jueves, septiembre 10, 2026
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viernes, septiembre 04, 2026
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jueves, septiembre 03, 2026
Gioconda Belli
Gioconda Belli, premio de Literatura en Lenguas Romances: “Los nicaragüenses seguimos en el mundo y vamos a luchar por la libertad”
La FIL de Guadalajara le otorga el prestigioso galardón a la escritora en el exilio por revitalizar ”la expresión poética del cuerpo, el deseo y el goce femenino”, que combina la intimidad con la conciencia política.
La escritora nicaragüense Gioconda Belli (Managua, 77 años) se ha alzado este lunes con el prestigioso premio de Literatura en Lenguas Romances, otorgado cada año por la Feria del Libro de Guadalajara. La FIL ha premiado la escritura íntima y política de la autora, de la que ha destacado su revitalización de “la expresión poética del cuerpo, el deseo y el goce femenino”, en la que también convergen lo colectivo, “el erotismo y la historia”. La escritora, que vive exiliada en España desde hace cinco años, ha recibido el reconocimiento con una enorme alegría, agradeciendo la tradición literaria de su tierra natal. “Los nicaragüenses seguimos en el mundo y vamos a seguir escribiendo y luchando por la libertad de nuestro país”, ha afirmado tajante la escritora, que guarda con especial cariño su primera experiencia en el exilio, en México, en plena dictadura de Somoza, en 1975. “Mexico fue un bastión de la solidaridad contra las tiranías”, ha resaltado antes de mostrarse crítica con la posición “indiferente” que está adoptando actualmente el Gobierno mexicano hacia esta segunda vuelta protagonizada por el sandinismo.
Gioconda Belli, como Sergio Ramírez y un puñado más de intelectuales, se ha convertido en uno de los símbolos del destierro al que ha abocado a cientos de personas la tiranía de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua, la segunda que le toca padecer a la autora. Belli se ve a sí misma como “un animal político”, ha dicho en ese sentido, y ha “vivido intensamente la política, entendida como resistencia”: sin tristeza, ni seriedad, simplemente, con determinación e imaginación. “Uno de los grandes problemas del mundo es que hay una crisis de imaginación. No hemos imaginado otros mundos”, ha recalcado. “La palabra y los libros”, ha añadido, por contraste, “seguirán siendo fundamentales para trascender esta época”.
La autora del poemario Sobre la grama (1972) y de las novelas La mujer habitada (1988) y El país de las mujeres (2010), entre otras obras, es la primera escritora centroamericana en ganar este reconocimiento, dotado con 150.000 dólares, y la primera persona nicaragüense en alzarse con él. Belli recibirá oficialmente el galardón durante la jornada inaugural de la feria, que tendrá lugar el 28 de noviembre en Guadalajara, la capital de Jalisco, al oeste mexicano. La ciudad se ha configurado como uno de los grandes polos culturales del país, en parte gracias al potente foro de las letras hispanas, que este año tendrá a Italia como invitado de honor. La comisión organizadora prepara un extenso programa con 61 autores, inspirado en las palabras del escritor Umberto Eco ―“El mundo nos habla como un gran libro”―, de cuya muerte se cumplen 10 años.
Hay doble aniversario en esta convocatoria, en la que la propia FIL celebra su edición número 40. Para ir abriendo el apetito, la feria anunció hace menos de dos semanas una lista con 26 novelistas menores de 40 años, a los que seleccionó como las voces que están renovando la ficción y ampliando los horizontes de la novela contemporánea en español. El foro anunció también esta semana el premio de Literaturas Indígenas de América de este año, que ha recaído en el poeta guatemalteco garífuna Wingston González. Resta conocer quién se hará con el premio Sor Juana Inés de la Cruz, otorgado a mujeres que escriben en español y que la propia Gioconda Belli recibió en 2008. Nota aquí.
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Luis Mario
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viernes, agosto 21, 2026
Ana Montojo
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lunes, agosto 10, 2026
Ana Montojo
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miércoles, agosto 05, 2026
Kiran Desai
Kiran Desai, escritora: "En la India nunca estás solo físicamente"
La novela de más de 700 páginas considerada como una de las mejores del año. Marca el regreso de Kiran Desai, la escritora india más joven galardonada de la historia.
La soledad de Sonia y Sunny es la historia fascinante de dos jóvenes cuyos destinos se cruzan y separan a lo largo de continentes y años: una epopeya sobre el amor y la familia, la India y Estados Unidos, la tradición y la modernidad, que marca el regreso a la gran narrativa de la autora india Kiran Desai, tras El legado de la pérdida.
Durante su visita a Buenos Aires dialogó con BAE Negocios, con café de por medio y mucha serenidad.
-¿Por qué 20 años entre una novela y la otra? -Es la pregunta que todos me hacen. Parece un poco loco haber tardado tanto. No me di cuenta. Tengo que decir que casi me he caído en otro mundo y no me di cuenta de que pasaron tantos años. Tenía mucho material.
- Vivís en Estados Unidos, ¿vas seguido a la India?-Eso es interesante porque hasta el 2008 iba a casa, porque mi padre todavía vivía. Iba a casa de mi infancia, volvía a la cocina familiar, al cocinero, que es una gran parte de este libro. Mi padre tenía un poncho que había comprado cuando viajaba a Latinoamérica, tomaba su whisky y ponía la música muy alto. Puede ser la música de guitarra española o de India, todo eso es también es parte grande de este libro. Aún me sentía conectada. Pero después de esa muerte, vuelvo de muy diferente. Aún tengo un hermano que vive allá, pero me di cuenta de que conocí la sensación de la diáspora de India en Nueva York.
