viernes, octubre 30, 2026

Joaquín Lera

 69 ÁNGELES DIRÍA MI MADRE

Salió por la mañana y ya no está.
Iba camino de Sevilla a trabajar.
Fue aquel peaje; su último viaje.
No pudo predecir lo que iba a pasar.
En la estación de Atocha cogió aquel tren,
pensando que todo… iría bien.
Planchó su único traje, lo metió en el equipaje,
pero nunca más, se lo pudo poner.
Sesenta y nueve ángeles,
diría mi madre…
Un 28 de octubre,
volaron por los aires.
Salió de madrugada pero ya no está.
Solo queda un mensaje en su WhatsApp:
“Corazón mío; te quiero… eres mi cielo.
Tengo ganas de verte y volverte a besar”.
Pero todos sabemos lo que vino después.
En solo unos segundos se fue.
No cogió las llamadas, jamás hubo reencuentro.
Tan solo desconsuelo y un por qué.
Sesenta y nueve ángeles,
diría mi madre.
Un 28 de octubre…
se quedaron sin aire.
Salió por la mañana y ya no está.
No verá… La Giralda, no la podrá abrazar.
Se quedó sin aliento tirado en el andén…
Ojalá fuera un bulo… pero es verdad.
Toda España de luto, no para de llorar,
se ha llenado de velas su portal.
Y el de los que se han ido para no volver.
Salió por la mañana y ya no está.
Sesenta y nueve ángeles,
diría mi madre.
Un 28 de octubre…
lloraron sangre.

(Mis condolencias a todos los familiares y amigos de las víctimas de esta terrible tragedia ferroviaria).



Colectivo Panamera

 


La Beriso

 

Dámaso Alonso

 Los paseos de Dámaso Alonso

El poeta, filólogo y académico de la RAE disfrutó de largas caminatas y de una vida de recogimiento, lejos de los fastos y la pompa de la fama artística.

“Yo no tengo nada importante que contar; llevo una vida muy apartada”, me decía Dámaso Alonso, poeta, filólogo, director de la Real Academia. “Todas las mañanas, desde hace cinco años, doy un paseo. Me voy hasta la plaza de Castilla, bajo por la Castellana, rodeo el estadio de fútbol y vuelvo a casa por detrás. Este paseo ayuda mucho a la manera de ser de mi cuerpo. Pedro Sainz me quiso regalar un bastón, pero no lo necesitaba todavía. Pedro Sainz Rodríguez, ése sí que ha pasado de todo”, decía Dámaso Alonso, no sin un leve matiz de envidia.

El gusto de caminar le venía de lejos. Dámaso Alonso recordaba que Unamuno fue el presidente del tribunal de oposiciones cuando ganó la cátedra. Después de terminar cada ejercicio le decía: “Qué, Dámaso, ¿damos un paseo?“. Y le sometía a unas caminatas terribles. Le arrinconaba contra una pared y le hablaba en francés. Este joven opositor soñaba con ganar la cátedra solo para perder de vista a Unamuno.

En tiempos de estudiante, Dámaso Alonso vivía en la calle de Rodríguez San Pedro, en la misma casa que Gabriel Miró. Y estas eran las cosas que me contaba.

“De joven le veía entrar y salir, pero no lo traté hasta después. Él vivía en el segundo piso, yo en el sexto. Un día iba yo en un tranvía totalmente vacío por la calle de la Princesa leyendo un libro suyo. Era uno de aquellos tranvías que tenían dos asientos corridos bajo las ventanillas, uno frente al otro. Sucedió que en un momento dado subió Gabriel Miró en persona y se sentó delante de mí. Yo llevaba su libro en la mano, íbamos solos, los dos callados y él me miraba obsesivamente. Así todo el trayecto. Era una situación angustiosa, yo estaba muy preocupado. Como es lógico, nos apeamos en la misma parada y nuestro camino también era el mismo hasta llegar a casa. Él caminaba delante, yo iba detrás y observaba que a veces volvía con disimulo la cara para comprobar si yo aún le seguía. Llegó a su piso y yo subí al mío. Tiempo después, cuando ya éramos amigos, me dijo que aquel día había esperado detrás de la puerta un buen rato pensando que yo iba a llamar. Durante algún tiempo creyó que aquella escena tan surrealista había sido una aparición. Gabriel Miró era muy cordial, ameno, amistoso, simpático. Un día nosotros supimos que lo iban a elegir para la Real Academia. Rafael Alberti estaba en mi casa y yo le propuse que bajáramos a felicitar a don Gabriel por su inminente nombramiento. Lo encontramos muy alegre. Recuerdo que se puso a bailar de puntillas una jota chasqueando los dedos en el aire. Luego no entró. Resulta que una orden religiosa, bueno, sí, sí, creo que fueron los jesuitas, se opuso a su ingreso en la Academia, alegando que había tratado mal las figuras de la Pasión en una novela”.

