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martes, octubre 20, 2026

El Greco

 La histórica confitería de Caballito donde nació Sui Generis: tiene más de 70 años y es famosa por sus sándwiches de miga

Una reunión clave para la historia del rock argentino ocurrió entre las mesas de El Greco.

Conserva un espíritu porteño “vintage”, con recetas clásicas y mozos de camisa y corbata.

En Caballito hay una confitería donde los mozos todavía atienden de camisa y corbata, las porciones de torta son enormes y los sándwiches de miga se preparan como hace décadas. Pero entre sus mesas también se escribió un capítulo inesperado de la historia del rock argentino: allí tuvo lugar una reunión decisiva para el nacimiento de Sui Generis.

Se trata de El Greco, un clásico de avenida Rivadavia que abrió en 1952 y todavía conserva buena parte del espíritu de las antiguas confiterías porteñas. Por sus salones pasaron músicos, políticos y figuras del espectáculo, pero también generaciones de vecinos que siguen eligiendo el lugar para desayunar, almorzar o llevarse alguna de sus especialidades.

Y aunque su historia alcanza para llenar varias páginas, buena parte de su atractivo actual está detrás de las vitrinas: facturas de manteca, masas finas, tortas de otra época y unos sándwiches de miga que figuran entre los grandes favoritos de su clientela.

La reunión que dio origen a Sui Generis

Aunque El Greco abrió sus puertas en 1952, la historia gastronómica de esa dirección se remonta a fines del siglo XIX. Por entonces, los hermanos Gianni atendían un café en la esquina de Rivadavia y Rojas, que años más tarde trasladaron a un local cercano bajo el nombre de Campidoglio.

Era un típico café de barrio, con mesas de billar, partidas de cartas y largas sobremesas. Después de varios cambios de propietarios, cerró en 1949. El edificio fue demolido y, tres años más tarde, nació allí El Greco, que comenzó a hacerse conocido por su pastelería, sus sándwiches y su rotisería.

Pero el episodio más curioso de su historia ocurrió a finales de los años 60. En una de sus mesas se reunieron Charly García, Alejandro Correa y Beto Rodríguez, integrantes de To Walk Spanish, con Carlos Piegari, músico de otra banda llamada The Century Indignation.

La intención era convencer a Piegari de que se sumara al grupo. Él aceptó, pero puso una condición: que también incorporaran a su compañero Nito Mestre. Así, aquella conversación terminó siendo decisiva para la formación de Sui Generis, una de las bandas fundamentales del rock argentino.

Con el paso del tiempo, El Greco atravesó cambios de dueños, cierres y remodelaciones. En los años 80 quedó en manos de un grupo de socios, entre ellos integrantes de la familia Fernández, que continúa vinculada al negocio.

Durante las décadas del 80 y 90, sus tres salones fueron escenario de fiestas, reuniones y celebraciones. También se hizo conocido por su servicio de catering para eventos multitudinarios y amplió su propuesta con platos de restaurante.

El salón conserva buena parte de su estructura original, aunque las instalaciones se modernizaron. Los clientes más antiguos todavía recuerdan una particularidad de aquella época: había un piano y distintos músicos se turnaban para tocarlo a lo largo del día.

Hoy ya no suena aquel piano, pero siguen las mesas ocupadas por vecinos que se conocen de toda la vida, los camareros que recuerdan los pedidos habituales y una carta que mantiene muchos de sus clásicos. Nota aquí.



jueves, octubre 15, 2026

Pulpería Argentina

 La pulpería porteña más antigua se reinventó con gastronomía, música y una particular colección de objetos

A pocas cuadras del centro de la ciudad, en medio de la bulliciosa calle Defensa, la Pulpería Argentina es un portal al pasado y, según sus clientes más fieles, también al futuro.

“Esta es la última pulpería que queda en la Ciudad de Buenos Aires”, dice con una felicidad contagiosa Matías Pierrad, sentado entre estanterías que exhiben mucho más que botellas: tiene grilletes de esclavos, una mina marina del acorazado Graf Spee, una pianola de 1895 y hasta una antigua balanza “de la suerte” que, además de dar el peso a las personas, les augura su futuro.

La “Pulpería Argentina” cumplió 312 años; es la más antigua del país y una de las primeras casas de la ciudad. De su construcción original —de 1714— queda una pared. Además de pulpería, a lo largo de su historia fue conventillo, tintorería, taller mecánico, sede de la Fundación San Telmo y punto de encuentro de artistas como Borges, Sábato, León Ferrari, Xul Solar y Clorindo Testa.

“Es un lugar simple, auténtico, humano, poético y apasionado”, cuenta Pierrad. Desde abril pasado, está a cargo de esta vieja casa colonial.

En 2012, un matrimonio francés que llegó al país por tres semanas para tomar un curso de español se enamoró de Buenos Aires y decidió comprar la propiedad. “Había pasto crecido; estaba en muy mal estado”, cuenta Pierrad. Decididos a devolverle la vida a la casona, comenzaron un profundo trabajo de restauración, con la ayuda de un equipo de arqueólogos. “Encontraron de todo”, cuenta el actual encargado del lugar.

Se llamó por algunos años “Pulpería Quilapán”. El matrimonio francés logró devolverle a la ciudad un edificio histórico y recuperar parte de su pasado. También le sumó algunas joyas: las pianolas (tiene dos); escritos de Borges; la urna de la mesa 381 de las elecciones presidenciales de 1951, en las que se oficializó el voto femenino; la cava personal de Juan Duarte, hermano de Eva, y una rareza histórica: un inodoro del caudillo entrerriano Justo José de Urquiza que mandó a hacer en Londres y data de 1856.

“La pulpería siempre te gana”, afirma Pierrad. Entusiasta, su mirada se pierde entre los cientos de elementos que decoran los diferentes salones de un lugar que ha logrado detener el tiempo y que produce un embrujo: el silencio.

“Es un lugar de calma”, confiesa Soledad González, chef y responsable de un menú de comidas criollas. Sus platos son clásicos y tienen la sola pretensión de producir emociones sencillas. “La comida tiene que ser una conexión; acá hacemos platos que podrías comer en la casa de tu abuela”, dice González.

“Más que la comida, nos gustan las historias”, confiesa Pierrad. Sobran aquí. La de González es una de ellas. Con 32 años, trabajó en cocinas de California y de Málaga. También en la isla de Malta, donde cocinaba dentro de una cripta. A su regreso al país, pasó por El Patio de los Lecheros, en Caballito, como jefa de compras y gestión gastronómica; pasó por la cocina del neobodegón Antigourmet y, desde diciembre de 2025, trabaja en la pulpería. “Acá venís a respirar, es un lugar de descanso. No cocino para que sea un hecho instagrameable”, dice la chef.

