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lunes, septiembre 07, 2026

Victoria Ocampo

 La niña argentina: Victoria Ocampo según ella misma

Regresan los primeros tres tomos de la autobiografía de Victoria Ocampo, mecenas y cerebro de la cultura argentina del siglo XX, fundadora de la revista y editorial Sur.

Después de muchos años sin reeditarse, vuelve a aparecer esta Autobiografía de Victoria Ocampo en seis pequeños tomos. Ahora en una edición mejorada, en la que se reponen los nombres que ella ocultó por piedad o, vaya a saber, por conveniencia. Pero la aparición de los tres primeros de los seis, conserva casi exactamente la apariencia de su primera publicación entre los años 1979 y 1984.

Estos tres tomitos cuentan su período de formación hasta la aparición de la revista Sur, con la que no sólo descubre su vocación, sino que se descubre su personalidad pública, esa que conocemos sin necesidad de leer su obra y que selló el destino de una parte de la cultura nacional de manera indeleble.

Que tres de las casas que habitó (la de Mar del Plata, la de Palermo y la de Béccar) se hayan convertido en centros culturales no muestra sino el poder con el que trasformó la cultura. Beatriz Sarlo llamó a ese poder la capacidad de generar una “máquina cultural”, es decir, un dispositivo de funcionamiento que no necesita de la persona para ponerse en marcha. Como si esas casas dijeran: “Allí donde puso un pie V. O., se discutirá la cultura del presente en todos los tiempos”. Victoria Ocampo fue una parte indispensable de la cultura argentina, porque su acción no puede ser soslayada ni por los que acuerdan con sus ideas, ni por lo que la denuestan.

Su influencia se extiende más allá de la Argentina, claro. En todas las referencias a los benefactores de la intelectualidad parisina del período de entreguerras y durante la Segunda Guerra Mundial, que reunía a franceses con ingleses y americanos varados en la ciudad, aparece el nombre de Victoria Ocampo como una de las más grandes contribuyentes a esa comunidad. Sobre todo a través de Sylvia Beach, la dueña de la librería de París Shakespeare & Company (que en aquella época estaba en el barrio de Odéon) y editora de libros como Ulises. Su tarea de embajadora de la cultura argentina solo se puede comparar con la del fundador y sostén de la Escuela de Frankfurt (entre el año 1923 hasta su cierre), el también argentino Félix Weil.

Pero no la iguala porque ella también fundó la revista Sur, que le dio forma al cosmopolitismo cultural argentino hasta la década del 60 y más allá, mediante traducciones de grandes obras, invitaciones a intelectuales, protección del bienestar de muchos escritores e intelectuales de todo el mundo.

Su primera amistad literaria, adolescente, y su correspondencia es con Delfina Bunge, narrada en el Tomo II, El imperio insular. En las cartas confiesa la conciencia y el temor a que el matrimonio se constituya en una cárcel y la desespera la posibilidad de caer en la trampa que supone el enamoramiento: “Sí. Sólo me he jurado a mí misma que no tendré sino un gran amor: el arte”. El arte y el contacto con los artistas e intelectuales del siglo será justamente lo que la aleje de la religión católica, de la institución matrimonial, y la acerque al feminismo, a la vida mundana, al trabajo. Victoria Ocampo es el ejemplo perfecto de la mujer del siglo XX que sabe que tiene que optar y que seguir una vocación implica romper lanzas con la vida que le había sido destinada por su familia y las instituciones de su época. “¡El casamiento me parece algo tan temible!”.

En ese mismo Tomo II sostiene que “el gran proletariado del mundo es el de las mujeres de todos los países y de todas las clases. Me salieron al pasar, como era de esperarse, los comunistas, para proclamar que yo pensaba y decía disparates…”. Lo notable es que ese es el argumento de Engels en su libro La sagrada familia, donde examina el efecto de la lucha de clases sobre las instituciones nucleares.

