jueves, enero 22, 2026

Félix Maraña

 Félix nos cuenta por Facebook.

LA SANGRE DE PALESTINA
En breves fechas saldrá mi nuevo libro de poemas, LA SANGRE DE PALESTINA. Lo publica el registro HUERGA y FIERRO Editores , y anunciaremos el día de salida a librerías.
Se trata de medio centenar de poemas y otros textos breves, que quieren ser una voz de aliento, denuncia y conciencia del genocidio que padece el pueblo palestino, tras la invasión y exterminio que lleva a cabo Israel, desde hace más de un año.
El libro añade como novedad el testimonio de lectura del periodista vasco Mikel Ayestaran , corresponsal de Prensa en Oriente Medio, que ha vivido de cerca en el fragor de esta invasión y conocido el drama singular y plural del pueblo palestino. Ayestaran nos pide que hablemos de Palestina, por todos los medios, para que su causa siga en pie. Estoy muy agradecido a su consideración, así como al compromiso de este periodista para el certificado de la verdad. Ayestaran acaba de publicar un nuevo libro, en el que da cuenta del vivir de cada día, con imágenes, de una niña palestina en este periodo marcado por la escasez, el hambre, el dolor y la muerte.
La mayoría de las composiciones del nuevo libro son espinelas o décimas, registro de estrofa en el que se sustancia el grito pro Palestina. Han sido escritos en el último año, desde que se inicio la guerra criminal, que ha devastado el paisaje, las viviendas, hospitales, escuelas y centros sociales y ha dado muerte, hasta el día de hoy, a más de 70.000 personas, un tercio de los cuales son niños.
Me confirman que el libro estará en la calle en marzo de 2026. Nada me alegría más que en ese día, y antes cuanto pueda ser, cesara el genocidio que Israel ha perpetrado con total impunidad contra la población de Palestina.



Dani Flaco

 


Jesús Gutiérrez

 


Bar Raketten

 El bar más pequeño de Noruega es un quiosco de más de 100 años y sirve perritos de reno

Ha sobrevivido a dos guerras mundiales, a un incendio devastador y está protegido como pieza histórica viva de Noruega.

Muy por encima del círculo polar ártico, en el epicentro del turismo boreal, aparece un diminuto quiosco que resalta entre la nieve por dos motivos: su llamativo color amarillo y las colas que se forman a diario para probar lo que se vende en su interior. Esto ocurre desde 1911 en la ciudad de Tromsø, más concretamente en su calle principal, Storgata, donde desde hace 115 años este lugar se ha convertido en un icono cuasi mundial por sus afamados perritos de reno.

Raketten, que así es como se llama este quiosco y que se traduce al castellano como El Cohete, “nació como un puesto callejero clásico en el que se vendía prensa, bolsas de snacks, algunas bebidas, helados —en la temporada estival— y, sobre todo, golosinas y chocolate, ya que en ese momento había dos fábricas de chocolate en la ciudad”, cuenta Victoria Siri, la actual gerente del local. “En aquel momento, tal y como dicen los más mayores, había tres quiscos, pero Raketten siempre se ha mantenido en el mismo lugar”, amplía.

Su historia es también la historia de Tromsø: ha sobrevivido a dos guerras mundiales, a un incendio devastador y al paso feroz del tiempo ártico. Su fundadora, Margit Løkke, lo abrió en 1911 y lo convirtió en un importante punto de encuentro de la ciudad, convirtiéndose en una de las pocas mujeres emprendedoras de la época. Uno de sus grandes hitos, por el que el Departamento de Patrimonio Cultural del país decidió protegerlo como pieza histórica viva de Noruega, ocurrió en 1969, cuando un gran incendio asoló el centro de Tromsø, reduciendo a cenizas 28 casas de madera de su casco histórico. “Fue un incendio terrible. Todo parecía un paisaje lunar, pero The Rocket Kiosk —así es como se llamaba anteriormente el quiosco—, seguía abierto creando un halo de esperanza entre la población”, explica Victoria Siri, añadiendo que: “Además, fue en el mismo año en el que llegaron a la Luna…”. De esa metáfora nació el apodo: El Cohete. “Por eso ahora lo llaman Raketten”, recalca Victoria con una sonrisa.

