"Mi forma de vida sigue siendo la de actor, pero el vino dejó de ser solo una bebida cuando descubrí toda la cultura que encierra"
Le conocimos en Águila Roja pero hay mucho más, antes y después. Licenciado en Filosofía y sorprendente sumiller, rueda segunda temporada de Enológica y desde ahí lo deja claro: no ha abandonado la interpretación; ha sumado otra pasión a su modo de vida.
Durante años, para millones de espectadores, David Janer fue Gonzalo de Montalvo, el héroe discreto, ágil y con katana que convirtió Águila Roja en una de esas series que siguen funcionando en la memoria colectiva mucho después de haber terminado. También pasó por Amar es para siempre, antes por Compañeros, TV3, teatro y cine. Es decir, no hablamos de alguien que se asomó a la televisión por casualidad, sino de un actor con 25 años de oficio, popularidad enorme y una relación bastante poco ruidosa con la fama.
Por eso sorprende, al menos a primera vista, encontrarlo ahora hablando de viñedos, bodegas o variedades recuperadas... y hasta de antiguos dioses. Pero en realidad el salto no es tan raro. Janer estudió Filosofía, se formó como sumiller y ha acabado encontrando en el vino otro territorio narrativo. No un sustituto de la interpretación, insiste, sino una extensión de su curiosidad. Un lugar desde el que seguir aprendiendo, preguntando y contando historias.
Esa es también la idea de Enológica, la serie documental que puedes ver en Prime Video y en la que recorre regiones, proyectos y paisajes vitivinícolas para acercar el vino al espectador casi como a un colega. Si algo se desprende de esta conversación, es que Janer no quiere hablar del vino como quien levanta una barrera, sino como quien abre una puerta. Le interesan las botellas, claro, pero también lo que hay detrás: el territorio, la memoria, la espera, el lenguaje, los pequeños productores, las variedades minoritarias y esa mezcla entre placer inmediato y profundidad cultural.
No ha cambiado la interpretación por el vino, no. Su forma de vida sigue siendo la de actor. Lo que ocurre es que ahora, además, brinda, cata, viaja, pregunta y mira cada copa como una pequeña escena con origen, nudo y desenlace.
¿En qué momento el vino dejó de ser una afición y empezó a convertirse en una forma de vida?
Mi forma de vida sigue siendo la de actor, pero desde siempre me ha gustado y fascinado todo lo que rodea al mundo del vino: su historia, su filosofía, su dualidad… Mi relación con el vino pasó de la afición a la pasión precisamente cuando el vino dejó de ser solo una bebida. Descubrí sus orígenes, sus teorías, sus usos, sus dioses, sus dualidades… En definitiva, toda la cultura que encierra una sola copa de vino.
Has contado alguna vez que la filosofía te ayudó a relativizar los vaivenes de la interpretación. El vino también obliga a mirar el tiempo de otra manera. ¿Qué tienen en común para ti la filosofía, el oficio de actor y una buena botella?
Pues, poniéndome algo filosófico, diría que todas esas cosas persiguen, o deberían perseguir, lo mismo: la búsqueda sincera de la verdad. La filosofía, mediante las ideas; el actor, mediante la interpretación; y la botella, mediante la expresión sincera de su origen y, sobre todo, de su variedad. Las tres fracasan cuando fingen ser lo que no son. Nota aquí.

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