“Hay tanto dolor en el mundo que hablar de cine me parece irrelevante”
La actriz, de 81 años, recibe un premio por su carrera en el festival Saraqusta de cine histórico de Zaragoza y reflexiona sobre Donald Trump, la crisis migratoria y la huella del MeToo
Jacqueline Bisset (Weybridge, Inglaterra, 81 años) está en España después de tanto tiempo que casi ni se acuerda. Ha venido este fin de semana a Zaragoza a recoger un premio por su trayectoria en el festival Saraqusta, especializado en cine histórico. “Si consigo pronunciarlo bien dos veces”, confiesa, “pensé que encontraría el camino para llegar”. Y lo ha hecho. Y eso a pesar de que su viaje, desde Los Ángeles vía Londres donde se le perdió la maleta, ha sido toda una odisea. “Ya no hay personas con quien hablar, solo máquinas que no te resuelven nada”, se lamenta, pese a que la historia del extravío tuvo final feliz, “gracias a un señor muy amable en España”. “Fue un momento de estrés”, reconoce. Bisset viaja sola y sin ningún asistente. “Es activa, completamente autónoma y profesional, escucha y atiende, no deja de trabajar, todo lo hace fácil y no parece que tenga la edad que tiene”, reconoce con admiración el director del festival Saraqusta, José Angel Delgado.
A Bisset le han dado el galardón por un currículo interpretativo lleno de personajes históricos inolvidables. La que fuera actriz de Truffaut, Huston o Polanski ha hecho desde Josefina Bonaparte a Jackie Kennedy, pasando por Anna Karenina. Pero ni en el discurso al recoger su galardón ni en la conversación con EL PAÍS tiene ganas de hablar de cine… y con su mirada verde mar insondable, unos vaqueros, deportivas y un pañuelo que podría pasar por palestino, explica el porqué.
Pregunta. Hacía mucho que no venía por aquí… Por España, y en Zaragoza creo que la primera vez.
Respuesta. Sí, ya ni me acuerdo. Para mí España es placer y yo no viajo por placer. Todos mis viajes son de trabajo. Pero no había estado nunca en Zaragoza, y pensé que era una oportunidad para ver algo nuevo. Y eso me gusta. Y también comerme una de esas tortillas españolas, con patatas y huevos... ¡que me encantan! Aunque confieso que después de decir que sí, tuve un momento de estrés. Siempre voy sola, nunca he tenido secretaria ni asistente ni nada, así que tengo que hacérmelo todo yo misma, ¿sabe? Y este trabajo hay que tomárselo en serio.
P. El viernes, al recoger el premio, prefirió hablar de la vida antes que de su trabajo, el cine. ¿Por qué?
R. Sí, porque es así como soy. Creo que para la gente es increíblemente aburrido que les hablemos solo de cine, es lo que hacen en Hollywood, y me aburren soberanamente. Las películas son fantasías, y me gusta hablar de cosas reales, de las catástrofes humanas que están sucediendo, de las grandes empresas que dirigen nuestras vidas o de la gente terrible que está ofreciendo cosas contra el cáncer que no funcionan. Hay mucha gente sufriendo y soy muy consciente de eso.
P. ¿Se refiere a la salud, usted que cuidó durante décadas a su madre enferma de esclerosis, o a la política? ¿O a todo un poco?
R. Tengo cierto instinto cuando hablo con la gente. Soy capaz de detectar cómo están de salud, si sufren, si necesitan consuelo. Veo que la gente necesita hablar de sus sentimientos, pero si todo el mundo habla y nadie escucha, esto no funciona. Yo puedo escuchar. Lo aprendí de mi padre. La gente necesita mucho consuelo emocional. Veo también mucho dolor y pobreza en el mundo, y frente a todo esto, el cine me parece a veces irrelevante. Es verdad que se puede contar en las películas, pero no es suficiente para ayudar a la gente. Y me acaba pareciendo trivial, aunque hablemos de películas muy importantes.Nota aquí.

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