El episodio es óptimo para ilustrar hasta qué punto ella era el objeto de malinterpretaciones. Su nombre y su linaje siempre precedieron a sus argumentos o a sus ideas. Es la típica escritora que se lee instalado en el prejuicio y en la idea ya concebida antes de llegar a la primera página.

Cuando relata el error que cometió con su joven matrimonio, termina con la publicación de las cartas de sus parientes en que se relata la trágica muerte de Felicitas Guerrero en 1872, asesinada por un tío abuelo de la propia Victoria, y en la que Victoria ve, sin dudas, una precursora de su espíritu rebelde frente a las obligaciones impuestas por su familia.

Confinada al mundo en el que nació, su infancia se limita a la vida junto a sus cinco hermanas menores, con las que comparte el contacto con el ejército de sirvientes, mucamos, choferes, nanas, institutrices; ese rasgo bien latinoamericano: la vida se desarrolla con esa otra familia, el servicio doméstico, y allí las tareas de preparación del vestuario para las fiestas y el aseo personal se confunden con el aprendizaje de lenguas o con los rudimentos de aritmética.

Todo es lo mismo: lo privado se confunde con lo público y lo familiar se entrelaza con lo nacional. La amistad de su abuelo con Sarmiento, entre otros próceres, la hacen comprender desde niña que el destino de la nación se debate, muchas veces, en el living de su casa (cuando no en otras habitaciones).

Y a veces en esta autobiografía logra plasmar imágenes que han quedado grabadas en el imaginario de nuestra cultura como una fuente incesante de sentidos. Valga como ejemplo el ya célebre episodio usado como letanía para ilustrar con una imagen instantánea a la aristocracia argentina: “En nuestro primero y segundo viaje a Europa nos embarcamos con vacas (dos) y gallinas (varias)…”. Retrato perfecto de una clase nacionalista, patriótica, oligarca, suntuosa y liberal. Contado quizás, con inocencia, el episodio dio lugar a una cantidad casi infinita de interpretaciones. La obra de teatro inspirada en esa oración, El niño argentino, de Mauricio Kartún, de 2006, es una de las más deliciosas y agudas. Nota aquí.





miércoles, agosto 05, 2026

Kiran Desai

 Kiran Desai, escritora: "En la India nunca estás solo físicamente"

La novela de más de 700 páginas considerada como una de las mejores del año. Marca el regreso de Kiran Desai, la escritora india más joven galardonada de la historia.

La soledad de Sonia y Sunny es la historia fascinante de dos jóvenes cuyos destinos se cruzan y separan a lo largo de continentes y años: una epopeya sobre el amor y la familia, la India y Estados Unidos, la tradición y la modernidad, que marca el regreso a la gran narrativa de la autora india Kiran Desai, tras El legado de la pérdida. 

Durante su visita a Buenos Aires dialogó con BAE Negocios, con café de por medio y mucha serenidad.

 -¿Por qué 20 años entre una novela y la otra? -Es la pregunta que todos me hacen. Parece un poco loco haber tardado tanto. No me di cuenta. Tengo que decir que casi me he caído en otro mundo y no me di cuenta de que pasaron tantos años. Tenía mucho material.

- Vivís en Estados Unidos, ¿vas seguido a la India?-Eso es interesante porque hasta el 2008 iba a casa, porque mi padre todavía vivía. Iba a casa de mi infancia, volvía a la cocina familiar, al cocinero, que es una gran parte de este libro. Mi padre tenía un poncho que había comprado cuando viajaba a Latinoamérica, tomaba su whisky y ponía la música muy alto. Puede ser la música de guitarra española o de India, todo eso es también es parte grande de este libro. Aún me sentía conectada. Pero después de esa muerte, vuelvo de muy diferente. Aún tengo un hermano que vive allá, pero me di cuenta de que conocí la sensación de la diáspora de India en Nueva York. 

-¿Escribís en inglés?-Sí, crecí en una familia muy occidentalizada, también diversa. En varios idiomas. Papá en los últimos años empezó a hablar mucho en Indi. Mi educación fue en inglés con monjas irlandesas en India. Fue una escuela tipo convento. Muy estricta.

