jueves, abril 16, 2026

Miguel Hernández

 Una nueva herida: Miguel Hernández, escritos inéditos de guerra

Un libro recupera artículos periodísticos del autor que permiten conocer mejor la Guerra Civil

Apenas unos meses antes de concluir la Guerra Civil, Miguel Hernández tenía terminado su último libro, El hombre acecha, que no vería la luz en España hasta 1981. Desde entonces no ha dejado de crecer su figura y su obra, dentro y fuera de España. Una de las facetas más reveladoras, pendiente todavía de explorar, sigue siendo su trabajo periodístico durante el conflicto. Se trata de una serie de escritos, apenas conocidos hasta hoy de manera fragmentaria, inseparables de su compromiso y de su obra poética, que muestran la verdadera extensión de la herida con la que Hernández sintió la guerra. No en vano, su trabajo como reportero del frente terminaría costándole la vida. Un libro, con estudio introductorio y notas de Joaquín Riera Ginestar, recupera ahora más de treinta y cinco artículos inéditos suyos, e identifica, además, aquellos otros que el poeta de Orihuela había escrito bajo seudónimo. El resultado es la satisfacción de ver completada toda una obra que ilumina su poesía y que abre una ventana a la propia historia social de la Guerra Civil. Una oda al lenguaje, a las costumbres, a las vivencias populares que encarnaban el rostro del joven Ejército Popular de la Republica.

A diferencia de muchos otros escritores de aquella época que firmaron crónicas del frente, José María Pemán o Manuel Chaves Nogales, por citar solo dos ejemplos opuestos, Hernández sí que estuvo allí. Tras ser movilizado en Madrid por el Quinto Regimiento del Partido Comunista, donde sufre el primer ataque frontal a la ciudad, los bombardeos y los combates por la Carretera de la Coruña, sigue buena parte de la guerra en los frentes secundarios del interior. Aquellos en los que nunca pasa nada, pero en los que se decide todo. Se mueve con bastante rapidez por los caminos de Andalucía oriental, donde asiste al asedio republicano del Santuario de la Virgen de la Cabeza (Andújar, Jaén).

Uno de los primeros episodios que narra con detalle y del que se conserva numerosa correspondencia con los combatientes. Pasa después a Extremadura, donde estuvo concentrado en el entorno de Castuera, para partir de nuevo hacia Aragón. Pronto su voz cruzaría las líneas enemigas a través del servicio de altavoces del frente. Miguel, “ruiseñor entre fusiles”, tiene clara su función como intelectual entre todas las atribuciones que el Comisariado de Guerra guarda desde su creación. Y encuentra un formato, el periodístico, que le permite desplegar su prosa humana para describir los horrores de la guerra, acusando directamente al enemigo y sus apoyos extranjeros, al tiempo que supervisar la línea ideológica de las distintas publicaciones de cada batallón. Todo lo que escribe se convierte en un arma, un dique contra la propaganda enemiga que busca y consigue, poco a poco, extender la desmoralización, forzar el abandono y la deserción entre las filas republicanas. Nota aquí.



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