-¿Escribís en inglés?-Sí, crecí en una familia muy occidentalizada, también diversa. En varios idiomas. Papá en los últimos años empezó a hablar mucho en Indi. Mi educación fue en inglés con monjas irlandesas en India. Fue una escuela tipo convento. Muy estricta.
-¿Eras de una clase privilegiada?-Sí, absolutamente. Hay muchos centros en India con culturas literarias fuertes, con culturas periodísticas fuertes. Sí es cierto que yo no soy de una familia adinera precisamente, pero sí de esta educación occidentalizada que inmediatamente te da cierto privilegio. Esta libro está justamente puesto en ese tipo de personas, en esa clase. Las personas que educan a sus hijos para dejar India y estudiar en Oxford, en Harvard y que esperan que trabajen para la ONU y tienen grandes sueños.
-¿La soledad es distinta en occidente que en India? -Hay una simple y drástica diferencial. En India nunca estás solo físicamente. No hay esa sensación de comer solo o dormir en un cuarto solo. No tenés esa experiencia. La mayor parte de mi niñez fue tratar de alejarme de las personas. Y en Estados Unidos es lo opuesto, es estar físicamente solo y tratar de conectar con alguien, de conocer personas, de hablar. Cada país y cada lugar tiene sus propias formas de soledad. Tal vez tenés la soledad de no ser comprendido o tener un rol en la sociedad que no querés cumplir. Tal vez una soledad elegida. Alguien puede pensar que dejar a su esposo como hizo la madre de Sonia, fue elegida, que lo toma como algo preciado esa soledad. Especialmente en un país como India, para una mujer que viva sola y tenga esa identidad de sí misma, esa sensación. Entonces es parte del vocabulario del lenguaje occidental de ser un individuo, de la individualidad. Parte del vocabulario de la inmigración también, la soledad en sí.
-Los protagonistas están situados en la decáda del 90 ¿Cómo sería su imigración hoy? -Los puse en el pasado porque quería escribir sobre varias generaciones, de ellos, de sus padres, de sus abuelos. Escribir sus recorridos entre India y el mundo occidental a través de varias generaciones. Hablar de sus ideas de amor y de soledad en el pasado hacia el presente. Y también mencionar o hablar de una India que ya no está, que ha desaparecido. Creo que las novelas a veces son como un museo. Quería escribir sobre esos personajes que lucharon mucho y creían en India como un país secular, una democracia secular y con diferentes religiones. Ahora es más nacional, se está deshaciendo eso. Quería capturar la India que era antes, porque a veces es importante, me parece, recordar. Uno tiene que tener la memoria de lo que una vez fue el país. Pero si lo hubiera hecho en la actualidad, en la India actual, se podrían ver como en los comienzos en este libro el personaje que es la mejor amiga de la mamá, es una mujer musulmana. Y creo que hay mucho miedo entre las minorías indias, entre los cristianos y musulmanes.
-¿Cómo le hubiera ido a los personajes con Donald Trump? -Estados Unidos e India están con este auge nacionalismo, primero India, después más recientemente con Trump, Estados Unidos. La aniquilación del periodista, del periodismo, del silencio, de las universidades, libros que se sacan de las estanterías. Creo que Sunny y Sonia se sentirían como si tuvieran hablar en ambos lugares, contar lecciones de su niñez y creo que eso sería muy importante. Nota aquí.
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sábado, agosto 01, 2026
viernes, julio 31, 2026
José Saramago
‘Ensayo sobre la ceguera’: tres décadas del “libro más incómodo de José Saramago”
La obra más vendida del Nobel portugués, que escribió en Lanzarote tras exiliarse de Portugal, inauguró su ciclo de escritura alegórica.
“José Saramago empezó varias veces a escribir Ensayo sobre la ceguera, porque no se sentía confortable. Sabía lo que quería decir, quería hablar de un mundo donde estamos ciegos, ciegos que viendo no vemos. Pero no acababa de encontrar el tono. Fue su libro incómodo, el que más le costó”. Lo halló, halló el tono. Y lloró cuando lo estaba terminando. Al acabarlo, en 1995, José Saramago dijo, simplemente: “Acabé”. Se lo dijo a Pilar del Río, su mujer. Era la noche, y él respiró.
“Era su libro de rebeldía”, dice Pilar del Río (escritora, periodista, presidenta de la Fundación José Saramago), sentada en el mismo lugar en que su marido, muerto en Lanzarote en 2010, reposaba cuando recalaba a Madrid desde cualquiera de sus viajes largos, o de Lisboa y de Lanzarote. Se exilió de Lisboa para vivir en la isla con su mujer. El gobierno de derechas de su país le negó en 1993 la presentación a un premio internacional de su libro El Evangelio según Jesucristo. Se instalaron en la isla de César Manrique, que murió en un accidente cuando el escritor y el pintor se iban a conocer.
En aquella casa de Tías, donde vivieron desde entonces, escribió el que luego sería premio Nobel el libro más arriesgado de su vida. “Le dedicó mucho tiempo al Evangelio… Aquello le aturdió, le dejó vacío, de tal forma que solo se podía seguir con un libro de rebeldía, de discrepancia, como Ensayo sobre la ceguera…”, recuerda Del Río.
