En San Telmo, reabrió un bar de 126 años con la huella de Borges y Sábato: tortilla, revuelto Gramajo y hasta bodega de jamones
"El Dorrego" regresó luego de cinco años con una puesta en valor que traslada a la Buenos Aires de antes.
Hay opciones para comer a toda hora del día: desde café con medialunas hasta picadas, pastas y carnes.
Después de casi cinco años con las persianas bajas, el bar Plaza Dorrego volvió a abrir sus puertas en San Telmo. La esquina de Defensa y Humberto Primo recuperó su vida a principios de marzo, y con ella regresó uno de los bares notables más antiguos del barrio. Un lugar que existe desde 1920 y que, según dicen los vecinos, hacía falta.
El regreso no fue sencillo. Dos de esos cinco años se los llevó una obra de refacción que lo devolvió a pie. El grupo que hoy tiene el mando del bar lo recibió y lo reconstruyó con criterio: mozos de moño y chaleco, pingüino para el vino, y una carta que acompaña toda la jornada. El punto fuerte son las picadas, con charcutería propia que elaboran de manera artesanal.
Las ventana con vista a la plaza Dorrego y sus puestos artesanales seduce. Sentarse ahí, pedir un vermut y escuchar el tango que suena en los parlantes de manera continua es entender algo del espíritu porteño. De lo que fue y de lo que, por suerte, volvió a ser.
El edificio que hoy ocupa el bar data de alrededor de 1880. Está en el corazón de San Telmo, frente a lo que los porteños conocen como la Plaza Coronel Manuel Dorrego. En su planta baja funcionó originalmente un almacén de ramos generales con despacho de bebidas.
Con los años cambió de nombre. Fue Bar almacén El Imperial, luego Bar San Pedro Telmo, hasta que en 1989 adoptó el que lleva hoy. Su fachada original está protegida por declaración patrimonial. En la planta alta tiene su taller Juan Carlos Pallarols, orfebre de renombre internacional, autor de bastones de mando presidenciales y cálices papales.
El bar también acumula historia cultural. En alguna de sus mesas, Borges y Sábato mantuvieron uno de los encuentros más recordados de la cultura argentina, dos escritores que protagonizaron una de las confrontaciones más comentadas del país y que estuvieron alejados durante décadas antes de darse otra oportunidad.
Devolverle la vida no fue sencillo. Pablo Durán, que ya había recuperado bares como El Federal e Hipopótamo, sabía que este era diferente. "Por la complejidad del lugar, estaba muy abandonado", cuenta. Sin cocina, "los bares de antes no usaban cocinas" y con el mobiliario en estado crítico, cargaron todo en un camión y lo restauraron pieza por pieza en un galpón. Dos años de trabajo.
La reapertura estuvo a la altura del esfuerzo. Se cortó la calle para un concierto de la Orquesta Juvenil de San Telmo con 70 músicos. Pallarols entregó una de sus rosas de la paz, hechas con balas y municiones, bendecida por el cura de San Pedro Telmo. Y convocaron a Guido Sábato (nieto de Ernesto) y María Victoria Kodama (sobrina de María), que leyeron fragmentos ante el público. "Las diferencias también pueden nutrir", dijo Guido.
Ariel, el encargado, lo resume mejor que nadie: "Los vecinos cuando entran quedan maravillados. Buscan en las paredes el mensaje que dejaron". Piso de damero, techos altos, mesas y sillas de madera, mozos de moño y chaleco. Poner un pie en el Dorrego es volver a una Buenos Aires que, se ve poco pero sigue viva. Nota aquí.


























