Divididos en vivo, esa sana costumbre
En el Arena de Villa Crespo, Mollo, Arnedo y Ciavarella brillaron junto a una selección de invitados que enriquecieron las canciones, en una noche con estilos para todos los gustos.
Como trío eléctrico arrollador. Como sutil trío acústico. Con guitarrista invitado. Con sección de vientos. Con quinteto de cuerdas + fagot. Con tres gaiteros y redoblante. Con esto y lo otro, con aquello o sin nada, con canciones viejas o nuevas, Divididos siempre cumple. Lo hizo de nuevo en la noche del sábado en el Movistar Arena: la excusa era presentar su nuevo disco, Divididos. Pero Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella no necesitan excusas para armar esa ceremonia que colma los sentidos. Un recital de rock, y muchas otras cosas. Una fiesta. Nada más y nada menos.
Sí, como siempre, la monada aulló el grito de guerra de “La aplanadora del rock and roll...”. Pero como siempre también, las 28 canciones y más de dos horas de show dejaron nueva constancia de cuántas facetas caben en la propuesta artística del trío. Casi 40 años de historia no son joda. “Aprendimos a buscar, a cruzar por aguas claras, cielo adentro”, declaran en “Aliados en un viaje”, que abre el disco y abrió la noche en Villa Crespo, y los resultados de la búsqueda interna del grupo son bien sonoros. Divididos puede dar una cátedra punk en la arrasadora versión de “Elefantes en Europa”, deslizar momentos-Pink Floyd en “Señora Red”, producir un clima de absoluta, serena belleza en “Como un cuento”, provocar el pogo salvaje con el guitarrista Alambre González en “Sucio y desprolijo” y “Sobrio a las piñas” o contrastar la potencia de la hendrixiana “Monte de olvidos” con la solitaria voz de Mollo resonando que “No hay sueño que no lleve cicatriz...”
En Divididos, las cicatrices de sus sueños se traducen en canciones. Para armar un setlist cada vez más complicado y en vista de la circunstancia, el trío incluyó ocho canciones de su disco más reciente, que se integran fluidamente a su curso histórico (incluso más que Amapola del 66, ausente en la lista). Así fue como la primera parte de la noche dejó una perfecta trilogía con “Señora Red”, un “Revienta el mi mayor” que tributó a Luis Alberto Spinetta (“Madre selva, ven a mí / Madre selva, ven por vos”) desde las pantallas en forma de tapa deforme de Artaud, y que por momentos recordó a las salvajadas sonoras de The Who; para cerrar con el clásico de clásicos “Paisano de Hurlingham”, con un estadio entero saltando en un final zeppeliniano.
Pero después de semejante demostración de músculo, el remanso: el habitual segmento acústico alcanzó cotas inéditas de emoción, por los temas elegidos y la performance. “Como un cuento” abrió allá arriba y dejó paso a un diálogo delicioso con el trombonista Juan Luis Canosa en “Dame un limón”; “Spaghetti del rock” se vistió de lujo con la sección de cuerdas (Manuel Quiroga, Natalia Cabello y Elizabeth Ridolfi) y fagot, para dejar paso al reposado cierre del nuevo disco con un “Grillo” especialmente dedicado al fotógrafo Pablo Grillo, presente en el estadio. Nota aquí.



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