lunes, junio 22, 2026

David Lebón & Pedro Aznar

 Pedro Aznar, David Lebón y Serú Girán: no es solo nostalgia

El dúo abrió en el Movistar Arena una serie de presentaciones por todo el país con canciones inoxidables y una performance impecable, pura emoción y verdad.

Una célebre anécdota recuerda una muestra de música en la que un jovencísimo Charly García, en medio de la interpretación de una pieza clásica, coló un par de giros que tenían más que ver con sus incipientes pasiones rockeras que con Beethoven. La única que lo percibió fue su maestra, pero ese germen explica unas cuantas cosas de la historia posterior.

El viernes por la noche, en el Movistar Arena, a los tecladistas Federico Arreysegor y Fermín Ferraris les basta con reproducir exactamente las mismas notas y progresiones de “Desarma y sangra” para generar un pasaje de belleza absoluta. Queda claro una vez más: García dio el giro completo, coló en su obra rockera un clacisismo inoxidable.

Pedro Aznar y David Lebon tienen toda la autoridad para llevar adelante su versión 2026 de Serú Girán. No hace falta explicar por qué. Pero además el tiempo no les ha restado condiciones e incluso, cosa curiosa, ha añejado bien las canciones de un disco en su momento algo discutible como Seru 92. Pero lo que electriza la piel del público que atestó el lugar (repite el 21 de junio, 10 de julio, 9 de agosto y 12 de septiembre; habrá fechas en Córdoba, Rosario, Mendoza, Mar del Plata, San Juan, La Plata, Neuquén, Tucumán, Salta, Bahía Blanca y Uruguay) es el material clásico de una banda que duró apenas 4 años y dejó una huella profundísima.

Y entonces, sí, no está Charly, pero en casi dos horas el dúo desgrana buena parte de Grasa de las capitales, y canciones perfectas de Serú Girán, Bicicleta y Peperina. Y en sus voces, en ese bajo y esa guitarra inconfundibles, en esas letras que siempre se reactualizan, el cuarteto nacido en Búzios late en puro presente. Y García es Mozart.

Y hay una emoción especial cuando Juanito Moro, tan parecido a su padre en aspecto y en el toque, reemplaza a Matías Sabagh para una demoledora andanada final con “Cuánto tiempo más llevará?” y “No llores por mí, Argentina”. Pero en rigor todo es un viaje en el tiempo y sin embargo no es mera nostalgia: casi de arranque suena “Canción de Alicia en el país”, y está “Perro andaluz”, y el Arena se tiñe de rojo para “Encuentro con el diablo”, y el Ruso la vuelve a descoser en “Esperando nacer”, y hay un final apoteósico con “Peperina” y el estadio en llamas al grito de “¡Te amo, te odio, dame más!” y la seguidilla de “Cinema verité”, “Desarma y sangra”, “Noche de perros”, “San Francisco y el lobo” y “Viernes 3AM” pone a casi 15 mil almas a flotar en el cielo.

Entonces no hay ninguna crueldad en el contraste entre esos señores músicos en el escenario y los jóvenes de ayer que aparecen en las pantallas. Si esas canciones son indiscutibles, también lo son los punteos de uno de los mejores guitarristas que dio este país, y los dedos mágicos de Pedro en el fretless, y la palpable emoción y verdad en sus voces. Serú Girán forma parte inseparable del acervo cultural rockero de la Argentina, y su obra puede interpretarse como se interpretan en el Colón pentagramas de hace siglos. Lo que define a los clásicos.

El plus, claro, es que estén ellos dos. Y no, no hay Charly ni holograma de Charly. Se lo extraña, claro, pero nada inhabilita una noche de disfrute y sanación en tiempos horribles, en la tierra de nadie, un río de cabezas que se resisten a ser aplastadas por el mismo pie. Como antes. Como ahora. Nota aquí.




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