 -¿Eras de una clase privilegiada?-Sí, absolutamente. Hay muchos centros en India con culturas literarias fuertes, con culturas periodísticas fuertes. Sí es cierto que yo no soy de una familia adinera precisamente, pero sí de esta educación occidentalizada que inmediatamente te da cierto privilegio. Esta libro está justamente puesto en ese tipo de personas, en esa clase. Las personas que educan a sus hijos para dejar India y estudiar en Oxford, en Harvard y que esperan que trabajen para la ONU y tienen grandes sueños. 

-¿La soledad es distinta en occidente que en India? -Hay una simple y drástica diferencial. En India nunca estás solo físicamente. No hay esa sensación de comer solo o dormir en un cuarto solo. No tenés esa experiencia. La mayor parte de mi niñez fue tratar de alejarme de las personas. Y en Estados Unidos es lo opuesto, es estar físicamente solo y tratar de conectar con alguien, de conocer personas, de hablar. Cada país y cada lugar tiene sus propias formas de soledad. Tal vez tenés la soledad de no ser comprendido o tener un rol en la sociedad que no querés cumplir. Tal vez una soledad elegida. Alguien puede pensar que dejar a su esposo como hizo la madre de Sonia, fue elegida, que lo toma como algo preciado esa soledad. Especialmente en un país como India, para una mujer que viva sola y tenga esa identidad de sí misma, esa sensación. Entonces es parte del vocabulario del lenguaje occidental de ser un individuo, de la individualidad. Parte del vocabulario de la inmigración también, la soledad en sí. 

-Los protagonistas están situados en la decáda del 90 ¿Cómo sería su imigración hoy? -Los puse en el pasado porque quería escribir sobre varias generaciones, de ellos, de sus padres, de sus abuelos. Escribir sus recorridos entre India y el mundo occidental a través de varias generaciones. Hablar de sus ideas de amor y de soledad en el pasado hacia el presente. Y también mencionar o hablar de una India que ya no está, que ha desaparecido. Creo que las novelas a veces son como un museo. Quería escribir sobre esos personajes que lucharon mucho y creían en India como un país secular, una democracia secular y con diferentes religiones. Ahora es más nacional, se está deshaciendo eso. Quería capturar la India que era antes, porque a veces es importante, me parece, recordar. Uno tiene que tener la memoria de lo que una vez fue el país. Pero si lo hubiera hecho en la actualidad, en la India actual, se podrían ver como en los comienzos en este libro el personaje que es la mejor amiga de la mamá, es una mujer musulmana. Y creo que hay mucho miedo entre las minorías indias, entre los cristianos y musulmanes.

-¿Cómo le hubiera ido a los personajes con Donald Trump? -Estados Unidos e India están con este auge nacionalismo, primero India, después más recientemente con Trump, Estados Unidos. La aniquilación del periodista, del periodismo, del silencio, de las universidades, libros que se sacan de las estanterías. Creo que Sunny y Sonia se sentirían como si tuvieran hablar en ambos lugares, contar lecciones de su niñez y creo que eso sería muy importante.  Nota aquí.



martes, agosto 04, 2026

Ece Temelkuran

 Ece Temelkuran, escritora turca exiliada: “Pronto tendremos que redefinir el concepto de hogar”

La periodista turca acaba de publicar, desde el exilio, ‘La nación de los extraños’, sobre cómo encontrar un hogar cuando el propio deja de sentirse seguro.