Sin embargo, la analogía espacial no terminó ahí: “Bromeo diciendo que a la gente que contrato la llamo astronautas”, cuenta Victoria riendo, y es que su misión de seguir manteniendo el nivel de este lugar desde hace siete años no es nada sencilla. “Cuando empecé, la gente decía: ‘estás loca, no va a funcionar, el quiosco terminará desapareciendo. Mucha gente lo ha intentado antes y ha fracasado’”, recalca. Pero, a pesar de ello, Victoria logró mantener vivo este lugar con la esencia de siempre, empleando a 14 personas —sus “astronautas”—, y devolviendo a la vida un espacio que ya hace un siglo era un emblema de la ciudad.

“Hemos convertido Raketten en el motor social del pueblo, en un lugar alegre, con ambiente y muchas personas en los alrededores”, dice Victoria. Y agrega que el auge no ha sido solo local, sino global: “Lo han publicado en numerosas ocasiones en Instagram y blogs. No somos tan grandes en la vida real, pero en Internet somos gigantes”, cuenta entre risas Victoria recordando que el interior de este quiosco mide 3,6 metros cuadrados, un tamaño que le ha otorgado el título del bar más pequeño de Noruega. Y es que en su interior preparan para su venta vino caliente y su estrella gastronómica: hot dogs de reno, una de las carnes más populares en el norte del país, que sirven junto a dos líneas de kétchup y mostaza. Nota aquí.



Quique González


 

El Kanka

 

Rafa Mora

 Yo quiero volver al mar.

Respirar su reflejo.
Su inmenso azul en mis ojos.
Sentir la sal que se deshace en mis labios.
Pintar el agua de su lienzo profundo.
Yo quiero escuchar el mar.
La música de su eterno vaivén.
Su tiempo y su ritmo.
El ocaso de sus notas acariciando este corazón en fuga.
Yo quiero tocar el mar.
El tacto de su luz en mi cuerpo.
Su antigua historia olvidada.
Volver a él.
A su esencia.
Preguntarle respuestas,
responder sus preguntas,
abrazar mis silencios.
Yo quiero besar el mar.
Habitar en su línea difuminada.
Ahí, entre su horizonte y el cielo.
Ese mar que calma mis ojos y les devuelve la vida.
Ese mar,
que después de los años,
ansío volver a soñar.
Sí.
Yo quiero volver al mar.

Javir Lostalé

 


El Roto

 


miércoles, enero 21, 2026

Luis Fercán

 