Dámaso Alonso confiesa que no hizo amistad con ningún escritor famoso de aquel tiempo porque llevaba una vida muy apartada, además tenía cierta prevención. Al que más trató fue a Juan Ramón Jiménez. Le tuvo gran admiración, pero luego sucedieron ciertas cosas.

“Aquel era un hombre muy raro. Juan Ramón primero te recibía bastante bien. A los poetas jóvenes los acogía con simpatía, pero cuando uno destacaba un poco y empezaba a tomar fama, enseguida lo apartaba de su amistad. Era muy mordaz. Por ejemplo, decía que al ir a sentarse un día en casa de Antonio Machado se encontró con que había un huevo frito en la silla. O una tarde que iba por la calle de Alcalá entre un gentío enorme, y de pronto vio a lo lejos, sobre las cabezas de la multitud, una chistera gris, muy alta, elegantísima, y pensó: ‘Ese es Eugenio d’Ors’. Y, en efecto, era D’Ors. O cuando descubrió una vez a Ricardo León escribiendo en una alcoba bajo un gran tubo de chubesqui, en una mesa con tapete verde, frente a una copa de anís del Mono y con los calzoncillos largos atados en los tobillos. Él solía escribir esos insultos en unas hojas que mandaba imprimir y luego enviaba por correo a los amigos e interesados. Es curioso que nunca se habla de aquellas octavillas mordaces de Juan Ramón Jiménez, pero debe de haber gente que las conozca. A mí Juan Ramón me tomó una inquina terrible porque al publicar Gerardo Diego, en su antología, un soneto mío que llevaba como lema un verso de Juan Ramón, este lema fue suprimido en la segunda edición por falta de espacio. Jorge Guillén le pidió una vez su colaboración para la revista Cuatro Vientos con la promesa de que su firma iría la primera. Luego sucedió que el número salió encabezado por un artículo de Unamuno. Juan Ramón mandó a Guillén un telegrama con estas palabras: ‘Retiradas mi colaboración y amistad stop’. En fin, no niego la importancia de Juan Ramón Jiménez. Tiene poemas muy buenos y también los tiene detestables, pero su orgullo literario estaba fuera de toda medida”. Nota aquí.



Lito Nebbia

 


Miguel Campello

 

Soledad Pastorutti

 “Siempre me pedí mucho, rara vez me reconocí el esfuerzo”

La artista enfrenta un punto de inflexión con un disco en el que, tras 30 años de cantar las historias de otros, se anima a cantar la propia: “Nunca había apostado ciento por ciento a ser autora de mis canciones, tal vez porque siempre puse la vara muy alta.”

Siempre prevalece algo de fogón, de tertulia amistosa y charla desprendida cada vez que Soledad se dispone a comenzar una entrevista. Acaba de sacar un disco, pero antes de empezar “el reportaje”, como cumpliendo el ritual del acercamiento, más por una superior costumbre pueblerina que por querer “palpar de armas” a su interlocutor, prefiere hablar del punto justo del asado, las proporciones adecuadas para armar un fernet, del grupo de Whatsapp de las mamis del cole de sus hijas o incluso preguntar por el paradero del sol de Buenos Aires, que hace semanas que no se ve.

Hace 30 años que la cantante transita por los escenarios del país. Hace tiempo que, con el favor de un público incondicional, superó las tormentas de malentendidos que suele traer el éxito repentino. Hace tiempo también que, sin dejar de ser Soledad, domesticó aquella forma de irreverencia adolescente con la que, acaso sin saberlo, modificó el ADN de esa mole sacra que se supone es “el folklore”.