Hace 10 años, la periodista y escritora turca Ece Temelkuran (Esmirna, 53 años) le dijo a su madre la fatídica frase que ningún inmigrante quiere pronunciar: “Mamá, no voy a volver a casa”. Llamaba desde Zagreb y desde ese mismo momento sintió que se había convertido en una persona sin hogar. En 2016 abandonó Turquía, un país cada vez más autoritario, para poder vivir, escribir y pensar en paz. Durante todo este tiempo se ha visto abocada a moverse por distintos países europeos con la constante sensación de no pertenecer, de tener las raíces expuestas al aire frío de lo ajeno. Después de publicar Cómo perder un país y Juntos, Temelkuran ha escrito La nación de los extraños (los tres, editados por Anagrama), su libro más personal y en el que repasa el sentimiento de exilio, pero también advierte: esto también te puede pasar a ti, tú también puedes perder tu casa de un día para otro.

Este libro es muy diferente a sus libros anteriores, ¿tenía pensado desde el primer momento escribir algo personal?

No, nunca. Me crie en una familia de izquierdas. Y vengo de una cultura donde empezar una oración con “yo” se considera vergonzoso.

¿Por su familia o por la sociedad?

Por culpa de la sociedad. Como eres de izquierdas, tienes que hablar de otras personas todo el tiempo. Así que nunca pensé en escribir mi historia. Creía que contar mi historia no solo era vergonzoso, sino que también sentía que me estaba poniendo en una situación de víctima, lo cual también es humillante. Así que nunca lo pensé hasta que, primero, tuve un colapso físico y recordé que también soy humana, vulnerable y frágil [ríe]. Y, segundo, vi que hay una fuerte conexión entre mi historia personal y la condición humana, que también es la de no tener hogar.

¿Cuál es su definición de hogar?

Mi hogar está hecho de personas. No es un lugar. Está hecho de amigos y está hecho de palabras, de promesas que nos hacemos el uno al otro. Eso es lo que te mantiene unido, como una red de seguridad, cuando hay incertidumbre. Pero dicho esto, no es fácil sentirlo todos los días, sentirme así todos los días. No es fácil sentirse como en casa cuando no hay un lugar al que puedas llamar hogar.

Un lugar físico, geográfico.

Sí. Tienes que convencerte constantemente de que casa son otras personas. No es fácil, porque esta idea de hogar como un lugar es tan inherente a nuestra humanidad desde el principio de los tiempos… Tal vez tengamos que intentar cambiar eso, no porque vayamos a quedarnos sin hogar o sin techo a causa de las guerras o el fascismo, sino porque el espacio en el planeta está disminuyendo por la crisis climática. Pronto tendremos que redefinir el concepto de hogar.

Escribe que el hogar ya no es seguro. ¿Recuerda el momento exacto en el que sintió que ya no era seguro estar en casa?

Desde 2002, cuando Erdogan llegó al poder, supe que esto no sería un partido político normal, sino un movimiento político y que cambiaría profundamente Turquía. Pero me sentí completamente desamparada después del intento de golpe militar de 2016. Durante la noche, sonó la selah, que es una oración que los musulmanes hacen por los muertos. Fue entonces cuando pensé: “Están fundando una nueva república y este ya no va a ser mi hogar. No voy a sentirme segura”. Y luego, unos días después, vivía en una casa de una planta baja y tenía barrotes de hierro en mis ventanas, y alguien arrancó los barrotes y dejó las ventanas abiertas. No se llevaron nada de la casa, pero yo pensé: “Esto ya no es seguro”.

Fue un mensaje, un “sabemos dónde vives”.

Sí, exactamente. “Podemos hacer este tipo de cosas”. Así que ese fue el momento en que sentí que ahora sí estaba en peligro. Pero incluso entonces, no pensé en irme.

¿Por qué no?

No lo sé. Yo nunca planeé irme de casa, salir del país. Después de ir a Zagreb, decidí tras dormir allí una noche que me iba. Esa fue la primera vez que dormí sin pensar que iban a venir por la mañana a detenerme. Para ser sincera, no sabía que iba estar tanto tiempo fuera. Porque en el fondo siempre piensas: “Oh, claro que voy a volver”. Y ya han pasado 10 años. Parece irreal.

¿Quiere volver?

Quiero poder volver sin sentir terror.

¿Y qué opina de los ciudadanos que apoyan a Erdogan y al régimen?