La pulpería no parece tener fin. Tiene 70 metros de fondo; un salón principal; uno de baile y música; el patio con su aljibe de 1860; otro de lectura y recreación, y un almacén de ramos generales donde se destacan los productos de “Quesos del Abasto”. Nota aquí.









miércoles, octubre 14, 2026

El Boliche de Roberto

 A fines del siglo XIX, un asturiano abrió un almacén con palenque en Almagro: recibía carreros, vendía bebidas y terminó convertido en un templo del tango

En una antigua esquina de Almagro nació como almacén de ramos generales y despacho de bebidas. Más de un siglo después, El Boliche de Roberto conserva su barra, sus historias y una profunda relación con el tango porteño.

  Entre los edificios modernos y el tránsito de Buenos Aires, un pequeño bar mantiene viva la memoria de una ciudad recorrida por carros y caballos. Se trata de El Boliche de Roberto, ubicado en Bulnes 331, frente a la Plaza Almagro.

Su historia comenzó en 1893, cuando el inmigrante asturiano Francisco Pérez abrió un almacén de ramos generales con despacho de bebidas. El comercio acompañó el crecimiento de una zona marcada por el movimiento del cercano Mercado del Abasto.

El almacén de Almagro que tenía un palenque para los caballos

El establecimiento fue bautizado originalmente como “Casaquinta”. Frente a la entrada contaba con un palenque donde los carreros podían sujetar sus caballos mientras descansaban, compraban provisiones o tomaban alguna bebida.

Durante aquellos años, los alrededores del Abasto eran transitados por vendedores, changarines, puesteros y trabajadores que transportaban mercadería por distintos puntos de la ciudad. El almacén funcionaba como comercio, lugar de descanso y punto de reunión para los vecinos.

Con el paso del tiempo, los carros desaparecieron de las calles, pero el local continuó abierto y comenzó a consolidarse como uno de los bares más particulares de Almagro.

Por qué comenzó a llamarse El Boliche de Roberto

En 1929, el establecimiento adoptó oficialmente el nombre “12 de Octubre”, la misma denominación que recibió temporalmente la plaza ubicada enfrente. Aunque el espacio público recuperó años después su nombre original, el comercio mantuvo aquel título.

Sin embargo, los clientes empezaron a conocerlo de otra manera. Tras la muerte de Francisco Pérez, el local quedó vinculado con su hijo, Roberto Pérez, quien impulsó encuentros artísticos junto con el poeta Roberto Medina.

Las reuniones se hicieron conocidas como la Peña de Roberto o la Peña de los Jueves. La costumbre popular terminó imponiéndose y el lugar pasó a ser llamado definitivamente El Boliche de Roberto.

Las noches de tango que hicieron famoso al bar

Por sus mesas pasaron músicos y cantores vinculados con la cultura porteña. Entre los nombres más recordados aparecen Osvaldo Pugliese, Osvaldo Peredo, Ernesto Baffa, María Graña y Ariel Ardit.

También se transmite la leyenda de que Carlos Gardel habría visitado el establecimiento debido a su cercanía con el Abasto. Aunque no existen pruebas concluyentes, la historia se integró a la tradición oral del bar y reforzó su vínculo con el universo del tango.

Su interior mantiene una estética sencilla: barra de madera, estanterías antiguas, botellas y un salón de dimensiones reducidas. La cercanía entre músicos y espectadores convirtió al lugar en un refugio para artistas consagrados y nuevos intérpretes.

El bar de Almagro que mantiene viva su historia

Reconocido como Bar Notable de la Ciudad de Buenos Aires, El Boliche de Roberto logró sobrevivir a las transformaciones urbanas y al paso de distintas generaciones.

Ya no quedan caballos amarrados frente a la puerta ni carreros rumbo al Abasto. Sin embargo, todavía permanecen la barra, las canciones y las historias de una Buenos Aires que se resiste a desaparecer.

El antiguo almacén fundado en 1893 continúa siendo un espacio pequeño, íntimo y profundamente porteño. Más que un bar, es una puerta abierta hacia el pasado de Almagro y uno de los rincones donde el tango todavía se vive a pocos metros de distancia. Nota aquí.










martes, octubre 13, 2026

Carlos Santamaría

 Carlos Santamaría contó cómo se hizo actor por un consejo de Vinícius de Moraes

Invitado a lo de Mirtha Legrand, sorprendió a Juana Viale con un romance de su hermano que terminó haciéndole descubrir su vocación.

Este sábado, en su pasó por la mesa de Mirtha Legrand, pero otra vez con la conducción de su nieta, Juana Viale, el actor Carlos Santamarina contó cómo se volcó hacia la actuación. Y el relato tuvo un plus que sorprendió a todos cuando aseguró que, en su decisión, fue decisivo el consejo de nada menos que Vinicius de de Moraes, la gloria de la música brasileña.

“Es que mi hermana estaba casada con Vinícius de Moraes”, contó el actor. “Y yo viajé a Río porque abrieron un bar con unos socios argentinos, entonces me fui allá como un año. Era enla zona de Leblon. ¿cómo se llamaba el bar? Cirrosis, le puso. Y fue Vinícius el que me dijo: ‘Vos tenés que ser actor, vos tenés que estudiar teatro’. Vinícius era muy de ‘sacarle la foto’ a la gente. Nos reíamos muchísimo con Vinícius, era muy gracioso. Vinícius tenía sesenta años y mi hermana veintidós..."

Luego continuó: “Cuando yo empecé con el boliche, empezaron a venir muchos actores, ahí empezó a interesar y después me quedó lo de Vinícius dando vuelta en la cabeza. Empecé a estudiar teatro y me pasó eso que te pasa cuando descubrís algo que te gusta mucho y decís: ¡Esto es espectacular! Porque hasta ese momento yo iba más para Agronomía, Administración de Empresas, todas las cosas que uno estudia para que tus viejos se queden tranquilos. De golpe estudio teatro y dije: ‘Esto es lo máximo’. ¿Viste cuando te pasa que te identificás con algo?"

Juana quise saber, claro, cómo había caído en casa eso de que la pareja de “la nena” fuera ¡40 años mayor! “Me imagino esa casa, ¿no?“ ”Bueno, la acompañás vos entonces. Entonces, yo era medio chaperón", siguió contando Sanatamaría. “Fueron varios años yendo a Río, digamos, a visitarla a mi hermana, y me quedaba allá dos meses y qué sé yo. Después me fui a vivir un tiempo. Mi hermana estuvo con Vinícius cinco años. Y sí, se puede decir que soy actor por Vinícius”.

Y enseguida hizo un repaso de los pergaminos del carioca... “Él fue el que inventó la bossa nova con Dorival Caymmi y Antonio Carlos Jobim. También Baden Powell... Digamos que cambiaron la música brasilera. Y en esa época yo iba mucho; me enganché justo un show que hacían Jobim, Vinícius, Miúcha, la hermana de Chico Buarque. También estaban Toquinho, Roberto Carlos o Caetano, digamos. Iban de invitados los fines de semana y yo estaba en el camarín con ellos... No, mi hermana es abogada. Ahora, viste, nada, tiene otra vida. Se casó después, tuvo hijos. Este, pero, pero fue un gran momento poder estar al lado de personas tan grosas”.

