CERTEZA
Hay certeza en mis ojos entreabiertos por el tiempo.
En la cotidiana casa donde un faro ilumina los rincones y las grietas.
Hay certeza cuando digo que te nombro en las cosas,
cuando nos perdemos, a veces, en el frío oleaje de los náufragos rotos,
-que pienso demasiado, me dices siempre dulce-
y asiento con la luz de mis noches sin memoria.
Porque habito tus ojos para pronunciar la vida,
en este amanecer que exhala silencios en voz alta.
No quiero ser llorando tu barro de tristeza.
Ni el invierno que destemple de frío tus espejos.
Ni un atisbo de duda que ensombrezca este árbol,
repleto de guirnaldas y bienaventuranzas.
Hay certeza en mis alas para volar contigo.
Porque soy compañero en los días felices,
también en las tristes calaveras que aguardan feroces en noches sin luna.
Detrás de cada puerta yo siempre sueño contigo.
Y jamás pronuncié un nombre con tanta delicadeza.
Jamás sitié al vértigo para avanzar en anhelos.
Jamás avisté tierra con tan serena claridad.
Es certeza de vida.
De saber que es eterno este vaivén elegido.

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