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viernes, octubre 23, 2026

Rodolfo Serrano

 Ya no hay miedos

Cuando todo esto pase. Cuando sea
la noche solo sombra recordada,
oscuridad pasada, nada apenas,
me acercaré, despacio, hasta tu nombre.
Y volverá el recuerdo. Por el aire
volarán esos pájaros del sueño,
se vestirán las calles de colores,
besaremos tú y yo la piel del mundo.
No habrá ya oscuridad que nos oculte,
ni dolor como un río inagotable.
Será todo distinto. Nuestros cuerpos,
desnudos, brillarán al sol de otoño.
Esta tarde, lejanos ya los miedos,
me refugio en tu piel y me abandono
a la dulce esperanza de los días
azules que levantan nuestra casa.
(No temas a la noche. Es ahora nuestra)
Foto de Raul Cancio.



sábado, octubre 10, 2026

Rodolfo Serrano

 Soñar

Alguna noche sueño, cuando sube la fiebre
y el insomnio golpea mis recuerdos, con tierras
que no están en los mapas, perdidos territorios,
países que existieron sólo en libros no escritos.
Hay llanuras inmensas que he vivido en un tiempo,
cuando el mundo era el viaje y la vida era un vuelo
de bandada de pájaros y el instante era el todo
y era el todo tu nombre como luna de agosto.
Y selvas esmeraldas y dorados desiertos
y montañas purísimas y torrentes inmensos
—que arrastraban mi alma entre espuma de nieve—
y mares océanos con islas del tesoro.
Sueño, entonces, con viejas ciudades, extrañas,
y plazas que aún se abren a un espacio infinito,
donde viejos amores regresan luminosos
como bellos arcángeles que nos quitan los miedos.
Esos mundos que nunca he vivido y que nunca
viviré, pero siempre van a estar en mi alma,
y serán paraíso donde habiten los sueños.
Esos sueños que ahora son mis noches oscuras.
Foto de Raul Cancio.



jueves, octubre 08, 2026

Rodolfo Serrano

 Volver a la memoria

El silencio. El sol juega en la sombra.
Está tan cerca todo. La nostalgia
es rescoldo, consume los recuerdos:
el Viaducto lejos, deslumbrante
paisaje que se pierde en el camino
de un poniente de luces y de oro.
Las tabernas, esas iglesias viejas
con el olor a incienso y flores muertas.
Revuelo de una falda, cuando era
la gloria una mujer desconocida.
Relámpago ya apenas de nosotros,
los sueños que hoy perdimos.
Vuelve, al fin, el recuerdo. Sobre todo,
el sonido de un nombre, cada letra
que escribió nuestro afán y abecedario.
Los nombres que anduvieron con nosotros,
algunos ya perdidos en la noche.
Vivos todos en la sangre que los busca.
El sol es tibio y corto. La memoria
es sólo un café tibio, abandonado,
una tarde con lluvia, es un relámpago
que ilumina un momento la añoranza.
Hoy quisiera volver a aquellos días
en los que nos creímos inmortales.
(Y, después, ya desnudo, como un niño,
dormirme tras el muro del recuerdo).
Foto de Raul Cancio



domingo, septiembre 27, 2026

Rodolfo Serrano

 La calle

Esta calle. La luz. Las calles nuestras.
Los caminos abiertos a la aurora,
cruzan mi pecho, me muerden en la boca,
me llevan a soñados paraísos.
Vuelvo hoy a la calle. Están los árboles
esperando la sombra. Ya el otoño
se anuncia como gato en los tejados,
silencioso, sin voz ni calendario.
Y tanta paz, cuando ha dejado el miedo
desolación, los tiempos negros.
Este sol que recorre las aceras
limpia los viejos días del pasado.
Un gorrión se acerca. Picotea
una sombra de luz. Soy solo un pájaro
que ahora teme volar tras la tormenta
buscando el alba de oro de Rubén.
El cielo es tan azul. Azul purísimo,
el color es de un dios que se deshace
entre el olor a hierba de algún parque,
y el ruido de brillantes automóviles.
Vuelve a surgir la vida, me rebrota
entre mis dedos torpes, de mis venas.
De esta carne ayer muerta que hoy espera
el abrazo feliz de días nuevos,
Foto de Raul Cancio.