Y en cuanto a esa curiosa historia de amor que, paralelamente, terminaría haciéndole descubrr su vocación, detalló: “Aparte mi hermana escribe, escribe muy bien. Ella lo conoció porque escribió un poema y se lo mostró un día en Punta del Este, que estaba ahí, no sé qué, qué sé yo. El viejo hizo tin, tin... Una morocha linda, viste, de veintidós y ahí surgió el amor. Tiempo después ella se vino a Buenos Aires y él le mandaba todos los días once rosas a la casa de mis viejos”. Nota aquí.



lunes, octubre 12, 2026

Frank Sinatra

 Él siempre a su manera. O sea, Sinatra

Es complicado seguirle la ruta artística y existencial. El gran seductor también conoció la ruina y el olvido. Pero se reinventa, vuelve a ocupar el trono que corresponde a los dioses.

Me parece un basurero al gusto de la clase media, clónico en sus planteamientos, pero tampoco ignorante sobre algo llamado calidad. Hablo de Netflix, esa plataforma en la que vive o sobrevive todo cristo. Sus notas aclaratorias sobre lo que nos ofrecen y los problemas que podremos tener con sus contenidos son cómicos. También sus resúmenes escritos sobre la calidad o los contenidos que albergan. Pero siempre existen cosas que se desmarcan del embrutecimiento. Tiene que haber cerebros sofisticados y poderosos dirigiendo ese negocio tan inquietante.

Por ejemplo, me quedo extasiado con un documental muy largo sobre Frank Sinatra. Ya saben. Era aquel fascinante fulano que alguna vez afirmó: “Yo no vendo voz, vendo estilo”. Qué mentiroso, qué manipulador. Por supuesto que poseía toneladas de estilo, pero también sabía que hacía milagros permanentes con esa voz maravillosa. Fraseaba, la modulaba, le imprimía sentimiento, exaltación, tristeza, seducción. Dotaba de una fuerza fascinante a los sentimientos, a la soledad, al amor. Poseía clase, erotismo, esas cosas.

Y es complicado seguirle la ruta artística y existencial. El gran seductor también conoció la ruina y el olvido. Pero se reinventa, vuelve a ocupar el trono que corresponde a los dioses. Este hombre, aunque durmiera casi siempre con las mujeres más hermosas, habló inmejorablemente de lo aislada que se puede sentir el alma. Y sufrió que la gran Ava Gardner, que se parecía y actuaba como él, le destrozara el corazón con múltiples cornamentas y que mandara a tomar por culo al eterno seductor.

Siempre tuvo buenos contactos con la Mafia, pero se sintió intolerablemente despreciado por su adorado John F. Kennedy. Y es un fulano complejo el tal Sinatra. Pero yo le amo incondicionalmente cuando escucho, antes borracho, ahora sobrio, canciones como Rain in my heart, My way, New York, New York y Strangers in the Night. Le ocurre lo mismo a mi alma con Van Morrison, con Léo Ferré, con la Marianne Faithfull de los últimos años. ¿Qué fibra tan profunda me tocan? Creo adivinarla. Que siga ahí hasta el último día. Nota aquí.



Alina Ruiz

 “Se estaban perdiendo”: desde una finca en las puertas de El Impenetrable, una chef hace lucir recetas ancestrales

La chaqueña Alina Ruiz ganó esta semana el premio más prestigioso de gastronomía nacional; su restaurante, ubicado en medio del monte nativo, recibe turistas de todo el país.

“Dimos prioridad a la sangre, fue un plato visceral”, dice orgullosa la chef Alina Ruiz, al referirse a la chanfaina, la preparación que eligió para competir -y ganar- el Prix Baron B Edition Cuisine, el premio más prestigioso de gastronomía de nuestro país, que se realizó el pasado 27 de agosto en el Art Faena Center de la Ciudad de Buenos Aires, con un jurado presidido por Mauro Colagreco, el único chef argentino que suma ocho estrellas Michelin. El plato también fue sometido al escrutinio de tres de las más notables figuras de la gastronomía nacional: Dolli Irigoyen, Gonzalo Aramburu y Gabriel Oggero. Entre todos, consagraron al que consideraron el mejor proyecto gastronómico.

“Se come lo que hay”, dice Ruiz, al referirse al menú de “Anna Restaurante”, ubicado en la Colonia 44, a seis kilómetros de Castelli, en las puertas de El Impenetrable, Chaco. “Una cosa es llegar a Resistencia, otra es acá”, dice. Es el único bosque seco subtropical del mundo, aún continúa siendo uno de los territorios menos explorados y su naturaleza espinal lo hace precisamente eso: impenetrable. Los pueblos originarios que vivieron (sus descendientes aún lo hacen) fueron los últimos en someterse al imperio español. “Este premio visibiliza esa parte de la provincia”, afirma Ruiz, quien hace foco en un país que pocos conocen o eligen no ver.

“Es intenso tu plato, como intenso es tu proyecto”, dijo Colagreco cuando describió, delante de Ruiz, el menú que ella había elegido para representar su gastronomía. Su menú tiene un fuerte anclaje en las recetas que conoció de niña y que aún continúan vigentes en el primitivo ecosistema del espinal chaqueño, al que pocas especies animales y vegetales se han podido adaptar. En el verano, la temperatura puede trepar arriba de los 50 grados y en invierno, ronda los 30. Apenas 600 mm de lluvia caen del cielo. El agua es un bien escaso.

Su plato fue y es una declaración de principios: lingote de cabrito, chanfaina y papel de nuestro ordeñe —un papel de leche de sus propias vacas—. “No es nada atractivo, es poco glamoroso y tiene un color raro”, dice Ruiz al referirse a la chanfaina. Se come en las carneadas de chivo que se hacen en lo profundo de El Impenetrable. Tiene un origen criollo y profundamente arraigado a la identidad de las poblaciones de estos parajes con tierra apergaminada y caminos arcillosos. El proceso es cultural e interviene toda la familia. “Es un plato hecho para seguir trabajando”, dice.

¿Cómo se hace la chanfaina? Cuando se mata al chivo, se le corta la cabeza, se le sacan las vísceras y se las pone a hervir en agua con sal. La sangre que brota inmediatamente después del sacrificio del animal es derramada en una batea y puesta en la sombra, también le agregan sal. Como en lo profundo de esta tierra no hay electricidad, la sal es el método de conservación más usual. Cabeza y vísceras son hervidas y, cuando ya están cocidas, a la primera la parten al medio y le separan la quijada, el seso y la lengua. “En algunos casos, los ojos también”, dice Alina. Todo es cortado en trozos muy pequeños y puesto a sofreír en una sartén en aceite y acompañado de cebolla. “La cebolla es el caballito de batalla de El Impenetrable”, comenta.

