sábado, mayo 02, 2026

Pedro Quevedo

 “Me encanta ser rico, pero a la vez es una condena”

El joven más escuchado de España, catapultado a leyenda internacional a los 20 años con su ‘Quédate’ junto a Bizarrap, reflexiona sobre la “depresión de caballo” por la que pasó, el reguetón o la fama. “Comparto piso de la manera más pija que hay, no quiero estar solo en Madrid”, confiesa

“Me contradigo todo el rato, pero me hace sentir vivo”, canta Pedro Quevedo (Madrid, 24 años) en El Baifo, su disco más esperado. Nada más publicarse ha reventado, de nuevo, las listas de éxitos. Las 10 canciones más escuchadas de España en Spotify son suyas. Pero son solo números: “Mi meta es ver que pasa el tiempo y se quedan”. Su vida también es una dualidad constante. Es Pedro y Quevedo. El chico normal que aparece y desaparece de su casa, en Canarias, y la estrella internacional. El veinteañero al que la fama arrastró y “el puto amo” de sus canciones. El arrogante y el humilde. El introvertido y el dulce. El artista que mira a los ojos y contesta, sin vacilaciones ni cortapisas, a todas las preguntas de la entrevista y el que llega acunado por su mánager, un jefe de prensa, un videógrafo, una estilista y una maquilladora.

Pregunta. ¿Se merece tanto éxito?

Respuesta. Es demasiado. No he hecho nada tan bueno en la vida. No sé si soy mejor o peor que nadie, pero soy diferente. Por mi voz, por cómo escribo o por la intuición sobre mi carrera, lo que quiero que pase con la música en las islas y lo que puedo aportar.

P. En El Baifo habla mucho de la gestión del dinero y de la fama y, sin embargo, los chavales de todas las edades conectan con sus canciones.

R. Son cosas lejanas para ellos, pero las perciben cerca porque lo que cuento es real. Mi público ha crecido conmigo y me ha visto evolucionar estos cuatro años. Dejo ver mucho a Pedro en las letras de Quevedo.

P. El carro, la mansión, el Cartier, los viajes, los diamantes... ¿Y esa obsesión por alardear?

R. Lo urbano y el reguetón nacen de la calle y de la necesidad. Hablan de la superación desde el mensaje de “antes no tenía nada y ahora lo tengo todo”. De eso hablan mis canciones. Hay días en los que me encanta ser rico, pero otras veces lo veo como una condena. Y todo es cierto dentro de mí.

P. ¿Una condena?

R. Puede sonar arrogante, pero es verdad. Yo vivía persiguiendo el dinero, como lo hacen mi familia y mis amigos, y de repente, me salto ese juego superrápido y dejo de saber qué me mueve en la vida. Todo el mundo tiene que levantarse el lunes para echarse unas copas con su dinerillo el sábado. Yo no tengo por qué levantarme. Ni el lunes, ni el martes, ni el mes que viene ni el siguiente. Es complicado. Me costó mucho entenderlo, tuve que buscar otras motivaciones, pero ¡benditos problemas!

P. ¿Qué se ha perdido este tiempo?

R. Maduré demasiado rápido. De repente, me vi girando por el mundo, lejos de mis colegas, con una economía distinta... Pero ahora me he vuelto un pibito de nuevo. Y disfruto de quedar en un banco, decir cuatro tonterías e irme a mi casa.

P. ¿Sigue todavía compartiendo piso?

R. Comparto piso de la manera más pija que hay [se ríe]. Con amigos y porque me da la gana. Es una decisión. No me gusta estar solo en Madrid.

P. En su mejor momento profesional, decidió parar. ¿Cayó en una depresión?

R. Cien por cien. Tuve una depresión de caballo, seguro. En esa época no fui al psicólogo ni una vez, pero me costaba salir de la cama, encontrar motivaciones, tuve pensamientos muy negativos. Me encerré mucho en mí mismo. Preferí tragar, y una vez cumplí los compromisos, me quité de en medio para arreglarme.

P. Qué madurez...

R. ¿Tú crees? Yo creo que es inmadurez porque me puse lo último. Ahora si me siento mal, lo primero es mi salud y mi estabilidad.

P. No se lo pueden permitir todos los artistas.

R. Estar a expensas del ritmo que marca la industria y no poder elegir tus tiempos es un putadón. También, las redes son desmoralizadoras. Si no estás ready te comen. Nota aquí.



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