“No acababa de encontrar el tono. ¿Serán todos ciegos, serán ciegos de varias generaciones? Hubo un momento en el que lo tuvo todo claro. Esas personas se irían cegando… Cuando una mujer finge que se queda ciega para acompañar al marido que ya lo está, a él se le iluminó la novela. ‘Yo voy contigo’, le dijo”. Y aquella mujer fue la que acompañó a todos los ciegos, hasta que acaba el libro. Ella le descubrió a José la novela que él estaba esperando”, recuerda Del Río. Se han cumplido ya tres décadas desde que salió a la calle.
Saramago escribía tres folios al día. “Me los pasaba cuando los imprimía. No me decía qué iba a escribir a continuación, porque ignoraba él mismo lo que ocurría con su imaginación y con su escritura”. Él había escrito ya El Evangelio… Se estaba reponiendo del maltrato recibido por las autoridades entonces conservadoras de su país. “Entró en un bar de Lisboa, me estaba esperando, estaba solo, y de pronto sintió esta pregunta: ‘¿Y si fuéramos todos ciegos? Lo marcaba aún el runrún del Evangelio… Se dijo: `Es que hemos llegado a Marte y no sabemos llegar a nuestros semejantes’. Ahí empezó a crecer este libro que es de un gran humanismo”. Nota aquí.
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miércoles, julio 29, 2026
Paco Ramos
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martes, julio 28, 2026
Eduardo Sacheri
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domingo, julio 26, 2026
Benjamín Prado
"Para mí Almudena Grandes siempre reinará en Rota, con la espumadera en la mano, sobre todo el rebaño de sus admiradores"
El poeta y escritor rinde homenaje a sus maestros y amigos en unas memorias que son una auténtica delicia. Se titulan ‘Qué estoy haciendo aquí’ (Alfaguara) y por ellas pasan Alberti, Octavio Paz, Vargas Llosa, Ana María Matute, Almudena Grandes, Sabina, Paul Auster, Bob Dylan... Emocionan, divierten e instruyen, mientras revelan los entresijos del mundillo cultureta con la sabiduría del intelectual y la intimidad que compartió con ellos. Benjamín es el protagonista de nuestra sección de los viernes Club Esquire: la entrevista.
Creo que no hace falta que te recuerde que Benjamín Prado (Madrid, 1961) es un escritor muy especial para mí –si te lo perdiste, revisa aquí la entrevista que le hice por su novela policíaca El anillo del general (Alfaguara) y la siguiente, por su poemario La edad de los fantasmas (Visor)–. Pero en esta ocasión, mi admiración y agradecimiento son mucho más profundos. Primero, porque acaba de publicar unas memorias tituladas Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara) que son una auténtica delicia y una clase magistral de literatura, en las que repasa sus vivencias –diurnas y algunas abiertas hasta el amanecer– junto a grandes nombres de las letras, la música y la cultura en general: Alberti, Octavio Paz, Vargas Llosa, Ana María Matute, Almudena Grandes, Javier Marías, Ángel González, Paul Auster, Gil de Biedma, Bob Dylan, Leonard Cohen, Patti Smith… Y segundo, porque el que fuera mi primer jefe en el periódico Diario 16 ha tenido a bien publicar en la faja y en la contraportada de su nuevo libro las palabras que un día le dediqué: “Una de las voces más sensatas, interesantes y entretenidas de nuestra literatura, además de un divulgador empedernido”. Ana Trasobares, Esquire. ¿Se puede ser más generoso? ¡Gracias, querido jefe!
El caso es que Benjamín, por H o por B, siempre me toca la fibra sensible y esta vez muy especialmente en el capítulo El periodista, en el que lógicamente narra una época que bien conocí. El poeta, El dramaturgo, El novelista y El letrista son los otros apartados de unas memorias envidiables que te hacen reír y llorar, que emocionan, que instruyen, que divierten y que te revelan los entresijos del mundillo cultureta con la sabiduría del intelectual y la cercanía y la intimidad que solo poseen los que forman parte de este círculo sagrado.
Hoy pillo al autor de las novelas Raro (1995) y Dónde crees que vas y quién te crees que eres (1996); de la saga detectivesca protagonizada por Juan Urbano y de los libros de poemas El corazón azul del alumbrado (1990), Cobijo contra la tormenta (1995) o Marea humana (2007) recién llegado a Rota, su lugar de vacaciones donde comparte patio desde hace años con vecinos tan ilustres como Joaquín Sabina o Luis García Montero, sus íntimos desde ni se sabe. Y le pillo feliz porque, además, el día anterior ha celebrado su cumpleaños y, aunque sopló 65, la palabra jubilación no aparece en su diccionario. Es más, tiene previstas algunas de sus veladas-concierto donde recita versos al son de la música; está acabando también un “librillo”, dice, sobre la Generación del 27 –él es premio Generación del 27, además de Hiperión de Poesía y otros tantos más–, y, por si todo esto fuera poco, repetirá como actor, después de disfrutarle en la serie de Sorogoyen Los años nuevos. Menos mal que sus colaboraciones en radio y televisión le dejarán descansar unas semanas hasta el nuevo curso, porque relajarse ahora es lo que necesita. Eso dice.