Cuando están cocidas las vísceras, se agrega la sangre en la sartén, minutos después, la preparación está lista. “Se come de parado, sin cubiertos, con un pedazo de pan”, dice ella.

Un restaurante en medio del monte nativo

“Mi objetivo principal es que la chanfaina no se deje de hacer”, sostiene la cocinera, que tiene su restaurante en el patio de la casa de sus abuelos, en la finca familiar. De las 50 hectáreas, 20 son de monte nativo. La Finca “Don Miguel” —así se llama— abastece a todo Castelli y alrededores. También es la fuente orgánica del menú de Ruiz. Su restaurante solo atiende 20 cubiertos por turno. Está rodeado de árboles frutales cítricos; son los que más soportan esta naturaleza salvaje.

Para llegar a tener el restaurante que hoy es el eje principal por donde gira el proyecto gastronómico ganador del Prix, su vida debió transitar muchos capítulos. También muchos obstáculos. A los 9 años, Alina cocinaba bajo la sagrada protección de su abuela Anna y vendía canelones de ricota para costearse su viaje de estudios. Ya de grande, se animó a soñar con montar un restaurante, pero no tenía oportunidades laborales y se fue a trabajar a Buenos Aires como empleada doméstica. Mes a mes, juntaba dinero para comprar vajillas, cubiertos, copas y todo lo que le hacía falta.

En 2009, tomó un micro de larga distancia y le dijo adiós a la gran ciudad. En su maleta llevaba todos los elementos para cumplir su sueño. Hizo 1200 kilómetros hasta llegar a su tierra caliente. Llegó a su casa y armó una mesa para diez personas. Cocinó su menú, le sacó fotos, las encarpetó y salió por su pueblo a ofrecer sus platos y comunicar que una vez por mes tomaría reservas. “Así fue como se formó Anna Restaurante, con una sola mesa”, recuerda Ruiz. “Y no estaba tan bien visto en el pueblo”, agrega. Las ideas que cambian realidades tienen algo en común: siempre generan un rechazo en sus orígenes.

La mala impresión duró poco; Alina y toda su familia son muy queridos en el monte. “Mi menú fue hecho siempre para clientes de mi pueblo”, sentencia Ruiz. La enorgullece esta señal local. Conoció a quien hoy es su pareja y partner en el proyecto, Pablo Olender y viajó por Latinoamérica, haciendo pasantías en Bogotá y Lima. En 2016, de vuelta a su pago, su padre, atento al esfuerzo que ella hizo, le dio un regalo: el salón donde hoy está su restaurante. Nota aquí.














sábado, octubre 10, 2026

Templo Blog 20 años

 Hoy hace 20 años publicaba el primer articulo del blog.

Nota aquí.








miércoles, octubre 07, 2026

Vox Dei

 La historia de ‘La Biblia’ de Vox Dei: la primera obra conceptual del rock argentino

El backstage de una de las obras más ambiciosas del rock nacional es el guion perfecto para una serie épica ambientada a principios de los setenta.

El lunes 15 de marzo de 1971, La Biblia de Vox Dei llegó a las disquerías porteñas. Casi nadie registró el lanzamiento del primer álbum doble producido por una banda de rock argentino. La incipiente escena juvenil todavía era un secreto a voces y lo realmente importante estaba ocurriendo en el centro del país: una pueblada sacudía la Ciudad de Córdoba con un paro general y una movilización masiva en contra de las últimas medidas del gobierno dictatorial a cargo del presidente de facto Roberto Marcelo Levingston. Tal fue el impacto de la protesta que se llevó puesto a Levingston y abrió el juego hacia una lenta salida democrática. Mientras tanto, cuatro pibes suburbanos esperaban las repercusiones de una obra monumental que se atrevía a musicalizar las sagradas escrituras en clave de rock.

Medio siglo después, La Biblia según Vox Dei sigue siendo un extraño y original objeto de art-rock. Una pieza única que nació al calor de una idea peregrina de Ricardo Soulé (voz, guitarra y violín). “La obra está enfocada desde el punto de vista humano, no desde un ángulo ortodoxamente religioso. Como cualquier hombre que se plantea investigar la incógnita de Dios”, le dijo Soulé a la revista Pelo en 1971. La creación colectiva con la activa intervención de Willy Quiroga (bajo y voz), Juan Carlos “Yody” Godoy (guitarra rítmica y voz) y Rubén Basoalto (batería) fue en zapadas interminables, en busca de esos climas cambiantes o las melodías adecuadas para ambientar una historia divina y sagrada para una amplia grey religiosa.

La historia detrás de La Biblia es un guion perfecto para una serie épica sobre la vida artística en tiempos de dictadura. Un modo de explicar cómo conviven la inocencia, el talento y la ambición de cuatro músicos de clase trabajadora que provocan una pequeña revolución desde el margen. El relato también incluye al productor Jorge Alvarez, padre de Mandioca, el sello que graba los primeros simples del grupo y su celebrado disco debut: Caliente (1970).

Antes de la edición del álbum doble, la jerarquía eclesiástica posó su mirada sobre las letras y tras reunirse con la banda, monseñor Graselli –años después investigado por delitos de lesa humanidad– elogió el resultado. La primera tirada del disco venía con un volante escrito por Graselli: “No hay en ellos el más mínimo interés material. Los anima el anhelo de hacer brotar, especialmente en los espíritus jóvenes a través de la música, el deseo de conocer más y mejor el multisecular mensaje de la Biblia”.

En los legendarios estudios TNT se graba casi la totalidad del material, más de 150 horas invertidas, todo un lujo para la época. Ni los instrumentos ni los equipos de Vox Dei parecen estar a la altura. Oscar Moro de Los Gatos puso a disposición de Basoalto su batería Ludwig y los Almendra también colaboraron en mejorar el sonido con generosos préstamos de sus poderosos amplificadores Marshall.

Pero La Biblia quedó inconclusa. Luego de grabar los fragmentos para coro y orquesta, Godoy abandona Vox Dei. Ahí comienza un raid que incluye cambio de compañía por la quiebra de Mandioca. En un intento desesperado, Alvarez se roba las cintas y, luego de una denuncia policial, vuelven al sello Disc Jockey, que sin consultar manda a prensar los vinilos. Faltaban las voces de dos temas y detalles por pulir. La reedición de 2005 recupera parte de esas cintas originales.

