viernes, junio 12, 2026

Casa Labra

 El secreto de Casa Labra: “Queremos morir con lo que tenemos, tajadas y croquetas de bacalao”

La histórica Taberna Casa Labra, fundada en 1860 y célebre por ser el lugar donde nació el PSOE en 1879, sigue hoy en manos de la misma familia desde 1947 y sobrevive a la especulación y modas gastronómicas.

A pocos pasos de la Puerta del Sol, en la calle Tetuán, de apenas 300 metros, resiste Casa Labra. Una taberna que abrió el asturiano Juan Berdasco en 1860 y donde, el 2 de mayo de 1879, un grupo de 25 personas —16 tipógrafos, entre los que se encontraba su líder, Pablo Iglesias; cuatro médicos; un doctor en Ciencias; dos obreros joyeros, un marmolista y un zapatero— fundaron clandestinamente el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Desde entonces, su nombre permanece vinculado a la historia política española. Pero Casa Labra, con su histórica fachada de madera, es mucho más. Ha sobrevivido a cambios urbanísticos, a guerras y a sucesivos cambios de propiedad —en 1869 el propietario era Antonio Labra, quien dio nombre al local; desde comienzos del siglo XX y hasta 1947 estuvo en manos de Martín Pérez Bermejo; y desde entonces lo gestiona la familia Molina—, así como a pandemias, especulación inmobiliaria y tendencias gastronómicas, y mantiene intacta su especialización: el bacalao, que desde hace décadas traen de las islas Feroe (Dinamarca).

En los inicios se vendía en salazón, accesible, duradero como método de conservación y una manera como otra cualquiera para despachar más vino. Fue Pérez Bermejo quien empezó a hacer la tira de bacalao desalado, rebozada y frita, servida caliente y crujiente, conocida como soldadito de Pavía, ya que el color amarillo dorado del rebozado se parecía al uniforme militar. En el local se servía por aquella época, por la vinculación familiar del propietario con Segovia, carnes y asados. De esto último se desprendió Manuel Molina cuando adquirió, a finales de los años cuarenta, la taberna. Sabía lo que funcionaba: regentaba Casa Molina en la zona de Embajadores, frecuentada por obreros y trabajadores de la zona que comían algo rápido y económico. Por eso, a la tajada de bacalao añadió la croqueta y la banderilla de atún en escabeche.

El retrato de la clientela y del consumo era parecido en Sol: trabajadores de los comercios de la zona. “Seguimos manteniendo la misma filosofía que instauró mi bisabuelo y que mantuvo mi abuelo y mi padre, aunque ahora la mayoría de los clientes que tenemos son turistas”, cuenta Manuel Molina, de 44 años, cuarta generación de la familia al frente del negocio, que gestiona ahora junto a su hermano, Álvaro, de 48 años, que tomaron formalmente el testigo cuando el padre, también de nombre Manuel, se jubiló hace cuatro años.

“El negocio como tal, aunque lo gestionemos nosotros, es de mi abuela, Teresa Hernández, que a sus 95 años sigue viniendo dos o tres veces a la semana para ver si todo está en orden y, si ve que algo no funciona, nos lo dice. Es la que manda”, afirma el nieto, que estudió Administración y Dirección de Empresas y marketing. El hermano cursó Ambientales e hizo un MBA. “Mi padre quiso que nos formáramos en otras áreas. Nos ha dado esa libertad, aunque siempre hemos trabajado aquí. Lo que no quiero es que mi hijo —al que llamó Gonzalo para romper con la cadena de Manueles de la familia— se dedique a esto. Es muy sacrificado. Yo veía a mi padre solo los miércoles, cuando libraba”, afirma, mientras se detiene a observar el escenario en el que trabaja a diario.

Pocos elementos decorativos han cambiado en estos años, salvo una pequeña reforma hecha en los años noventa en este edificio catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC): las mismas mesas de mármol, con el desgaste del paso del tiempo; los mismos asientos; los espejos envejecidos; las paredes forradas de madera de roble; la barra de zinc... “Es un sitio icónico y no puede convertirse en un escaparate, que sea algo igual a lo que se pueda encontrar en otras ciudades. Queremos que la gente que visite Madrid se encuentre con algo único”, explica Molina.

