lunes, octubre 12, 2026

Paula Mattheus & Pol

 

Luis García Montero

 En la plaza

Aleixandre no quiso quedarse en la orilla, olvidar a García Lorca, el sufrimiento de la gente que soporta los enjambres de monedas furiosas.

Es hermoso, hermosamente humilde, vivificador y profundo, sentirse aquí bajo la lluvia o bajo el sol, entre los demás, mezclado, esperado, conducido, rumorosamente arrastrado. Uno siente que no es bueno quedarse en la orilla, como el molusco que ya se ha convertido en roca. Uno siente la dicha de fluir y adentrarse en el mar o en la Puerta del Sol, encontrándose en el movimiento de las olas o en el gran corazón de la ciudad, la vida que palpita, cuerpos que bajan las escaleras de sus casas para adentrarse valientemente en la multitud, sentir la esperanza, la resolución, la fe, y caminar por una gran plaza que conoce desde antiguo el olor de la existencia. Y pasa el viento como la mano amiga pasa por las cabezas, y las ilusiones de cada soledad se convierten en un latido común, y los sueños no se buscan en el espejo, sino en las miradas de las demás, porque allí están todos, los unos en los otros, buscándose. Entro en la multitud como el bañista que introduce sus pies en la espuma, y nota después el agua en su cintura, y vive el mar, confía, abre los brazos, canta y se siente joven al nadar, se siente él mismo al estar en la plaza. ¡Oh pequeño corazón que quiere latir y sentirse parte de la vida!

Vicente Aleixandre publicó en 1954 el libro Historia del corazón. En medio del franquismo condujo los sentimientos de su poesía surrealista hacia una voz común, solidaria, capaz de convertir el dolor propio y la rebeldía en una confianza compartida. Con el poema En la plaza, se alejó de los catedráticos del negocio para situar sus palabras entre la gente. Recordó las manifestaciones vividas en la Segunda República y sintió la necesidad de nadar hacia el futuro. No quiso quedarse en la orilla, olvidar a García Lorca, el sufrimiento de la gente que soporta los enjambres de monedas furiosas. Estos días, una vez más, yo he recordado el poema de Aleixandre en la acampada de la Puerta del Sol. Nota aquí.



Carlos Chaouen

 


Pedro Pastor

 

Ismael Serrano

 Ismael Serrano canta entre montañas

El cantautor protagoniza la edición de otoño del festival Sierra Sonora de Viniegra de Abajo con un recital de canciones y chascarrillos.

El festival Sierra Sonora de Viniegra de Abajo ha alcanzado este sábado su segundo hito con el concierto de Ismael Serrano, justo un año después de la actuación allí de Rozalén. En su edición de otoño, la última del año, tras la actuación de Juventude y Oslo Ovnies el viernes, y antes de los conciertos en la noche de Puño Dragón, Colectivo Panamera y Belén Natalí, Ismael Serrano ofreció ante unos 500 espectadores un recital en el jardín del alojamiento turístico Casa Montero, un precioso edificio indiano como casi todos los que hacen del pueblo del Urbión una preciosidad.

El cantautor quiso iniciar su repertorio sin presentación, con el tema 'Amores imposibles', pero a los pocos segundos desistió por problemas técnicos, así que se vio obligado, mientras se solucionaba el imprevisto, a improvisar unos tópicos como que este es «un festival entrañable» en «un entorno maravilloso…». También avanzó que el concierto sería «un repaso, que intentaré que sea equilibrado, de toda mi discografía, empezando por mis primeros trabajos, aunque sigo siendo jodidamente joven». Lo cierto es que el tiempo que empleó Ismael Serrano en hablar fue casi similar al que utilizó en cantar pero el músico estuvo -como se dice vulgarmente- sembrado. «El que venga por primera vez a un concierto de Ismael Serrano dirá «Joder, cómo habla» pero cuando el tiempo pasa y las canciones van adquiriendo matices conviene aclarar ciertas cosas. Pasados los 50, fundamentalmente, es para tomar un respiro», confesó.