Félix Maraña

 DECIDME CÓMO ES UN ÁRBOL

En la cárcel de este mundo
el poeta Marcos Ana
se asomaba a la ventana
desafiante y rotundo.
El régimen nauseabundo
de un gobierno criminal
le condenó al infernal
castigo que es muy doliente:
No ver árboles ni gente,
pero luchó hasta el final.
Era el preso más decano
porque Franco lo dispuso,
me rebelo y le recuso,
perjuro republicano,
por el maltrato inhumano
a los presos del penal,
fuera de lo racional,
en nombre del crucifijo,
atado en este escondrijo,
como pena adicional.
Vivir tapiado entre rejas,
sin libertad y sin ira,
luchar contra la mentira,
y en otras celdas anejas
oír los gritos, las quejas
de gente desesperada.
La vida no vale nada,
sin vistas, sin horizonte,
sin ver un árbol, un monte,
sin tener vida privada.
(C) Félix Maraña
[Conocí a Marcos Ana un día de septiembre de 1993 en San Sebastián. Lo recuerdo bien, porque era mi cumpleaños. Me lo presentó Rafael Alberti, en la terraza de la cafetería del teatro Victoria Eugenia, en la plaza de Okendo. Rafael había venido al Festival Internacional de Cine de San Sebastián, acompañando al cineasta Yoris Ivens, que presentó un documental sobre la guerra civil de 1936, con cuyo guión había colaborado el propio Alberti.
El poeta gaditano estaba acompañado de una mujer, que no reconocí inicialmente. Se trataba de María Asunción Mateo, profesora de Literatura, a quien yo había conocido en mi ciudad en 1984, con motivo de las jornadas de homenaje que tributó la Diputación Foral de Gipuzkoa al poeta Gabriel Celaya. Mateo iba tapada con gafas muy grandes y oscuras, lo que me impidió reconocerla. Habíamos estado juntos en un Curso de Verano de la Universidad Complutense en El Escorial en 1991, también en una jornada dedicada a Celaya.
Del mismo modo, en 1995, con otro curso en El Escorial, dedicado a Juan Larrea, y dirigido por la poeta Amalia Iglesias, nos encontramos con el nuevo matrimonio y Marcos Ana (Fernando Macarro Castillo). Alberti dio un recital, con Paco Ibáñez, al cante y la guitarra. Al poeta andaluz no le gustaban este tipo de actos con guitarra porque decía que distraían al público. El recital y concierto fue algo muy emocionante.
También estaba allí Marcos Ana, en la primera fila. Marcos estuvo protegido por Alberti desde que volvió de su exilio romano.
En el encuentro primero de San Sebastián (A Rafael ya lo había visto en la primavera de 1985, en Benidorm, en una exposición de sus dibujos y carteles en la sala de la Caja de Ahorros del Mediterráneo), Alberti me expresó su contradicción por el hecho de que las tres librerías donostiarras que había visitado no tuvieran un solo libro de Celaya, y, por contra, tenían varios libros de Alberti en el escaparate. Sin duda, el reclamo de su presencia en la ciudad.
-- No me gusta que no haya libros del otro Rafael.
Yo, que pensaba lo mismo, quise quitar sin embargo hierro al asunto.
Marcos Ana me escribió pronto pidiéndome algunos datos de la vivencia y acción clandestina de los poetas vascos durante la dictadura. Me escribió luego para darme las gracias "por ese completo tratado de historia cultural vasca". Me prometió enviarme una edición anotada en la cárcel de un libro de Celaya, envío que no llegó, pero que era lo de menos.
Que hubiera estado un niño –que nació un 20 de enero de 1920– de la Salamanca rural 23 años privado de libertad y sin poder ver un árbol, ni oír cantar un jilguero, a mí me pareció siempre la condena más desgarradora que un ser humano puede soportar].



Manu Clavijo

 


Liuba María Hevia

 

Rodolfo Serrano

 Primeros fríos

Este frío, Dios mío,
—terrible, áspero invierno—
me cala hasta los huesos, entumece
mi carne, me persigue
del pasillo a la alcoba,
hasta la calle.
Este frío que siento, que recorre,
helándome las venas,
mi piel, cristal y frágil,
ya no hay fuego
que pueda calentarme.
Este frío. El frío que adormece
el alma y la palabra.
Este último frío que me llega,
me abraza, me conmueve
y me derrota.
Esta noche de escarcha
para siempre.
Yo me acerco hasta ti,
como los niños
al calor de los brazos y del sueño.
En ti quiero dormir,
contra esa cálida
piel donde todo he aprendido.
Tú. Mi única lumbre.
Tú, mi llama.
El sol de mis veranos y mi abrigo.
Foto de Raul Cancio.



Kevin Johansen & Liniers


 

Fetén Fetén

 

María Guivernau


 

Cucuza Castiello


 

Eneko


 

martes, enero 20, 2026

Rosana & Ximena Sariñana

 

Pedro Aznar


 

Manuel Vilas

 Literatura y lectores: la vieja lucha entre lo popular y lo culto

Algunos críticos retiran su apoyo a las novelas que se vuelven populares, cuando eso es un triunfo de la literatura, que solo a veces llega a imponerse a los libros comerciales.

El poeta más fascinante del siglo XIX, Arthur Rimbaud, no vendió ni un libro en vida. El escritor más importante del siglo XX, Franz Kafka, ni siquiera publicó sus libros. Sin embargo, Miguel de Cervantes se convirtió en un fenómeno popular a los cinco minutos de salir de imprenta la primera parte del Quijote en 1605. Todo cabe en la misteriosa viña de la literatura. Así es de prodigiosa esta milenaria labor de escribir historias y de construir belleza con las palabras.

Tras la Segunda Guerra mundial se consolidó en Europa y Estados Unidos la figura del escritor profesional, inédita hasta entonces. A quien esto escribe le parece que el escritor profesional solo se da en sociedades democráticas avanzadas, con alto nivel de prosperidad. Pero es verdad que esa figura es reciente y levanta suspicacias.