Los 56 minutos que dura el disco doble no se parecen a nada conocido. El corazón de Vox Dei expone su probada eficacia hard-rock en “Génesis” y “Las guerras”, pero es la dulzura melódica de “Presente” –el hit de Caliente– la que vuelve y se adueña de “Profecías” y “Libros sapienciales”. La orquesta y el coro dirigido por Roberto Lar para la interpretación de “Cristo, nacimiento” suman elementos a la idea original de Soulé de crear un poema sinfónico. En la misma línea orquestal, “Cristo, muerte y resurrección” en la voz de Godoy alcanza la cima expansiva de la primera obra conceptual del rock argentino que aún espera una merecida reparación histórica. Nota aquí.



lunes, octubre 05, 2026

El Zorro Viejo

 “Una poesía”: la pizza fueguina de centolla recién pescada y cocida en agua de mar que compite por ser la mejor del mundo

Hugo Peralta representa a Tierra del Fuego en el Campeonato Mundial de la Pizza; su local, que en 2018 era un almacén de leña, es hoy un imán de turistas.

“Soy el pizzero más austral de Argentina y voy a presentar una pizza única en el mundo”, afirmó orgulloso Hugo Peralta, dueño de “El Zorro Viejo”, una pequeña y cálida pizzería en Puerto Almanza, un pueblo de menos de 100 habitantes que es considerado el más meridional del país, ubicado a 75 kilómetros al este de Ushuaia, en la isla de Tierra del Fuego.

Peralta logró que, por primera vez, la provincia insular tenga representación en el Campeonato Mundial de la Pizza, que se realiza del 2 al 4 de septiembre en el Encuentro Anual de la Hotelería y Gastronomía (Hotelga), en La Rural.

“Vengo a presentar una pizza de centolla”, anticipa Peralta desde el predio ferial porteño. Para poder replicar en Palermo su producto estrella, antes de subir al avión, se embarcó y navegó por las heladas aguas del Canal Beagle. No solo trajo su delantal y los elementos propios de su oficio, sino que en su carry-on alistó las centollas frescas que pescó ese mismo día y un elemento vital para su cocción: agua de mar del Beagle. En el pueblo austral, que actualmente tiene un reconocido polo gastronómico, el método de cocción es estricto: el crustáceo se hierve en agua de mar.

“No existe una pizza así en la Argentina y no tengo conocimiento de que haya una así en el mundo”, dice Peralta, entusiasta, recién llegado a la Ciudad de Buenos Aires. El Campeonato Mundial de la Pizza y la Empanada se hace por segunda vez consecutiva en Hotelga. El ganador del concurso se lleva un premio deseado: un lugar para competir en el 34.º Campeonato Mundial de la Pizza 2027, que se llevará a cabo en Parma, Italia.

La competencia, que comenzó este miércoles en La Rural, tiene 12 categorías, entre otras, Mozzarella Argentina, Fugazzeta Argentina, Piedra Clásica, Pizza Romana, New York Style, Napolitana y Gourmet. Peralta compite en esta última.

“Desde el fin del mundo venimos a presentar nuestros productos. La centolla nos ha hecho conocidos en el mundo”, dice el cocinero. Nació en Isidro Casanova, La Matanza, y se mudó al sur con 17 años, en 1998, en busca de su destino. Primero vivió en Río Grande. Ese mismo año conoció Puerto Almanza, que en ese entonces tenía menos de 20 habitantes. “Me di cuenta de que quería vivir ahí; pensé: ‘finalmente encontré mi lugar en el mundo’”, cuenta.

Puerto Almanza siempre fue una aldea de pescadores. Desde aquí se pesca el tesoro marino por el cual miles de turistas de todo el mundo vienen a la isla: la centolla. Todos son pescadores artesanales. En 2024 decidió subir un video a TikTok que se volvió viral. Allí mostraba la creación por la cual llamó la atención del mundo pizzero: la tricolor, una pizza de mozzarella montada con merluza negra, cayos de vieiras y centolla. “Es una poesía de sabores del canal Beagle”, describió el pizzero en aquel video. Desde entonces, comenzó a recibir turistas. Nota aquí.








viernes, octubre 02, 2026

Rocambole

 Rocambole, a 40 años de Oktubre: “La historia de la humanidad es una lucha que se repite”

El artista que dibujó la tapa de Oktubre repasa cómo se pensó el universo visual de Los Redondos y qué significa festejarlo por primera vez sin el Indio Solari. “Yo perdí un amigo, pero la sociedad argentina perdió a uno de los más importantes poetas populares”.

“Con todos los galardones que recibe podría largarse como candidato a presidente”, le comentaron a Rocambole en los pasillos de la Legislatura Porteña, que este jueves distinguió a él y a su libro “Arte, Diseño y Contracultura”. Y desde el fondo de una de las oficinas le regalaron el slogan de campaña: “República Rocambole”.

Pero Ricardo Cohen —Rocambole— solo se ríe y se acomoda los lentes que son parte de su imagen hace varias décadas. Mientras, sostiene con una mano el LP de Oktubre, segundo disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, publicado el 4 de octubre de 1986. “Diablos, ya pasaron 40 años. ¡Todavía puedo verlo!”, dice el artista en diálogo con Página/12.

La unidad de la obra

El país llevaba apenas tres años de una democracia que todavía tenía vestigios de la violencia de la dictadura y Los Redondos eligieron responder a ese contexto con un material de 9 canciones épicas y revolucionarias. Lo presentaron en vivo por primera vez en octubre de 1986 en Paladium, ante unas 1200 personas y con mucha gente afuera.

“No existía seguridad alguna de que no volviese el quilombo del que habíamos zafado recién. De ahí viene la sensación de estar atrapado en libertad”, detalla Solari en Recuerdos que mienten un poco, su biografía, sobre el contexto en el que se pensó y armó el disco. “La imagen de la Plaza de Mayo llena, aplaudiendo al borracho de Galtieri durante Malvinas, me había quedado grabada de modo traumático”, agrega.

De la muchachada que incluye al “Che” Guevara en el frente de la portada y la Catedral de La Plata en llamas en el dorso, al mítico esclavo con cadenas que nace de un aviso para un diario, ninguna obra del rock argentino logró una identidad estética tan robusta como este segundo trabajo.

“Jamás en la vida, ni yo ni los músicos que formaron parte de Los Redondos hubiésemos imaginado estar hablando de este disco tantos años después”, confiesa “Mono” Cohen, encargado de dar con su mano a la coherencia ricotera.

De la nada a la gloria me voy

En la previa del lanzamiento de Oktubre, Rocambole, Carlos “Indio” Solari, Skay Beilinson y el resto de la banda asistieron a la presentación del Coro del Ejército Rojo de Moscú, en el Luna Park. Las voces graves y esos temas que sonaban a marchas medievales los dejaron impresionados y pensativos en las imágenes que les sugerían los demos del disco.

Por eso, para trabajar el universo visual de Oktubre, el artista plástico fue a buscar en el umbral de la historia del arte político. Se nutrió de afiches de todas las revoluciones, desde la Guerra Civil española hasta la Revolución Mexicana, y tomó como inspiración hasta volantes de grabadores argentinos de la época de la Semana Trágica, de 1919.

