"Para los argentinos, el humor es una forma de supervivencia"
El rostro del actor que lleva dos décadas en el cine, el teatro y la televisión argentinos se puede ver por estos días en la pantalla grande como parte del elenco del film español Los domingos. De un presidiario inolvidable a un clásico personaje de la picaresca criolla, su versatilidad le permite seguir cambiando de piel en la ficción sin perder la esencia que lo convirtió en una de las figuras más queridas de la escena nacional.
En la multipremiada película española Los domingos, una adolescente plantea que su vocación es convertirse en monja de clausura y ese deseo implosiona su familia. La incredulidad de unos, la resignación de otros, los prejuicios y la soledad de todos decantan en la gran pregunta que un tío argentino le hace al personaje: “¿Cómo hablás con Dios?”. Quizás la respuesta sea una revelación dentro de un grupo familiar donde parece más sencillo dialogar con lo divino que con lo humano. Ese tío agnóstico está encarnado por Juan Minujín, alguien que se llamó Pastor en El marginal. La ironía, a veces, ayuda a sobrevivir.
Juan Minujín, el camaleón que puede ser Guillote en Coppola, mano derecha de un Menem maquiavélico arrastrando erres y ambiciones, o el explorador de arneses en Un año sin amor y División Palermo, tiene la capacidad de ser un frontman sin creerse rockstar, de caminar la gracia sin enamorarse de sus propios recursos y de acercarse a sus criaturas con una sinceridad conmovedora.
–En Los domingos hay una adolescente que quiere ser monja de clausura. Si bien la película plantea varios dilemas morales, el más fuerte parece ser qué pasa si tus hijos eligen un camino con el que vos no estás de acuerdo.
–Sí, me parece que ese es el interrogante que abre la película y plantea con gran complejidad las diferentes posturas que tienen en la familia. La directora, Alauda Ruiz de Azúa, hace un trabajo muy profundo metiéndose dentro de la naturaleza del grupo familiar y viendo cómo repercute algo así. Lo interesante es que la película no da una respuesta y en parte eso explica que haya conectado tanto con el público y generado debate. Salís del cine formulándote otras preguntas, cuestionándote qué harías, replanteando si estás a favor o en contra de determinadas posturas y conversándolo.
–Vos, como padre, ¿dónde te pararías?
–Es dificilísimo responderte, pero me parece que en principio trataría de abrir un canal de diálogo lo más fuerte posible para intentar escuchar y entender antes que opinar. Se dice fácil, pero la escucha siempre es lo más difícil; nos pasa como padres, con las relaciones de pareja, con la amistad y en la vida en general. Creo que empezaría por ahí para ver si hay un punto de entendimiento y, quizás, en otras instancias ese entendimiento inicial pueda convertirse en aceptación... o no.
–Son tiempos de reacciones y opiniones instantáneas. La escucha parece suspendida. En ese sentido, ¿creés que la película refleja el espíritu de esta época?
–Sí, porque refleja esto de que hoy es más difícil escuchar que empezar a bajarle línea al otro. Además, toca algo que tiene que ver con los discursos absolutistas, relatos totalitarios que anidan en cuanto encuentran una fragilidad. Son discursos complicados porque no incluyen al otro; por el contrario, lo excluyen. No hay espacio para que ingrese otra manera de ver las cosas.
–Últimamente coincidieron distintas producciones culturales que se preguntan por la espiritualidad, como Lux, el último disco de Rosalía, la película Sirât o Los domingos. ¿Pensás que esa búsqueda se da como válvula de escape porque hoy el único valor parece ser el dinero?
–Hay algo de eso y es inevitable cuando ves que la época está saturada de desigualdades, de cosas a las cuales solo unos pocos tienen acceso. Necesitamos respuestas que nadie está dando, ni siquiera esbozando, para un montón de situaciones; entonces quizás esas respuestas se buscan en aspectos más espirituales. Hay tantas cosas que son un sinsentido. La exclusión, los desplazados, las guerras… Es imposible no preguntarse cómo puede ser que la humanidad vaya para ese lado, con ese nivel de crueldad y de anulación del otro. Nota aquí.

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