacer más, sino en hacer lo esencial de manera impecable.
Y mientras exista una botella de buen ron, una lima recién cortada y una coctelera llena de hielo, el espíritu de aquel pequeño pueblo llamado Daiquirí seguirá viajando por el mundo, sirviéndose copa tras copa como un brindis eterno a la simplicidad bien entendida.
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