sábado, julio 22, 2017

Cordera & Pintos

Rodolfo Serrano

Consejos para el buen amor
Desnúdala despacio. O si prefieres
deja que te desnude lentamente.
Acaricia su piel, siente su pecho
tan pegado a tu pecho que parezca
que es tu carne su carne y su tibieza.

Muerde su lengua. Que tu lengua sea
el dardo que la hiera hasta la muerte.
Bebe, sin prisa, el cálido latido
de su saliva y que ella sienta entonces
que derramas en ella vida y sangre.
Deja que te acaricie los rincones prohibidos,
come su carne, muérdele su cuello,
que se pierda en tu vientre y que te empape
la humedad de su boca y el deseo
te llegue hasta los huesos y te rompa.
Y luego, muy despacio, deja que te cubra
su cuerpo. Siente el ansia, escucha
su jadeo animal. La muerte que te llega.
Pero, querido amigo, sigue mi consejo:
antes de nada, quítate, por dios, los calcetines.


Benedetti & Viglietti

Luis García Montero

Un trono a la intemperie


  • Eso es la poseía: un trono a la intemperie, un poder sin dogmas, un país propio de verdad, una pluma de pájaro con olor a tierra o a panadería
  • En un momento en el que la poesía social invitaba a diluir el yo en una verdad colectiva, sedimentaron mi carácter los poetas que a través de la ironía eran capaces de reconocer las distancias abiertas entre las ideas y la realidad

Eso es la poseía: un trono a la intemperie, un poder sin dogmas, un país propio de verdad, una pluma de pájaro con olor a tierra o a panadería. Lo escribió Ramón López Velarde en La suave patria (1921), el poema que dedicó al México vivido de sus ciudades, sus estaciones de tren, sus balcones de palmas bendecidas, sus costumbres y sus muchachas o su mujerío: un trono a la intemperie. Nota aquí.


Jorge & Silvia

Mara Barros

«Joaquín Sabina esconde algo que mucha gente no ve»

De la mano de Sabina, al que lleva acompañando desde hace ocho años, la cantante aterriza en el Coliseum de A Coruña este fin de semana. Su nuevo disco «Por motivos personales» llega con más garra que nunca.

La historia de Mara Barros es una de esas que a todos nos gusta escuchar. Ya desde muy pequeñita la música la acompañaba a todas partes, y es que siempre ha sido una constante en su hogar. Lleva más de 19 días y 500 noches recorriendo mundo con Joaquín Sabina y esa madurez le ha hecho sentirse más canalla y sobre todo, más mujer. Nota aquí.


Oliverio y la tormenta

El Roto


viernes, julio 21, 2017

Mario Benedetti

Bandoneón

me jode confesarlo
pero la vida es también un bandoneón
hay quien sostiene que lo toca dios
pero yo estoy seguro que es troilo
ya que dios apenas toca el arpa
y mal

fuere quien fuere lo cierto es
que nos estira en un solo ademán purísimo
y luego nos reduce de a poco a casi nada
y claro nos arranca confesiones
quejas que son clamores
vértebras de alegría
esperanzas que vuelven
como los hijos pródigos
y sobre todo como los estribillos



Completo aquí


Funambulista


#SalvaPeironcely10

Tata Cedrón

Poesía y melodía más allá de las edades

El Tata Cedrón dice que esta idea está sacada “de la experiencia”. La primera, la de su hijo Román, exintegrante del Cuarteto Cedrón, que a los 3 años recitaba completito “Los ladrones”, de Raúl González Tuñón, y hoy tiene 53. Y luego las de tantos hijos acunados a lo largo de décadas con estas canciones, que han sabido elegirlas y pedirlas, aunque no hayan estado pensadas específicamente para ellos. Así que esta vez sí, el Cuarteto Cedrón canta especialmente Para nuestros hijos: así se llama el tan especial disco que, primorosamente presentado en una latita, recopila aquellas canciones que mejor les caben, en las versiones del cuarteto. Lo presenta hoy a las 18 en el Teatro El Popular (Chile 2080), en un clima de kermesse al que aportarán las creaciones de la Compañía Nacional de Autómatas La Musaranga, marionetas y máquinas de antaño hechas con elementos de desechos industriales, con los que logran personajes que bailan, cantan, hacen malabarismo, ladran “y bastante más”. Nota aquí.



Jimena Ruiz Echazú

Proyecto Jass

El Roto


jueves, julio 20, 2017

García & Cerati

#SalvaPeironcely10

Fito Mansilla


Joaquín Sabina

Joaquín Sabina en Madrid: No permanecer, vivir

“Los aplausos son entusiastas y él se quita el bombín, fugazmente, porque sentir esa pequeña presión sobre la cabeza le ayuda a recordar que en ese momento no es Joaquín, sino Sabina”

Por tercera vez en menos de un mes, Sabina se sube al escenario del Wizink Center para presentar “Lo niego todo” en Madrid. Una noche de nostalgias, sorpresas, voces como puñales y momentos de rock and roll.