He tenido una suerte biológica extraordinaria. Empecé a escribir en un momento en el que todavía estaban vivos los poetas de la Generación del 27, los autores del Boom latinoamericano y los escritores de la Generación del 50. Y convivíamos todos. Estos recuerdos merecían convertirse en unas memorias
Feliz cumpleaños, Benjamín, espero que disfrutaras mucho de tu día.
Gracias, pero no se enteró casi nadie porque coincidió con el cumpleaños de Lamine Yamal (risas).
¡Ay, qué injusta la fama!
Hombre, yo voy a pasar la tarde sentado con todos los vecinos de Rota viendo su partido y él no va a venir a mi próxima lectura. Pero bueno, qué se le va a hacer (risas)
O sea, que ya estás de vacaciones en tu querida Rota. ¿El plan es pasar allí todo el verano o saldrás de gira con alguna de tus veladas literarias de música y poemas?
En verano intento no hacer prácticamente nada, pero alguna cosa tengo: Alcalá la Real, Santander y Logroño. Necesito descansar. ¿Sabes qué me pasa? Que, con el despiste que llevo encima, nunca meto mis libros en el calendario. Por ejemplo, las memorias que acabo de publicar, previsiblemente, pensé que tendrían cierta repercusión, pero hice como si no. Así es como organizo mi agenda pensando en mis cosas y, de repente, aparecen setenta u ochenta entrevistas, viajes de promoción, presentaciones… Ahí ya me supera todo. Siempre me pasa igual: hasta que llega el momento, hago como si no existieran las promociones de mis libros. Así soy yo: un desastre.
Desastre no, hombre, lo que pasa es que tocas muchos palos: escritor, poeta, letrista, colaborador en radio y televisión, actor principiante…
Sí, luego te cuento otro proyecto interpretativo que me ha surgido (risas)… Es que sigo pensando lo mismo desde que era joven, cuando creía que a nadie le iba a interesar lo que hacía. Luego resulta que le interesa a más gente de la que esperaba y, por tanto, tengo que hacer muchas más cosas de las que imaginaba. Pero bueno, no me quejo. Al revés. Yo feliz. Eso sí, me canso. Así que este verano me lo voy a tomar de relax total. Estoy terminando un librillo sobre la Generación del 27 que publicaré próximamente y poca cosa más: cuatro viajes, playa y los vecinos.
Hablemos ya de esas memorias tan jugosas que titulas Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara), una auténtica delicia que he disfrutado de principio a fin porque hacen reír y hacen llorar, enternecen, divierten y, por encima de todo ello, instruyen como una clase magistral de literatura, mientras vas revelando intimidades de vida y de obras, tanto propias como de grandes nombres de la cultura universal con los que te has cruzado. ¿En qué momento vital decides escribir tus vivencias?
Cuando me doy cuenta de que llevo toda la vida guardando esos recuerdos y de que realmente merecían convertirse en unas memorias. Como se decía en el escondite: “Por mí y por todos mis compañeros”. Pero también cuando empecé a notar algunos olvidos, cuando vi que había nombres que ya no recordaba o episodios que empezaban a difuminarse. Entonces pensé: “Es el momento. No vaya a ser que luego sea demasiado tarde”.
Y es que yo he tenido una suerte biológica extraordinaria. Empecé a escribir en un momento en el que todavía estaban vivos los poetas de la Generación del 27, los autores del Boom latinoamericano y los escritores de la Generación del 50. Y convivíamos todos, por lo que mis maestros podían acabar siendo también mis amigos. Podías leer Sobre los ángeles por la mañana y tomarte una copa con Rafael Alberti por la tarde. O leer Sin esperanza, con convencimiento al mediodía y estar comiendo unas horas después con Ángel González. Eso ya no puede pasar, por desgracia. Todos ellos han ido desapareciendo y creo que era importante dejar constancia de aquella experiencia.
¡Que privilegio tan inmenso!, ¿verdad?
Desde luego. Además, fue un momento histórico muy especial. Los escritores del 27 regresaban del exilio –o del llamado exilio interior–. Unos recuperaban el país que habían perdido durante cuarenta años y otros trataban de explicar por qué se habían quedado. Al mismo tiempo, se produjo una normalización literaria: empezaron a reeditarse todos aquellos libros que habían estado prohibidos durante el franquismo. Creo que ese desfase de cuarenta años explica muchas cosas de mi generación como lectores y como escritores.
Había gente que descubría Poeta en Nueva York en 1977, cuando ese libro se había publicado casi medio siglo antes. Existían ediciones clandestinas o piratas, pero no habían circulado de verdad. Ese retraso condicionó nuestra forma de leer y también de escribir poesía. Los de mi generación –Felipe Benítez Reyes, Luis García Montero y tantos otros– admirábamos a los poetas del 27 como si fueran figuras míticas, pero, al mismo tiempo, nos sentíamos mucho más cerca de los del 50: Jaime Gil de Biedma, Ángel González… Todo eso me parecía que había que contarlo. Nota aquí.
