domingo, febrero 15, 2026

Gisèle Pelicot

 “Mi exmarido me habría matado si no le hubieran descubierto”

Durante 10 años, su marido la sedó para que más de 80 hombres la violaran mientras él lo grababa todo. En 2022 se destapó el caso y, dos años más tarde, el señor Pelicot y 50 agresores fueron condenados en un juicio que Gisèle Pelicot pidió que fuera público. La vergüenza debía cambiar de bando. Ahora lo cuenta en un libro. Nos citamos en París con esta mujer lúcida, símbolo de la lucha contra la violencia sexual

Gisèle Pelicot (Villingen-Schwenningen, Alemania, 73 años) dejaba puesta la mesa del desayuno antes de acostarse. La miel, las servilletas, los platos, los botes de mermelada. Al día siguiente, solo tendría que sacar la mantequilla y preparar las tostadas mientras el aroma del café invadía la cocina de la casita donde vivía con su marido. Era más cómodo, claro. Pero con el tiempo, y quizá ese es uno de los pocos síntomas que emergieron inconscientemente mientras todo aquello estaba ocurriendo, también se dio cuenta de que aquella costumbre podía ser un mecanismo para saltarse mentalmente las horas de cama. Como si su cerebro, por algún tipo de instinto de protección, no quisiera procesar aquel tiempo.

Una de esas mañanas, Gisèle Pelicot recibió una llamada de la comisaría para acudir con su marido. Tenía 68 años y llevaba casada con aquel hombre medio siglo. Habían pasado altos y bajos. Pero sabía que era el hombre de su vida, por eso se habían retirado a aquella casita amarilla de persianas azules en un pueblo de la Provenza adonde acudían regularmente sus hijos y nietos.

Dos meses antes, sin embargo, había ocurrido algo. El guardia de seguridad de un supermercado había pillado a su marido grabando por debajo de la falda a varias clientas. La policía acudió al centro comercial y lo interrogó. Le confiscaron el móvil y el ordenador. Luego lo dejaron ir. De regreso a casa, él se lo contó a Gisèle, se echó a llorar y le dijo que no quería perderla. Y ella, como otras veces, decidió pasar página y esperó la llamada de la policía para declarar y olvidarse de aquella historia. Había decidido perdonarlo. Así que la visita a comisaría sería un trámite. Pero al entrar, los separaron y ella se sentó en una habitación con un policía que le hizo algunas preguntas. En un momento dado, el agente quiso saber cómo definiría a su marido. “Un hombre bueno y amable. Un tipo genial, por eso seguimos juntos”, respondió ella.

mostrarle fotos y vídeos que no van a gustarle —le advirtió entonces.

Justo aquí comenzó la segunda mitad de la vida de Gisèle Pelicot, madre de tres hijos y siete nietos que descubre cómo la otra parte de su biografía se derrumba. De repente, 50 años de matrimonio se convirtieron en una masa informe de recuerdos felices mezclados con el horror más extremo. También quedaron profundas lagunas provocadas por los medicamentos que durante 10 años le suministró su marido para entregarla a 50 hombres que acudían a violarla a su casa. En su ordenador había miles de fotos, vídeos y mensajes anunciando en una web de contactos la posibilidad de abusar de su esposa mientras se encontraba sedada.

El pasado lunes 26 de enero, Gisèle Pelicot aparece por la puerta de su nueva agencia literaria, encargada de la promoción de Un himno a la vida (Lumen, 2026), que se publica en España el 17 de febrero. Un libro escrito con la periodista Judith Perrignon en el que relata aquel descenso a los infiernos y el modo en que ha logrado rehacer su vida. Gisèle Pelicot está radiante. Sonríe y saluda alegre al periodista y a la fotógrafa de El País Semanal, como si quisiera aliviar el peso que sabe que sienten sus interlocutores cuando la ven por primera vez, conscientes del sufrimiento extremo que ha atravesado. Nota aquí.




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