miércoles, abril 22, 2026

Rodolfo Serrano

 La última jugada

Te cita donde siempre, en el café de entonces
que es ya una vieja ruina, un recuerdo de nada.
Y que a estas horas tiene aquel aire del tiempo
hundido en las paredes como un insecto en ámbar.
Sólo cuatro clientes, desangelados náufragos
de pequeñas tormentas, un camarero nuevo
y —sí— la misma barra rompiendo el calendario.
El aire huele a alcohol, a serrín y lejía.
Hay un silencio turbio en la noche que empieza.
Por la calle se arrastran unas fugaces sombras.
La luz de las farolas se desparrama, suave,
en las aceras sucias de cemento y de polvo.
Piensas que nada queda de pasadas pasiones.
Y no sabes tampoco lo que harás cuando ella
entre por esa puerta después de tantos años.
El tiempo cura y besa a los viejos amantes.
Tal vez hubiera sido mejor no venir nunca
ni a este viejo bar ni a un pasado que añoras.
El ayer es un viejo que no recuerda apenas
el nombre de una dicha que se esfumó en la noche.
Aquí estás. Aquí esperas. Pero ya nada vuelve.
Hace tiempo dejaste de temblar al pensarla
y ahora sientes, en noches oscuras como ésta,
el ligero temblor de las hojas de otoño.
Le dirás que la quieres y que aún en los peores
momentos la recuerdas lo mismo que recuerda
el latido a la sangre. O le dirás que ahora
ni siquiera recuerdas el odio que juraste.
Y entonces, ella entra en el bar y te mira
y sonríe y te busca y sabes que es el tiempo
el peor aliado. Ríndete, pues, amigo,
porque ya te han vencido en la primera apuesta.

Foto de Raul Cancio.



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