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lunes, julio 13, 2026
Esther Zecco
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sábado, julio 11, 2026
Benjamín Prado
«La gente que no admira se pierde una parte de la vida muy importante»
«No tuve ninguna pulsión escritora hasta que escuché ‘Hurricane’ de Bob Dylan; ahí sí que dije: yo quiero hacer esto, escribir una historia tan potente»
¿A quién le va a interesar esto? La pregunta resume el vértigo de todo escritor ante sus memorias. Pero en el caso de Benjamín Prado (Madrid, 1961) estaba «la suerte», palabra talismán: la inmensa suerte de haber vivido a fuego las seis últimas décadas de literatura viva en lengua hispana; y la de su talante: «Soy una persona feliz, me gusta divertirme y divertir». Feliz y agradecido. A su humor agudo (lo primero que pregunta al lector es si se ha reído) suma la habilidad memorística y su escritura poética, y el resultado es un libro de ácidas y tiernas vivencias en torno al hecho literario y la cultura entendida como un viaje iniciático al pasado; por tanto, a la historia. Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara) es la duda que titula la memoria de un escritor que nunca ha temido a lo desconocido, que ha sido y es poeta, novelista, dramaturgo, crítico, periodista, trovador y letrista y, por último, deviene actor.
–¿Ha querido poner sus recuerdos a buen recaudo y el resultado es este tan bello libro?
–Los he puesto a salvo de mí, porque estaba en un punto en el que, más que recuerdos, empezaba a tener olvidos. Es un libro que he tenido en la cabeza toda la vida, porque soy hijo de Alberti y la vertiente biográfica del 27, y he ido echando leña al fuego. La historia no es sólo mía, sino de toda la gente con la que he vivido. Y había que contarla.
–La Asociación Arte y Memoria acaba de premiarle por su compromiso con la cultura. ¿Este libro es, en cierta forma, una celebración de 64 años en la cultura de un país?
–He tenido la suerte biológica de nacer y empezar a escribir cuando aún estaban vivos algunos del 27, rondaban los latinoamericanos en pleno boom y la generación del 50 vivía en la puerta de al lado dispuesta a tomarse una copa contigo. Y esto hoy en día es imposible, porque están todos muertos. Esta obra es la vida de alguien que ha conocido a toda esa gente, porque cumplían un requisito imprescindible, que era estar vivos.
–Tal vez algún joven pueda rebatirle, ¿nada de esto sucede ya, con otros protagonistas?
–Habría que ver cuánto ha leído ese joven y si tiene la curiosidad de entonces para entender que la cultura es un viaje al pasado. Ahora se vive la cultura del alrededor, en ese grado ínfimo del saber que es estar enterado sin profundizar.
–¿Cómo se nace lector?
–No existe el niño a quien no le guste que le cuenten cuentos. Nacemos con intuiciones y virtudes que luego a veces empeoran, pero yo a los 3 años leía de corrido. Y luego has de tener la suerte de encontrar profesores y un sistema educativo que precien ese tesoro que son las humanidades, que este país entierra continuamente. A mí me hizo lector un profesor con su forma de explicar la literatura, tan apasionada y divertida que me fui a la biblioteca a leer a Garcilaso y no he parado: sigo en esa biblioteca del Virgen de Europa.
–¿Y luego ya viene el azar, que a los 17 años y por boca de otro profesor le dice: «Tú vas a ser poeta»? ¿Acaso ni lo sospechaba?
–Ni remota idea. Pensé que aquel señor estaba loco. Devoraba cualquier libro que pillara, pero no se me había ocurrido escribir. No tuve ninguna pulsión escritora hasta que escuché Hurricane de Bob Dylan; ahí sí que dije: yo quiero hacer esto, escribir una historia tan potente. La mayor parte de lo que me ha pasado no tiene explicación; por ejemplo, ¿por qué Alberti se hizo amigo mío? Pues no lo entiendo, como tampoco que Sorogoyen me llamara para actuar en una serie [Los años nuevos]. Vila-Matas, que es un genio, tiene un título que me parece insuperable: Recuerdos inventados. En eso consiste toda la literatura.
–El segundo fogonazo, y este sí es azaroso, es que el profesor le recomienda Sobre los ángeles de Alberti y al día siguiente de leerlo se encuentra al legendario poeta en el bar de la esquina de casa, en Las Rozas. Había ido a por helado para el postre y ahí mismo pasará usted a convertirse en «el amigo/acompañante de Alberti». ¿Qué cree que vio en usted?
–Benjamino, mi escudero, como él me llamaba. Esa era su obra maestra, y por tanto él la odiaba. «¿Qué te pareció?». Y yo, «no está mal». Me miró como flipado, y añadí: «Pero el que me gustó fue el otro, el del sermón [Sermones y moradas, incluido en la misma edición]». «Oye, ¿cuántos años tienes?». «Casi 18». Y él, «venga, siéntate, que te invito a un gin-tonic». ¿Por qué a partir de ahí fuimos amigos tantos años? No lo sé, pero a los tres días me llamó para ir a Ávila a ver un dedo incorrupto de Santa Teresa. Es verdad que yo le había dicho que tenía coche y eso le interesó mucho. Mi padre, que estaba zumbado [fue escolta motorizado de Franco, luego entró en la Barreiros como mecánico y ahí se descubrió que era un genio, pero como no quería estar en un despacho, mandando, montó su propio taller], me había comprado a los 14 años un Renault Caravelle descapotable y sin suelo. Lo que no tenía era carnet, así que estuve llevando a Alberti unos meses ilegalmente. Yo quería un maestro y él necesitaba un chófer.
–En cierta forma, ¿este ser sombra o poeta de reparto no lastró su carrera? ¿Diría que es buen o mal karma el de secundario?
