jueves, julio 30, 2026

Glen Hansard

 


Luis Fercán

 No sé muy bien qué escribir porque baila alrededor una sensación extraña muy difícil de explicar.

Ayer se fue una parte importante de la música, un pilar y, para mí, el mejor y uno de los últimos trovadores.
Siempre salí de sus conciertos creyendo más en la música, y sin saber muy bien por qué, sabiendo que había visto algo importante, importante de verdad.
Me enseñó a entender las canciones como las entiendo, a vivirlas como las vivo, a base de intentar entenderlas y vivirlas como lo hacía él.
La música es para algunos una necesidad y un lugar al que agarrarse, y la suya será siempre el otro extremo de mi cuerda, un lugar al que volver.
Por eso mi homenaje no será sólo cantar tus canciones, Glen, por suerte podré cantar las mías y verte un poco en cada una de ellas.
Ojalá te sea leve.
Aquí nos quedamos unos cuantos siguiendo tu inevitable legado.



Mikel Erentxun

 


Bono & Glen Hansard

 

Depedro

 En los buenos viejos tiempos, con la familia Calexico, tenemos el placer de hacer música juntos con grandes personas. Glenn, te vamos a extrañar. En esta foto también está el gigante Curtis Fowlkes, nunca sabemos cuán preciosos son los momentos que estamos viviendo. RIP





Benjamín Prado

 


Glen Hansard

 

Joan Camps

 Me han robado las palabras. Este mediodía se ha roto algo en mi pecho al conocer la muerte del cantautor Glen Hansard. A los 56 años. Por un maldito accidente de moto.

Hoy la vida me parece demasiado injusta y cruel.
Uno de los más grandes. Maestro de maestros. Como muchos y muchas lo descubrí con el precioso film "Once", una película imprescindible que he visionado muchísimas veces, con una BSO inigualable. Desde entonces ya se quedó ahí como una parte de mi vida.
Viví dos conciertos suyos en directo. Uno fue hace ya muchos años, del otro hace apenas dos años justos. Los dos están entre los mejores momentos musicales que he disfrutado. Sus conciertos eran algo increíble, auténticos regalos en todos los sentidos. Ahora son recuerdos irrepetibles.
Veo a muchos amigos y amigas y referentes de la poesía y la canción de autor desolados. No es para menos. Se nos va un artista que era pura inspiración. Se va demasiado joven y de golpe. Hoy la vida me parece demasiado injusta y cruel.
Gracias por tanto, Glen. No te vamos a olvidar jamás



Revolver

 


Glen Hansard & Marketa Irglova

 

Glen Hansard

 Muere el músico Glen Hansard, protagonista de ‘Once’ y ganador del Oscar, tras un accidente de moto

El cantante irlandés, líder de la banda The Frames, ha fallecido este miércoles en Dublín a los 56 años

El destino, siempre tan predispuesto a dar sorpresas desagradables, no ha querido que el mes de julio se marchara sin sacudirnos con la pérdida repentina del artista irlandés de folk-rock Glen Hansard, de 56 años, músico de influjo colosal entre los aficionados a la canción de autor, uno de los más brillantes y emotivos escritores de canciones que había conocido el siglo XXI y hombre asociado para siempre a aquel emocionantísimo Falling slowly que en 2007 se erigió en la pieza central de la película Once y unos meses más tarde se coronaría en Hollywood con el Oscar a la mejor canción de aquella temporada. Hansard sufrió en la madrugada del miércoles un grave accidente de motocicleta en Lucan, a las afueras de su Dublín natal, y los servicios de emergencias no pudieron hacer nada por su vida.

El hombre que lideró The Frames (una de las bandas irlandesas más exitosas e influyentes en el tránsito entre siglos) y compartió protagonismo con la checa Markéta Irglová, durante algún tiempo su pareja, en otro dúo de enorme calado sentimental, The Swell Season, deja un legado de nueve álbumes con estas dos formaciones y cinco elepés en solitario. Hace menos de un mes había publicado Don’t settle (Transmissions East / Transmissions West), doble elepé en directo en dos entregas independientes que recogía su paso por el Funkhaus berlinés de abril de 2025, un fin de semana que aprovechó para celebrar con esa pasión que tanto le caracterizaba su cumpleaños número 55. El álbum se convierte ahora en inesperado testamento de su escritura inconfundible, siempre entre la ternura y la visceralidad, muy impregnada por la escuela del celtic soul de su admirado Van Morrison, por la música tradicional de la isla esmeralda y por el rock enrabietado de los años noventa, una afinidad que propiciaría una conexión entrañable con el líder de Pearl Jam, Eddie Vedder, con el que compartió escenario en docenas de ocasiones.