“Y le debo al pintor argentino Ricardo Carpani muchos puños en alto. Al famoso esclavo con cadenas aún se lo tatúan”, admite.

–¿Hay alguna forma de explicar qué buscó la banda con este disco?

Los grupos con los que me vinculé en La Plata, como la Cofradía de la Flor Solar, buscaban intensamente hacer una obra que sea una ópera, que reúna música, poesía y textos. Eso fue lo que pasó realmente en Oktubre. Cuando pregunto: “¿Qué entendiste del disco?” Me dicen: “Mirá, cuando escucho la música se me vienen a la cabeza las imágenes del disco”. Y otros me dicen: “Cuando veo las imágenes se me viene a la cabeza la música y la poesía del disco”. Ahí la pegamos, porque la idea era esa, que hubiera un relato y que en ese relato intervinieran la poesía y las ideas visuales. Que tuvieran tanto trabajo entre sí que no se pudiera prescindir de ninguna.

–¿Cómo fueron esas reuniones para debatir la idea de la tapa?

Lo se pretendía era en principio hacer alguna reunión para ponerse de acuerdo en la idea general del concepto. Solari lo llamaba “el guión”. En este caso hubo reuniones previas para decir: “Vamos a hacer un homenaje a las revoluciones”. Había una idea común que, aunque no estuviera discutida, estaba más o menos presente y todos estaban de acuerdo. Yo por ahí a veces me metía en la grabación del disco y le decía a Skay: “¿No te parece que el bajo está demasiado fuerte?“. Y Skay me sacaba corriendo .

– ¿Qué recuerda de aquellos días del grupo?

A Oktubre se lo hizo en un momento de realización bastante precario. El estudio de grabación era un estudio prestado por amigos, como Lito Vitale. La gente no conocía demasiado a Los Redondos, que no había firmado con ningún sello ni tenía el apoyo de algún productor importante. Por eso es una cosa increíble hablar del disco 40 años después. Todo ahí se hizo artesanal, incluso su envase. La primera tanda (que rondaba en las 7.000 copias) se hizo impresa a mano en serigrafía, como hoy día se imprimen las remeras. A pulmón.

– La obra refleja la lucha de los oprimidos, ¿cree que cambió esa imagen 40 años después?

La historia de la humanidad es una reiteración eterna de la lucha del oprimido contra sus opresores. Y, al parecer, es un círculo de nunca acabar. Cuando era chico había leído en mis novelas de ciencia ficción que los seres humanos en el futuro iban a ser mejores, perfectos, etcétera, etcétera. En otras decían todo lo contrario, y me parece que estas últimas eran las que tenían razón. Nota aquí.






martes, septiembre 29, 2026

Pizzeria Pirilo

 La pizzería porteña que tiene más de 90 años, cocina la mejor pizza al molde y sorprende con su fainá gigante

Sin grandes carteles ni un salón repleto de mesas, el lugar se convirtió en un clásico del barrio. Cada día recibe a vecinos, trabajadores, estudiantes y turistas que llegan en busca de sus enormes pizzas al molde y su famosa fainá.

En pleno San Telmo, entre calles que todavía conservan parte de la esencia de la Buenos Aires de otras épocas, existe una pizzería que parece detenida en el tiempo. Tiene más de 90 años de historia, un local diminuto y una particularidad que la convierte en una parada obligada para quienes buscan probar una pizza bien porteña: allí se come de pie, como ocurría en muchos de los tradicionales locales del siglo XX.

Se trata de Pirilo, una histórica pizzería ubicada sobre Defensa al 800 que mantiene prácticamente intacta la esencia con la que nació en 1932. Sin grandes carteles ni un salón lleno de mesas, todos los días el lugar recibe la visita de vecinos, trabajadores, estudiantes y turistas que llegan atraídos por sus enormes pizzas al molde y su famosa fainá.

Una tradición intacta con más de 90 años en el barrio de San Telmo

Pirilo nació como un emprendimiento familiar ligado a una familia de inmigrantes italianos. En sus comienzos, el negocio también funcionaba como heladería, hasta que Juan “Pirilo” Virazzi, sobrino de la primera dueña, quedó al frente y decidió concentrarse en la elaboración de pizzas.

Con el paso de los años, el local quedó en manos de la familia y hoy Silvia Claudia Vizzari, hija de Pirilo y reconocida por todos como “Pirila”, es quien siguió al frente con la pizzería.

La intención siempre fue mantener el lugar tal como era. Por eso, entrar a Pirilo es encontrarse con azulejos blancos, antiguos mostradores de madera, carteles de otras épocas, fotos, banderines del Club San Telmo y distintos objetos que forman parte de la historia del barrio.

Incluso permanece en las paredes un antiguo cartel con una ordenanza municipal de 1902 que advierte: “Prohibido escupir en el suelo”. Todo convive con recuerdos familiares, camisetas del club y fotografías de algunos clientes famosos que pasaron por el lugar, entre ellos Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Luis Brandoni y Rodolfo Ranni.

El secreto de la mejor pizza al molde y la fainá gigante

La carta de Pirilo es corta y no necesita demasiadas vueltas. Hay apenas cuatro variedades de pizza: muzzarella, anchoas, fugazza y fugazza con queso.

Todas se preparan al molde y tienen un tamaño considerable, de alrededor de 55 centímetros de diámetro. La masa se sigue haciendo a mano y sin máquinas, respetando una forma de elaboración que se mantiene desde los primeros años del negocio.

La muzzarella es una de las opciones más buscadas, aunque la fugazza con queso también tiene muchos seguidores. En el local, incluso, prefieren llamarla así y no “fugazzetta”. Pero si hay algo que llama todavía más la atención es la fainá, ya que es enorme y está pensada para acompañar esas porciones abundantes que se comen directamente desde el mostrador o en la vereda.

La tradición también se nota en un detalle tan sencillo como particular: las cajas de pizza se aseguran con un carrete de piolín blanco, una imagen que parece salida de otra época y que todavía forma parte del ritual de Pirilo.

Comer de parado: la costumbre clásica de las pizzerías del siglo XX que se mantiene intacta

Uno de los mayores atractivos de Pirilo no está solamente en lo que se come, sino en la manera de hacerlo. El local es muy angosto y pequeño, y hay mostradores que funcionan como barra, pero no existen las tradicionales mesas y sillas de una pizzería. Por eso, quienes quieren comer en el lugar tienen que hacerlo “de parado”, ya sea adentro o directamente en la vereda.

La escena se repite desde hace décadas. Antes de que abra, los clientes comienzan a formar fila sobre Defensa. Cuando se levanta la persiana, vecinos, trabajadores y turistas ingresan para pedir una porción, una pizza chica o una grande.