Algo tienen claro: “Queremos morir con lo que tenemos, tajadas de bacalao y croquetas”, confiesa. Porque mantenerse y llegar hasta aquí no ha sido fácil. La familia, reconoce Molina, ha tenido que hacer frente a la especulación inmobiliaria. Lo recuerda así: “Estábamos de alquiler y, con el cambio de renta antigua, mi padre negoció con la propiedad la compra del local. La operación se cerró por 2,8 millones de euros, pero la inmobiliaria entró en concurso de acreedores y entró en juego la Sareb —Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria, encargada de absorber los activos inmobiliarios de las entidades financieras en crisis tras el estallido de la burbuja inmobiliaria de 2008—, y un juez echó para atrás el acuerdo de compra. Recurrimos, resistimos y ganamos. Fue un momento muy duro. No quiero ayudas, pero creo que hay negocios que se deberían proteger”. Nota aquí.



El Kanka

 


Tute

 


jueves, junio 11, 2026

María Rozalén

 Rozalén planta cara a las críticas por cantar frente al papa León XIV: “Soy hija de un sacerdote secularizado por enamorarse de mi madre”

Defiende sus raíces

La cantante asegura estar en contra de “la parte oscura de la institución”, pero expone los motivos por los que la religión es un aspecto importante en su vida.

El papa León XIV continúa con su gira de actos institucionales y religiosos por España, acaparando todas las miradas por la indudable relevancia histórica de su visita. El viaje, planificado al milímetro, recorre Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife con un objetivo claro: conectar con la identidad y el folklore de cada región. Como parte de este despliegue, el pontífice ha podido presenciar diversas muestras culturales que reflejan la rica diversidad musical del país coincidiendo con rostros como Diana Navarro, David Bustamante, Antonio Banderas o Alfred García.

En su paso por la capital, el Santo Padre acudió a un macroevento organizado en el Movistar Arena, donde también pudo disfrutar de este tipo de actuaciones. Una de las más relevantes fue la ofrecida por Rozalén quien, con su particular forma de conectar con el público, interpretó Y busqué con gran emoción. Sin embargo, su presencia generó un gran revuelo en redes sociales por parte de algunos usuarios que no entendían que la cantante accediese a participar, un aluvión de críticas ante el que ella misma ha decidido plantarse para defender sus raíces.

“No sé cómo se ha prestado a esto” o “sabiendo lo que representa no lo entiendo”, han sido algunos de los comentarios que ha recibido en las últimas horas. Una posición de enfrentamiento que la propia artista ha intentado evitar siempre y por la que ha querido aclarar las cosas para poder continuar con su vida. Por ello, ha dado las gracias a todos los que han entendido “lo simbólico y lo reparador” que ha sido para ella actuar ante el Papa, teniendo en cuenta la historia familiar que tiene detrás.

“Soy hija de un sacerdote secularizado tras diez años por enamorarse de mi madre”, ha señalado con contundencia. Y es que, para ella, su padre fue uno de sus mayores referentes, no solo por la difícil decisión que tomó, sino por la gran labor que realizó durante tantos años. Nota aquí.






Luis García Montero

 

Violeta Gil

 


Juanlu Mora

 


Mafalda Cardenal

 

Andrés Trapiello

 


Ramón Serrano

 LIBRO Y ROSA PARA TI

Esa luz
ese resplandor de tu presencia
viene de profundos y antiguos tiempos
fulgor de tus tiernos pétalos esa fragancia viene
contempla el sueño el paisaje verde
en el corazón del abecedario
escrita está tu Voz indeleble
terciopelo de sangre
de las voces celestes procede
pongamos la letra en sinfonía
justo el verso en su lugar precede
orlados cíceros en ciernes
Oh condados de la imaginación
Oh aromas de las altas tierras
Oh penetrante esencia de la floresta que crece y crece
de los vientos que enriquecen
vivaracha flor de allende
muéstrame la página poblada de signos
que hoy la curiosidad enaltece.