La última visita de Glen a los escenarios españoles tuvo lugar en el verano de 2024, en Valencia, Santiago de Compostela, Vitoria, Madrid y Barcelona, con motivo de su quinto álbum solista, All that was East is West of me now, un epígrafe que ahora adquiere unas resonancias conmovedoras. Aquel título (Todo lo que era Este ahora está al Oeste de mí) era una alusión poética al tránsito por la segunda mitad de la vida, pero nadie podía imaginar que a un hombre aún al comienzo de su quinta década, recién casado con la poeta finlandesa Maire Saaritsa y con un chiquillo, Christy, que acaba de cumplir tres años, estaba escribiendo las últimas páginas de su devenir vital. Cuesta aún creerlo, más en un momento en que el dublinés atravesaba un momento particularmente dulce de reconocimiento y ajetreo artístico: en 2025 había retomado con Irglová el pulso de The Swell Season con un inesperado tercer elepé, el precioso Forward, y miles de personas le habían descubierto a finales de 2023 en el funeral de Shane McGowan, líder de The Pogues, cuando interpretó junto a Lisa O’Neill una fabulosa versión de Fairytale of New York.

La trayectoria de Hansard siempre fue así, una carrera de fondo con picos súbitos de popularidad: los números 1 al final de los años noventa con The Frame, el Oscar de Hollywood, el dúo con Vedder, el funeral de McGowan. A él, que se había dado a conocer con una participación secundaria en la película The Commitments (1991) y se había forjado como músico callejero durante cientos de horas en Grafton Street, la calle peatonal más popular de Dublín, le impresionaban muy poco los focos y los oropeles. Al contrario, seguía utilizando a menudo una vieja guitarra desvencijada con un gran agujero en la caja de resonancia, se permitía discos ásperos incluso para sus seguidores más fieles (This wild willing, 2019) y huía de las concesiones a la galería. En los dos volúmenes del disco en directo Don’t settle, de hecho, no aparecen ni su tantas veces celebrada Falling slowly ni su probablemente más desgarradora canción en solitario, la bellísima y desoladora Bird of sorrow, que incluyó en su primer elepé con nombre propio (Rhythm and repose, 2012).

El hechizo envolvente de Falling slowly no solo bendijo la película de John Carney que la incluía, Once, sino que catapultó a Hansard e Irglová, protagonistas de un largometraje con briznas autobiográficas, y acabaría propiciando cuatro años más tarde una versión del filme como musical en Broadway bendecido con ocho premios Tony. Glen fue desde entonces un nombre recurrente en los festivales españoles (el madrileño Noches del Botánico le dedicó este mismo miércoles una dolorosa despedida) y un músico muy admirado desde dentro de la profesión: trovadores españoles como Quique González o Ismael Serrano nunca disimularon su fascinación por el autor de temas como When your mind’s made up, Revelate, Didn’t he ramble o The feast of St. John.

El propio Glen también cultivó el reconocimiento a sus mayores certificando versiones prodigiosas de Van Morrison (Into the mystic), The Band (The weight) o Bruce Springsteen, del que convirtió su Drive all night en el título principal de un inesperado y hoy cotizado EP de 2013. Entre las docenas de muestras de dolor que su trágica desaparición dejó durante todo el día destaca la del ministro de Cultura irlandés, Patrick O’Donovan, con un resumen a la altura de los mejores análisis especializados: “Glen impregnó de pasión y vulnerabilidad cada nota, y su huella pervivirá durante generaciones en la música irlandesa, aunque se haya marchado demasiado pronto”. Nota aquí.





Morgan

 


Carlos Sadness & Jósean Log

 

Andrés Suárez

 Tenías 56 años. Tenías un hijo. Estabas casado. Acababas de grabar Don´t Settle, uno de los mejores discos grabados en directo de la historia. Estabas cantando y tocando mejor que nunca. Me enseñaste lo que es este oficio. Me enseñaste la dinámica. Me enseñaste a salir a la puerta después del concierto a darle la mano a cada persona del Vicar Street.

