Muere Franco Baresi, histórico capitán del Milan y leyenda del fútbol italiano
El mítico jugador, uno de los mejores defensas de la historia, ganó multitud de títulos en el club ‘rossonero’, así como el Mundial de España 82 con la Azzurra
Franco Baresi, leyenda del Milan y de la selección italiana, uno de los mejores defensas de la historia del fútbol mundial, ha muerto este viernes a los 66 años, según ha informado su club, por una enfermedad pulmonar. “La historia del Milan está en lágrimas por el fallecimiento de Franco Baresi. Su ejemplo y su profundidad serán, para siempre, al igual que la camiseta con el número 6, parte integrante y fundamental del ADN y del recorrido de todo el club”, anunció el club rossonero. Y añadió: “Las condolencias que el AC Milan expresa a toda la familia de Franco Baresi son las mismas que cada aficionado rossonero se hace a sí mismo en un momento tan difícil como este”.
Cualquier aficionado con algunos años recuerda su estampa poderosa, su rostro antiguo de gladiador, con la camiseta por fuera, su autoridad robando balones con una prodigiosa capacidad de anticipación y de lectura del juego, su omnipresencia en el área como líbero, término que en la imaginación infantil siempre tenía connotaciones épicas. Ya era un clásico siendo joven. Fue un pilar del histórico Milan de Sacchi y de Capello de los ochenta y noventa —línea de defensa mítica con Tassotti, Costacurta y Maldini—, y de la selección azzurra, hasta colgar las botas nada menos que en 1997, con 37 años. Era aparentemente indestructible, de hierro, y aún se recuerda que 25 días después de operarse del menisco jugó la final de Pasadena del Mundial del 1994 contra Brasil. Neutralizó nada menos que a Romario y Bebeto, pero luego falló el primer tiro en la tanda de penaltis y acabó entre lágrimas, otro episodio de la leyenda.
Baresi (Travagliato, 1960), de familia humilde de campesinos de la llanura padana de la comarca de Brescia, tuvo una infancia dura, pero feliz, y su lucha por salir adelante marcó luego su carácter tenaz e incansable como futbolista. Huérfano de madre a los 13 años y de padre a los 17, pegaba patadas al balón en el campo de fútbol de su parroquia y llamaba la atención, aunque era bajito (luego llegó a 1,76) y en las pruebas de los grandes clubes lo acababan desdeñando. Le llamaban el Piscinin, el pequeñín, en dialecto milanés. También era Franchino, dicho con todo el cariño del mundo, porque para los aficionados del Milan era como de la familia, era el capitano, el mito.
Baresi es uno de esos casos de simbiosis destinadas a ser eternas que a veces produce el fútbol entre un jugador y un equipo, como Totti y la Roma. Al final ha estado en el Milan medio siglo, como jugador y luego con cargos directivos. Fue la única camiseta que vistió en su vida, esa y la de la nazionale. En Italia no hay tantas cosas que se puedan dar por seguras o transmitan confianza, pero Baresi era una de ellas, con él atrás no pasaba nadie, y por eso se convirtió en una institución, mucho más que algunas de las oficiales. Este viernes en Italia se vive un luto nacional. Nota aquí.

0 comentarios:
Publicar un comentario