Andrés Suárez

 

Laura Ramos

 


La República de La Boca

 La República de La Boca: la historia detrás del “Estado” que nació de una rebelión genovesa y hoy tiene un gobierno con 25 ministerios

El tradicional barrio porteño enclavado a orillas del Riachuelo tuvo un conato de independencia de la Argentina a fines del siglo XIX y la idea, en un tono más simbólico, persiste hasta nuestros días con la Tercera República de la entrañable barriada.

Ubicado en la avenida Almirante Brown y Lamadrid, pleno corazón del barrio, el Museo Histórico de La Boca exhibe incontables objetos que narran su identidad. Entre ellos, aparece una banda presidencial. Pero, pese a sus colores celeste y blanco, la prenda no es la que alguna vez usó un mandatario de la Argentina. Es el atributo que lleva en reuniones formales el presidente de la Tercera República de La Boca, Pablo Abbatángelo.

“Como verás, esta banda tiene la bandera de Boca, la bandera de River -el club nació en La Boca-, entrelazadas, con la bandera de Italia, el escudo de La Boca y la bandera de Génova. Acá sintetizamos todo”, explica el propio Abbatángelo, quien desde el 19 de noviembre de 2022 ejerce el cargo de presidente de La Boca. Su función es, en sus palabras, “mantener principalmente nuestras tradiciones y nuestras costumbres”.

Esta orgullosa república está enclavada a orillas del Riachuelo, en el sur de Buenos Aires. Fue tierra adoptiva de inmigrantes genoveses y cuna de intensas labores portuarias. Cuenta también con numerosos ministros, una bandera y hasta un Palacio Oficial para Fiestas y Banquetes, que es la pizzería Banchero.

Pero detrás de este lúdico delirio republicano hay una historia que se remonta al siglo XIX y que tiene que ver con la vez en que en la barriada de la ribera se hizo un conato de autonomía. “Un grupo de genoveses dijo que el gobierno nacional no puede inmiscuirse en sus asuntos”, cuenta Martín Scotto, presidente de la Fundación Museo Histórico de La Boca y, a la sazón, primer ministro de esa república, quien tiene la misión de representarla “ante las autoridades argentinas”.

En diálogo con LA NACION, estos dos funcionarios del Estado boquense cuentan el origen y los pormenores de una tradición que enaltece y preserva la identidad de uno de los barrios más legendarios de la ciudad de Buenos Aires.

La República Independiente de la Boca

—¿Cuál es el origen de la República Independiente de La Boca?

Martín Scotto: –El hecho que originó la leyenda de la República de La Boca puede haber sucedido entre 1870 y 1890. Hay dos antecedentes que marcan el tema. Uno es una nota de Caras y Caretas de 1904, donde Blas Vidal señala que hubo un grupo de vecinos que se habían juntado para reclamar la autonomía de La Boca —el barrio dependía, junto con Barracas, de San Telmo y después solo de Barracas— y un grupo de italianos pícaros quisieron pasarse de listos y aprovecharon la revuelta para declarar la independencia de la Boca del país.

–¿Y el otro antecedente?

MS:–El otro lo citamos en 1882 porque Antonio Bucich, nuestro guía en historia, lo sitúa ahí. Se habla de un conflicto gremial. Había un sistema de explotación de genoveses por genoveses. Estos se juntan en la Sociedad Italiana y dicen que el gobierno argentino no puede inmiscuirse en asuntos de los genoveses. Crean así la República Independiente de La Boca. Dicen que van a mandar una carta al rey de Italia, Humberto I, que creo que nunca salió de acá. Además, izan su propia bandera.

–¿Y cómo terminó la experiencia?

MS: –En La Boca había un personaje que no está en las crónicas, que se llamaba Pepe Fernández, que era un caudillo político del barrio. Era un puntero de (Julio Argentino) Roca. Él sería el que le avisa al entonces presidente de la Nación que estaba pasando esto. Ahí es cuando viene Roca con el ejército y los genoveses se pegan tal susto que desisten de su independencia. Y al otro día le ponen a una calle del barrio el nombre de Roca.

