domingo, enero 12, 2020

Rodolfo Serrano

Vivan los bares
El último de la cuadrilla
Se va al rincón de siempre y no es lo mismo.
Ya no conoce a nadie. La taberna
le parece más fría y más oscura.
Hace ya mucho tiempo que dejaron
los amigos de asomarse a las esquinas.
Algunos ya no están. Y algunos otros
no se atreven a salir hasta la calle.

Cada día le cuesta más trabajo
andar de bar en bar. Y ni siquiera
se atreve ya a fumar. Mira aburrido,
al calor del vinito, a otros clientes
que beben, como él, todo el silencio.

Echa de menos bromas y sentencias
que el pesado de Andrés siempre decía.
Y las miradas nostálgicas de Pombo
a esas muchachas tiernas que dejaban
al paso aquel perfume de agua y tierra.
La vida es otra cosa. Hay ya poco
que pueda distraerle. Y hasta el vino
le parece más agrio y más canalla.
Habrá hoy que recogerse más temprano.
Será este frío de este invierno que no acaba.
O, tal vez, solamente este cansancio
que siente más profundo y que le mata.
Son los bares, sin duda, que han cambiado,
que ya no serán nunca el paraíso,
el refugio de todos los dolores.


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