–Cortázar me hizo la misma pregunta de otra manera: «¿Y vos también escribís?». Hombre, difícil, intimidante al lado del gran cronopio… Y el consejo que me dio fue uno de los mejores: «Vos apilá, apilá no más». Mira, yo no he tenido prisa en mi vida.
–Lo digo porque lo mismo volvió a sucederle con Luis García Montero, con Ángel González, con Almudena Grandes y casi todos sus amigos. ¿Sigue usted creyendo en la música del azar o será su dominio de la amistad?
–Cuando conocí a Luis [García Montero], en 1981, él había publicado un libro y medio, lo mismo Benítez Reyes: empezamos todos más o menos a la vez. Tengo los mismos amigos desde hace cuarenta y pico años, los que duran, y esto me conforta mucho: nunca nos hemos traicionado. No concebiría la vida sin ellos: Chus Visor, Sabina, Luis… Los demás han muerto y Vila-Matas ya no bebe.
–Es muy llamativo que no habla usted mal de nadie entre los muchos que han sido o aún son, como Marías, Marsé, Pepe Caballero, Vargas Llosa, Gil de Biedma, Pisón… Excepción hecha del intratable Juan Goytisolo. ¿La amistad es saber cuidar al otro?
–Consiste en cuidar, sí, que es el verbo más bonito del diccionario. Un amigo es aquel al que llamas porque no tienes nada que decirle. Si tienes que tener un motivo, ya no es tan amigo. Pero ¿cómo no voy a hablar bien de gente que me ha enseñado y acompañado, que me ha hecho reír hasta dolerme la boca? Vargas Llosa, con esa risa equina, era un ser absolutamente delicioso, el más tolerante, y contaba historias maravillosas. ¿Cómo voy a hablar mal de él? Y sobre Goytisolo, la ambición y la vanidad no son malas en sí mismas, pero cuando son insatisfechas, sí. Nota aquí.
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viernes, julio 10, 2026
Félix Maraña
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miércoles, julio 08, 2026
Claudia Piñeiro & Reynaldo Sietecase
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lunes, julio 06, 2026
Roque
El taxista que lleva 40 años regalando libros por todo Buenos Aires
Roque, conocido como Tigre, cada vez que termina de leer un libro, lo deja en algún parque de la ciudad con una nota manuscrita y bien envuelto. A veces son las botellas las que buscan náufragos.
En la ciudad de Buenos Aires, la capital de las 400 librerías, vive un tipo tremendamente literario. Se llama Roque, aunque casi todos lo llamen Tigre por la fiera que se tatuó a la espalda cuando era joven, el pelo largo atado con una hebilla y unos puños siempre listos para desafiar a quien se metiera con sus 1,60 metros. Hoy su pelo es plata, como el río porteño, y escaso como sus aguas. Pero el Tigre sigue rugiendo en esas pupilas que se encienden en el retrovisor a medida que cuenta su historia, la de ese hombre anónimo que cada vez que termina un libro se entrega al mismo ritual: cierra el ejemplar, lo envuelve en una bolsa de nailon, toma papel y bolígrafo y escribe una nota como esta: “Te dejo este libro para que te instruyas. Tal vez sea el único que leas en tu vida, pero dirás: leí un libro”.
Sin firmar la nota, Roque sale con su taxi o a pie por las larguísimas arterias de Buenos Aires. Entonces localiza una mesa, de esas que tienen bancos de cemento alrededor, y deja el libro. Siempre se marcha de inmediato, sin mirar atrás. Le daría vergüenza contemplar la escena que lleva propiciando de forma anónima desde hace 40 años con libros de Borges, de Neruda, de Sabato, de Coelho, de tantos otros. Le daría vergüenza presenciar el mágico encuentro que después cobra forma novelesca en su cabeza. El libro que cambia una vida, que mitiga una soledad, que hace pensar en lo inesperado, que convierte en mejor persona, que refuerza una relación amorosa, que salva de la desesperanza, que pone lágrimas en unos ojos nunca vistos por el Tigre. Le daría vergüenza que alguien lo identificara con ese repartidor anónimo de libros que sigue yendo a animar a la cancha de Argentinos Juniors, adonde Maradona, bueno, el Diego, lo llamaba Roque cuando el dios era solo un Pelusa adolescente y Mónica, la primera esposa del Tigre, ya se había reunido con el Dios de verdad si es que tal cosa existe cuando hay tanto amor y tres bocas que alimentar.
El Tigre tenía 31; su esposa, 27, y unos dolores de estómago insoportables. “En 45 días se me murió la flaca, pobrecita”. Habla de ella y todavía llora 40 años después. Y por eso a Carla, su segunda esposa, con la que lleva 22 años casado y tiene dos hijos, muchos le preguntan, incómodos, que si no le molesta ver aún emocionado al Tigre cuando recuerda a la flaca, su flaca, y entonces ella les responde que Roque continúa enamorado de su mujer y yo soy su segundo amor.