–¿Por qué había tantos genoveses en La Boca?

MS: –Cuando después de 1810 se rompen los lazos con España se declara el libre comercio. En ese momento la principal flota mercante del mundo era la genovesa y el puerto natural de Buenos Aires era La Boca. Las naves de Génova empiezan a llegar a partir de 1820, 1830 y los marineros desertaban y se quedaban acá. Ellos fueron trayendo a sus familias. Era gente que no vino por hambre, vino buscando hacer negocios. Empezaron a arreglar barcos, a construir barracas para almacenar mercadería, para comerciar. Crean el primer núcleo urbano del barrio, que todavía era desordenado. No había calles; había inundaciones. La vida era muy dura.

¿Podía ayudar para la idea de independencia el hecho de que La Boca estuviera separada del resto de la ciudad?

MS: –Sí. A ver, para que te sitúes. El Río de la Plata llegaba hasta Paseo Colón. Ahí había un tren que corría en altura con un viaducto que desembocaba en Casa Amarilla. Y del Parque Lezama hasta el edificio conocido como la Torre del Fantasma, en Villafañe y Almirante Brown, acá en La Boca, hay 14 cuadras, que eran todo pantanos, juncales. La Boca estaba bastante aislada, por eso empezó a crear sus propias entidades de Socorro, de Ayuda Mutua. O los mismos Bomberos Voluntarios de La Boca.

Un museo con mucha historia

El Museo Histórico de la Boca ocupa la que fuera, en buena parte del siglo XX, el Nuevo Banco Italiano (devino luego en BBVA), una entidad creada en el barrio por capitales de constructores navales y almaceneros genoveses.

En el gran salón que otrora fuera para la atención de los clientes del banco, los mostradores se han transformado en vitrinas. Allí se exhiben, entre otras cosas, los atributos y objetos relacionados con las repúblicas de La Boca.

Se dice en plural porque a aquel intento primigenio de los xeneizes por tener una independencia republicana se le sumaron con los años unas tres réplicas más. Pero ya no en un tono de protesta, sino más bien para celebrar la identidad boquense.

“La primera República fue de 1907. Desapareció en 1923 –describe Scotto–. Quinquela Martín y Víctor Quintana fundan la Segunda República de la Boca, que desaparece en 1973. Y Rubén Granara Insúa, que era un anticuario y dirigía un seminario de historia de La Boca, creó la Tercera República en 1986. Y la meta que se impone es crear el Museo Histórico de la Boca”.

Este último personaje, un verdadero prócer de la ribera, fue quien ideó una ingeniería económica, con ayuda de los vecinos, para adquirir el edificio del Nuevo Banco Italiano, que en la década de los 80 estaba vandalizado y lo convirtió en la sede de la Fundación Museo Histórico y de la República de La Boca.

A poco de morir, en 2022, Granara Insúa deja listo todo para que Scotto, que es abogado, y Abbatángelo, arquitecto, se pusieran al frente de la Fundación y de la República.

“Hoy tenemos roles cruzados. Yo me hice cargo de la Fundación Museo y soy el primer ministro de la República. Lo que solemos decir es que Pablo es el presidente y yo soy el representante ante las autoridades argentinas”, dice Scotto.

“Hacemos una gran dupla de trabajo”, añade, a su lado, Abbatángelo, a quien Scotto reconoce como más extrovertido para la fase ceremonial: “Él puede cantar, bailar, es más histriónico. El perfil más burocrático era el mío”, dice.

“Hay un montón de cosas de lo institucional que yo no sabría hacer –dice el presidente–y Martín las hace a la perfección. Entonces: ¿para qué nos vamos a pisar el poncho si podemos disfrutar cada uno de lo suyo?“. Nota aquí.









