domingo, julio 05, 2026

Forges

 A Fonsagrada ríe a Forges, el genio que no se olvidó ni de Haití ni del pueblo de su padre

Este municipio de Lugo de 3.000 habitantes, el hogar montañoso de su familia paterna, abre el primer museo de España dedicado al dibujante.

El universo de Forges salió de una montaña de Lugo. Fue el padre del viñetista madrileño, un hombre oriundo del municipio gallego de A Fonsagrada, quien le dio el consejo clave para cumplir su sueño de ser “dibujante de chistes”:

—Tienes que ser original.

—¿Y cómo se es original?

—Que se vea que es un dibujo tuyo a 15 metros.

Aquel diálogo paternofilial que parió unos personajes inconfundibles y hasta un léxico propio forma parte del primer museo de España dedicado a Antonio Fraguas de Pablo Forges (Madrid, 1942-Madrid, 2018). El centro está en A Fonsagrada, el pueblo de Os Ancares de 3.000 habitantes del que emigró el padre del dibujante para estudiar en Madrid, y abre sus puertas oficialmente este sábado con fondos cedidos por su familia. Es un homenaje a un artista que nunca dejó de apoyar las pequeñas grandes causas de los paisanos de su padre.

A Forges lo recuerdan en A Fonsagrada como un hombre generoso con su arte. No son pocos los vecinos que guardan dibujos suyos en su casa. Hay restaurantes que exponen creaciones plasmadas en los manteles de papel de sus mesas. Mientras triunfaba como viñetista de prensa, diseñó gratuitamente carteles para las fiestas y ferias gastronómicas del municipio que aún se siguen usando. Los firmaba junto a su primo Selelo, fallecido hace apenas tres meses y que fue su gran nexo con el pueblo.

Ni se olvidó de Haití —como escribió durante años en un rincón de sus viñetas diarias en EL PAÍS tras el devastador terremoto de 2010— ni tampoco de A Fonsagrada. El gran retratista de la España absurda ideó una serie de viñetas en las que, bajo el título de A Fonsagrada, eterna olvidada, denunciaba la desatención de las autoridades a las poblaciones menguantes de estas montañas de Lugo. “Era muy desinteresado y un visionario”, realza su alcalde, Carlos López (PSOE). “En los noventa ya hacía mención a problemas de los que entonces no se hablaba, como el abandono del rural y la Galicia vaciada”. Pidió para el pueblo una residencia de ancianos, un polígono industrial y una solución para los problemas de suministro de agua que se sufren cuando se habita en las alturas. 30 años después, la primera demanda llegó, la segunda está aún en construcción y por la tercera se sigue esperando. Nota aquí.






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