viernes, julio 31, 2026

Eduardo Sacheri

 “El deporte es una sublimación de la guerra”

duardo Sacheri (1967) se presenta con puntualidad sajona para la entrevista con LA NACION, en el barrio de San Telmo. Viene de Castelar, la ciudad en la que nació y en la que todavía vive, la ciudad de la infancia, del fútbol en la calle y los amigos del barrio; el lugar en el que viven su madre y sus hermanos; la ciudad en la que escribe ficciones, ensayos y guiones que maravillan al público y la crítica, y lo colocan en el podio de los narradores más leídos.

No se considera escritor por vocación, sino “por accidente”, por lo tanto, nunca imaginó este presente de reconocimiento, premios y libros traducidos a veinte idiomas. “En el fondo, yo escribo para mí. Entonces, no deja de maravillarme y al mismo tiempo de extrañarme que cosas que hago para mí puedan interesarles a otros”, dice Sacheri, como si ese hechizo pudiera romperse de un momento a otro. Probablemente, tampoco imaginó que tres de sus novelas, Papeles en el viento, La noche de la usina y La pregunta de sus ojos, iban a ser llevadas al cine y que una de ellas –El secreto de sus ojos, dirigida por Juan José Campanella y en la que Sacheri participó como guionista–, se iba a alzar con el premio Oscar a la mejor película extranjera en 2010.

Hace poco presentó Demasiado lejos, una de sus dos novelas sobre la Guerra de Malvinas, en la Feria del Libro de Madrid. La reivindicación de Malvinas, el partido de Argentina contra Inglaterra de 1986 con Maradona –“una reparación simbólica en una Argentina que también se estaba reparando”- y este último partido, con Messi, atravesarán inevitablemente esta conversación. “No lo viví como el partido del 86, con ese nivel de ansiedad y hasta, te diría, de angustia, pero tampoco lo viví como cualquiera de los otros partidos del Mundial (…). Me parece bien que la sociedad argentina recuerde a sus veteranos de guerra y a sus caídos y a sus familias. Y también me parece bien que tengamos una aproximación un poco más ‘reparada’. Hacer un duelo también es eso. Un duelo más o menos sano es que las cosas que te duelen te vayan doliendo de un modo diferente y que seas capaz de dejar atrás lo peor o lo más trágico del dolor. Entonces, en ese sentido, me parece que la vivencia de este partido fue muy fuerte, pero no exactamente a la del 86”.

Ahora, en la Argentina, acaba de publicar Los días de la Constitución 1852-1880 (Alfaguara), el tercer libro de una saga de divulgación histórica que comenzó con Los días de la Revolución. 1806-1820, Los días de la violencia. 1820-1852 y culminará con un cuarto texto, Los días del progreso 1880-1916. Estos ensayos pueden leerse, de algún modo, como una extensión o un complemento de las clases de historia que el escritor ya no dará, después de toda una vida dedicada a la docencia.

“Yo estoy de salida de la docencia, no solo por mi edad, sino porque siento que la filosofía del sistema educativo en la provincia de Buenos Aires va en una dirección en la que yo no creo. Un sistema educativo obsesionado por la retención ha perdido de vista todos los otros objetivos”, explica Sacheri, profesor de Historia con treinta años de docencia universitaria y secundaria. Le gustan el aula y el contacto personal con los alumnos, pero considera que se ha cumplido un ciclo y siente que no encaja.

Incondicional hincha de Independiente y apasionado por el fútbol –un amor que atraviesa radicalmente su vida y su obra– Sacheri compartió con su padre, que murió cuando él tenía 10 años, la devoción por el Rojo.

“Los goles de Maradona en el 86 fueron una reparación simbólica en una Argentina que también se estaba reparando”

Las infinitas formas del duelo y la conversación en ausencia con los seres amados que hemos perdido tendrán un espacio en la conversación. “El de mi papá fue mi duelo fundante, pero todos estamos habitados por un montón de duelos, pérdidas y despedidas que no solo tienen que ver con la muerte de nuestros seres queridos. A veces perdés gente a la que quisiste, pero no porque se muere, sino porque te peleás, porque te distanciás. Hay muchos duelos: sueños que uno tuvo y no los tiene más, y uno los extraña, pero ya no los sueña. O deseos que tuviste y ya no deseás. Eso también es un duelo”, reflexiona Sacheri.

Pocos días después de la final del Mundial de Fútbol en la que la Argentina se quedó con el segundo puesto, Sacheri comparte su estado de ánimo, atravesado por sensaciones contradictorias: la inevitable tristeza por la derrota final y, al mismo tiempo, la admiración conmovida y la gratitud eterna a la figura de Messi. “Me parece que no solo ha sido un artista como futbolista, sino que ha sido extremadamente humilde en su manera de trabajar. Siempre mostró no solo una belleza técnica descomunal para jugar, sino una unión emocional con sus compañeros, que también me pareció siempre muy destacable. Y lo que hizo en los últimos años con la Selección argentina fue ponerle un broche de oro a una carrera legendaria (…) Me genera asombro, respeto y gratitud”, dice Sacheri, en días en los que se ha montado y magnificado una campaña de odio a la Argentina, a su seleccionado y al propio Messi. “Han convertido a la Argentina en un villano, en un monstruo”.

–Hace poco presentaste en España Demasiado lejos, una de tus dos novelas sobre la Guerra de Malvinas. ¿Qué preguntas tienen los españoles sobre este tema?

–En general, fuera de la Argentina, antes de explicar la Guerra de Malvinas, hay que explicar Malvinas: Malvinas en tanto deseo, causa, reivindicación, sentimiento colectivo. Después uno inscribe la guerra, lo que pasó con la sociedad argentina durante la guerra y esa cosa incómoda de entusiasmo, apoyo, oxígeno y compromiso que le dio la sociedad a la dictadura en el momento casi final. En Hispanoamérica, siendo todos herederos del mismo imperio, con la misma lengua y la misma religión, el nacionalismo tiene más que ver con lo territorial, que es casi el único anclaje profundo de lo nacional. La cuestión territorial sí ha sido motivo de diligencia. Las guerras sudamericanas posindependentistas son territoriales: la Guerra del Pacífico, la Guerra del Chaco, la Guerra del Paraguay. Entonces, primero hay que explicar eso y después hablar de lo que es una guerra en sí misma, la sociedad vinculándose con una guerra, o los soldados viviendo una guerra. Eso les pasó a todos. Los españoles pueden asociarlo a la guerra civil y los colombianos, al tema de la guerrilla, pero todos vivieron guerras. Cada país tiene la suya.

–En las novelas, a diferencia de los libros de historia, el autor puede darse permisos para jugar. ¿Qué temas personales se ponen en juego en las ficciones?

–Vos usás una palabra que me parece clave que es “juego”. Y agregaría otra que asocio al juego que es “libertad”: la libertad del juego. Y agregaría otra dimensión más que es “lo subjetivo”, lo humano en tanto experiencia individual, los sentimientos y las emociones, a diferencia del enfoque de la Historia que, en principio, tiene mucho más que ver con lo colectivo, con lo estructural, con lo general, con las regularidades, no con la excepción. La novela permite contar las excepciones. En el fondo, las personas somos excepciones. Creo que la novela es el lugar para pensar en las excepciones que somos. Sin embargo, me gusta que el telón de fondo de las personas sea la historia real porque ni vos ni yo somos ajenos a la historia colectiva. Nuestras vidas tienen una parte que está completamente condicionada e influida por la historia colectiva, pero también tienen una parte íntima, personal y vincular. Nota aquí.





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