El cantautor consiguió crear un silencio, una sensación de intimidad, de complicidad, de diálogo con el público muy difícil de alcanzar actualmente en un concierto con barra de bar. Quizá pudo influir el escenario, un agradable jardín con mullido césped que contribuía a la relajación, con montañas como telón de fondo, un cielo abierto azul marino como techo y con cencerros, ladridos y el murmullo de un arrollo como bases rítmicas de fondo. «Cuando compuse esta canción hacer un concierto a estas horas me hubiera parecido algo terrible y, curiosamente, ahora creo que es lo que procede», admitió pasadas las 14.00 horas.

A pesar de que los temas resultaron entrañables, casi fue mejor lo que dijo en los márgenes. «La gente sale de los conciertos de Ismael Serrano diciendo «Qué bien lo hemos pasado, cómo hemos llorado…» Juan Diego Botto me ha dicho que por fin he llegado a la edad que corresponde a la nostalgia de mis canciones», explicó. Todos estos preámbulos a veces se alargaban más que los propios temas, a pesar de ser consciente de que «algo que no se debe hacer es presentar las canciones».

Cabe señalar que, haciendo gala de su condición de autor de canción social, hizo mención a la crisis migratoria de Ceuta, el desahucio de Maricarmen y el genocidio de Gaza, todo muy aplaudido por el público. «Empecé Ciencias Físicas en la Complutense y, si fuera político, podría decir que terminé la carrera», bromeó. También fue crítico y acertado cuando justificó su versión de 'Inevitable' de Shakira porque «es de su primera época, antes de que la poseyera el rencor; uno compone desde el rencor pensando en que le va a llegar a la otra persona cuando la otra parte está a su bola».

Y aún hubo más momentos hilarantes: «Como dijo Woody Allen, si me propusieran vivir la vida otra vez elegiría vivirla al revés: empiezas cobrando una pensión, tienes achaques pero vas mejorando, el día que empiezas a trabajar te hacen una fiesta y te regalan un reloj y cuando conoces gente primero te decepcionan y después te crean ilusión. […] Y al final estás en un líquido como en un spa». Tras una hora y media de actuación que finalizó con la clásica 'Papa, cuéntame otra vez' hubo un reclamado bis en el que interpretó 'Fábula de los conejos', la canción más animada del repertorio, y 'Vine del norte'. Nota aquí.




El Kanka

 


EFFE

 

Alina Ruiz

 “Se estaban perdiendo”: desde una finca en las puertas de El Impenetrable, una chef hace lucir recetas ancestrales

La chaqueña Alina Ruiz ganó esta semana el premio más prestigioso de gastronomía nacional; su restaurante, ubicado en medio del monte nativo, recibe turistas de todo el país.

“Dimos prioridad a la sangre, fue un plato visceral”, dice orgullosa la chef Alina Ruiz, al referirse a la chanfaina, la preparación que eligió para competir -y ganar- el Prix Baron B Edition Cuisine, el premio más prestigioso de gastronomía de nuestro país, que se realizó el pasado 27 de agosto en el Art Faena Center de la Ciudad de Buenos Aires, con un jurado presidido por Mauro Colagreco, el único chef argentino que suma ocho estrellas Michelin. El plato también fue sometido al escrutinio de tres de las más notables figuras de la gastronomía nacional: Dolli Irigoyen, Gonzalo Aramburu y Gabriel Oggero. Entre todos, consagraron al que consideraron el mejor proyecto gastronómico.

“Se come lo que hay”, dice Ruiz, al referirse al menú de “Anna Restaurante”, ubicado en la Colonia 44, a seis kilómetros de Castelli, en las puertas de El Impenetrable, Chaco. “Una cosa es llegar a Resistencia, otra es acá”, dice. Es el único bosque seco subtropical del mundo, aún continúa siendo uno de los territorios menos explorados y su naturaleza espinal lo hace precisamente eso: impenetrable. Los pueblos originarios que vivieron (sus descendientes aún lo hacen) fueron los últimos en someterse al imperio español. “Este premio visibiliza esa parte de la provincia”, afirma Ruiz, quien hace foco en un país que pocos conocen o eligen no ver.