Todo eso —y que nació en un pueblo del interior sin luz, y que ese pueblo, Oroño, se despobló por completo y desapareció, y que se arrepiente de haber trabajado demasiado cuando fue padre por primera vez, y que ahora cada jueves juega a la pelota con su hijo pequeño, y que no quiere dejar de trabajar para quedarse arrumbado en un parque diciendo cuando éramos jóvenes—, todo eso lo va contando el Tigre mientras en el maletero aguardan dos tomos de tapa dura. Uno es de Tirso de Molina. El otro, de Honoré de Balzac. Los está terminando. Pronto los repartirá siguiendo el viejo y secreto ritual. “A veces me pasá por la cabeza: ahora va a disfrutar de este libro. Otras veces pienso: pobre tipo, qué denso es, pero será mejor que lo lea a que pierda el tiempo”. Y así, Tirso y Balzac aparecerán pronto en la plaza de Mayo, en la del General San Martín o cerca de la avenida Corrientes con una nota y el nailon protector. Dice, sonriendo, que le ha gustado mi expresión. Que a partir de ahora firmará así la nota: El bibliotecario invisible de Buenos Aires. Nota aquí.
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Romano
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miércoles, julio 01, 2026
Agatha Christie
El misterio de Agatha Christie: la autora más vendida, imitada e incomprendida de la literatura universal
En el centenario de la publicación de ‘El asesinato de Roger Ackroyd’, la novela que la catapultó a la fama, desentrañamos las claves de una autora única, prolífica y compleja que va mucho más allá de los 2.000 millones de libros vendidos.
En junio de 1926 Agatha Christie publicó El asesinato de Roger Ackroyd y algo cambió para siempre en la historia de la literatura. Era su sexta novela, la tercera de la serie de Hercule Poirot, personaje irritante y genial a partes iguales con el que había inaugurado su carrera literaria seis años antes. El éxito fue inmediato. El desenlace de la historia, inédito y controvertido, catapultó la popularidad de Christie y la novela pavimentó una carrera de éxito con cifras casi inasumibles: por encima de 1.000 millones de copias vendidas en inglés de sus más de cien libros, otras tantas en el resto de idiomas; solo Shakespeare y La Biblia la superan. Paradójicamente, este éxito global y su carácter prolífico han desdibujado las aristas de una autora mucho más oscura, profunda e inquietante de lo que pueda parecer, una escritora metida de tal forma en el ADN de la ficción criminal que su efecto no se percibe, una urdidora de tramas que hace un siglo ya reventó algunos de los mejores finales de la historia.
“Es una autora intergeneracional; sus novelas están muy bien hechas y tienen un punto brillante. Se la banaliza por prolífica y por mujer, pero no escribe novelitas, para nada: son grandes novelas. Y no se ha pasado de moda, sino todo lo contrario”, cuenta la editora Miriam Vall, quien dirige en Espasa la publicación en español de toda la obra de la autora británica. Llevan casi un centenar de libros y pretenden completar esta ardua misión en 2028. Los lectores, también los jóvenes, han respondido con entusiasmo: “Con Agatha ves pero no ves, no quieres volver atrás, te metes en la historia. Y eso a los chavales les encanta. La novela los convierte en detectives, les pide un poco de ayuda y ellos se quedan atrapados”.
No siempre reconocida, la huella de Christie (Devon, 1890 - Oxfordshire, 1976) en autores contemporáneos es inmensa. En el último libro de Juan Gómez Jurado (Mentira, Ediciones B) se puede rastrear la influencia de la autora de Muerte en el Nilo, en especial de ese narrador no confiable que estrenó en la citada El asesinato de Roger Ackroyd. No en vano, el autor de Reina Roja es uno de sus grandes defensores: “Me enseñó que el lector merece ser respetado. Puedes sorprenderle, puedes manipularle, pero no puedes mentirle. Toda la información tiene que estar ahí. Christie es aparentemente sencilla. Esa transparencia es el resultado de un trabajo brutal, no de su ausencia. Que venda cientos de millones de libros y la crítica todavía arquee la ceja solo habla de quien la arquea”. Ese método estajanovista se alimentaba de una actividad incansable (tomaba notas de todo, dispersas, que solo más adelante adquirían forma), disciplina y una gran capacidad para beber de la realidad: sus novelas se anclan en el tipo de sociedad en la que vivió siempre, acomodada, con grandes casas y servicio, pero en cierta decadencia moral y económica.
A pesar de conocer por fin el éxito, 1926 fue un año convulso para ella. En diciembre desapareció durante 11 días y el caso agitó la sociedad británica. Abandonó su casa en Berkshire sin avisar a nadie. Posteriormente, su coche se encontró abandonado en la estación de Kings Cross, desde donde luego se supo que había tomado un tren a Harrogate (sede, en la actualidad, de uno de los mejores festivales de novela negra del mundo) para alojarse en un hotel. Algunos empleados la reconocieron y dieron el aviso. Se había registrado con el nombre de Nancy Neele, golfista amiga de la familia y amante de su marido, al que no reconoció cuando se reencontraron. Nunca habló del tema con nadie. El divorcio llegó dos años después. En medio del huracán, en 1927 creó a la perspicaz Miss Marple, que aparece por primera vez en The Tuesday Night Club, un relato publicado en Royal Magazine. María G. S., madrileña de 14 años, defiende desde su pasión por los libros de la británica a la infravalorada investigadora: “A pesar de que dé la sensación de que reservaba los mejores casos para Poirot, me encanta de Agatha Christie que incluyera un personaje como Miss Marple en un momento en el que todavía casi no se había desarrollado la presencia de protagonistas femeninas en la literatura”. Nota aquí.