jueves, septiembre 17, 2026

Rodolfo Serrano

 Insomnio

(Septiembre)
Tarda el sueño esta noche. Luna oscura.
Una luz muy pequeña, que entra apenas
por la abierta ventana, acaricia las sábanas.
Pienso en los viejos días cuando todo
era grito de amor, trago de vida, bocanada
de besos, paraíso encontrado en cada cuerpo.
El tiempo es ancho. Arrastra con sus sombras
el deseo brillante de los niños perdidos,
al muchacho que quiso estudiar para arcángel,
la gloria que perdimos en ruinas y desastres,
las derrotas amargas de los amores fieros,
la perdida pasión que una noche lloramos.
Tarda el sueño. La noche nos despierta los miedos,
trae los viejos recuerdos que se acuestan al lado
del corazón, nos besan. Acarician —ternura—
esa piel que aún pervive en los dedos que un día
dibujaron estrellas, constelaciones, mundos
en los cuerpos amados. ¿Dónde estarán ahora?
Pasa el dolor, fugaz, por el pasillo. Alguien
suspira —o llora— lejos. Tarda esta noche el sueño.
Las camas de hospital son siempre ajenas.

lunes, septiembre 14, 2026

Rodolfo Serrano

 Besar la alegría

(Septiembre 2026)
Hoy no va a llover. Por la ventana
pasan nubes grises que, de pronto,
se deshacen ante un sol casi de otoño.
El hospital es un barco a la deriva.
No llega la ciudad a estas paredes.
El mundo es ya ahora esta luz fría,
soledad de pasillos, o las quejas
de voces en la alta madrugada.
El mundo es ahora ya cerrada carne,
suspiro mineral, vida que pugna
por romper este blanco de las camas,
saltar hasta las nubes y abrazarlas.
El cielo me proteja. Yo me acojo
a la piedad de un dios en que no creo.
Soy un niño con miedo en los bolsillos.
Y rezo no sé a quién sin esperanza.
No va a llover hoy. ¿Lloverá un día?
Contemplo el mundo fuera, sólo un patio.
Unos árboles me llaman a los cielos.
Con ellos busco y beso la alegría.
Foto de Raul Cancio.



viernes, septiembre 11, 2026

Rodolfo Serrano

 Hospital UCI

(Agosto 2026)
Confusos los recuerdos. Un chispazo
de luz negra, grito, aquí no ha cielo.
El cuerpo no es tu cuerpo. Ajeno cuerpo.
Suplicar por la muerte, cuando era
el único consuelo deseado..
¿Y dónde están la risa de los niños,
las plazas como astros, las canciones?
¿Esas calles de lluvias y muchachas?
¿Los bares como cuerpos que te abrazan?
¿Los árboles de luz y nubes altas?
Solo queda este mundo que me ahoga
este dolor terrible del delirio.
Pesadilla feroz, cuando no queda
el recuerdo de un sueño de verano
de un verano en la trilla de los primos.
La noche ahora es eterna. El sufrimiento,
el mordisco voraz de vísceras y miedos,
la soledad, la angustia del espasmo,
las manos que rebuscan los demonios
en la piel derrotada, yerta, ardiente.
El dolor, el dolor. Ya no hay consuelo.
No hay final. No hay final. Todo es eterno.
Hasta este ansia de morir, morir. Caer
en el olvido, irremediable, de la nada.
Foto de Raul Cancio