No querías firmarme la guitarra, me preguntaste tres veces si estaba seguro. Estoy seguro, Glen.
Me preguntabas si “había sonado bien” cuando terminaba el concierto. Estabas obsesionado con el sonido, con la perfección. Fuiste el artista más grande y más humilde al que le di un abrazo.
Quiero que vuelvas a ruborizarte cuando te diga en mi mal inglés que “eres el cantautor más grande de todos los tiempos, más que Bob Dylan”. Quiero decirte lo agradecidos que están mis padres por lo que hiciste por mí en Dublín y en Ferrol.
Ojalá alguno de los tuyos consiga superarlo algún día. Yo estaré aquí con mi vieja Takamine, honrándote. Te lo prometo.
Cambiaste la historia de la música. Tenías 56 años, eras el cantautor más grande de todos los tiempos y un accidente de moto se lo llevó todo.
Quiero que vuelvas a gritar. Quiero matar a la muerte con mis manos. No quiero volver a mirar las estrellas. Quiero que vivas.
Quiero que vivas.



Manuel Wirzt

 


Marwán

 Hoy se nos ha ido el más grande de todos, Glen Hansard. No sé ni qué escribir al respecto. Cuando uno de tus artistas favoritos se va, se te parte el alma. La música de nuestros grandes referentes es un faro en nuestras vidas, forma parte de nuestro disfrute, de nuestra identidad, de nuestra educación sentimental. Perderlos es como perder una parte de nosotros, de lo que más amabas, de lo que te hacía soñar y de lo que convertía el mundo en un lugar mejor. Sus conciertos son los mejores a los que he asistido en mi vida y sus canciones, absolutamente inolvidables. Nadie cantaba con esa intensidad no con esa belleza. No me puedo creer que sea verdad, querido Glen, que te hayas ido. Te vamos a echar tantísimo de menos…






Tute

 


miércoles, julio 29, 2026

Glen Hansard

 Muere a los 56 años en un accidente de moto el músico y ganador de un Oscar Glen Hansard

El intérprete irlandés recibió el premio de la Academia a la Mejor canción original por su tema 'Falling Slowly' en 2008.

La colisión ha sucedido en Lucan, cerca de Dublín.

El cantante y compositor irlandés Glen Hansard ha muerto a los 56 este miércoles 29 de julio por la mañana tras un accidente de moto cerca de Dublín.

La gardaí (policía irlandesa) ha informado que el músico recibió los primeros auxilios en el lugar del accidente, pero falleció poco después. Esta misma mañana su agencia ha publicado un comunicado en el que expresaban su dolor por el fallecimiento y manifestaban el deseo de la familia de respetar su duelo: "La familia de Glen está en estado de shock por la trágica pérdida y solicitan respetuosamente privacidad para estos momentos extremadamente difíciles".

Está en curso una investigación para dilucidar qué desencadenó el accidente. La policía ha pedido a la población que compartan toda la información de la que dispongan, desde grabaciones a testimonios de posibles testigos.

La cantante Katy Perry durante una actuación en el Auditorio Miguel Ríos, a 5 de julio de 2026, en Rivas-Vaciamadrid, Madrid (España). 

Katy Perry condena el uso de su tema 'Firework' en un vídeo de bombardeos a Irán publicado por la Casa Blanca

La carrera del intérprete dublinés arrancó como músico ambulante en las calles de Dublín. Tras ello, formó el grupo The Frames en 1990. La banda, con Hansard al frente, llegó a ser una de las formaciones más aclamadas en la escena musical del país.

Su reconocimiento internacional llegó con su papel protagonista en la película de John Carney Once (2007), ambientada en las calles de Dublín. Hansard y su compañera de reparto, Markéta Irglová se hicieron con el Oscar a Mejor canción original en 2008 con su tema Falling Slowly, con lo que llegó a ser conocido como uno de los mejores compositores musicales de su país.

Hansard continuaba activo. Su último trabajo fue el álbum Don't Settle, lanzado en abril de este mismo año. Tenía planeada una gira en agosto. Nota aquí.



Paco Ramos

 


Ismael Serrano

 

Carlos Bardem

 "He procrastinado demasiado: podría haber hecho más y mejor"

Aníbal Malvar habla con Carlos Bardem sobre su carrera artística y literaria.

