lunes, enero 19, 2026

Alejandro Vigil

 Alejandro Vigil, el "Messi" del vino: entre el sueño de destronar a Borgoña y su fanatismo por los Pumas tucumanos.

Considerado un fuera de serie, Vigil rechaza el elitismo europeo y defiende los vinos de $100 dólares frente a los de $3.000. Una charla sobre el éxito colectivo, la música y la literatura.

"Hacer vino tiene que ver con una filosofía o una forma de vida. No importa exactamente el lugar físico donde hacés vino. Hacer vino tiene que ver con plantar un viñedo y cuidarlo. Hacer vino es saber respetar un ciclo anual, que cada año va a ser distinto. Es una forma en la que uno ha elegido vivir y sentir. Cualquiera puede hacer vino, pero vivir el vino solo unos pocos: aquellos dispuestos a adaptar su vida a un ciclo que se repite, pero que siempre sorprende", dice Alejandro Vigil en el libro "Malbec Mon Amour", que escribió junto a Laura Catena. El enólogo más reconocido del país condensa con naturalidad un proceso que suele presentarse como algo intrincado.

Cuando Nicolás Catena lo interrogó sobre el secreto de aquel vino ganador en una cata a ciegas, el winemaker le respondió con la transparencia de un niño: "Jugando". Aquel momento reveló una enseñanza sobre el propio temor que no solo titularía a su icónico proyecto, El Enemigo Wines, sino que trazaría su destino para siempre. Hoy, convertido en una figura de impacto mundial, el viticultor persiste en el juego, aunque con el rigor de quien encabeza la elite de la industria.

Su mirada laboral trasciende los límites del laboratorio. El enólogo jefe de la bodega Catena Zapata es un melómano que piensa sus vinos como solos de jazz, un ávido lector que cita a Cortázar frente a un Malbec y, sobre todo, un formador de equipos. Su paso por el rugby constituyó su esencia: comprende que el éxito es colectivo. Tal vez por eso valora tanto la entrega. Como fanático de la ovalada, destaca la trayectoria del tucumano Nicolás Sánchez y afirma convencido que Mateo Carreras es, ciertamente, un "top 5" del mundo en su puesto.

-Hablando de deporte, ¿cómo es convivir con eso de que te consideren el "Messi del vino"?

Eso lo dice alguien y lo nombran, pero uno no se frena ahí. Si sirve para dar imagen al vino argentino, que se use. Lo importante es que uno entienda que hace vinos y que es parte de una cadena enorme de gente. Tengo mayor visibilidad por la posición que ocupo, pero es solo eso, no pasa nada.

-Pero sos un referente de Catena Zapata. ¿Qué implica estar en una bodega tan considerada a nivel mundial?

Catena Zapata es una universidad para mí; es como estar en Davis. Tenés la posibilidad de tener tecnología, viñedos, investigar y contar con el Catena Institute, que Laura Catena ha pensado durante muchos años y del cual ya tenemos publicaciones internacionales. Trabajar en Catena es una gran responsabilidad, pero también es como un gran juego, un parque de diversiones para cualquiera a quien le guste hacer vino. Tenés la posibilidad de jugar en todos los sentidos y formas. Lo tomé con la responsabilidad necesaria; era muy joven cuando empecé como jefe. Por suerte, hemos logrado un nivel de convivencia y generosidad de parte de ellos, permitiéndome tener El Enemigo y mis proyectos personales. Ya llevamos casi 27 años juntos.

-Vi que tenés un perfil muy rockero. ¿Cuánta de esa rebeldía se aplica a la hora de hacer un vino?

El vino básicamente depende del lugar donde esté plantado el viñedo. A partir de ahí, yo puedo "rockear" lo que quiera, pero hay que ser respetuoso con la identidad del sitio. Yo, más que rockero, te diría que soy melómano. Me gusta mucho la música en general. Por supuesto que el rock me ha marcado fuerte, soy de los 70, donde ya existían las grandes bandas, pero escucho de todo. Tengo mucha afinidad con el folclore y con el jazz. Creo que ahí tenemos una visión sobre el terroir que ayuda a elaborar buenos vinos: si uno es transparente a esa música propia nuestra, si la siente y es parte suya como la tierra, es mucho más fácil hacer vino en cada lugar. Nota aquí.



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