“Es intenso tu plato, como intenso es tu proyecto”, dijo Colagreco cuando describió, delante de Ruiz, el menú que ella había elegido para representar su gastronomía. Su menú tiene un fuerte anclaje en las recetas que conoció de niña y que aún continúan vigentes en el primitivo ecosistema del espinal chaqueño, al que pocas especies animales y vegetales se han podido adaptar. En el verano, la temperatura puede trepar arriba de los 50 grados y en invierno, ronda los 30. Apenas 600 mm de lluvia caen del cielo. El agua es un bien escaso.

Su plato fue y es una declaración de principios: lingote de cabrito, chanfaina y papel de nuestro ordeñe —un papel de leche de sus propias vacas—. “No es nada atractivo, es poco glamoroso y tiene un color raro”, dice Ruiz al referirse a la chanfaina. Se come en las carneadas de chivo que se hacen en lo profundo de El Impenetrable. Tiene un origen criollo y profundamente arraigado a la identidad de las poblaciones de estos parajes con tierra apergaminada y caminos arcillosos. El proceso es cultural e interviene toda la familia. “Es un plato hecho para seguir trabajando”, dice.

¿Cómo se hace la chanfaina? Cuando se mata al chivo, se le corta la cabeza, se le sacan las vísceras y se las pone a hervir en agua con sal. La sangre que brota inmediatamente después del sacrificio del animal es derramada en una batea y puesta en la sombra, también le agregan sal. Como en lo profundo de esta tierra no hay electricidad, la sal es el método de conservación más usual. Cabeza y vísceras son hervidas y, cuando ya están cocidas, a la primera la parten al medio y le separan la quijada, el seso y la lengua. “En algunos casos, los ojos también”, dice Alina. Todo es cortado en trozos muy pequeños y puesto a sofreír en una sartén en aceite y acompañado de cebolla. “La cebolla es el caballito de batalla de El Impenetrable”, comenta.

Cuando están cocidas las vísceras, se agrega la sangre en la sartén, minutos después, la preparación está lista. “Se come de parado, sin cubiertos, con un pedazo de pan”, dice ella.

Un restaurante en medio del monte nativo

“Mi objetivo principal es que la chanfaina no se deje de hacer”, sostiene la cocinera, que tiene su restaurante en el patio de la casa de sus abuelos, en la finca familiar. De las 50 hectáreas, 20 son de monte nativo. La Finca “Don Miguel” —así se llama— abastece a todo Castelli y alrededores. También es la fuente orgánica del menú de Ruiz. Su restaurante solo atiende 20 cubiertos por turno. Está rodeado de árboles frutales cítricos; son los que más soportan esta naturaleza salvaje.

Para llegar a tener el restaurante que hoy es el eje principal por donde gira el proyecto gastronómico ganador del Prix, su vida debió transitar muchos capítulos. También muchos obstáculos. A los 9 años, Alina cocinaba bajo la sagrada protección de su abuela Anna y vendía canelones de ricota para costearse su viaje de estudios. Ya de grande, se animó a soñar con montar un restaurante, pero no tenía oportunidades laborales y se fue a trabajar a Buenos Aires como empleada doméstica. Mes a mes, juntaba dinero para comprar vajillas, cubiertos, copas y todo lo que le hacía falta.

En 2009, tomó un micro de larga distancia y le dijo adiós a la gran ciudad. En su maleta llevaba todos los elementos para cumplir su sueño. Hizo 1200 kilómetros hasta llegar a su tierra caliente. Llegó a su casa y armó una mesa para diez personas. Cocinó su menú, le sacó fotos, las encarpetó y salió por su pueblo a ofrecer sus platos y comunicar que una vez por mes tomaría reservas. “Así fue como se formó Anna Restaurante, con una sola mesa”, recuerda Ruiz. “Y no estaba tan bien visto en el pueblo”, agrega. Las ideas que cambian realidades tienen algo en común: siempre generan un rechazo en sus orígenes.