Son cerca de las nueve de una soleada noche y varios furgones policiales (“mucha, mucha, policía”) rodea el antiguo Palacio de Deportes de Madrid, conocido ahora como Wizink Center. Una anciana los contempla apoyada sobre los barrotes de su balcón, justo enfrente de una de las puertas del siempre ajetreado edificio. La calle se tiñe de jóvenes y mayores, y decenas de bombines adornan las cabezas de aquellos que van accediendo al recinto. Es la tercera noche que toca Joaquín Sabina en la capital, y antes de encarar la cuarta, que será este miércoles 19, ha vuelto a agotar las entradas. Aunque el tiempo pida playa, o montaña, siempre hay gente que se baja en Atocha y se queda en Madrid. Nota aquí.


León Gieco

Joaquín Carbonell

“El carbón y la rosa”, de Joaquín Carbonell

“De ningún modo cae en la monotonía, y a tomar por saco el tópico del cantautor aburrido, que a estas alturas del partido ya huele a argumento torticero”

Desde 2008 Joaquín Carbonell no editaba disco de estudio con canciones nuevas (aunque ha habido directos y curiosidades varias, a veces solo, a veces con Labordeta y Eduardo Paz, a veces con Los 3 Norteamericanos). Nueve años, y eso que tras una larga espantada parecía que desde 1996 había cogido impulso y cada poco dejaba caer nueva remesa de canciones. Así que este “El carbón y la rosa” se recibe con la alegría con la que celebras el reencuentro con un viejo amigo del que hace mucho no sabes nada. Y no, Carbonell no es amigo, pero sí un magnífico cantautor de esos que pese a moverse por los márgenes de la música española, la engrandecen y ennoblecen con sus canciones, por mucho que el común de los mortales no tenga ni la menor idea de quién es y, probablemente, no le importe un pito saberlo. Aunque a otros nos parezca una figura esencial a la que escuchar con atención y congratularse de que no haya abandonado la guitarra en el desván y se haya dedicado a vivir la vida plácidamente, ajeno a los sinsabores que su oficio suele deparar a quienes arrastran décadas de vagabundear por su cuenta, sin apoyo discográfico o mediático y sin el colchón del respaldo popular (destaquemos, en todo caso, que Carbonell es de sobra conocido en Aragón, eso sí). Nota aquí.


Mara Barros


Serrat & Pérez Cruz

Miguel Zavaleta

Historias bajo la manga

Miguel Zavaleta habla de sus años con Suéter, Charly García, su interés por el jazz y su pasión por el fenómeno extraterrestre.

En el libro sin escribir de los códigos del rock se dice que, para ser leyenda, uno primero debe morir y recién entonces la leyenda se abrirá paso entre la tierra y las cenizas, y ya nada podrá pararla. Si se muere joven y en la cresta de la carrera –27 años, lo certifican Janis, Cobain, Morrison, Hendrix, es la edad ideal para ser leyenda del rock–, mejor aún. ¿Pero qué pasa con esta leyenda llamada Miguel Zavaleta, creador de Suéter, autor de un puñado de los hits más resonantes de los ’80, un artista que pasó de disputar codo a codo el podio del rock con Virus, Soda y los Abuelos de la Nada a, lisa y llanamente, desaparecer en la estratósfera? ¿Qué sucede con una leyenda cuando aún sigue viva, tiene casa frente al Abasto y cada dos por tres se lo ve por la zona, sin tierra y sin cenizas, y sin halo de estrella, tomando un cafecito con su hija de 12 años, a la que mima con locura?
Pero el rock tiene un no sé qué. Y las reglas, siempre se las ha pasado por el reverendo traste. Así que aquí estamos con Zavaleta, el músico al que le puso el ojo Charly para producir su disco más glorioso, 20 caras bonitas –allí estaban los hits “El anda diciendo” y “Vía México” –, y a Miguel se lo ve más vivo que la mayoría de los vecinos del Abasto. Nota aquí.

Lena Carrilero

Benjamín Prado

Hay gente que no duerme para soñar, sino que sueña para cambiar el mundo.


“Cuando quien gana es el tramposo, no se llama victoria, se llama fraude”. 

No eran ranas, eran las serpientes del paraíso en el que nos quieren hacer creer. No eran Dios, sino el diablo. No eran la manzana, eran el veneno. No era una condesa, era una embaucadora. No conseguía victorias, daba timos. No era una patriota, sino una vendedora de banderas. No estaba aquí para garantizar la democracia, sino para saltársela. No daba discursos, repartía botellas de humo. Ganó algunas elecciones y otras las robaron para ella, comprando por el equivalente en euros a las doce monedas de Judas a un par de traidores. Se reía de todos y de casi todo. Hizo todas las trampas posiblesmientras daba lecciones de honradez. Era la demagogia elevada a su máxima expresión. Hizo todo lo que estaba en su mano para destruir la sanidad pública, es decir, para que unos pocos se llevaran millones y el resto sufriera en hospitales desabastecidos, padeciese una intolerable escasez de medicinas, quedara atrapado en una lista de espera lo que hiciese falta para entrar a un quirófano y, al final, se fuese al otro mundo antes de tiempo y por el camino del dolor, porque ella y los suyos también querían ahorrarse los cuidados paliativos de los pacientes: la morfina, para los que puedan pagarla, el resto, que muerda un palo. Alguna vez llegó a creer que sería presidenta del Gobierno, pero no hubo nadie más que lo creyese, ni dentro ni fuera de su partido.Nota aqu
í.