A raíz de que David Uclés ganara hace unos días el prestigioso Premio Nadal un torbellino de opiniones, en prensa y redes, ha venido a enmarañar el viejo asunto de si los novelistas que venden libros son malos y los que no venden son buenos. España es un país que deserta voluntariamente de la racionalidad siempre que puede. Lo vemos en política, claro. Lo asombroso es verlo también en literatura.

La crítica literaria en España es también emocional. Es imposible que el crítico evite la sociología en la que viene envuelta una novela. A Uclés con la exitosa La península de las casas vacías le ha pasado lo mismo que a mí con Ordesa. Cuando dichas novelas apenas habían llegado a los expositores de las librerías algunos críticos las apoyaron con fervor, convencidos de que serían obras tan maestras como minoritarias. Cuando se convirtieron en obras populares le retiraron su apoyo. Nota aquí.



Ana Belén

 

Javi Robles


 

Alejandro Jodorowsky

 Alejandro Jodorowsky, el artista inmortal: “Pienso en la muerte desde el día en que nací”

A punto de cumplir 97 años, el artista chileno publica un libro con Taschen en el que repasa su trayectoria, casi tan inabarcable como surrealista. “Mi obra más importante es atarme el cordón de los zapatos con los dientes”, asegura.

El 17 de febrero, Alejandro Jodorowsky (Tocopilla, Chile, 1929) cumplirá 97 años. Todavía faltan unas semanas para su aniversario, pero el artista asegura que ya sabe los tres deseos que va a pedir cuando sople las velas: tiempo, tiempo y más tiempo. “Quiero vivir 15 años más para seguir haciendo lo que estoy haciendo: vivir placenteramente”, explica en videoconferencia con El País Semanal desde su casa en París. Tiene tantos proyectos entre manos que le cuesta enumerarlos. “Pregúntele a mi mujer”, dice señalando a su esposa, la artista Pascale Montandon, que estará a su lado durante toda la entrevista.

“Alejandro está trabajando en varios libros y cómics, exposiciones, películas…”, apunta Montandon, 43 años menor que el creador y su esposa y colaboradora desde hace más de dos décadas. El proyecto más reciente de Jodorowsky es Alejandro Jodorowsky. Art sin fin (Taschen), dos volúmenes en los que repasa su trayectoria, casi tan inabarcable como surrealista.

Comisariado por el editor y académico Donatien Grau, director de programas contemporáneos del Louvre, esta monografía es un objeto de arte en sí mismo y un manifiesto que capta el espíritu creativo calidoscópico, misterioso y onírico de Jodorowsky en todos sus universos, desde el cine y el teatro hasta la poesía y los cómics, pasando por la filosofía o el tarot. Tampoco falta un capítulo sobre la psicomagia, una técnica no científica creada y ejercida por él mismo que une chamanismo, tarot, psicoanálisis y dramaturgia y que, según asegura, sirve para resolver conflictos psicológicos y “sanar” el espíritu.

“Me divierte el psicoanálisis. He leído a Freud, a Fromm, a Jung, los estudié a todos”, dice Jodorowsky, recordando que de joven cursó dos años de Filosofía y Psicología en la Universidad de Chile. “Pero el psicoanálisis cree que trabaja con la verdad y eso es un error. Estamos a millones de kilómetros de la verdad. Hay millones de verdades. Buscamos acercarnos a ella y eso ya es un gran paso”, añade con su característico estilo críptico.

Pese a su avanzada edad, sigue practicando la psicomagia. También sigue leyendo las cartas del tarot de forma gratuita. “Yo no cobro. Ahora te cobran por todo, hasta por comer. Mire los restaurantes, que cobran. La comida debería ser gratis. El arte debería ser gratis”, proclama.

Al igual que un acertijo, su obra es enrevesada, a veces inentendible. El primer volumen de Art sin fin es un festival visual de páginas desplegables, fotogramas de sus películas, escenas de sus performances, collages, dibujos y fotos raras de su archivo personal. El libro abarca desde sus comienzos, cuando, con 23 años, se plantó en París para estudiar pantomima y, de paso, “salvar el surrealismo” junto a Fernando Arrabal y Roland Topor, hasta sus hitos artísticos, como El topo, su acid western de 1970; la alucinatoria y onírica La montaña sagrada, de 1973, o su legendaria adaptación truncada de Dune.