miércoles, septiembre 09, 2026

Rodolfo Serrano

 Julia me lava

Julia me lava. Indefenso, soy un pájaro temblando entre sus dedos.
Sus manos acarician tierra herida,
áspera tierra, sombra larga.
Oscuridad y miedo. sombras. Nuestra carne es dolor.
Dos cuerpos, yo no nuestros,
Recuerdo antiguo, luz difusa.
En silencio me lava. Son sus dedos
de nube.Solo a veces
presiona un poco más, cual si buscará
el latido de la sangre.
Julia me lava.Yo, en silencio, lloro



jueves, septiembre 03, 2026

Rodolfo Serrano

 LA RUTINA

(Habitación 116)
Detrás de mí he dejado algunos males graves.
Y amores y amistades –que yo pensaba eternos–
me dejaron a mí en los días más negros.
Ahora duermo tranquilo, con alguna secuela
y muchas medicinas que matan el recuerdo.
No me quejo de nada. Respiro cada día,
entro y salgo, me queda algún amigo viejo
y otros amigos nuevos me traen nuevos abrazos.
En este bar de pueblo donde estoy retirado
bebo mi vino, escucho y hablo poco y de todo.
De vez en cuando ando bajo un sol de justicia.
Y huelo el heno seco que me huele a la infancia.
Me saludan los perros y miro las cigüeñas
en lo alto del viejo campanario de piedra.
La tarde está bendita por la luz del crepúsculo.
Una mujer reclina su cuerpo junto al mío
cada noche de sueño de este largo verano.
Madrugo. Me despiertan los pájaros del campo,
los mismos que alimenta el Dios del Nazareno.
Y, como ellos, tampoco yo le temo al futuro.
En fin, que, así las cosas, hoy puedo aseguraros
que, razonablemente, soy feliz y no pido
demasiado a la vida. Solo, de tarde en tarde,
me vence la añoranza, este desasosiego
por lo que he malgastado en mis años perdidos.
(Ser feliz es tan sólo un instante de luz).
Foto de Raul Cancio.



domingo, agosto 09, 2026

Rodolfo Serrano

 Rodolfo nos cuenta por Facebook.

Mi amigo, Tito Muñoz ha escrito una canción para mi libro Hotel en las afueras . Como no puedo compartirlo, lo repico aquí para que, como yo, riais y lloréis con estos versos de un viejo pirata y colega del alma como es mi querido Tito.
Canción a la manera de Sabina
para Rodolfo Serrano
Qué vulgar es el lujo de los hoteles,
qué alcoholes liliputienses de minibar,
qué desperdicio de cama si no eres par,
qué remilgado el tacto de muchas pieles.
Prefiero los hoteles de las afueras,
Norman Bates atendiéndome en recepción,
me gusta como cruje cada escalón,
ya conoce mi Jaguar la carretera.
Sacan su lado malo todas las damas,
allí siempre se cumple su perversión.
Qué tálamos malignos para mojama.
Se extiende su deseo en esa pensión.
Me gustan las mujeres de mala fama.
Al modo de Sabina va esta canción.
Y le ponemos una foto de Raul Cancio



