"Ahora la izquierda abronca a quien piensa un poco diferente; exigen una adhesión inquebrantable"
"Uno de los problemas de la izquierda es el sectarismo. Solo le hablan a los suyos" // "No puedes dialogar con un xenófobo o con alguien que te odia y te quiere meter en la cárcel".
Ismael Serrano (Madrid, 1974) habla despacio. Como quien mide el peso de las palabras. Como quien sabe de lejos que una canción también es protesta y reivindicación.
Una figura, la del cantautor "en peligro de extinción", que se encuentra más penalizada que nunca. "Cada vez da más miedo posicionarse. Hay mucha autocensura", expresa en una entrevista con EL ESPAÑOL.
Pero Ismael no tiene miedo. Es uno de los últimos románticos que habla y canta de las derrotas íntimas y de las injusticias colectivas.
Es un cronista de su tiempo. Por eso sigue y seguirá cantando Papá cuéntame otra vez, aunque desde otro lugar.
El del padre que mira el mundo y que admite, con tristeza, que debe "preparar a sus hijos para la hostilidad". Para un futuro "quizá peor que el de sus padres". Para una "crueldad que se ha normalizado".
Serrano desconfía de los dogmas. Del "sectarismo de la izquierda", dice. "Ahora la propia izquierda abronca a la gente que piensa un poco diferente o es crítica con los suyos, y exigen una adhesión inquebrantable".
Sin embargo, no renuncia al voto, aunque conviva con el desencanto político. No renuncia a la política de trincheras, por ello no le ilusiona este gobierno que "solo habla a los suyos".
Cree en la diversidad musical y humana. En escuchar lo que el algoritmo no te sugiere y en generar espacios de encuentro frente al hambre, frente al odio, frente a la intemperie.
"Antes, hacer campañas contra menores inmigrantes era impensable, y ahora es habitual ver cómo se habla con total naturalidad sobre cómo hay que echar a los menas. Hemos normalizado la crueldad", denuncia.
Encuentra esperanzas en aquellos que aún no la han perdido. No quiere ser pesimista. Él seguirá combatiendo desde el escenario.
Su próxima cita, el 11 de marzo en el Teatro Real de Madrid en la tercera edición de Lucha de Gigantes, un concierto solidario impulsado por Acción contra el Hambre que busca visibilizar la urgencia de acabar con el hambre en el mundo y donde compartirá cartel con otros artistas como Ara Malikian y El Kanka.
Además, hace unas semanas vio la luz Grabaciones Insospechadas, un EP de versiones íntimas compuesto por 5 canciones donde el cantautor reinterpreta temas de diferentes artistas que han marcado generaciones y estilos como Joan Manuel Serrat, Extremoduro, Shakira o Silvio Rodríguez.
PREGUNTA.– Grabaciones insospechadas es un EP de versiones de variados artistas. ¿Por qué le interesaba rescatar canciones tan distintas?
RESPUESTA.– Quería desmontar ciertos prejuicios que el algoritmo fomenta. Las plataformas digitales te sugieren música que tiene que ver con tus hábitos de escucha, y eso lo que hace es fomentar los prejuicios. No te educa en la posibilidad de escuchar cosas diferentes. Y desde hace tiempo venía haciendo versiones de otros artistas diferentes a mí y que el algoritmo no relacionaría conmigo. Quería hacer un alegato de la diversidad musical y romper esa barrera.
P.– El próximo 11 de marzo actuará en el Teatro Real, en un proyecto impulsado por Acción contra el Hambre. ¿Por qué decide involucrarse en este proyecto?
R.– En un contexto como este, donde parece que la incivilización avanza, y donde la crueldad se impone como una tendencia política en muchos aspectos, me parecía necesario que se generen espacios de encuentro que nos hagan entender que no estamos solos ante cuestionamientos de una realidad, en este caso, el hambre. Hay que ser conscientes de que tenemos capacidad para paliar el problema del hambre en el mundo, pero el modelo económico imposibilita que eso suceda. Por ello, generar vínculos que combatan esas ideas y esos modelos, desde la solidaridad y la empatía, me parecen muy necesarios.
P.– Lleva casi treinta años dedicado a la música. ¿Qué le ha enseñado el paso del tiempo?
R.– El paso del tiempo es un conflicto permanente para los que hacemos canciones. Escribo canciones porque no sé convivir con la renuncia y la pérdida que implica el paso del tiempo. Y a mí me ha enseñado que crecer no solo implica una renuncia, sino que también ganas experiencias, conocimientos, relaciones… Ha desmontado mis prejuicios. Cuando eres joven ves la vida creyendo que lo sabes todo.