La mala impresión duró poco; Alina y toda su familia son muy queridos en el monte. “Mi menú fue hecho siempre para clientes de mi pueblo”, sentencia Ruiz. La enorgullece esta señal local. Conoció a quien hoy es su pareja y partner en el proyecto, Pablo Olender y viajó por Latinoamérica, haciendo pasantías en Bogotá y Lima. En 2016, de vuelta a su pago, su padre, atento al esfuerzo que ella hizo, le dio un regalo: el salón donde hoy está su restaurante. Nota aquí.














Hilda Lizarazu

 


Ainda

 

Juanlu Mora

 


Alberto Ballesteros

 


Luiso García

 


domingo, octubre 11, 2026

Silvio Rodríguez

 

Ricardo Darín & Diego Peretti

 Ricardo Darín y Diego Peretti: “Aunque no lo parezca, la película defiende el psicoanálisis”

Los experimentados actores se cruzan en una historia de inevitable resonancia en un país altamente psicoanalizado, que va virando de la comedia al thriller.

Dos figuras centrales del cine argentino, como lo son Ricardo Darín y Diego Peretti aseguran que una película no salga malograda. Y si se le suma una tema que atraviesa la cultura nacional, el psicoanálisis, la apuesta se convierte en desafío. En Lo dejamos acá, la nueva película de Hernán Goldfrid que llega a Netflix el viernes 16 de octubre, ambos actores se enfrentan en un duelo psicológico que pone en cuestión el poder y los límites de la relación entre analista y paciente. Darín interpreta a Ulises Verón, un prestigioso psicoanalista que empieza a desconfiar de los métodos tradicionales y decide intervenir cada vez más en la vida de quienes lo consultan. Peretti es Martín Bouchard, un escritor exitoso que atraviesa un bloqueo creativo y cuya llegada al consultorio desata una trama de humor negro, tensiones y zonas oscuras.

Se trata de dos actores que conocen como pocos los pliegues de la condición humana. Y en Lo dejamos acá la dupla invita a pensar qué sucede cuando quien escucha el sufrimiento ajeno pierde sus propias certezas. En un país como la Argentina, donde el psicoanálisis excede el consultorio y forma parte de la discusión cotidiana, el film abre interrogantes sobre la salud mental, la ética profesional y la necesidad -o la ilusión- de encontrar respuestas para aquello que angustia a los seres humanos. Todo logrado con un viraje de la comedia al thriller.

Consultado acerca de aquello que le atrajo de este psicoanalista que empieza a desconfiar de las herramientas tradicionales de su profesión, Darín se explaya sobre lo que le resonó: “Lo primero que me atrajo es que noté que lo que dice que le pasa a él, lo escuché no solo en su persona, sino en muchas otras personas: cierto descreimiento, descontento con respecto a la ortodoxia en el tema de la terapia. Y, por supuesto, a partir de ahí empezó a crecer la idea de hacer algo que tuviera humor y que empujara un poco las líneas y los límites para ver hasta dónde llega y cómo hacer para superar la zona de lo aceptable y lo inaceptable”, señala. “Y, en realidad, me pareció divertido el planteo y sobre todo cuando se ve obligado a encontrarse con una situación extrema, como es la que propone la aparición del personaje de Diego”.

A su lado, Peretti explica aquello que lo sedujo de Martín Bouchard, un escritor exitoso, que tiene dinero, reconocimiento, pero que de pronto queda paralizado frente a la escritura: “El personaje está muy bien escrito, es muy colorido. Me gustaba mucho la dinámica que tiene la película de esta cuestión medio detectivesca donde el terapeuta pone el cuerpo, además de su intelectualidad. El cuerpo y esta cuestión me parece muy original, muy creativo. Y con respecto al personaje me atrajo mucho lo colorido, las diferentes facetas que tiene. Me parecía muy lindo para actuar, para interpretar, muy interesante”, plantea el actor que conoce de cerca el mundo de la terapia por ser médico psiquiatra.