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Romano
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miércoles, junio 24, 2026
Ian Gibson
“Un Gobierno que sacó a Franco del Valle de los Caídos haría muy bien en seguir buscando el cadáver de Lorca”
El hispanista, que ha dedicado toda su vida a la investigación y búsqueda del poeta, publica el diario ‘No me encontraron’
Ian Gibson (Dublín, 87 años) utiliza palabras muy duras en No me encontraron (Aguilar). Son los diarios que escribió entre la frustración, la rabia y la desazón mientras se producían las labores de búsqueda del cadáver de Federico García Lorca en 2009 en Alfacar (Granada), donde fue asesinado el 18 de agosto de 1936. El poeta ha sido su obsesión a lo largo de seis décadas, desde que decidió iniciar la investigación sobre el crimen que lo llevó un mes después del comienzo de la Guerra Civil hacia esa fosa aún no hallada. Aquello concluyó en fracaso. Una oportunidad perdida que contó con la continua oposición a encontrar los restos por parte de su familia y la poca pericia de las autoridades. Pero no se resigna. Gibson cree que aún podría resolverse. A su juicio, se cometieron demasiados errores y no se tuvieron en cuenta testimonios claves —y surrealistas— sobre posibles traslados de los restos. Aún el Gobierno podría actuar, defiende: “Incluso legislar para ello, si quisiera”. Un Ejecutivo que fue capaz de sacar a Franco del Valle de los Caídos, dice, podría ofrecer con todos los honores al gran poeta y dramaturgo español un funeral de Estado.
Pregunta. ¿Queda para usted enterrada toda posibilidad de encontrar la fosa donde se encuentra Lorca?
Respuesta. No, en absoluto. Dicen que lo último que se pierde es la esperanza, pero admito que el asunto me tiene muy bajo de moral. Y más aún con la subida de Vox. Juanma Moreno dijo en Granada, en 2018, que hay que encontrar los restos de Federico. Le honró. Me hizo feliz. Ahora se le complica el asunto con Abascal y compañía. Si el PP fuera políticamente inteligente, lo buscarían ellos, ya que Lorca, como Ignacio Sánchez Mejías, no solo es un andaluz preclaro, sino casi cósmico. Un fenómeno sin precedentes que convoca en torno a él, en estos momentos, proyectos españoles y foráneos de toda índole. La gente lo quiere en todo el mundo, sobre todo por su teatro. Es que, literalmente, fascina.
P. ¿Cuáles serían las posibilidades legales para el Gobierno de actuar?
R. Quiero creer que todas las posibilidades. ¡Si hace falta, se legisla!
P. ¿Qué errores se cometieron en aquella búsqueda de 2009?
R. Son incontables... Me limito al más flagrante: no haber tenido en cuenta las declaraciones del año anterior, en 2008, en el periódico Ideal, diario granadino por antonomasia, hechas por Antonio Ernesto Molina Linares, vicepresidente segundo, en 1986, de la Diputación Provincial entonces en manos del PSOE. Al referirse a la inauguración aquel año del Parque Federico García Lorca de Alfacar, en las afueras de la ciudad, donde la mayoría de los investigadores situábamos el lugar del crimen y del sepelio, Molina Linares declaró que durante las obras encontraron huesos al lado del olivo que a mí me señaló el enterrador del poeta en 1966. Los huesos estorbaban el vallado del recinto, y haber puesto al tanto de ese descubrimiento al juez habría demorado la inauguración del parque.
P. Eso, dice usted, ¿se pasó por alto?
R. Totalmente. No querían retrasar nada en absoluto porque iban a conmemorar medio siglo del asesinato, con lo que aquello significaba. De modo que se volvieron a enterrar los restos en otro rincón del espacio.
P. ¿Dónde?
R. No lo sabemos. Se impuso el silencio absoluto en torno al hallazgo por parte de todos los involucrados. Así durante veinte años, hasta la prescripción. Una vergüenza. Y nadie movió un dedo. La verdad se supo apenas inaugurada la primera búsqueda oficial, cuando Abc llamó la atención sobre las declaraciones de Molina Linares el año anterior. Pero nadie en Granada dijo ni pío. Nadie. Ni la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica. Me sigue pareciendo increíble.
P. ¿Cuánta documentación sin desclasificar sobre el caso queda por abrirse al público y qué puede y debe hacer el Gobierno al respecto?
R. Me consta que documentación sobre el caso había en Interior. No sé qué queda o puede encontrarse hoy. Yo, desde aquí, le pido a Pedro Sánchez y a su Gobierno que por lo menos nos digan si hay algo y que, en el caso de que sí, sea accesible a los investigadores. Aunque no creo sinceramente que nos ayude mucho.
P. El filósofo Reyes Mate, como usted recoge en el libro, asegura que lo que le ocurrió a Lorca no es un asunto privado, sino un hecho político que marca el momento posterior que vivimos. La familia aduce que se respeten sus deseos de no desenterrarlo por su simbolismo respecto a todas las víctimas que se encuentran en la misma zona. ¿Qué criterio debería imperar?
R. Yo estoy de acuerdo con la posición de Reyes Mate: Lorca es de todos y representa a todos los aún desaparecidos del franquismo. El argumento de la familia sigue siendo el de siempre, sin una sola voz discrepante. Me parece patético y cruento. Lorca es el poeta y dramaturgo nacional con mayúsculas. Nota aquí.
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Romano
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Etiquetas: Federico García Lorca, Ian Gibson, Libros
martes, junio 23, 2026
Paz Martínez
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Romano
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Etiquetas: Cartel, Libros, Moncho Otero





























