“‘Rebelde’ habló de cambiar las armas por el amor”
Al frente de Los Beatniks, que compartía con Pajarito Zaguri, el cantautor grabó uno de los primeros himnos del rock argentino, que vendió apenas 200 copias en ese momento.
El lunes 2 de junio de 1966 cinco muchachos entraron a los estudios de la CBS para registrar dos canciones, sin saber que una de ellas haría historia. Uno era el tecladista Jorge Navarro, cuya deriva futura iría por el lado del jazz. La base la conformaban Antonio Pérez Esquivel al bajo y Alberto Fernández Martín en la batería. Los otros dos eran el alma de Los Beatniks en cuestión: “Pajarito” Zaguri y Mauricio “Moris” Birabent. Uno, habitué de La Cueva, las calles porteñas y la bohemia, que luego formaría La Barra de Chocolate y Piel de Pueblo junto a Nacho Smilari, y con los años se transformaría en leyenda. El otro, una especie de trovador urbano, aunque fan de Elvis Presley, Ray Charles, Carl Perkins y todo el rock and roll de los ‘50. La banda había nacido (sin Zaguri, y con Javier Martínez en vez de Martín) en el Juan Sebastián Bar, boliche que había puesto el mismo Moris durante el verano del ’65-66 en Villa Gesell. Había debutado “oficialmente” en la segunda Cueva, en cuyo sótano organizan la primera reunión de “pacifismo y amor libre”. Ensayaba en la mítica Pensión Norte y, tras un par de shows en El Altillo de Florida al 600, fue que grabaron esas dos canciones exactamente sesenta años atrás. Un simple que apenas vendería unas 200 copias de casi 1000 publicadas. La cara B porta “No finjas más”, un tema que no tendría la estirpe en germen de su contrafaz: “Rebelde”. “Rebelde me llama la gente / rebelde es mi corazón / soy libre y quieren hacerme / esclavo de una tradición”, cantaba Moris, que también tocaba guitarra. Y sobre todo, escribía. Entonces tenía 23 años; hoy tiene 83.
“Sesenta años de `Rebelde’... ¡Extraordinario! Se me pone la piel de gallina ahora, perdón. Tremendo, tremendo, tremendo”, repite tres veces Moris a Página/12. “`Rebelde’ marcó fuerte porque no fue simplemente música pop o beat. Fue otra cosa. Fue hablar de cambiar las armas por el amor y querer un mundo mejor, de parar la guerra nuclear en medio de un gobierno militar. Tanto ‘Pajarito’ como yo estábamos absolutamente convencidos de que la música podía servir para diseminar un mensaje positivo, eso fue lo que hicimos con `Rebelde’. En ese momento había miedo, miedo atómico. Había miedo a que estallara una nueva guerra mundial. Estaba en el aire eso y nosotros, como tipos jóvenes, lo sentíamos. Realmente fue verdad que tipos como nosotros estuvieran preocupados por las guerras nucleares, por el peligro atómico”.
-Tuvieron suerte de que alguien los grabara, además.
-Fue bastante raro, sí, porque bueno, en general, el que hacía música moderna y grababa en ese momento, hacía música linda, divertida, entretenida, pero no dramática, y nosotros hacíamos una música dramática, ¿no? Cargada de dolor, en algún punto. Por suerte, el productor de la compañía –Alfredo Radosynski- nos entendía y el presidente John Lear también. Ambos veían con simpatía que unos muchachos jóvenes se pusieran a escribir letras conflictivas. En algún punto, siempre hay alguien que te apoya cuando ve que estás haciendo algo diferente.
-Hay toda una discusión que cada tanto revive sobre el origen del rock argentino. ¿Fue con “Rebelde”, fue con “La Balsa”, fue con Sandro y los de Fuego, o fue antes que todo eso?
-A mí no me importa esa discusión. A mí me importaba Eddie Pequenino, que cantaba los famosos rock and rolles de Bill Halley. Con él empezó todo en la Argentina. Y con Billy Cafaro, claro, que algo de rock hacía, también. Y obviamente con Sandro, que era el que hacía rock, rock, y además tenía un costado humanístico. Él venía mucho a casa a tomar vino o té, a fumar y hablar de todo eso. El rock and roll de Los de Fuego era potente, frontal y tenía su parte combativa, además de su parte sexual. Sandro me decía que le gustaba que fuéramos combativos. También Los Gatos hacían rock y, bueno, todos, aunque muchas de las canciones definidas como rock nacional son baladas, ¿no? “El Oso”, “Muchacha (Ojos de papel)” y “Presente” lo son, porque la balada es parte del rock. Si mirás para atrás, Los Plateros hacían un rock lento que en última instancia no dejaba de ser rock.
El derrotero de “Rebelde” como tema emblema del movimiento de rock en la Argentina tardó en manifestarse. Un poco porque la censura cultural del gobierno de Juan Carlos Onganía recayó sobre el tema. Otro poco porque el compromiso en el mensaje pasaba entonces más por las agrupaciones de proyección folklórica -que volvían sobre el canto con fundamento de reminiscencias martinfierristas- que por el rock argentino naciente, cuyo lar contestatario aún no había impregnado fuerte en la sociedad. Sin embargo, estos beatniks criollos junto con otros pocos del palo intentaban romper la inercia. El viernes 12 de junio, cuatro días después de la rápida publicación del simple “Rebelde”-“No finjas más”, los muchachos recorrieron la avenida Corrientes cantando, bailando y bardeando arriba del camioncito del hermano de Moris, y luego se bañaron casi desnudos, con modelos amigas, en una fuente de Barrio Norte. La “osadía”, por supuesto, les costó tres días en cana, acusados de “escándalo público”.
No importó, porque el lío trataba de despertar conciencias. De una manera lúdica, estética, de enfrentar el avasallamiento de las libertades, que allende los años era moneda corriente no solo durante el onganiato sino también durante otros gobiernos que paradojalmente –como en la actualidad- actuaban en nombre de la libertad. Sin ir más lejos, una década antes una revolución autodenominada “libertadora” había usurpado el poder político a fuerza de bombardeos, asesinatos, crueldades, detenciones y fusilamientos. Moris, cuyo padre había sido uno de los fundadores del diario Democracia que apoyó al primer peronismo, evoca la suerte de “Rebelde” en aquel contexto: “Tuvimos problemas de censura, sí. A `Rebelde’ la censuraron en el cine. No querían que se conozca la canción pero algunos, por suerte, se la jugaban y lo difundían igual. Mi amigo Jorge Álvarez era uno de ellos”. Nota aquí.



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