P.– La arrogancia de la juventud…
R.– Exactamente, cuando eres joven eres arrogante y crees conocer todas las respuestas. Y el tiempo te hace más flexible, más permeable. Te enseña a escuchar con más atención y entender que te quedan muchas cosas por aprender. Más importante que tener respuestas contundentes es no dejar de hacerse preguntas.
P.– ¿Y qué es lo que más le preocupa del paso del tiempo?
R.– Que cada vez te queda menos (sonríe). El tiempo no se recupera, y es algo sobre lo que hay que ser consciente para valorar lo que realmente tienes. Y me preocupa precisamente no saber saborear la vida con la rotundidad que merece.
P.– ¿Y qué saborea con total entrega?
R.– Pues a veces he pensado que, al llegar a cierta edad, no me podría enamorar porque estaba de vuelta de todo. Y, de repente, alguien te cambia la vida. Por eso hay que desterrar el pesimismo, el tiempo siempre puede traer cosas buenas.
P.– Habla de la falta de certezas. Pero, ¿qué cree que es fundamental saber de la vida para sobrevivir a ella?
R.– Creo que es vital entender que cada elección en la vida conlleva una renuncia. Hay que entender que no podemos llegar a todo, y tampoco podemos gustar a todo el mundo. Muchos músicos persiguen eso, y no pasa nada si no le gustas a todo el mundo. Hay que saber soltar y saber que en esta vida hay muy pocas cosas definitivas. Y también creo que hay que ser benevolente con los demás pero también con uno mismo. Cada uno hace lo que puede.
P– El tiempo también ofrece otra mirada sobre Papá, cuéntame otra vez, esa eterna canción que ahora canta desde otro lugar. ¿Qué le cuenta a sus hijos del mundo en el que vivimos?
R.– Hay algo que me entristece, y es que como padre me veo en la necesidad de prepararles para la hostilidad del mundo en el que viven. En el caso de mi hija más aún, para una mujer creo que todo es más difícil. Y también a veces da la sensación de que nuestros hijos van a vivir en un contexto histórico y en una realidad peor que la de sus padres.
El llamado estado del bienestar se ha detenido, aunque, por suerte, mis hijos viven y vivirán en un contexto privilegiado. A mí me va bien en la música y crecerán con esa herencia y ese capital social. Sin embargo, los tienes que preparar para enfrentarse a la hostilidad. Cuando uno piensa en el futuro, a veces se vislumbra un contexto de guerra. Podría ocurrir que lo de Groenlandia desembocara en un conflicto armado. Es algo lejano, pero sobrevuela.
P.– ¿Y qué le han enseñado sus hijos sobre el mundo?
R.– A desprejuiciarme. A mí la paternidad me cambió. Cuando eres padre dejas de ser el centro del relato. Se renueva tu mirada. Vives cosas con ellos por primera vez. Y tu mirada cambia porque relativizas muchas cosas. Y uno quiere ser el protagonista de todas la historias que se cuentan y cuando tienes hijos entiendes que tú no eres el centro y sí lo son ellos.
P.– ¿Se considera un superviviente de la canción de autor? ¿El último romántico?
R.– Bueno, creo que debo ser de los pocos que siguen reivindicando con orgullo el término cantautor. Creo que hay cierta claudicación de gente con la que comparto oficio que entiende que el término está estigmatizado y renuncian a ello. Y me consta que hay muchos artistas que se podrían considerar cantautores casi canónicos; y no porque compongan sus canciones, sino por la tradición; que reniegan de ese término.
P.– ¿Y por qué? ¿Por el tinte político que puede conllevar?
R.– No solo por eso, sino porque la figura del cantautor ya es anacrónica. Pero sí que creo que nace de una cuestión política. Lo primero que te viene a la mente cuando piensas en un cantautor es aquel que te da sermones y que está comprometido ideológicamente. Y todo esto se mira con cierto recelo porque se nos ha dado a entender que todo aquel que se posiciona políticamente lo hace de forma impostada.
Aparte, los festivales no quieren cantautores porque se ha impuesto otra tendencia diferente. El algoritmo tiene un carácter excluyente del que no somos conscientes. Cuando el algoritmo coloca de forma hegemónica un género musical como el urbano, es muy difícil desplazarlo. Entonces, es muy difícil salir de ahí porque los buscadores y las tendencias no te van a dirigir nunca a otro lugar. Y eso hace que la gente renuncie a la canción de autor porque no está dentro de esas tendencias. Nota aquí.


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