-Ricardo, ¿dónde encontraste la humanidad de un personaje que al mismo tiempo que quiere ayudar empieza a cruzar límites profesionales y éticos bastante peligrosos?

Ricardo Darín: -Sí, la humanidad es un poco comparable a lo que pasa con muchas otras personas que están disconformes con determinadas estructuras, funcionamientos o normativas, y por buscar la forma de escapar de eso empiezan a cometer otros errores. La contradicción está en que tiene una moral, pero es una moral que hay que investigar. Pero lo que me pareció que es loable en el caso es que realmente hay un descontento con respecto a lo que es el resultado de lo que ve en la actualidad. Está disconforme con eso y reacciona. Se puede equivocar o no, pero reacciona. No solo yo, todos sabemos que hay muchas disconformidades, pero que se van naturalizando y se van quedando así estancas y no se hace nada por cambiarlo. Me parece loable en el caso de este tipo que, a pesar de sus equivocaciones, él intenta.

-Justamente la película juega permanentemente con la pregunta acerca de qué puede hacer un terapeuta por un paciente y dónde debería detenerse. ¿Les parece que hay una frontera clara entre acompañar a alguien y pretender modificarle la vida?

Diego Peretti: -Sí, sin duda. La terapia es un trabajo de subjetividad, de intelectualidad, de cognición. Ahora, cuando además del compromiso emocional, empezás a involucrarte trasladando problemas propios al paciente es ahí donde el límite se desdibuja, y la trama de la película un poco advierte sobre eso. Ya lo van a ver, pero empieza a resquebrajarse el camino terapéutico por esta forma. Y como dice el personaje de Ricardo, tener la salud mental en manos de alguien es una gran responsabilidad. Hay que estar con mucho cuidado si se cambia de técnica. Es algo como para tener mucho cuidado.

-Hay algo inquietante en que un paciente entregue parte de su intimidad y de sus decisiones a otra persona. ¿Cómo lo ven eso?

R. D.: -Es absolutamente inquietante. Y riesgoso, vertiginoso, porque ahí depende específicamente de con quién te vas cruzando en el camino. Te podés cruzar con gente de bien o de la otra. O te podés incluso cruzar con gente de bien que está equivocada. Es muy riesgoso, siempre lo fue y lo seguirá siendo. Lo que pasa es que hay una parte de todo este aspecto que es altamente fructífera: el hecho de poder poner fuera lo que nos pasa. Todas nuestras incertidumbres, nuestras zonas oscuras, nuestras preguntas, nuestras inquietudes. El solo hecho de poder verbalizarla frente a alguien en términos profesionales, todos sabemos que hace que, de alguna manera, uno tenga una mirada sobre eso, que no es exactamente la solución, pero es un camino posible. Lo que pasa es que cuando se toman otros caminos dependemos de con quién nos estamos cruzando. Esto es lo que plantea un poco, en términos de humor, la película. Plantea en manos de quién dejás tu salud mental.

-Diego, el bloqueo creativo aparece como un síntoma. ¿Lo pensaste como un problema específicamente artístico o como la manifestación de algo más profundo del personaje?

D. P.: -Es más profundo, sí, desde ya. Un bloqueo creativo de un escritor que hace tiempo que está en el métier y que está teniendo libros de éxito y, de repente, por una cuestión que ya verán en la trama, se bloquea. Y obviamente parte de algo más profundo. Por eso cae en terapia. El advierte que suceden cosas muy extraordinarias en la terapia que está llevando a cabo y eso hace que haya una sutil sospecha de que algo demasiado diferente está ocurriendo. Entonces comienza a haber una suspicacia muy grande con respecto a este terapeuta. Nota aquí.