La experiencia tiene algo de viaje al pasado: pedir una porción, comerla de pie y seguir camino por las calles de San Telmo, uno de los barrios porteños que mejor conserva las huellas de aquella Buenos Aires atravesada por la inmigración, el puerto y las costumbres populares.

Silvia busca mantener precisamente ese espíritu. Junto a su hermana, un sobrino y un empleado, continúa con una tradición familiar que ya atraviesa varias generaciones. Nota aquí.







sábado, septiembre 26, 2026

René Lavand

 René Lavand, el ilusionista que convirtió su mano izquierda en un lenguaje propio y las cartas en historias inolvidables

A los 9 años, perdió la mano derecha en un accidente, aprendió a manipular las cartas con la izquierda y creó un estilo basado en la lentitud, el silencio y los relatos. Nació en Buenos Aires el 24 de septiembre de 1928.

“Pondré todo lo mejor de mi técnica en la baraja, y todo lo mejor de mi corazón en ustedes”, decía René Lavand. En esas palabras había algo más que una promesa al público: resumía su manera de entender el arte. Sobre una mesa, con una baraja y una sola mano, Lavand hacía que el tiempo pareciera detenerse. Sus cartas viajaban despacio entre sus dedos, casi a la vista de todos, mientras una historia, un silencio o una frase preparaban el instante en que lo imposible volvía a ocurrir.

A los siete años, una función de un ilusionista que vio junto a una tía despertó en él una fascinación que nunca lo abandonó. Dos años después, un accidente de tránsito le arrebató la mano derecha y obligó a aquel niño diestro a comenzar de nuevo. Las cartas, que hasta entonces habían sido un juego, se convirtieron en un desafío: aprender a hacer con una sola mano aquello que otros hacían con dos.

Con el tiempo, esa dificultad dejó de ser el centro de su historia y se convirtió en el punto de partida de una búsqueda artística. Lavand desarrolló de manera autodidacta una técnica propia y llevó la lentitud al corazón de sus juegos. Así nació la lentidigitación, una manera de ejecutar los movimientos tan despacio que el espectador pudiera observarlos y, aun así, no descubrir el truco. A esa búsqueda sumó silencios, música y relatos, hasta construir un estilo que lo llevó de los escenarios argentinos a las grandes pantallas y teatros del mundo.

La infancia que cambió el rumbo de su vida

Era el invierno de 1935. Aunque nunca dio la fecha exacta, el maestro del asombro contó que a los 7 años, su tía Juana lo llevó a ver al ilusionista Chang, que se presentaba en el mítico Teatro Avenida de Buenos Aires, una ciudad enlutada por la muerte de Carlos Gardel.

Héctor René Lavandera había nacido el 24 de septiembre de 1928 en Buenos Aires, hijo de Antonio Lavandera, zapatero y viajante de comercio, y Sara Fernández, maestra. El niño quedó fascinado después de ver actuar al misterioso ilusionista que sorprendía al público con juegos de manos que él no lograba descifrar. Esa mezcla de asombro y curiosidad fue suficiente para que las cartas comenzaran a ocupar un lugar especial en su vida. El pequeño René no podía hacer más que pensar en la magia y en las cartas: ese era su único tema de conversación. Al punto de que un conocido de la familia le enseñó sus primeros trucos. Autodidacta innato, empezó a practicar por su cuenta.

Ese mismo año, la familia Lavandera dejó Buenos Aires y se instaló en Coronel Suárez. Allí transcurrió una infancia sencilla, hasta que una tarde de carnaval de 1937 todo cambió. René tenía nueve años cuando salió a jugar con otros chicos y, al intentar cruzar la calle, fue atropellado por un auto conducido por un joven sin licencia. El impacto le destrozó el brazo derecho y los médicos debieron amputarle la mano y parte del antebrazo.

René era diestro. De un día para otro tuvo que aprender a realizar hasta las cosas más simples, como escribir, abotonarse una camisa, atarse los zapatos o manejar los objetos cotidianos. También tuvo que empezar desde cero con aquello que más lo atraía: las cartas. Al principio se le caían, no lograba controlarlas y los movimientos que antes imaginaba sencillos parecían imposibles con una sola mano...

Pero algo no había cambiado: aún quería descubrir qué podía hacer con una baraja. Consiguió libros de cartomagia y comenzó a estudiar sus técnicas, pero encontró un problema que marcó su formación. Los manuales estaban escritos para personas con dos manos. Lavand no tenía a quién copiarle ni una técnica, así que comenzó a modificar cada movimiento hasta encontrar una manera propia de ejecutarlo.

Años después explicó que ahí estaba, paradójicamente, una de las claves de su estilo: no haber podido copiar a nadie. La necesidad lo obligó a experimentar, a equivocarse y a volver a empezar hasta dominar la baraja con la mano izquierda. Lo que comenzó como una dificultad terminó convirtiéndose en una búsqueda personal que, mucho antes de llegar a los escenarios, ya estaba definiendo al artista que sería. Nota aquí.







viernes, septiembre 25, 2026

Marcel Marceau

La vida de Marcel Marceau, el joven que salvó de los nazis a cientos de niños judíos y se convirtió en el mimo más famoso del mundo

Cuando los nazis ocuparon Francia, Marcel Magel tenía 16 años y cambió su apellido por Marceau para ocultar su origen judío e incorporarse a la Resistencia como falsificador de documentos. En Lyon ideó un plan silencioso para sacar a cientos de niños judíos y llevarlos a Suiza. Después de la guerra creó a “Bip”, el personaje que deslumbraba con su mímica inigualable. Paradójicamente, la única palabra que pronunció en toda su carrera la dijo en una película muda: “¡No!”. Murió el 22 de septiembre de 2007 y, fiel a su arte silencioso, su lápida no tiene epitafio.

La única vez que Marcel Marceau habló en una de sus actuaciones fue, paradójicamente, en una película muda. En La última locura de Mel Brooks, estrenada 1976 con varios actores invitados, Marceau es el único personaje que pronuncia una palabra, un tajante “¡No!”, en una escena que ya forma parte de su historia y la del cine. Se definió siempre como pacifista y fue fiel a ese pronunciamiento: nunca quiso actuar en países gobernados por dictaduras. “No hablo: basta ese grito interior para desnudar el alma (…) Trabajo por la paz: soy un activista de esa causa tantas veces perdidas (…) ‘Bip’ es un héroe sin edad, sin época, y con eterna esperanza (…) El silencio es infinito: los límites los pone la palabra… Nunca le pidan a un mimo que hable: ¡jamás se callará!”, explicó una vez. Tampoco solía hablar del papel que había cumplido durante la ocupación alemana en Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el silencio, la planificación, la valentía y su capacidad de entretener fueron las herramientas que utilizó para salvar a cientos de niños judíos del exterminio.