Camila Guevara

 

León Gieco, Joana Giego & Alejo Leon

 


Ale Kurz

 

Jorge Luis Borges

 


Lisandro Aristimuño

 


El Roto

 


miércoles, junio 10, 2026

Gaspar Benegas

 

Joaquín Lera

 LLOVERÁ

Lloverá
Volverá el asombro con sus inquietudes a calarnos.
El alma de los amantes a cruzar las vidrieras.
El rubor de las flores, con sus mágicos secretos, a perfumar las palabras.
Lloverá
El bosque abrirá las cortinas.
El silencio asomará sus gotas.
Habrá verbena en las nubes y en los balcones.
Temblarán las hojas de alegría.
El sabor del aire mojará nuestros
labios.
Lloverá.
Nos visitará de nuevo el arcoíris.
La pasión del horizonte.
El aliento soleado de la inmensidad.
La dulzura de los geranios en el patio.
El paisaje de los sueños olvidados.
La pasión de la brisa.
La belleza dorada de la espiga.
Lloverá.
Sin inundaciones.
La tranquilidad se llevará el agobio.
Filtrará los ecos de la ternura.
Brillará el acantilado de nuestros corazones.
Renacerá la esencia.
Florecerá la utopía a chorros.
Las alas volverán a las montañas.
Mientras tanto envuélveme.
No te vengas abajo.
Cada instante nos busca.



Pasión Vega

 


El Barrio

 

María Guivernau

 


Manu Clavijo

 


Sidonie

 


Julian Barnes

 Julian Barnes, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026

El autor británico, uno de los últimos exponentes de la generación Granta y caracterizado por su sentido del humor, ha abandonado la escritura con su última novela

El escritor Julian Barnes (Leicester, 80 años) ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026. El británico es autor de obras como El loro de Flaubert, Inglaterra, Inglaterra o Arthur & George (todas publicadas en España por Anagrama). En 2011 ganó el premio Booker con El sentido de un final. Encasillado dentro de lo posmoderno y caracterizado por su sentido del humor, fue uno de los exponentes de la llamada generación Granta —por la revista literaria de mismo nombre—, de la que formó parte a principios de los años ochenta junto a otros grandes novelistas como Martin Amis, Christopher Hitchens, Salman Rushdie o Kazou Ishiguro. Su último libro, Despedidas, publicado a principios de año, será también el último que escriba, lo que convierte este premio en algo así como un broche a su fructífera carrera literaria.

El jurado del Princesa de Asturias ha destacado “su condición de extraordinario narrador y ensayista, dotado de humor, ironía y de un ‘optimismo melancólico y un pesimismo alegre’, según sus propias palabras”. El jurado, reunido en Oviedo y formado por personalidades de las letras, el periodismo, la academia y la cultura en general, también ha valorado la visión “lúcida, cálida y compasiva” de la especie humana que se da en la figura del británico, así como el empleo de la memoria como “configuradora de la identidad, sin renunciar a la imaginación, con el amor como principio esencial”. La obra de Barnes reelabora la historia —de la literatura, del arte, de la música, de la gastronomía— con una mirada europeísta “hasta alcanzar un estilo único, que lo singulariza dentro de una generación de autores británicos especialmente brillantes, que ha marcado la literatura contemporánea”.

“Será mi último libro. Aunque no dejaré de escribir. Lo haré para los periódicos, o ensayos y cosas por el estilo”, dijo el autor a este periódico en una entrevista realizada en enero. Temía convertirse en repetitivo, seguir haciendo novelas solo por inercia sin, en realidad, sacar nada nuevo de las vísceras. Mejor una despedida honrosa y honesta. La novela final trata precisamente de dos personajes, Stephen y Jean, que tratan de reavivar 50 años después, sin fortuna, su idealizado amor universitario. Tal vez sea una metáfora de la escritura tardía. “Voy a cumplir 80 años [su cumpleaños fue el 19 de enero]. ¿Conoces a alguien que haya escrito un buen libro a esa edad?”, decía el escritor hace unos meses.