El segundo volumen pasa de la imagen a la voz, recolectando las propias reflexiones de Jodorowsky, confesiones sobre su trabajo y su vida. En su estilo singular —filosófico, escandaloso, desenfrenado— traza un mapa de sus obsesiones, triunfos y fracasos. Nota aquí.



Marta Soto

 

Dani Flaco


 

Librerías de Buenos Aires

 Buenos Aires, ciudad paraíso del libro

La capital argentina cuenta con la mayor red de librerías de Latinoamérica. De las gigantescas a las que atesoran auténticas rarezas, sus talleres, presentaciones y otras actividades las convierten en espacios de encuentro social.

Están los circuitos turísticos clásicos: dependiendo de la agencia que uno elija, cuando llega a una ciudad visita tal o cual restaurante, un determinado museo o una tienda de merchandising local. Pero luego hay otros modos de viajar. Más desorganizados, aleatorios, caseros. Con circuitos personales, más íntimos, que se van construyendo sobre la base de las preferencias personales. En algunos casos, las preferencias se comparten y esto hace que, en las charlas con turistas que llegan a Buenos Aires, las preguntas sobre librerías se repitan.

Según un informe del Centro de Estudios y Políticas Públicas del Libro de la Universidad Nacional de San Martín, al menos hasta enero de 2024 la ciudad contaba con la mayor red de librerías de Latinoamérica: 3,43 cada 100.000 habitantes, superando la media de Brasil, Colombia, Chile y México. Si bien desde ese momento muchas cerraron (los alquileres de los locales se encarecieron y las ventas bajaron), otras abrieron y el número sirve como parámetro.

Cuando alguien pregunta: “¿Qué librería debería visitar en Buenos Aires?”, la respuesta amerita una serie de preguntas. ¿Qué querrías encontrar? ¿Novedades locales? ¿Impacto visual? ¿Cantidad de títulos? ¿Joyas ocultas de la literatura rioplatense que no están en otro sitio? ¿Buen café?

Porque Buenos Aires tiene esas librerías que impactan visualmente, como El Ateneo Grand Splendid (avenida de Santa Fe, 1.860), la más grande de Sudamérica, visitada por miles de personas al mes y elegida por la revista National Geographic como “la más linda del mundo”. Un edificio construido en 1903, con un mural del italiano Nazareno Orlandi pintado en el techo, bar, sillones de lectura y miles de títulos: tantos que uno podría marearse. Pero también hay otras librerías arquitectónicamente más discretas que guardan en sus estantes volúmenes de editoriales independientes, libros de poesía, narrativa, teatro o ensayo, de autores que uno no encontraría en locales de grandes cadenas.

Eterna Cadencia (Honduras, 5.582) y Libros del Pasaje (Thames, 1.762), ambas en el barrio de Palermo y separadas por siete cuadras, son locales de enormes bibliotecas de madera, música suave y bar para poder leer mientras se almuerza o se toma un café.

Otros establecimientos ubicados en el centro, sobre la avenida de Corrientes, son: Hernández (1.436), Losada (1.551), Zivals (esquina a de avenida de Callao), Cúspide (1.316), Galerna (1.916) y De La Mancha Libros (1.888). Visitados por clientes asiduos y, también, por paseantes que llegan después de comer, luego de sacarse una foto en el Obelisco, o antes del teatro o el cine. Los libreros saben que los viernes y los sábados, alrededor de las nueve o diez de la noche, muy probablemente quienes entran no vayan a comprar nada. Y, sin embargo, se prestan a ese diálogo: preguntas y respuestas, recomendaciones y referencias; charlas que empiezan en un título y terminan en cualquier tema, porque además de vender ejemplares, a veces, la tarea del librero es acompañar la soledad.

Y luego existen en la ciudad de Buenos Aires librerías más pequeñas, barriales, librerías de proximidad con una amplia y cuidada selección de títulos y caracterizadas sobre todo por la amabilidad de las personas que las atienden. En establecimientos como Verne Libros (Juan Ramírez de Velasco, 1.427, en Villa Crespo); La Coop (Bulnes, 640, Almagro); Te Llamaré Viernes (La Pampa, 1.569, Belgrano), Naesqui (Charlone, 1.400, Villa Ortúzar), Malatesta (Gándara, 2.994, Parque Chas), el librero suele acercarse al cliente, preguntar qué desea y, sobre la base de sus preferencias, proponerle un autor, o una materia, o un título del que quizás nunca había oído hablar.