Nacido el 22 de marzo de 1923, Marcel Mangel tenía 16 años cuando las tropas alemanas ocuparon Francia. Su padre, un carnicero kosher, fue capturado y enviado a Auschwitz, donde moriría en 1944. En cambio, él y su hermano Alain pudieron escapar a Lyon, donde adoptaron nuevas identidades y se incorporaron a la Resistencia. Allí Marcel, que había adoptado el apellido Marceau para ocultar su origen judío, se convirtió en un verdadero dolor de cabeza para el jefe de la Gestapo, Klaus Barbie, a quién engañó una y otra vez. El jefe nazi hizo todo lo posible por capturarlo, pero nunca lo logró.

Al llegar a Lyon, la primera misión que recibieron Marcel y Alain fue incorporarse a un grupo de falsificación de documentos. Copiaban pasaportes y otro tipo de papeles para que pudieran ser utilizados por los miembros de la Resistencia que operaban en la clandestinidad y también para “cristianizar” a judíos franceses y así evitar que fueran deportados a los campos de exterminio.

También formaban parte del equipo de reubicación de huérfanos. Para poder hacerlo debían enfrentar las operaciones de traslado que había ideado Barbie, el implacable “Carnicero de Lyon”: hacía redadas e intervenía personalmente en las deportaciones. Así logró atrapar a cientos de niños judíos. A muchos los asesinaba en el acto, y a otros los enviaba a Alemania y a Polonia para internarlos en los campos de concentración.

Salvar a los niños

Marcel seguía las órdenes de su primo, Georges Loinger, jefe de la unidad secreta de la Resistencia Francesa llamada Oeuvre de Secours aux Enfants: un grupo judío de ayuda que sacaba a niños, también judíos, del espanto de la Francia ocupada por las tropas nazis. Marceau y su equipo idearon un plan para llevar a los niños a Suiza, un país neutral, en grupos de veinte a treinta viajando en tren desde Lyon hacia el Este y desde allí a pie, atravesando los Alpes en pleno invierno. Del otro lado de la frontera los esperaban otros miembros de la Resistencia que llevaban a los chicos hasta Ginebra. Para desorientar al Ejército alemán vistieron a los chicos como boy scouts. Así, en caso de ser interceptados por un control militar, podían decir que estaban de campamento en las montañas. Nota aquí.



domingo, septiembre 20, 2026

Panaderia Artiaga

 La mejor panadería tradicional del mundo está en Buenos Aires: un ranking premió a un emblema de Saavedra

Artiaga resultó elegida en la categoría de elaboración artesanal de 2026 por la publicación británica LUXlife, en la primera edición de los Bake and Brew Awards. El emprendimiento que inició sus actividades en 1931 y hoy gestiona la tercera generación de la familia Rodríguez protagonizó la portada del certamen.

Una panadería argentina recibió una importante distinción internacional. Artiaga, ubicada en el barrio porteño de Saavedra, fue reconocida como Panadería Artesanal Tradicional del Año 2026 por la revista británica LUXlife, en el marco de la primera edición de los Bake and Brew Awards.

El reconocimiento ubicó al negocio familiar entre los elegidos de este programa internacional que celebra a cafeterías, panaderías y productores artesanales de distintos países, incluidos comercios de Reino Unido y Abu Dabi. La iniciativa busca destacar la creatividad, el oficio y la identidad de los emprendimientos ligados al mundo de la panificación y el café.

Artiaga resultó la ganadora en la categoría argentina y protagonizó la portada de la publicación dedicada a los premiados.

El coordinador de los premios, Daniel Griffin, destacó el trabajo de los negocios seleccionados en la primera convocatoria. “Ha sido un privilegio estar al frente de los Bake and Brew Awards 2026 y conocer mejor el increíble trabajo que realizan las empresas de este sector”, afirmó.

La revista señaló que los comercios premiados ayudaron a sentar las bases de un certamen que pretende mantenerse en los próximos años. En ese marco, la elección de Artiaga remite a una historia iniciada por inmigrantes españoles y sostenida por tres generaciones de una misma familia.

De una pequeña panadería a un negocio familiar de casi un siglo

La trayectoria de Panadería Artiaga está unida a la de Antonio Rodríguez, quien llegó desde España a la Argentina cuando tenía 13 años. Tras la muerte de su padre, tres años después de su llegada, tuvo que asumir el sostén económico de su familia. Primero trabajó en el campo y luego se mudó a Buenos Aires.

En la ciudad conoció a Alba, quien se convertiría en su esposa y socia de vida. Ambos tuvieron hasta tres empleos al mismo tiempo, con el objetivo de reunir recursos para abrir su propio negocio. En una primera experiencia, se asociaron para instalar una panadería en La Boca, cerca del puerto.

Más tarde conocieron Artiaga, una panadería de barrio que entonces vendía pan, galletas y medialunas. Pese a que recibieron advertencias por la menor circulación de gente en comparación con La Boca, decidieron adquirir el local. La panadería había abierto en 1931 y, con el paso de las décadas, incorporó pasteles, tartas y chocolates a su oferta.

Hoy el emprendimiento está en manos de la tercera generación de la familia Rodríguez: José Antonio, Juan Manuel y Marisol Alfonso Rodríguez. La empresa mantiene su perfil familiar y su actividad está ligada a los hábitos cotidianos y celebraciones de sus clientes.

Más tarde conocieron Artiaga, una panadería de barrio que entonces vendía pan, galletas y medialunas. Pese a que recibieron advertencias por la menor circulación de gente en comparación con La Boca, decidieron adquirir el local. La panadería había abierto en 1931 y, con el paso de las décadas, incorporó pasteles, tartas y chocolates a su oferta.

Hoy el emprendimiento está en manos de la tercera generación de la familia Rodríguez: José Antonio, Juan Manuel y Marisol Alfonso Rodríguez. La empresa mantiene su perfil familiar y su actividad está ligada a los hábitos cotidianos y celebraciones de sus clientes.

Marisol Alfonso Rodríguez comenzó a trabajar en Artiaga a los 14 años, durante los fines de semana. Mientras cursaba una licenciatura en marketing, fue sumando responsabilidades vinculadas a la identidad visual de la marca, el diseño de los locales, los empaques y la comunicación con los clientes.

La integrante de la tercera generación explicó que el trabajo interno ocupa un lugar central en la gestión del negocio. “Confiamos en ellos y les brindamos las herramientas, la seguridad y el conocimiento que necesitan para alcanzar su máximo potencial”, sostuvo sobre la formación del personal.

La panadería cuenta actualmente con 60 trabajadores y realiza reuniones semanales para compartir propuestas, evaluar dificultades y resolver decisiones de operación. El objetivo, de acuerdo con el testimonio de Marisol, es que quienes ingresan en puestos iniciales puedan capacitarse, conocer el oficio y asumir funciones de liderazgo.

“Cada hogaza de pan, cada medialuna y cada panettone representa el trabajo de decenas de personas que se preocupan profundamente por lo que hacemos”, afirmó la empresaria. Nota aquí.