La suya ha sido una obra innovadora y pausada, atrevida y reposada, intelectual e imaginativa. Su mezcla de ficción y no ficción —textos “híbridos”, como le gusta llamarlos— ha atrapado a millones de lectores, con obras maestras como El Loro de Flaubert, o como El Sentido de un final, en la que jugó magistralmente con sus temas favoritos, las trampas del pasado y de la memoria.

Enamorado de Francia y de sus autores cumbre, el más afrancesado de los escritores contemporáneos del Reino Unido es a la vez profundamente británico en su manera de contemplar el mundo con calma y prudencia, o de lamentar la tragedia del Brexit por la desgarradora separación respecto a una cultura, la europea, de la que Inglaterra es parte esencial. “Me he vuelto más de izquierdas porque el centro se ha desplazado a la derecha”, decía a principios de 2026.

El autor superó la muerte del amor de su vida, la agente literaria Pat Kavanagh (en 2008, a los 68 años) y vive con Rachel Cugnoni, su antigua editora en Penguin. Kavanagh fue también agente de Martin Amis, con el que tuvo una sonora ruptura profesional (Amis fichó por el poderoso agente Andrew Wylie, conocido como El chacal) que enemistó a los dos escritores. A pesar de todo, en su última novela Barnes tiene palabras amables para Amis, fallecido en 2023: “En los últimos años de su vida, nos vimos unas pocas veces, vino a cenar a casa. Y sentí gran pena por su enfermedad, que fue horrible. Por eso lo he incluido en mi libro”, dijo Barnes. El escritor convive también con un cáncer de sangre desde hace años, que le obliga a realizar visitas periódicas al hospital. “Incurable pero tratable… como la vida”, ha escrito. Nota aquí.









Quique González

 


Javier Bergia

 Javier nos cuenta por Facebook.

Ya tengo ejemplares de mi último CD "La Quimera y el Laberinto". A partir de mañana lo empiezo a enviar por correo ordinario o certificado, dedicado o no. Podéis hacer vuestro pedido escribiendo a alcauei@gmail.com y también a través de mi página web www.javierbergia.com
Gracias de antemano por vuestro interés.




Jorge Drexler

 

Diego Ojeda

 


Charles Bukowski

 


Rozalén & Kevin Johansen

 

Fito Mansilla

 


Yoani Sánchez

 Crónica de un lunes con sabor a miércoles

Crónicas de La Habana

Desde el viernes pasado hemos tenido solo unas pocas horas de corriente. cada día y, en mi mente, las jornadas están pegadas como si todo fuera un largo e insoportable día.

La Habana/Tres de la madrugada. Hay electricidad y agua, así que monto la olla de presión eléctrica con unos frijoles, repleto la lavadora con todo lo que se ha acumulado y me meto en la ducha. Hay lunes que parecen miércoles por el cansancio que arrastran. Semanas que comienzan ya viejas y agotadas. Desde el viernes pasado hemos tenido solo unas pocas horas de corriente cada día y, en mi mente, las jornadas están pegadas como si todo fuera un largo e insoportable día.

El agua me reanima. Recupero el hilo de esperanza que se me había extraviado el domingo o quizás fue el sábado. No me acuerdo. Apenas ha amanecido y parto rumbo a La Habana Vieja. Prefiero ir a pie. El precio de los taxis particulares ha subido tanto, debido a la crisis con el combustible, que debo optar entre hacer la ida o el regreso en un almendrón, porque el circuito completo resulta una locura para el bolsillo. Por la calle Ayestarán suena un largo lamento, que también parece una sola voz que va saliendo de diferentes gargantas.

"Todo se me echó a perder", cuenta una anciana a otra. "El pollo que tenía me lo tuve que comer en un solo día porque no llegaba a hoy", refunfuña un hombre que conversa con otros dos en una esquina. "Llámala a ver si en su bloque hay electricidad y le podemos llevar la leche de la niña para que no se corte", le grita una mujer, con un bebé en brazos, a un joven que parte en una moto. En el basurero más cercano, se adivina un paquete con unos bisteces de cerdo, ya verdosos, que iban a ser la comida de alguna familia.