Tras un rato de charla, es inevitable pensar que el Carlos Bardem escritor está devorando al Carlos Bardem actor. De hecho, varias veces, de manera inconsciente, se refiere a las películas como literatura. Un sabio error, sin duda. Para venir de un linaje de actores y otras gentes de tablas que se remonta a sus abuelos, empezó tarde en el cine, con treinta y dos años, en la película Más que amor, frenesí, de (entre otros directores) su primo Miguel Bardem. Enseguida se fue a la frontera entre México y EEUU para rodar, junto a su hermano Javier, una rareza salvaje titulada Perdita Durango, dirigida por Álex de la Iglesia. Y fraguó su bautismo como escritor allí mismo, caligrafiando un diario de rodaje que a Álex de la Iglesia no le pareció muy bien, pues dice que las pasaron bastante más putas de lo que el cronista cuenta. Desde la subjetividad de este humilde periodista, los libros de Carlos Bardem son cada vez más difíciles de escribir y más fáciles de leer. Lo que no es poco mérito.

Tener más cara de malo y ser más feo que tu hermano Javier, el asesino feroz de No es país para viejos, debe de ser muy duro.

No, yo lo vivo como algo muy divertido, porque yo soy un señor absolutamente encantador, simpatiquísimo, como mi hermano. Lo más divertido de actuar es adentrarte en aquello que está más alejado de ti. Me precio de ser un señor encantador y muy agradable, pero haciendo de malo visito esas partes que todos llevamos dentro y que no sacamos en la vida diaria, afortunadamente. Actuar desde lo más alejado a ti siempre es lo más entretenido, divertido y curioso. No sé si tengo más cara de malo que mi hermano, pero desde luego lo que tengo son más años, soy más viejo y soy más feo.

Tus libros son áridos, complejos, a veces brutales. Parece que escribes para joder, para incordiar.

Exactamente. Es que yo no entiendo la escritura desde otro punto que no sea ese. Estoy con Jean Paul Sartre, que decía que escribir implica una responsabilidad. Me gusta pensar que mis libros son muy distintos entre sí, y siempre escribo para intentar comprender cosas. Me obsesiona intentar comprender el mal: por qué hay gente que vive haciendo el mal a sus semejantes y por qué hay gente que vive aceptando ser víctimas del mal, incluso víctimas cooperadoras del mal. Escribo libros complejos para lectores exigentes que intentan interpelar a quien los lee, no esos libros de los cuales se burlaba Roberto Bolaño diciendo que son previsibles, que la gente ya sabe lo que hay dentro antes de abrir la tapa.

¿Y qué maldad literaria estás perpetrando ahora?

Mi próxima novela se llama Triángulo y sale el 8 de octubre en ADN. Es una novela sobre los hombres, las mujeres, las nuevas feminidades y las antiguas masculinidades, pero también sobre las violencias antiguas que perviven en nuestro presente. También es una novela sobre escribir novelas, porque el protagonista es un escritor que está escribiendo una novela; es una novela metaliteraria.

¿En qué época la ambientas?

En la rabiosa actualidad. Tengo una tendencia natural a alternar épocas. A una novela histórica siempre le sucede una ambientada en la actualidad. Esta habla de nosotros, de nuestro hoy, de los hombres frente a las mujeres y de nuestra España, y de las heridas que nos han traído hasta aquí.

¿Por qué los Bardem sois tan molestos? Esa trama que me has adelantado va a molestar a mucha gente. ¿Qué daños os han hecho los bienpensantes, los cristianos, los piadosos fascistas? Tu hermano Javier todo el tiempo con Palestina; el otro día fue al partido de la selección sin la camiseta de España, para escándalo de los patriotas. Mereció incluso titulares en la prensa de banderita. Tu hermana Mónica escribió un libro de cocina sobre pimientos rojos, precisamente rojos: ¿no podría hacer un libro sobre pimientos de otro color? Tu madre era tan roja que le parecían de derechas Los de la ceja… 

Los Bardem siempre nos hemos situado bastante más a la izquierda que Los de la ceja. Mi madre nos legó un olfato instintivo para las desigualdades y las injusticias, que son consecuencia de preservar los privilegios de unos pocos sobre los derechos de la mayoría. Hemos salido todos muy rojos. Cuando era adolescente era rojo. Cuando llegué a la juventud me hice más rojo. Me licencié en Historia Moderna y Contemporánea y ya me hice extremadamente rojo, y cada vez lo soy más. Me fascinan los virajes de la intelectualidad orgánica que antes eran rojos y ahora son de derechas. No los entiendo. Nota aquí.