Baqueana en esas cuestiones de domar la popularidad –aunque durante la nota repetirá varias veces que esas cosas nunca se terminan de entender del todo–, Soledad comenzó el año 30 de su carrera artística homenajeada por sus pares en el Festival de Cosquín, en enero, y cantando sus cosas con su banda en el Lollapalooza. Siguió en su canal de YouTube con el estreno de producciones interesantes, como la serie documental 30 Pueblos y el ciclo íntimo Casa Sole, mientras fue tramando el inminente festival República del Folklore, que entre el 21 y el 22 de noviembre reunirá en los predios del Parque de la Ciudad a muchas y muy variadas expresiones de la música nacional.

En medio de todo eso terminaba un nuevo disco, con el que supera los veinte editados. Vale la Pena, se llama la novedad que salió por Sony y desde hace algunos días navega por las plataformas. Es un trabajo en el que la cantante se expone también como autora, tras trabajar codo a codo con el productor y arquitecto de las canciones, Afo Verde, que es además Chairman y CEO de Sony Music Latin-Iberia.

Entre bolero, vals, candombe, zamba, chacarera, cumbia, balada y algún aire cercano al tango, son diez las canciones con las que Soledad traduce sus experiencias de vida, dibuja escenas costumbristas, se queja, desafía y se exalta, le rinde tributo a su padre y valora, después de todo, el incontrastable poder de los vínculos. En este sentido, Vale la pena marca un punto de inflexión para la cantante santafecina: después de una vida entera cantando las historias de otros, por fin se anima a cantar la propia. “Estoy feliz con este disco, me gusta cómo salió, qué querés que te diga...”, arranca Soledad, que después de un sorbo de agua despliega su sonrisa en Panavisión.

“Yo soy de escribir, me gusta hacerlo y creo que me doy maña. A lo largo de los años tuve oportunidad de juntarme con grandes autores cada vez que tenía que agregar temas al repertorio, pero nunca había apostado al ciento por ciento a ser autora de mis propias canciones”, asegura Soledad. “No sé si antes no lo hice porque no lo necesité o tal vez fue porque siempre puse la vara muy alta. Y cuando sentía que no estaba a la altura prefería bajarme. Pero en esta oportunidad, saber que contaba con Afo me animó. Nos conocemos tanto, nos tenemos tanto respeto y entre nosotros hay tanta confianza que me sentí totalmente cómoda”, continua Soledad y agrega: “De todas maneras siento que la apuesta de este disco pasa más por las letras que por lo musical; es un álbum muy humano, de valores, y siento que a nivel poético me hizo dar un salto grande. Sé que en estas canciones digo las cosas que siempre quise decir, desde el tema que le da nombre al álbum en adelante”.

“Vale la pena haberme arrugado un poco/ Vale la pena amarse como uno es/ Vale la pena a veces arriesgar todo/ Soy una experta tocando fondo/ Pero esta vez no lo pienso hacer”, comienza el corte principal, con el acordeón que mece un valseado con perfumes de aquel folk/pop onda Julieta Venegas. “¿Valió la pena todo lo recorrido? Seguramente sí, incluso aquellos momentos de bruma en los que uno pierde el norte, toca fondo, como dice el tema. Cuando me viene el bajón, es cuando siento el peso de la autoexigencia; a lo largo de los años, he sido mi propia jueza, la más implacable conmigo misma. Siempre me pedí siempre mucho y rara vez me reconocí el esfuerzo. Imaginaba que pasando los cuarenta el camino se despejaba un poco en este sentido y ya ves... Acá seguimos. Pero lo que no se apaga es la niña que fui. Sigue ahí, intacta, empujándome a alimentar todas mis locuras”. Nota aquí.