Doblo por Desagüe. "Me da lo mismo que vengan de la Yuma o de Burundi, pero que vengan ya", grita una señora asomada a su balcón. Tiene una bata de casa raída y cara de desespero. “Mi refrigerador está abierto de par en par, porque no sirve para nada”, describe. Debajo, varias vecinas añaden sus propios dramas, también a voz en cuello. “En mi casa no se duerme hace tres días por el calor y los mosquitos”, explica una. “Yo ya dije en mi trabajo que ni me esperen, que no he podido bañarme desde el jueves”.

Salgo a Carlos III, los vendedores informales empiezan a montar sus puestos. Hay lo mismo de siempre: tubos de pasta dental, cajetillas de cigarro, cargadores de móviles sacados de la basura y medicamentos sin recetas. Pero acercándome a la calle Reina veo una mercancía que me cuesta inicialmente identificar. Es un maniquí que representa a una niña de un poco más de diez años. Está desnudo y lleva una peluca negra. A su lado, un hombre ofrece la muñeca sin tener un precio claro. “¿Cuánto me das?”, me pregunta cuando me ve curiosa.

La figura es como los maniquíes que poblaban las tiendas de mi infancia. Sin gracia, como también lo era aquella ropa que solo podíamos comprar con una casilla o un cupón de la libreta del racionamiento destinada a los “productos industriales”. Odiaba aquella indumentaria. Siempre me quedaba grande o estrecha, me picaba la tela o el día que nos tocaba comprar se acababa la blusa que quería y debía irme a casa con un pantalón que parecía más adecuado para trabajar en la agricultura que para pasear con mis amigas. Fueron tan feos los años 80 para la moda en Cuba que a veces no quiero ni mirar mis fotos de esa década. Nota aquí.




Benjamín Prado

 


Tute

 


martes, junio 09, 2026

Ismael Serrano

 "Estoy haciendo teatro porque voy ligero de equipaje y puedo subirme a un tren en marcha"

Ismael Serrano se mete en la piel de Antonio Machado en una función teatral donde interpreta canciones de Joan Manuel Serrat.

Ismael Serrano (Madrid, 1974) está recorriendo un camino en el que rinde un doble homenaje, y lo hace asumiendo un riesgo y una responsabilidad. El riesgo de subir a un escenario cada tarde para encarnar nada menos que a Antonio Machado y la responsabilidad de interpretar las canciones de Joan Manuel Serrat que tanto han significado en su trayectoria vital y musical. Golpe a golpe refleja varios episodios de la vida del poeta sevillano protagonizados por su hermano Manuel, su madre o aquella chica de trece años, Leonor, de la que se enamoró y acabó siendo su esposa. También aparecen escritores como Valle-Inclán, Lorca o Rubén Darío.

Este recorrido escénico se inicia con el paso a pie de la frontera con Francia, en Portbou, durante una fría noche de enero de 1939. Allí dejó atrás España definitivamente, comenzó un exilio marcado por la amargura, un camino sin retorno que le llevaría a la muerte en menos de un mes. Ismael Serrano se enfunda sombrero y abrigo, y con aire taciturno aporta su visión de Machado en el Teatro Infanta Isabel, donde estará hasta el 28 de junio.

Estamos en el escenario de Golpe a golpe, en el Teatro Infanta Isabel, rodeados de equipajes, maletas y baúles. ¿Por qué?

Por la referencia machadiana al viaje y a ese camino en el que no se vuelve atrás, que está presente en toda la obra. Desobedeciendo un poco la máxima machadiana, aquí sí volvemos hacia atrás. Partimos del exilio y hacemos un repaso de toda su biografía: su infancia en Sevilla; su paso por la bohemia y los viajes a París; sus tragedias sentimentales; sus desencuentros; su militancia política… Es un viaje con la maleta a cuestas permanentemente, que finalmente se pierde en el exilio, cuando llegan a Collioure. 

¿Cómo ha llegado a esta representación de la vida de Antonio Machado? 