lunes, julio 27, 2026

Rodolfo Serrano

 Volver a Villamanta

(Habitaciones 215 y 222)
Siempre quiero volver a aquellos años
felices de la infancia. Cuando el mundo
era una escuela y juegos en la plaza,
era risa de niños en la tarde,
paraíso feliz de cielos limpios.
Los cerros a lo lejos, esos días
de arroyos y de huertas, y la siesta
de agosto bajo el chozo, y el sonido
de cangilones en la noria vieja,
ese frescor del agua en los canteros.
Las meriendas de aceite y pan y azúcar.
Y todo por hacer: andar a nidos,
afilar el rejón de la peonza,
pedir a padre que hiciera aquella espada
perfecta de madera. Los inviernos.
La rebusca de leña en El Vedao,
los cuentos de difuntos a la lumbre,
sabañones curados con orín,
pantalón con culeras, el maestro,
Don Dámaso con su vara de fresno.
Los amigos, mis primos, mis hermanos,
las peleas por nada. El Tío Pavana,
sus cigarros de anís y aquellas bolas
de caramelo, siempre inalcanzables.
El rosario, la iglesia, oscura y fría.
Y ese golpe tan dulce del deseo,
cuando las niñas, de pronto, sin saberlo,
no querían jugar ya con nosotros
y pasaban muy serias con sus madres
camino de la Iglesia los domingos.
Esa Arcadia feliz, la casa y el sobrao,
la estación y aquel tren de carbonilla,
el reloj de la plaza, las moreras,
la ermita, allá, a lo lejos, el cuartel
de la Guardia Civil y de su miedo.
Hoy cuando todo lo he perdido,
y toda mi riqueza es algún verso,
cuando nada hace ya sangrar mi herida,
quiero volver al pueblo y pasearme
como un niño que aún vive por sus calles.
(Y luego detenerme ante mi casa.
Y morirme abrazado a los recuerdos).
Foto, por una vez, que no es de mi querido Raul Cancio
Aquí vivi, de niño, en Villamanta. La casa está muy cambiada y mejorada. Creo que la foto la hizo Juana Vázquez



miércoles, julio 08, 2026

Rodolfo Serrano

 FOTOMATÓN

y a Roberto Santos
(Habitaciones 310 y 311)
Solo de vez en cuando
y muy de tarde en tarde,
busco la foto aquella que te hiciste
en un fotomatón de la Gran Vía.
Es una cartulina amarillenta.
Estás muy seria,
mirando fijamente al objetivo.
Con ese desconcierto que tenemos
siempre en los documentos oficiales.
Pero estás muy hermosa. Con el pelo
cortado como un chico y esa sombra
burlona que adivino
en tus ojos de noche, muy abiertos.
No hay tiempo más hermoso que el vivido
en el amor del otro.
Esos días queridos y esas calles
donde el mundo empezaba. Y tu alegría
en todos los hostales y tabernas.
Tantos años después miro tu foto,
cartulina que guarda todavía
esa dulce caricia, la belleza
de un tiempo ya vencido.
Y sin embargo,
me sigue emocionando esa mirada,
tan lejana y fatal,
tan viva siempre.
Y así, de vez en tarde,
busco tu imagen, sueño con el tiempo,
imparable y fugaz, que me recuerda
que alguna vez me amaste.
(Y yo aún te amo).
Foto de Raul Cancio.



lunes, julio 06, 2026

Rodolfo Serrano

 Confesión de parte

Yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas
Antonio Machado
Puestas así las cosas, lo confieso:
Voy a ganarme el cielo.
Yo, a mis años,
—lo mismo que un bendito—aguanto todo.
Incluso a los que dicen
—y se empeñan—
en demostrarme que todos mis dolores
no son nada
cuando se los compara
con la pinta estupenda que aparento.
Es buena gente, lo sé,
gente adorable
que, con bondad, pregunta por mis cosas
sin dejarme decirles que estoy malo
que, igual que don Manuel,
yo ya no bebo
lo que algunos han dicho que bebía.
Así que les atiendo sus llamadas,
contesto a sus mensajes. Les explico
que hago lo que puedo,
que disculpen
estas ganas de nada,
esta manía
de andar entre hospitales y recetas,
que no pueda dar un paso sin que lleve
conmigo a un confesor
o a un médico de urgencias.
En fin, que, así las cosas, uno hace
lo que el cuerpo le deja
por mantener el tipo y la figura:
salgo poco, como sano, leo mucho
y trato de vivir en armonía
con males y dolores.
Y me siento
muy lejos de pavanas y oropeles.
Y espero. Solo espero
un momento de paz, un par de versos,
un mensaje de la niña
que, hace tiempo, me entregó
—como Bergia cantó, tan atinado—
su corazón en un pañuelo.
Y siento, todavía,
que late junto al mío cada noche.
Foto, inmensa, de Raul Cancio.