“La Bienal de Venecia no debería hacer juicios de valor sobre posturas políticas. Lo contrario es censura”
El artista y activista chino, que acaba de inaugurar en el museo Maxxi de L’Aquila la retrospectiva ‘Aftershock’, considera que el veto no es solo un mal de las autocracias, sino que permea también las democracias occidentales.
Si hay un artista con el currículo necesario para hablar de libertad de expresión y censura, ese es Ai Weiwei. Y su respuesta ante cualquier tipo de restricción, al margen de contra quién vayan los intentos de silenciar una voz, es no. Este creador chino multidisciplinar, de 68 años, que sufrió la persecución y censura de su gobierno y que hoy vive exiliado en Portugal, también ha residido en Estados Unidos, Alemania y Reino Unido, donde en 2023 vio cómo su exposición en la Lisson Gallery de Londres era cancelada tras hacer unas declaraciones en redes sociales criticando a Israel por sus ataques contra Gaza. Por eso asegura que la censura no tiene fronteras y es parte de todos los sistemas políticos, incluidas las democracias occidentales.
Ai, conocido también por una producción artística siempre unida a su reivindicación por los derechos humanos, no solo analiza el fenómeno de la censura en el libro On Censorship (Sobre Censura), recién publicado, sino que el pasado martes, durante la inauguración de una retrospectiva abierta hasta el 6 de septiembre en el Museo Maxxi de L’Aquila (Italia), titulada Aftershock, en declaraciones a EL PAÍS habló de la polémica que rodeaba la Bienal de Arte de Venecia y la decisión de su jurado de excluir a Rusia e Israel de la competición de los premios que otorga la muestra. El jurado que tomó la decisión aún no había dimitido.
Según el artista, “la Bienal no debería hacer juicios de valor sobre a quién mostrar o no mostrar. Ese no es su trabajo. Deberían otorgar igualdad de derechos a todos, al margen de sus posturas políticas o sociales. Eso es lo que llamamos libertad de expresión. Lo contrario es censura. Creo que debemos proteger el valor de la libertad de expresión. Sin eso, pienso que conseguimos que la sociedad se vuelva torpe y estúpida”.
Ai, para quien arte y activismo son inseparables, presenta en L’Aquila un recorrido conciso pero afilado de toda su producción, desde las primeras fotos que tomó en Nueva York cuando viajó con una de las primeras becas que permitieron a un ciudadano chino estudiar allí, hasta sus reflexiones, siempre irónicas o incisivas sobre la guerra de Ucrania, la actual polarización política, la dicotomía entre verdad y ficción que domina el siglo XXI o las reinterpretaciones de clásicos del arte como El grito, de Munch, o Hollywood, de Ed Ruscha. Nota aquí.

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