Colectivo Panamera

 


Cuatro Pesos de Propina

 

Yoani Sánchez

 Vivir en porciones pequeñas

"¿Me puede vender solo una libra de pollo?", pregunta en tono suplicante una mujer que ha entrado a uno de los tantos comercios particulares de la calle Monte en La Habana. Pero el ruego se estrella contra una pared: "Solo el paquete entero", advierte tajante la empleada. En una ciudad donde las horas con electricidad son cada vez más escasas, llevar a casa varios kilogramos de un alimento que necesita refrigeración es como dispararse en un pie. 

Pero las pequeñas porciones no solo se imponen en el plato y en las neveras, nuestra vida también se proyecta en tonos reducidos. Me topo con un viejo conocido que debe emprender una reparación para poder volver a usar la ducha de su baño. "¿Para qué si uno no sabe si va a haber agua ni siquiera si, en un par de semanas, todavía tendremos un país?", se pregunta, en medio de su parálisis. Los pronósticos se han vuelto tan difíciles, que es mejor solo planificar para unas horas; para mañana, si acaso.

Hay una palabra que se ha vuelto demasiado grande para nuestra realidad: futuro. Antes cabía en ella la compra de un refrigerador, el arreglo de una habitación o las vacaciones de agosto. Ahora apenas alcanza para decidir si vale la pena descongelar un paquete de salchichas o reservar la poca batería del teléfono para una llamada importante. Vivimos en un presente tan estrecho que cualquier plan a mediano plazo parece una extravagancia.

La incertidumbre ha terminado por colonizarlo todo. Amigos que aplazan una boda, padres que no saben si matricular a sus hijos en una actividad extracurricular, ancianos que dejan pasar otra consulta médica porque ignoran si ese día habrá transporte o electricidad. Todo se ha vuelto provisional. La sensación de que cualquier decisión puede quedar anulada por un apagón, una avería o una nueva crisis convierte la rutina en una especie de campamento improvisado.

Quizás el daño más profundo no sea la carne que se echa a perder, el agua que no llega o la ducha que mi amigo no repara. Tal vez sea haber aprendido a vivir sin proyectos. Una nación que deja de imaginar el próximo mes, el próximo año o la próxima década es una nación que se encoge cada día. Y cuando hasta la esperanza tiene que administrarse en porciones pequeñas, como ese paquete de pollo que no se podía vender por libras, la verdadera escasez ya no está en los mercados, sino en los sueños.



Pancho Varona

 


The Rolling Stones

 

Ernest Hemingway

 


Dani Flaco

 


El Roto

 


martes, julio 28, 2026

Joan Manuel Serrat

 

Cucuza Castiello

 


Julio Cortázar

 




Estopa

 

Eduardo Sacheri

 


María Peláe

 "Vengo de la canción de autor y no entiendo hacer arte sin decir"

La artista andaluza reivindica en esta entrevista con 'Público' el poder del mensaje en el arte: "Es importante meter algún mensajito que otro en las cabezas".

La artista andaluza y andalucista María Peláe (Málaga, 1990) defiende en esta entrevista con Público que el arte tiene la posibilidad de "decir" de manera "amable" y "combativa, pero no doliente" para "poder cambiar cosas de la sociedad". Por eso, afirma, "es tan importante en el arte incluir tanto los mensajes [personales]: que escuches una canción para sentirte mejor o para desahogarte, como también meter algún mensajito que otro en las cabezas". Eso fue lo que hizo justamente el pasado 10 de julio con un alegato pacifista y a favor de las libertades civiles y contra la ultraderecha, que encajó en su emocionante interpretación de La Llorona. Al respecto afirma que es "necesario recordar" las cosas "constantemente, porque parece que bajamos un poquito la guardia y nos encontramos en la puerta cosas que parecían ganadas. A la vista está".

He leído que ibas para ser médica y que la música en directo, cantar, te cambió el paso. ¿Es así?

Lo típico de cuando ya vas a entrar en la universidad, cuando tenemos 18 años. Sí. Iba a entrar en Medicina. No llegué a entrar porque precisamente justo hice mi primer concierto el verano anterior y decidí que no, que si yo me metía a médico, a estudiar Medicina con lo apretá que yo soy, pura aries, no iba a cantar. O sea, iba a estar todo el día dentro de una habitación estudiando. Así que decidí meterme en otra carrera, que es la que terminé haciendo: Trabajo Social. Y después Antropología. Hice ambas cosas y las fui compaginando con cantar al mismo tiempo. Aparte coincidió que estuve de voluntaria en un centro de refugiados políticos. Entonces ahí tuve una pequeña semirrevelación de muchacha de 18 años. Y ese fue el giro que terminé tomando hasta ahora. 