Frank Delgado

 


Monstriña

 


jueves, octubre 29, 2026

Carlos Ares

 

Enrique Vila-Matas

 Enrique Vila-Matas, Premio Nacional de las Letras Españolas 2026: “La literatura está siempre allí para divertirse”

El Ministerio de Cultura concede el galardón al escritor catalán, columnista de EL PAÍS, por su “ficción posmoderna” y su “proyecto metaliterario apoyado en la cita, el mestizaje y el juego ensayístico”

Enrique Vila-Matas ha sido galardonado con el Premio Nacional de las Letras Españolas, que otorga el Ministerio de Cultura. El jurado ha elegido al autor, columnista de EL PAÍS, por “su influencia decisiva en la narrativa contemporánea, su aportación a la tradición borgiana en lengua española, así como por una originalidad formal y fidelidad al espíritu metaficcional de Cervantes desde una dilatada y ejemplar trayectoria”. Fundado en 1984, este premio ha recaído a lo largo de su historia en nombres como Juan Goytisolo, Rosa Montero, Miguel Delibes, Bernardo Atxaga, Francisca Aguirre, Rafael Sánchez Ferlosio, Ana María Matute o Francisco Umbral. El premio, que se da a la labor literaria de una vida, tiene una dotación de 50.000 euros.

Vila-Matas es dueño de un universo propio caracterizado por el gusto por el juego, el humor, lo metaliterario y la exploración de los entresijos de la creación libresca. Unos textos en los que se mezclan los géneros, y la novela parece ensayo, el ensayo novela, la ficción realidad y la realidad una cosa muy rara, plagada de escritores con características muy particulares. La literatura y la vida se confunden y ambas conducen al absurdo.

Tras el anuncio del premio, el escritor ha recibido a los medios de comunicación en el mismo lugar donde ha sabido la noticia, la librería barcelonesa +Bernat. Se trata de un sitio muy frecuentado por el escritor, que incluso llegó a convertir en personaje a su fundadora, Montse Serrano, en la novela Aire de Dylan (2012). Desde allí, Vila-Matas ha confesado que considera “muy acertado” lo que ha dicho el jurado sobre su trayectoria literaria, con algún matiz: “Existe la manía de decir que lo que hago es metaliteratura, pero no existe; lo que yo hago es una reflexión sobre la escritura y la literatura, como ya hacía Cervantes”. El escritor considera que estas etiquetas, como la de autoficción o la de no ficción, se ponen por motivos comerciales, “pero únicamente existe la ficción”, afirma, “los hechos reales se deforman sin querer cuando los escribimos”.

Sin perder su reconocible espíritu lúdico, el escritor ha agradecido el premio, y ha explicado que ha recibido la llamada en compañía del también escritor Alejandro Basteiro, con quien tenía prevista una reunión: “El premio no solo ha marcado mi día, también la vida de Basteiro, que ahora está convencido de que lleva el azar consigo”.

Según el acta del jurado, Vila-Matas “encarna de manera magistral los principios medulares de la ficción posmoderna a través de un estilo particular donde las fronteras entre realidad y fabulación se difuminan y entremezclan con absoluta fluidez, construyendo un universo literario que dialoga con la tradición mientras la reinventa. Al convertir la duda en método y la lectura en aventura, reivindica la creación literaria como un arte de la inteligencia y del placer”.

Buena prueba de ello es Historia abreviada de la literatura portátil (1985) protagonizada por la “conspiración shandy” (por el Tristram Shandy, de Laurence Sterne), una sociedad secreta fundada en torno a dos principios: primero, que la obra de uno sea portátil y trasladable en un maletín, y, segundo, “funcionar como una perfecta máquina soltera”, es decir, ser autónomo y autosuficiente. Formaron parte de la conjura shandy, según la imaginación del barcelonés, Duchamp, Scott Fitzgerald, Walter Benjamin, César Vallejo, García Lorca o Georgia O’Keefe.

Siguiendo esa línea, en Bartleby y compañía (2000) Vila-Matas habla de esos escritores que un día dejan de escribir, como Juan Rulfo, Arthur Rimbaud o J.D. Salinger y que toma el título de Bartleby, el famoso escribiente del cuento de Herman Melville cuya frase emblemática era: “Preferiría no hacerlo” (y que tanto se lee ahora en camisetas y tote bags, aunque la gente, en general, prefiera sí hacerlo).

El jurado ha manifestado que “su cuestionamiento de la autoridad narrativa, sumado a una agudeza y un humor que raya en el laconismo y la ironía, lo sitúan como uno de nuestros escritores más subversivos. Su obra sustenta un proyecto creativo y arriesgado en el marco de las letras hispánicas, que, a través de un viaje metaliterario apoyado en la cita, el mestizaje y el juego ensayístico, investiga a fondo el género de la novela, la autoría, la identidad personal y el porvenir de la escritura”. Nota aquí.



