sábado, abril 11, 2026

Rodolfo Serrano

 Mirando cuadros de Hopper

Muchas veces hablamos sin hablar de nosotros,
como si el mundo fuera algún lugar extraño
y nosotros extraños en cualquier tren nocturno
que va hacia ningún sitio por paisajes extraños
o estuviéramos solos en aquellos hoteles
que usted, Hopper, pintara.
Porque es nuestro pasado lo que estalla en sus cuadros,
como un beso muy suave, igual que ese perfume
apenas recordado o esa carta que nunca
echamos al correo y que ahora buscamos
en la maleta abierta sobre el lecho vacío.
Son sus cuadros, amigo. Nos traen momentos mágicos
y nos llaman, a veces, en cualquier bar sin nombre,
en una calle cuando la noche es territorio
hostil y en sus esquinas nos persiguen las sombras.
Es el momento, entonces, de pronunciarla a ella,
de agarrarse a los días en que fuimos felices,
volver a escribir versos en esas servilletas
de los bares del sueño, mientras el camarero
mira, ausente, la tele.
Usted nos ha pintado en las cafeterías
con mujeres en una madrugada asfixiante,
un verano olvidado de sudores e insomnio.
Y en hoteles perdidos con cansados y tristes
viajeros que buscaban los horarios de trenes
en una vieja guía amarillenta y sucia.
Ahí estamos nosotros, tan solos como ellos.
Sin saber que usted, Hopper, nos llevaba a sus cuadros.
Foto de Raul Cancio.



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