No te arrepientes, ¿no?

No, para nada. De hecho, es más, hace unos cuantos meses empecé a distancia a hacer Medicina.

¿En serio?

Sí, porque se me quedó esa espinita y muy a largo plazo [quiero hacerlo]. Tengo ahí mi libro de biología molecular y digo: "Hombre, nada más que por saber". Eso no se me va a quedar a mí.

¿Cómo entra la música en ti? Hasta ese momento en que cantar va a ser el eje que vertebra tu vida, hasta que llegas a ese lugar. ¿Ahí hay un proceso?

Sí. De hecho mi objetivo, mi intención siempre ha sido escribir para otros artistas. Desde muy pequeña siempre imaginé haciéndole canciones o escribiéndole a otra gente. Nunca me había imaginado, como dicen los flamencos, el momento cante para adelante; ser tú la que cantas. Es precisamente porque la más bajona de mi familia soy yo. O sea, mis padres y mi hermana son realmente los buenos flamencos de mi casa. Yo siempre que ha habido fiesta en casa he sido la más paradita. Así que imagínate cómo son ellos. 

¿Por qué querías escribir para otros?

De hecho ni me lo planteaba [cantar]. Hasta el primer concierto prácticamente no había cantado yo más de tres canciones seguidas. Primero porque yo era muy vergonzosa contra todo pronóstico y mi manera de expresarme [era] escribiendo. Era una manera de de desahogarme, por decirlo de alguna manera, y siempre escribía. Hasta que llegó un momento que dije: "Hostia, pues si no lo cantas tú, no te va a escuchar nadie la canción". Y resultó que al final cantaba y dije: "Pues mira, pues ya sigo para adelante". 

"La vergüenza para el homófobo, para el racista, para el misógino y para el transexcluyente, cojones, que son compañeras". Fueron parte de sus palabras en TVE hace unos días durante la interpretación de La Llorona. ¿Considera que es necesario en estos tiempos decirlo una y otra vez?

Por lo menos para mí es necesario recordarlo constantemente, porque parece que bajamos un poquito la guardia y nos encontramos en la puerta cosas que parecían ganadas. Y a la vista está. Fue soltarlo por la boca y me cayeron chuzos de punta, como dice mi padre. Nota aquí.




Edgar Oceransky & Rozalén

 

Martín Rosito & Alquimia

 


Silvina Garré

 Silvina Garré vuelve a sus recuerdos y reflexiona sobre su carrera: “Buenos Aires me dio todo”

En una charla íntima con Teleshow, la artista habla de su nuevo disco y repasa una vida ligada a la canción. La compositora que nació casi sin darse cuenta, la psicóloga que fue solo por un rato y la pintora que le hubiera gustado ser. Y por qué eligió regresar a su Rosario natal después de 45 años.

“Sentí la necesidad de volver a Rosario, vivir sola en mi ciudad, estar más cerca de mi hermana y su familia, visitar más a mis amigas. Lo sentí íntimamente. No lo había pensado. Nunca había querido volver a vivir a Rosario desde que me vine acá, en 1981”, confiesa Silvina Garré en charla con Teleshow.

Pasaron 45 años, miles de conciertos y unas cuantas canciones inolvidables para que decidiera regresar a Rosario, donde hoy conviven sus recuerdos, sus cuadernos artesanales y su familia, y desde donde sigue ligada a la música: se presenta en escenarios, comparte su herencia con nuevas generaciones y reafirma su lugar en la historia del rock argentino.

Con la Trova Rosarina como marca indeleble en el corazón de la música popular argentina, Garré hoy sigue girando con su nuevo trabajo Con Nombre de Mujer, donde reversiona clásicos y no tanto con títulos femeninos a los que le aporta su estilo inconfundible. Antes de su concierto del 31 de julio en el Café Berlín de Villa Devoto, aquella sentencia sobre las dos ciudades de su vida es la excusa ideal para repasar este camino que no se detiene.

—¿Cuándo te percibiste cantante?