Fito Páez

 


Benjamín Prado

 

Joaquín Lera

 NO ME DES LA ESPALDA

Si me arrodillo ante ti,
no me des la espalda.
Me podría derretir,
como un iceberg en Groenlandia.
Si me dieras a elegir,
entre todas las cartas.
Elegiría el comodín
que me ofrece tu mirada.
Dame un pequeño empujón,
tírate conmigo al agua.
Late fuerte corazón,
dispara al mío tus balas.
Tengo ganas de volver
al rompeolas de tu alma.
Tatúate esto en la piel
Nunca te defraudaré,
con historias macabras.
Historias canallas…
que no aportan nada.
Si me arrodillo ante ti,
no me des la espalda.
Me podría consumir
como el hielo de un cubata.
Si me dieras a elegir,
rompería la baraja…
Y lucharía por ti,
con mimo, con calma.
Dame un pequeño empujón,
tírate conmigo al agua.
Late fuerte corazón
dispara al mío tus balas.
Tengo ganas de volver,
al rompeolas de tu alma.
Tatúate esto en la piel
nunca te defraudaré,
con historias macabras.
Historias canallas…
que no aportan nada.
Si me arrodillo ante ti,
no me des la espalda.



María del Mar Bonet

 


Luis Alberto Spinetta

 

Pancho Varona

 "En las giras que hacía con Joaquín Sabina, me jactaba de que yo era la persona sobre el escenario que más admiraba a Joan Manuel Serrat" 

El músico madrileño, mano derecha de Sabina durante cuatro décadas, anuncia un disco en solitario. 

Este 15 de noviembre se cumplirán cuatro años del abrupto despido que sufrió Pancho Varona. Joaquín Sabina, de quien había sido su mano derecha musical durante cuatro décadas, le dijo adiós con un frío correo electrónico que terminó con un vínculo que se adivinaba indestructible y que había propiciado canciones eternas. 

A sus 69 años, el guitarrista y productor madrileño se prepara para lanzar un disco en solitario del que ya ha regalado varios avances, como 'Sospechas', 'Ni fu ni fa' y 'Como Miguel Bosé'. 

Pese a que han transcurrido cuatro años de este drástico cambio de vida, Pancho Varona recuerda para HERALDO cómo vivió aquellos momentos tan sorprendentes. "Duele y extraña. No pensaba que esto me pudiera suceder, y mucho menos de esa manera, habiendo teléfonos para llamar y habiendo ido yo a casa de Joaquín para vernos", explica. 

Y prosigue con la argumentación: "No entiendo que esto pase en una relación como la nuestra, de 40 años, en la que hemos sido más que hermanos: socios, amigos, compañeros, jefe y subordinado. Hemos sido todo y todo lo hemos hecho muy bien. No entiendo cómo ha terminado así. No alcanzo a comprender por qué no se me dio una razón de peso que haga que acabe tanto lo profesional como lo personal. Es más la perplejidad que el dolor".

Curiosamente, el pasado 30 de noviembre de 2025 Joaquín Sabina ofreció su último concierto y se despidió de los grandes escenarios, siguiendo los pasos de Joan Manuel Serrat en diciembre de 2022. 

Varona confiesa su profunda admiración por el barcelonés: "Me dolió su marcha porque es un imprescindible. No hay carrera mejor aprovechada en el mundo que la de Serrat. Fue una decisión muy sensata. Serrat me provoca mucho respeto y mucha admiración". 

Así concluye su declaración de amor musical por el autor de 'Mediterráneo': "Yo me jactaba en las giras que hacía con Joaquín de que era la persona sobre el escenario que más admiraba a Joan Manuel Serrat. Serrat llegó a mi vida cuando yo tenía 8 o 9 años. Lo asocio a mi madre, cuando cantaba conmigo ‘Cantares’ cuando era un niño. Serrat ha estado en mi vida casi desde que nací hasta el mes pasado. ¡Cómo no le voy a querer!". Nota aquí.



Fernando del Val

 


Paula Mattheus

 

Yoani Sánchez

 Los jirones de una nación

Una bandera cubana, hecha jirones, ondea en el Capitolio de La Habana. La enseña nacional parece haber perdido la batalla contra el viento y el abandono. Sus franjas azules y blancas están desgarradas y el color rojo del triángulo ha perdido fuerza. Está tan rota como el país que representa, una Isla con unos diplomáticos que promueven por el mundo las mismas mordazas que nos han impuesto aquí dentro.