Manuel Rivas

 


Divididos

 


María Guivernau

 LO INVISIBLE

Hay un rumor galopante
recorriendo las venas,
una sombra extendiéndose
bajo la dermis
como salpicadura de tinta
sobre fondo blanco,
el peso de mil silencios
tronando a bocajarro
en mitad del pecho descubierto,
unos ojos gobernados por el insomnio
con lagrimales hechos desierto.
Resuena el eco de tambores antiguos
mezclado con cantos de sirenas,
un poema hecho pedazos
y una balada triste de nostalgias.
El vagón de la montaña rusa
eleva el espíritu al azul cielo
y, sin aviso previo,
lo deja caer al oscuro averno.
Todo esto, invisible,
sucede tras la fachada,
bajo el disfraz de fortaleza,
escondido en la sonrisa dibujada,
oculto tras la energía un cuerpo
apagándose y encendiéndose
como la luz de un faro
que hasta entre niebla se distingue.



Benjamín Prado

 


Juan Carlos Baglietto & Silvina Garré

 


Rafa Mora

 MI SOMBRA

Mi sombra descansa,
a ratos,
en mañanas frías y luminosas.
Yo la observo de reojo.
La intuyo, ansiosa, con la mirada puesta en el horizonte.
Pero bien sabe ella que yo ando perdido entre las derivas del invierno.
Por eso, a ratos,
descansa y calla.
No quiere abandonarme.
Sabe que una vez fuimos una única luz.
Un único norte.
Por eso espera, paciente, a que mi brújula marque pronto un rumbo.
Me entristece.
Porque lo que mi sombra no sabe aún,
es que de tanto tiempo extraviado,
también yo, me convertí en sombra que descansa, a ratos, en mañanas frías y luminosas.



Eduardo Sacheri

 


Manuel García

 

Pablo Sciuto

 


Ismael Serrano

 


Monstriña

 


sábado, octubre 10, 2026

Piero & Pablo Milanés

 

Félix Maraña

 MARICARMEN

Júntense y no se desarmen,
no desistan en la lucha
contra los ricos con hucha,
no olviden a Maricarmen.
No dejen que les embarguen,
les roben la dignidad,
ni hieran su humanidad
los que se titulan dueños.
Que no les roben los sueños.
Pobres del mundo, luchad.
Dice la Constitución,
tal vez sea papel mojado,
que tu derecho a tejado,
casa y alimentación,
no son lujos, y no son
caprichos de mal criados.
Pero los desamparados
tienen por techo la luna,
mientras otros, con fortuna,
trafican en los mercados.
Y alcancemos una meta,
un mundo nuevo y mejor,
donde el precio sea el amor,
la moneda del planeta.
Remedando a Labordeta,
se halle, al levantar la vista,
otro camino, una pista,
sendero de libertad
que prescriba la igualdad
frente al credo imperialista.



Luis Carrillo

 


Litto Nebbia

 

Manuel Vilas

 Anne Carson en el abismo

Vale la pena recordárselo al mundo entero: la poesía existe y es necesaria.

Fiel a su capacidad de sorpresa inveterada, la Academia Sueca se ha ido a un lugar imprevisible, y ha ladeado una vez más al gran Murakami, y su veredicto se ha posado en la poesía. Vale la pena recordárselo al mundo entero: la poesía existe y es necesaria. Yo llevo leyendo a Anne Carson desde antes de que fuera Anne Carson, porque la poesía de esta ensayista, helenista y traductora canadiense posee una fuerza transformadora única, un estilo propio que decapita las fronteras entre la lírica, el ensayo y la narración. Carson se dio cuenta de que la poesía actual debía iniciar una expansión, una colonización de otros géneros literarios. De ahí también la modernidad arrebatada de sus libros.

Desde que irrumpió con el brillante estudio Eros, dulce y amargo en 1986, pasando por la heterogénea prosa poética de Agua corriente en 1995, Carson ha sabido tejer un puente insustituible entre la Antigüedad clásica y las grietas existenciales de la vida cotidiana contemporánea. En su arriesgada novela en verso Autobiografía de rojo, de 1998, donde reescribe el mito griego del monstruo alado Gerión a partir de los fragmentos de Estesícoro, inventa versos inolvidables sobre la belleza de la antigüedad clásica, que viene a nuestro presente para afirmar que el tiempo de la poesía es el tiempo infinito del universo.

