Insomnio
(Septiembre)
Tarda el sueño esta noche. Luna oscura.
Una luz muy pequeña, que entra apenas
por la abierta ventana, acaricia las sábanas.
Pienso en los viejos días cuando todo
era grito de amor, trago de vida, bocanada
de besos, paraíso encontrado en cada cuerpo.
El tiempo es ancho. Arrastra con sus sombras
el deseo brillante de los niños perdidos,
al muchacho que quiso estudiar para arcángel,
la gloria que perdimos en ruinas y desastres,
las derrotas amargas de los amores fieros,
la perdida pasión que una noche lloramos.
Tarda el sueño. La noche nos despierta los miedos,
trae los viejos recuerdos que se acuestan al lado
del corazón, nos besan. Acarician —ternura—
esa piel que aún pervive en los dedos que un día
dibujaron estrellas, constelaciones, mundos
en los cuerpos amados. ¿Dónde estarán ahora?
Pasa el dolor, fugaz, por el pasillo. Alguien
suspira —o llora— lejos. Tarda esta noche el sueño.
Las camas de hospital son siempre ajenas.

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