—De chiquitita, muy chiquita. Más o menos entre los doce, trece años. Y, como autora, me he encontrado en situaciones de estar cantando algo y darme cuenta que no era una canción conocida. Ese es el primer recuerdo que tengo. Me acuerdo la sensación de confusión y felicidad al mismo tiempo de haber inventado una canción.

—¿En tu familia había ambiente musical?

—En casa mi mamá tocaba la guitarra. Ella tenía un cuadernito con los acordes marcados por colores. El do mayor era rojo y así...tenía un repertorio de boleros, cantaba en inglés y en francés. Aún tengo ese cuaderno conmigo.

—¿Grababas tus canciones de alguna manera?

—En casa había unos grabadores y cassettes. Grababa una voz en un grabador y en el otro grababa otra voz, las disparaba juntas y pasaba la canción con los dos. Era un juego, el juego que más me gustaba. Yo era super solitaria en mi infancia, y eran mis momentos para jugar.

—¿Sufrías la soledad o la disfrutabas?

—Era mi forma de ser. Una persona muy introvertida.

—¿Conservás recuerdos materiales de esa época?

—Sí tengo el registro de cassettes y esos cuadernos con canciones, poemas, textos. Eso es lo único que conservo, además de una guitarra que traje de Rosario, que no perdí en las mudanzas. Tengo todos esos cuadernos desde los 14 años hasta hoy.

—¿Te inspira el dolor para escribir canciones?

—No, desde el dolor no. Si yo siento mucho dolor, no toco la guitarra ni el piano ni escribo nada, es un estado de inacción muy grande. Necesito crear un clima.

—¿Cómo surgen tus temas?

—Rápidamente. No porque yo sea muy veloz para escribir canciones, sino porque es sobre algo que se ha venido elaborando inconscientemente. De repente aparece como resuelto, bastante listo, pero tiene que ser un momento de estar muy conectada con lo que siento.

—¿Te cuesta conectar ahora con ese clima?

—Ahora es difícil conectar. Ahora todo es para afuera, todo es hacia afuera. A veces veo que todo el mundo está hablando con todo el mundo. A mí me gusta estar con mis pensamientos. No le escapo a los pensamientos, pero veo que no se puede estar en silencio. Están hablando y hablando. Como que siempre hay que estar hacia fuera de uno mismo. Y para mí el acto de la creación siempre para adentro.

—¿De dónde tomás inspiración?

—Puede ser una película, una conversación, algo que escuchás al pasar. Eso después puede aparecer cuando componés. Pero en el momento de hacerlo hay que estar muy conectado.

—¿Por qué dejaste Buenos Aires?

—Me fui. En realidad no la dejé. Fui a recuperar espacios y momentos de mi ciudad que me perdí, porque me vine para acá hace más de 40 años.

—¿Venías pensando en volver a Rosario?

—No lo había pensado. La idea mía era irme a vivir a Mar del Plata, no a Buenos Aires. La pandemia me agarró en Mar del Plata, me salvó la cabeza. Estoy agradecida porque todos los días salía y caminaba y miraba el mar. Tenía mucho miedo, vivía con mucho terror. La idea era quedarme, y finalmente me volví. Un verano quise pasar las fiestas en Rosario, hacía mucho que no veía a mi familia. Me quedé unos días y sentí íntimamente que tenía que volver a vivir allí. Y eso no me había pasado desde que me vine a Buenos Aires en 1981.

—¿Te dio nostalgia volver a Rosario?

—Me dio mucha felicidad porque no era una extraña. Hay lugares que todavía están, otros se modificaron, pero hay lugares, barcitos, que todavía existen. Vivo cerca del río, de la Costanera. Es muy lindo Rosario y el ritmo de la gente es más lento, más tranquilo. Se puede caminar.

—¿Te hizo mal Buenos Aires en algún momento de esos cuarenta años?

—No, Buenos Aires me dio todo. Casi todo. No me arrepiento para nada de haber venido acá. Acá pude construir una carrera. Era mi sueño. En blanco y negro Buenos Aires, porque fue un sueño en blanco y negro. Siento que uno tiene que estar cómodo en los lugares donde está. Dejé de sentirme cómoda en Buenos Aires, sentí como que era otra ciudad, fue hace cinco o seis años. Lo que pasa es que seguí quedándome. Ya hace tres me mudé a vivir a Rosario. Nota aquí.






Milo J

 

Bonacorso & Manu Clavijo