En Hombres en sus horas libres, título perfecto, y en su consagratoria La belleza del marido: Un ensayo narrativo en 29 tangos, de 2001, nos dijo cosas como esta: “La belleza no es una ilusión. Es la única verdad que conocemos, el único absoluto que se nos permite tocar antes de desaparecer”, a mí estos versos me dieron la vida, me dieron la alegría. La poesía de Carson me recuerda, por su originalidad, a la filosofía de Baruch Spinoza. Ambos crean un panteísmo lleno de razón y de belleza sin conciencia, sin moral. La reivindicación de la poeta Safo nos recuerda que la poesía es extensión en el tiempo. Leer a Anne Carson es aceptar que la poesía no es un adorno estático ni un refugio nostálgico, sino una forma viva, rigurosa de pensar e interrogar la realidad. La pregunta es siempre la misma: ¿somos trascendentes? Spinoza decía que formamos parte de la gran substancia.

La invocación del mundo antiguo de Carson busca la integración del pasado en esa gran substancia de la poesía. Que el mundo vuelva hoy la mirada hacia esta poesía es la prueba de que la literatura de riesgo importa; más que de riesgo, yo la llamaría “la literatura de abismo”. ¿Qué año era? Recuerdo el viento del lago Michigan azotando con fuerza las puertas de cristal del Poetry Foundation Building, en el céntrico barrio de River North en Chicago. Era un día de abril del año 16, y hacía demasiado frío como para pensar en la primavera, pero así es Chicago. Carson abrió su libreta negra. No leyó. Más bien le declaró la guerra a Albert Einstein cuando dijo: “El dolor es un tipo de tiempo. No avanza, solo se acumula en las esquinas de una habitación”. Al término de su charla, tuve ocasión de cenar con ella y charlamos sobre una pasión compartida y desatada y atávica y desenfrenada: el amor a la música de Lou Reed.

La genialidad de Lou Reed también fue el abismo. Lou y Carson eran muy amigos y ella le había dedicado un poema para su setenta cumpleaños. La obra de la flamante Premio Nobel alcanzó su plenitud con la publicación de Nox, del 2010, una elegía en formato de libro-objeto, donde la poeta llora la muerte de su hermano Michael. Lou Reed hoy estaría feliz, porque con Anne Carson gana la poesía atrevida, la poesía antiacadémica, la poesía distinta a todas, la poesía del lado salvaje. Porque si no se expande sobre lo desconocido, la poesía solo son palabras muertas. Nota aquí.



Hilda Lizarazu

 


Rubén Juarez

 

Rodolfo Serrano

 Soñar

Alguna noche sueño, cuando sube la fiebre
y el insomnio golpea mis recuerdos, con tierras
que no están en los mapas, perdidos territorios,
países que existieron sólo en libros no escritos.
Hay llanuras inmensas que he vivido en un tiempo,
cuando el mundo era el viaje y la vida era un vuelo
de bandada de pájaros y el instante era el todo
y era el todo tu nombre como luna de agosto.
Y selvas esmeraldas y dorados desiertos
y montañas purísimas y torrentes inmensos
—que arrastraban mi alma entre espuma de nieve—
y mares océanos con islas del tesoro.
Sueño, entonces, con viejas ciudades, extrañas,
y plazas que aún se abren a un espacio infinito,
donde viejos amores regresan luminosos
como bellos arcángeles que nos quitan los miedos.
Esos mundos que nunca he vivido y que nunca
viviré, pero siempre van a estar en mi alma,
y serán paraíso donde habiten los sueños.
Esos sueños que ahora son mis noches oscuras.
Foto de Raul Cancio.



Gioconda Belli

 


Querido

 

Silvio Rodríguez

 Una noche mágica en la Taberna Garibaldi con Silvio Rodríguez y muchos compañeros.







Las Pelotas & Cruzando el Charco


 

Glen Hansard

 

Templo Blog 20 años

 Hoy hace 20 años publicaba el primer articulo del blog.

Nota aquí.