Curiosamente, mi vida está ligada a Machado de una forma u otra. Mi padre es muy machadiano y nos inculcó el amor por los textos de Juan de Mairena y también por su poesía. Tan es así que yo tuve una editorial de libros -Hoy es Siempre Ediciones- y uno de los primeros libros que sacamos fueron los textos políticos de Machado. Con el tiempo, se han dado más coincidencias como que Feijóo le atribuyó a Machado unas palabras mías en la investidura de Pedro Sánchez. Okapi producciones me embarcaron en este proyecto y estuvimos trabajando el texto con Paco Gámez, gran director. En este retrato yo doy mi visión de un Machado vulnerable, tierno, al que le gustaba más escuchar que hablar, y cuando hablaba se expresaba a través de la voz de Juan de Mairena o a través de la poesía.

¿Qué ha descubierto de la vida de Machado, a través de esta función? 

Yo creo que lo más bonito de su vida, y a la vez lo más terrible, es la relación con su hermano Manuel. Se querían mucho, trabajaban juntos haciendo teatro, pero acabaron separados. Yo creo que lo que mató a Machado fue escuchar por la radio las arengas de su hermano dirigidas al ejército franquista. Por pura supervivencia, Manuel se ve obligado a apoyar al bando franquista, y así lo dicen la mayor parte de los biógrafos. No era tan militante como Antonio, pero también era republicano. De repente, la guerra lo pilla en Burgos y pasa la noche en un calabozo. El miedo le lleva a adherirse a la causa franquista, y yo creo que ese desencuentro con su hermano fue una de las cosas que mató a Machado, más allá de ver cómo el proyecto de modernización de la República se viene abajo y llegó el horror de la Guerra civil. Refleja eso a lo que tanto cantó: una España que muere, una que bosteza, y un español que quiere vivir y a vivir empieza.

Hay quien se pregunta qué hubiera sucedido si a Antonio le hubiera pillado la Guerra civil en Burgos y a Manuel en Madrid. ¿Los españoles quedaron separados de manera totalmente azarosa? 

La guerra tiene mucho de azaroso y de terrible, porque genera desencuentros dentro del ámbito más cercano y familiar. Antonio Machado era muy militante y estaba muy significado. No sé si hubiera sobrevivido en Burgos, porque era una figura icónica, muy representativa de la República. Tenía textos muy beligerantes al respecto. La Guerra Civil  supuso el enfrentamiento entre hermanos, pero no hay que olvidar que se produce por un golpe de Estado contra una República que llegó a través de unas elecciones, de una manera pacífica. Fue un proyecto de modernización truncado que condenó al país a la barbarie.

¿Qué le aporta el teatro en relación a su faceta musical?

Creo que hay muchas cosas que se pueden incorporar. Cuando uno canta se interpreta a sí mismo, pero incorporar la mirada de otro a tu forma de cantar es enriquecedor, porque ganas en grados de libertad. Como dice Paco Gámez, el director, una cosa es decir las cosas bonitas y otra decirlas traspasadas por el sentimiento, con una reflexión previa. Eso me obliga a no desconectar cuando canto. A veces puedes caer en la tentación de poner el piloto automático con canciones que has cantado tantas veces, y esto es un recordatorio de que, cuando lo que dices está traspasado por la verdad y por el sentimiento, comunica de otra manera. Cuando estás interiorizándolo es más verdad. Yo lo estoy incorporando, incluso en los conciertos que compatibilizo con esta gira teatral.

¿En esta vida conviene viajar ligero de equipaje? 

En la medida de lo posible, sí. Facilita las cosas porque, a veces, nos cargamos de equipaje innecesario, de culpas y responsabilidades que no nos corresponden; hay que asumir las justas. Además, te permite ser más libre y entender que estamos de paso, dispuestos al viaje permanente y a la sorpresa; estar atento a lo que ocurra y ser permeable. ¿Quién me iba a decir que, después de tanto tiempo, iba a estar haciendo teatro? Quizás estoy aquí porque, a mi manera, voy ligero de equipaje, y eso me permite subirme al tren en marcha. Nota aquí.






Mon Laferte

 

Alba Muñoz