El martes, mientras esta tela desgarrada batía cerca de las columnas y la cúpula del imponente edificio habanero, en Nueva York ocurría otra escena que dejaba al descubierto el deterioro de nuestra vida pública. La delegación oficial cubana, encabezada por el canciller Bruno Rodríguez, protagonizó un acto de repudio contra el embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas. Gritos, golpes sobre la mesa y hasta un intento de apagar el micrófono de Mike Waltz conformaron el bochornoso espectáculo.

El método nos resulta dolorosamente familiar. Ante una opinión incómoda, el régimen cubano ha optado sistemáticamente por elevar la voz, levantar el puño y empujar a los calabozos. Cuando alguien trata de argumentar su discrepancia, le llueven los insultos soeces. Esa actitud ha dado forma también a una diplomacia del matonismo, a una escuela de relaciones internacionales donde el agravio pretende sustituir a la razón y el manotazo se enseña como una respuesta legítima al desacuerdo.

Durante años, el castrismo ha exhibido en el extranjero sus peores prácticas políticas. La descalificación del adversario, el desprecio por la diversidad ideológica y la necesidad de convertir cualquier intercambio en una demostración de fuerza forman parte de ese nefasto equipaje. Lo ocurrido en Nueva York no fue una anomalía: fue el calco de un comportamiento doméstico en un escenario internacional.

Aunque es difícil no sentir vergüenza ajena al ver el comportamiento de estos funcionarios, vale la pena recordar que quienes protagonizan esas escenas no representan a todos los cubanos. Ellos no hablan por quienes soportamos apagones interminables, por las madres que despiden a sus hijos en los aeropuertos ni por los presos políticos que llevan años reclamando su libertad. Ese piquete vociferante y maleducado no es el rostro de este país por más que lo repitan. 

Lamentablemente, ante las cámaras y los organismos internacionales, sus gestos terminan asociados a nuestra nacionalidad. Con lo cual se consuma otra forma de despojo, tras haberse apropiado ya de los símbolos comunes y utilizarlos en nombre de un partido, de una ideología y de un clan familiar que se considera dueño a perpetuidad de este país.

La bandera del Capitolio pertenece también al cubano que protestó en las calles el 11 de julio de 2021, al que emigró en busca de libertades cívicas y personales, al que guarda silencio por miedo y al que todavía cree posible una apertura democrática en esta tierra. Ningún diplomático tiene más derecho sobre ella que un disidente que proyecta una Isla sin censura. Ningún funcionario puede reclamar el monopolio de esa estrella solitaria mientras amenaza al que no está de acuerdo con su doctrina.

Quizás en los próximos días sustituyen la bandera desgarrada que ondea en el Capitolio. Bastará una escalera y unos minutos para colocar una nueva en el mástil. Pero reparar la patria será bastante más difícil. Reconstruir nuestra nación exigirá abandonar la violencia como lenguaje político, aceptar la pluralidad y comprender que la dignidad nacional no se defiende desde una diplomacia del ultraje. Mientras ese proceso de aceptación de las diferencias no empiece, seguiremos siendo una nación rota, hecha pedazos.



Diego Ojeda

 


Eneko

 


miércoles, octubre 28, 2026

Pez Mago & Andrés Suarez

 

Luis Quintana

 