Festival Campano


Jimena Ruiz Echazú

Tute


miércoles, julio 19, 2017

Rafa Pons

Roberto Fontanarrosa

“La popularidad del Negro sigue siendo insoslayable”
Liliana Heker, Ana María Shua, Guillermo Saccomanno, Reynaldo Sietecase y Carlos Bernatek recuerdan en esta nota al notable escritor rosarino. Allí, en la ciudad donde nació, vivió y murió, se inaugurará hoy Fontanarrosa… el mayor de mis afectos, una muestra que celebra su obra.
“¡Qué lo parió!”, diría Mendieta. Cómo se lo extraña a Roberto “El Negro” Fontanarrosa, excepcional narrador y humorista gráfico, canalla de pura cepa –hincha de Rosario Central–, que murió hace diez años, a los 62 años, como consecuencia de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) que padecía desde 2003. En Rosario, la ciudad donde nació, vivió y murió, su lugar en el mundo, se inaugurará hoy Fontanarrosa… el mayor de mis afectos, una muestra que celebra la obra del creador de personajes emblemáticos como Inodoro Pereyra y Boogie, el aceitoso, autor de notables libros de cuentos como El mundo ha vivido equivocado, No sé si he sido claro, Nada del otro mundo, Uno nunca sabe, La mesa de los galanes y Usted no me lo va creer, entre otros. La inteligencia y belleza de su humor, la capacidad de tomar el pelo a los argentinos “con maldad y con cariño”, el mundo del bar y los manantiales de historias, su mirada capaz de descubrir lo grotesco en situaciones mínimas, el oído fino para los lugares comunes y el hecho de emplear la lengua como laboratorio. Nota aquí.


Drexler & Pérez Cruz

Alberto Beltrán


Oliverio y la Tormenta

Marwan & Samir

Reynaldo Sietecase

“Es muy fuerte que la verdad haya dejado de ser importante”
En su tercera novela, el periodista y escritor rosarino narra la historia de una logia que ayuda a los represores de la dictadura a escapar o suicidarse. Todo desde la óptica de un cronista desencantado que se reencuentra con la pasión por investigar.
“Un torturador no se redime suicidándose. Pero algo es algo”. La frase de Mario Benedetti resuena en el aire de No pidas nada (Alfaguara), la última novela negra de Reynaldo Sietecase. El Tano Gentili, un periodista de investigación a la vieja usanza –de esos que escriben en libretas–, descubre que la fuga y el suicidio de un puñado de represores no son hechos aislados. Más allá de la diferencia de “estilos” –el Capitán Vázquez se mató con veneno; el General Dip se intoxicó con gas, como la madre del periodista; el Prefecto Estévez se colgó en una obra en construcción abandonada–, hay un “suicida que vive”: el capitán de Navío Juan Anselmo Turelli, que participó en sesiones de tortura de militantes detenidas durante la última dictadura cívico-militar y se lo acusa de haber asesinado a un bebé. El común denominador de suicidas y prófugos –el Coronel Chiessa y el Mayor Oliva– es que eligen salir de escena antes de tener que rendir cuentas de sus actos ante un juez. Todos, sin culpas ni remordimientos, reivindican “la lucha contra el terrorismo apátrida”. Un dato preciso como una puñalada llega a oídos del periodista: “Los dos represores que buscás están en Río de Janeiro”. Nota aquí.


Forges


martes, julio 18, 2017

Fernando Maés


Charly García

Sabina, Prado & Leiva

La historia de tres tipos junto al mar que cincelaron el disco ‘Lo niego todo’


  • Si quiere saber cómo un músico impidió que dos poetas (casi) llegasen a las manos por un quítame allá ese adverbio, tiene que leer ‘Incluso la verdad, la historia secreta de Lo niego todo’

Rota (Cádiz). Una casa junto al mar. Tres tipos en camiseta y pantalón corto. Unos tequilas sobre la mesa. Sombreros, cigarros, folios, un cuaderno, una bici, un carajillo, olor a salitre. Joaquín Sabina Benjamín Prado vuelven a juntarse como hicieron aquel invierno en Praga para componer Vinagre y rosas. El escenario ha cambiado y ha entrado en liza un tercer protagonista: Leiva, con su perenne sombrero y la guitarra en la mano para mejorar sus versos. Y para imponerse en los concursos de tortillas que organizaban en compañía de Luis García Montero Almudena Grandes. En aquellos días, Miguel Ríos y Ariel Rot se dejaban caer a ver cómo se las apañaban. Incluso la verdadla historia secreta de Lo niego todo (Planeta), libro coescrito por los dos primeros (con fotos de Jimena Coronado y dibujos de Sabina), recoge la historia secreta de Lo niego todo, el último disco del jienense de la voz rota. El escritor Benjamín Prado nos ayuda a asomarnos a la espalda de estas 12 canciones. Nota aquí.