¡Maestro querido!
¡Qué hueco se nos queda el pecho!
¡Qué privilegio haber compartido este planeta contigo!
Gracias por enseñarnos quienes somos, por abrir puertas, tender puentes y llevarnos de la mano hacia adentro de nosotros mismos.
No sabíamos quienes éramos hasta que nos cantaste.
Un abrazo a la familia querida que sentimos como nuestra.
¡Salve Rubén Rada!


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