Miguel Ángel Yusta

 AQUEL DOLOR, AQUELLAS AUSENCIAS

Pasaban los minutos, se deshacía el tiempo.
En las salas, las mantas arrugadas
con olor a pobreza
guardaban el sudor de los vencidos.
Puerto de llegada, escala final
de jóvenes desmantelados
por terribles tormentas de ira y fuego,
vendavales del odio y la mentira.
Las ventanas abiertas
dejaban penetrar fríos cuchillos.
Había que vencer al miedo y a la muerte,
a la tuberculosis y a la decepción.
Las mujeres encendían la lumbre
soñando amaneceres donde no hiciera frío,
(ese hielo que calaba los cuerpos y atravesaba el alma)
Y salían con su bolsa de la compra
por donde asomaban las desilusiones.
Años de la liberación y la victoria
sólo para los hijos de un dios acomodado.
Los adolescentes desgranaban
su tiempo más precioso
jugando con pelotas y muñecas de trapo
que fueron algún día vestidos de domingo.
Muchos se marcharían en mañanas de niebla
por caminos confusos de mil remordimientos.
Pasaron los minutos y los años
(ay, cuántos días y cuán largos se hicieron )
hasta poder contar los hijos y las canas
y perder ese miedo a ser por fin más libres.
Hoy, desde la distancia,
recordamos el frío de posguerra,
mientras juegan los hijos de los hijos
con perros que no ladran
heridos por el hambre.
"Ayer fue sombra". 2009.
Primer Premio del VI Concurso de Poesía de la Delegación del Gobierno de Aragón.
(Cubierta de la segunda edición).





Sole Giménez

 

Diego Frenkel

 


Alba Muñoz

 


El Duende Callejero & Alejandro Astola

 

Diego Ojeda

 


Félix Maraña

 UN CABALLO Y UN POLLINO

Un caballero español,
camina con su ayudante,
sin reposar un instante,
en trechos de sol a sol.
Ya de noche, ante un farol,
que anunciaba una posada,
coronaron la jornada.
Cenan duelos y quebrantos
y encomiendan a los santos
una buena madrugada.
Rocinante –rucio de antes–
subió de categoría
porque don Miguel quería
darle nobleza, importantes
distinciones, pues Cervantes
sabía que su Señor
es caballero de honor
y de casta mejorada.
Rucio era rucio, sin nada
más que rucio por color.
Pero Rucio y Rocinante
hicieron buena coyunda,
hermandad que poco abunda,
pues el caballero andante,
de porte fino y semblante
digno de abolengo noble
hizo recia como un roble
su unión a caballería
que le hiciera compañía
siempre por partida doble.
Después de andar a destajo,
por caminos sin sendero,
siempre Sancho de primero,
se tomaron un relajo.
Almorzaron sopas de ajo,
sobre un vino peleón,
de las tierras de Aragón,
aunque estaban en La Mancha.
Se tomaron la revancha
tras un hambre del copón.
Estómago satisfecho
y jornada ya vencida,
reanudaron la partida
muy contentos de lo hecho.
En la intemperie y sin techo,
hombres y caballería
encaran un nuevo día
a mando del novelista,
avistando allá a la vista
gigante que no existía.
Y Sancho apenas se fía
pues ve que el señor Quijote
quiere forzar el galope,
como quien lleva a porfía
buscar la geografía
donde su amada le espera.
Y el Caballero quisiera,
encontrar a Dulcinea,
que es obsesión y tarea
que por momento le altera.



El Plan de la Mariposa

 


El Arrebato & Miguel Poveda

 

Rodolfo Serrano

 Pasó la muerte por mi casa

Ha pasado la muerte por mi casa.
Se detuvo un instante. Llamó fiera
en la aldaba invisible de mi puerta.
Mi alma se cerró a su golpe seco.
De aquellos días negros queda el miedo,
relámpago furioso, carne yerta,
esa resurrección de sangre viva,
el recuerdo, imborrable sufrimiento.
Mas la muerte no entró por las alcobas,
no encontró los pasillos y no pudo
derribar estos muros que la vida
levantó ante mi carne malherida.
Hoy miro este día gris que me parece
el más bello de todo el calendario,
los árboles amados, estas nubes
que pronto traerán lluvias y frío.
La muerte se paró frente a mi casa.
Me ha rozado un momento las mejillas.
Se ha marchado, después. Ahora la vida
me lleva de su mano hacia la luz.
Foto de Raul Cancio.



Poncho K


 

72 Kilos

 


martes, octubre 27, 2026

Rafa Mora & Moncho Otero

 


Álvaro Olmos

 

Ramón Serrano

 CAMPANADAS AL ALBA

Lo que no tengo es agua de mar
el Mediterráneo me queda a trasmano
la noche es negra
como los gatos que corren por su asfalto
son como sombras de fantasmas
como antiguos dioses erráticos
por una madrugada impertinente
repleta de lejanos toques de campanas
ding dang ding dang
murmuran las ranas
ding dang ding dang
es la noche serena la que calla.



Jorge Drexler