Miguel Hernández, siempre
Miguel Hernández murió dos veces
Querido poeta, dos puntos: creo que no te perdonan el amor de tus verbos, el calor de tus versos, la mirada de tu sangre que atraviesa toda tu poesía. Creo que en realidad no se perdonan a sí mismos que sus abuelos no te fusilaran en una tapia. Por eso ahora, con las armas que tienen, te arrancan de los muros, para quitar la piel de tu testamento de libertad, vida, conciencia, historia y futuro. Quiero que sepas que yo, que no soy nadie, te quiero, además, porque sé cómo, entonces y ahora, no se perdona que hayas sido pastor. Pronto explicaré todo esto a mi nieta, y le cantaré tus versos, y le diré que eras amor contra el desamor. Bueno, tampoco vamos a ponernos solemnes. Pero quiero que sepas que ya han pasado 85 años, aunque no lo parezca. Quiero que sepas que muchos, muchos te queremos. Y que tus poemas, siempre, nos ayudaron a mejorar las ruinas, a calentar el frío, a celebrar la mirada de los limpios de corazón, a levantar los pies del suelo, a recoger las cosechas, a sembrar la siembra, a cantar, a encarar la lucha contra la injusticia, porque tus poemas nos han ayudado a ser pobres, pero dignos, a vivir y a deshacernos. Eskerrik asko, cabrero de la Libertad, poeta de todas las palabras del Mundo.
© Félix Maraña

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