Cada vez son menos… para empezar. Están los devotos acérrimos del régimen y hay quienes se están enriqueciendo con este régimen. Su sustento depende de la supervivencia política de Erdogan, así que, naturalmente, lo mantienen en el poder. Pero aquellos que votaron por él pensando que este hombre traería a este país prosperidad, democracia y libertad, bla, bla, bla, muchos de ellos ya han abandonado el barco. Nota aquí.



miércoles, julio 01, 2026

Agatha Christie

 El misterio de Agatha Christie: la autora más vendida, imitada e incomprendida de la literatura universal

En el centenario de la publicación de ‘El asesinato de Roger Ackroyd’, la novela que la catapultó a la fama, desentrañamos las claves de una autora única, prolífica y compleja que va mucho más allá de los 2.000 millones de libros vendidos.

En junio de 1926 Agatha Christie publicó El asesinato de Roger Ackroyd y algo cambió para siempre en la historia de la literatura. Era su sexta novela, la tercera de la serie de Hercule Poirot, personaje irritante y genial a partes iguales con el que había inaugurado su carrera literaria seis años antes. El éxito fue inmediato. El desenlace de la historia, inédito y controvertido, catapultó la popularidad de Christie y la novela pavimentó una carrera de éxito con cifras casi inasumibles: por encima de 1.000 millones de copias vendidas en inglés de sus más de cien libros, otras tantas en el resto de idiomas; solo Shakespeare y La Biblia la superan. Paradójicamente, este éxito global y su carácter prolífico han desdibujado las aristas de una autora mucho más oscura, profunda e inquietante de lo que pueda parecer, una escritora metida de tal forma en el ADN de la ficción criminal que su efecto no se percibe, una urdidora de tramas que hace un siglo ya reventó algunos de los mejores finales de la historia.

“Es una autora intergeneracional; sus novelas están muy bien hechas y tienen un punto brillante. Se la banaliza por prolífica y por mujer, pero no escribe novelitas, para nada: son grandes novelas. Y no se ha pasado de moda, sino todo lo contrario”, cuenta la editora Miriam Vall, quien dirige en Espasa la publicación en español de toda la obra de la autora británica. Llevan casi un centenar de libros y pretenden completar esta ardua misión en 2028. Los lectores, también los jóvenes, han respondido con entusiasmo: “Con Agatha ves pero no ves, no quieres volver atrás, te metes en la historia. Y eso a los chavales les encanta. La novela los convierte en detectives, les pide un poco de ayuda y ellos se quedan atrapados”.

No siempre reconocida, la huella de Christie (Devon, 1890 - Oxfordshire, 1976) en autores contemporáneos es inmensa. En el último libro de Juan Gómez Jurado (Mentira, Ediciones B) se puede rastrear la influencia de la autora de Muerte en el Nilo, en especial de ese narrador no confiable que estrenó en la citada El asesinato de Roger Ackroyd. No en vano, el autor de Reina Roja es uno de sus grandes defensores: “Me enseñó que el lector merece ser respetado. Puedes sorprenderle, puedes manipularle, pero no puedes mentirle. Toda la información tiene que estar ahí. Christie es aparentemente sencilla. Esa transparencia es el resultado de un trabajo brutal, no de su ausencia. Que venda cientos de millones de libros y la crítica todavía arquee la ceja solo habla de quien la arquea”. Ese método estajanovista se alimentaba de una actividad incansable (tomaba notas de todo, dispersas, que solo más adelante adquirían forma), disciplina y una gran capacidad para beber de la realidad: sus novelas se anclan en el tipo de sociedad en la que vivió siempre, acomodada, con grandes casas y servicio, pero en cierta decadencia moral y económica.