También existen otras librerías, desde luego menos concurridas y notorias, que son aquellas especializadas en volúmenes usados: allí la búsqueda es distinta. Se trata más de sorprenderse con un libro inesperado que de encontrar un título preciso. En locales, pero sobre todo en las ferias de la plaza de Italia y las del parque Centenario y Rivadavia, por ejemplo. Nota aquí.






Rubén Pozo

 

Zambayonny


 

Manuel López Azorín

 Manuel nos cuenta por Facebook.

Como recuerdo de Ángel González
Angel González, Luis García Montero y Moncho Otero.
Invité a Ángel González, a participar en Tertulias de Autor para leernos y explicar su poesía.
Ángel era muy amigo de Claudio Rodríguez, cuando le invité a venir me pidió que si podía convenciera a Claudio para que le presentase; pero como yo sabía que Claudio estaba mal, lo comenté con Ángel y decidimos que yo hablaría con Luis García Montero para la presentación.
Llamé a Luis y éste aceptó encantado por la amistad y admiración que sentía por Ángel.
Fue una noche mágica. Luis hizo, tras mi apertura de la Tertulia y presentar biográfica mente a Ángel,una gran presentación del poeta.
Moncho Otero puso música a dos poemas de Ángel y se los cantó recibiendo los aplausos del público y de nosotros tres.
Todo esto me llega como un hermoso recuerdo ahora que se cumplen 18 años ya que se nos fue Ángel González.
Se nos fue pero sigue con nosotros porque su poesía sigue viva y vigente ya que
fue uno de los grandes poetas de la generación de los años 50 del siglo XX.
Vaya aquí como recuerdo este poema suyo:
CUMPLEAÑOS
Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.
Ángel González



Griso

 

Ismael Serrano


 

Nacho Vegas

 Nacho Vegas, un músico en lucha contra el fascismo: “Tenemos que combatirlo de todas las maneras posibles”

El artista asturiano publica ‘Vidas semipreciosas’ el 23 de enero, un álbum donde despliega su compromiso con la política y con los afectos. Pasamos un día con él en su ciudad, Gijón.

Nacho Vegas está hablando de su madre, a la que dedica una canción en su nuevo disco, Vidas semipreciosas. Bebe un trago de vino blanco en un restaurante con vistas al puerto de Gijón, la ciudad donde nació hace 51 años y donde vive, y cuenta: “Cuando eres un poco más guaje tiendes a querer más a la figura del padre. Mi madre era esa mujer abnegada que estaba siempre en casa trabajando y mi padre el que daba una voz y todo el mundo se ponía firme [son tres hermanos chicos]. Pero a medida que me fui haciendo adulto me di cuenta de que ella estaba ahí siempre, que fue la que nos educó y la que nos inculcó muchos valores que fueron muy importantes para nosotros. Valores de izquierdas que nos explicó desde pequeños, algo que me iluminó. Por ejemplo, yo fui a un colegio público y recuerdo que tenía algunos amigos que iban a privados. Mi madre nos explicó por qué tanto ella como mi padre apostaban por la escuela pública. Y me alegró mucho aquella decisión, porque esos que iban a los colegios privados eran unos pijos insoportables”. Otro sorbo de vino.

La canción que ha escrito para su progenitora se llama Fíu (hijo, en asturiano) y dice: “Si escuché un nombre precioso sobre la tierra ese nombre es, sin dudarlo, Cristina Vegas. / Fue la que me dio la vida y luego me dejó vivirla, y para darle sentido me dio herramientas. / Me enseñó que sin justicia, libertad no es cosa cierta. / Por eso en mi familia somos de izquierdas, rojos, progres, comunistas. / Que nos llamen como quieran. / Rojo internacionalista soy por dentro y por fuera”. Cristina Vegas cumplirá 76 años el 20 de enero, justo tres días antes de la salida de Vidas semipreciosas. Nacho ha llevado en secreto la grabación de este tema. Su plan es mostrárselo a su madre como regalo de cumpleaños.