A pesar de conocer por fin el éxito, 1926 fue un año convulso para ella. En diciembre desapareció durante 11 días y el caso agitó la sociedad británica. Abandonó su casa en Berkshire sin avisar a nadie. Posteriormente, su coche se encontró abandonado en la estación de Kings Cross, desde donde luego se supo que había tomado un tren a Harrogate (sede, en la actualidad, de uno de los mejores festivales de novela negra del mundo) para alojarse en un hotel. Algunos empleados la reconocieron y dieron el aviso. Se había registrado con el nombre de Nancy Neele, golfista amiga de la familia y amante de su marido, al que no reconoció cuando se reencontraron. Nunca habló del tema con nadie. El divorcio llegó dos años después. En medio del huracán, en 1927 creó a la perspicaz Miss Marple, que aparece por primera vez en The Tuesday Night Club, un relato publicado en Royal Magazine. María G. S., madrileña de 14 años, defiende desde su pasión por los libros de la británica a la infravalorada investigadora: “A pesar de que dé la sensación de que reservaba los mejores casos para Poirot, me encanta de Agatha Christie que incluyera un personaje como Miss Marple en un momento en el que todavía casi no se había desarrollado la presencia de protagonistas femeninas en la literatura”. Nota aquí.



martes, mayo 12, 2026

Eva Baltasar

 Eva Baltasar, escritora: “Mis grandes maestros han sido las exparejas que me destruyeron”

La autora publica ‘Peces’, una historia de fascinación y abuso entre dos mujeres, y reflexiona sobre la naturaleza del amor, la soledad elegida, su educación religiosa y la escritura como reparación.

Eva Baltasar (Barcelona, 1978) recibe en su casa de Cardedeu, a unos 40 kilómetros de Barcelona, en esa frontera difusa donde el área metropolitana se convierte en bosque. Acaba de publicar Peces (Random House, en castellano; Club Editor, en catalán), una novela sobre una relación tóxica entre una escritora y una vendedora ambulante de pescado. Desde el éxito inesperado de Permafrost, monólogo interior de una mujer aislada y suicida que ahora se representa en versión teatral en el Espai Texas de Barcelona, Baltasar se ha convertido en una de las voces más influyentes y leídas de la literatura catalana. Habla despacio, piensa mientras responde y corrige sus frases sobre la marcha. “Soy muy voluble”, dice. “Lo que pensaba en enero quizá ahora ya no lo pienso”, decía a finales de abril. A saber qué opinará a mediados de mayo.

Pregunta. A menudo se la confunde con sus narradoras. ¿Se le parecen?

Respuesta. Me divierte esa identificación. El término autoficción no me apasiona, pero es verdad que utilizo a mis protagonistas como espejismos de mí misma. Aprovecho su voz para hablar de incomodidades que siento. En los clubes de lectura, que son como terapias de grupo, siempre psicoanalizan a mis protagonistas y, acto seguido, me psicoanalizan a mí. Entiendo que se quiera completar el puzle, pero a veces parece que el escritor esté ahí para ser diseccionado. Y la literatura no funciona así.

P. ¿Le incomoda?

R. No, me lo tomo bien. He aprendido a poner límites de manera simpática. A veces incluso invento historias. Y le aviso de que en algunas entrevistas también me invento cosas. Sobre todo, si el periodista no se ha leído el libro…

P. Peces se presenta como una historia de amor. Para usted, ¿esto es el amor?

R. No. Para mí, el amor tiene que ser bueno y sano. Si esta es una historia de amor, es monstruosa. Aunque eso nos ha pasado a muchos: vivimos historias que hoy llamaríamos tóxicas, en las que, en realidad, había muy poco amor. Yo he tenido tres amores monstruosos, que no está mal…

P. ¿Qué le dejaron?

R. Un gran aprendizaje. Mis grandes maestros han sido o grandes enemigos o personas que he amado mucho y que, consciente o inconscientemente, me han destruido. Pero las bendigo, porque me ofrecieron esa oportunidad de aprender. He aprendido más de esas personas que de quienes me han acompañado bien. Pero, gracias a Dios, ya basta. Ahora los veo venir y salgo corriendo. Nota aquí.



domingo, diciembre 28, 2025

Elvira Lindo