El sol no consigue penetrar en la tupida capa de nubes que cubre el cielo asturiano un día del pasado diciembre. Sin embargo, la temperatura resulta agradable. Paseamos por las calles de Gijón, esas que tanto se conoce el cantante. Por la tarde, el músico ofrece un miniconcierto en un festival con artistas asturianos (también estará Rodrigo Cuevas) organizado por Radio 3 en el imponente teatro Jovellanos, emblema cultural de la ciudad. Le acompañará el Coro Antifascista Al Altu la Lleva, integrado por mujeres. Ester Roldán, 49 años, arquitecta y componente del coro analiza la figura del músico en su ciudad: “De nuestra generación, los nacidos en los setenta, Nacho fue de los pocos que se quedó en Gijón. Yo, por ejemplo, me fui y no volví porque era difícil la inserción laboral. Con el tiempo regresé. Nacho es un elemento muy activo en la búsqueda del tejido cultural y artístico de Gijón y de Asturias. También implicado políticamente, no tanto con unas siglas como con una ideología de izquierdas y de lucha obrera”. El perfil de Vegas y su apuesta por el activismo le convierten en una figura perfecta para mostrar la buena salud artística gijonesa: actúa tanto en el Día Internacional de los Museos como en una manifestación proPalestina o en favor de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Nacho siempre tiene su agenda disponible cuando se trata de compromiso político o cultural.

Vidas semipreciosas llega cuatro años después de su anterior trabajo, Mundos inmóviles derrumbándose (2022), y funciona como un compendio de los valores de Vegas: política, canciones sobre los afectos y vinculación a su tierra, y no solo por cantar en algunas ocasiones en asturiano. “En el anterior disco me marché a Ortiguera [pueblo pesquero asturiano] porque padecía el bloqueo de después de la pandemia. Me faltaban estímulos y tuve que irme una temporada de mi casa de Gijón. Como me gustó la experiencia, esta vez lo hice en dos tandas, y aproveché para conocer partes de Asturias. Elegí Colunga y Piloña”. Alguien le dejó un hórreo restaurado y allí, en un ambiente rural e impregnado por la naturaleza de su tierra, el músico compuso el esqueleto de las canciones. Nota aquí.








Marta Soto

 

Esther Zecco


 

Guillermo Salatino

 Murió el periodista Guillermo Salatino, una de las voces más emblemáticas del tenis

El cronista y referente histórico de la cobertura de este deporte en la Argentina falleció a los 80 años. Recorrió el mundo siguiendo a la élite del tenis durante más de cuatro décadas y dejó una huella en el periodismo deportivo nacional e internacional.

Murió Guillermo Salatino, una de las figuras más respetadas del periodismo deportivo argentino y una voz emblemática para el tenis nacional e internacional. Tenía 80 años.

“Hoy es un día triste para todos nosotros: a los 80 años, falleció Guillermo Salatino, un periodista que marcó el camino de muchas generaciones de profesionales y que amplió la cobertura del tenis argentino a todo el mundo. Aunque en 2022 había anunciado que no volvería a viajar, estuvo presente en dos de las series de Copa Davis disputadas por Argentina fuera del país, en Groningen y Bolonia. Te vamos a extrañar, Salata. Gracias por difundir nuestro deporte durante casi medio siglo. Desde la AAT enviamos nuestras sinceras condolencias a sus familiares y amigos”, informaron desde la Asociación Argentina de Tenis. El medio C5N detalló que el histórico periodista falleció mientras estaba internado en una clínica de zona norte a la espera de una cirugía de cadera.

Con una carrera que se extendió por más de cuatro décadas, Salatino cubrió todos los grandes escenarios del tenis, dejó su impronta y su nombre se convirtió en sinónimo de pasión, conocimiento y entrega por este deporte.

Nacido el 21 de septiembre de 1945, Salatino se formó en la Escuela del Círculo de Periodistas Deportivos y, además de su carrera como periodista, fue un jugador activo de tenis en su juventud, compitiendo en la Primera División del Buenos Aires Lawn Tennis Club (BALTC), donde fue campeón en 1968, 1969 y 1970. Fanático de Racing, era padre de tres hijas y tenía diez nietos.

Su vínculo con el tenis trascendió las pistas. Estuvo inmerso en el ambiente desde múltiples ángulos, lo que le dio una mirada privilegiada para relatar y analizar el deporte. Nota aquí.



Iñaki y Frenchy