“Como diría Humphrey Bogart, siempre nos quedará el Tour”
Entrevista al cantante, un enamorado del ciclismo, en vísperas de que el Tour de Francia invada las calles de su barrio en Barcelona: “A ver si vemos hostiarse a Vingegaard y Pogacar”
Ahora que tiene 80 años, y dos más, y su alma está más viva que nunca, le hierve la sangre, aún tiene voz, y mantiene las fuerzas, Joan Manuel Serrat utiliza palabras sencillas, siempre tiernas, para hablar de su amor juvenil aún por el Tour de Francia, por el ciclismo que invade estos días las calles de su ciudad, sábado y domingo en Montjuïc. “El Tour es la adolescencia y el verano”, dice el cantante que adoró a Poblet, Pérez Francés y Ocaña, y adora ahora al nieto de Poulidor, Van Der Poel. Y “ese niño que uno se niega a abandonar” usa palabras más fuertes, justa ira contra el tirano, para animar al pelotón a que abandone el derrotismo y la mansedumbre, y no se rinda ante Pogacar. “A ver si vemos hostiarse a estos dos”, dice el cantante que cubrió un Tour como enviado especial de El Periódico de Catalunya, en referencia a Vingegaard, el único que ha derrotado, y dos veces, al esloveno en el Tour. “Pero, bueno, creo que en un mano a mano a hostias, aquí gana Pogacar”.
Pregunta. ¿Cómo vivió su amor por el Tour?
Respuesta. A finales de los 50, primeros 60, recortaba clasificaciones y crónicas de ciclismo y me fabricaba unos álbumes que ilustraba con las fotografías de unos Miroir des Sports que compraba a un quiosquero de segunda mano que había en los Encantes. Me hice unos álbumes realmente magníficos. Me hubiera gustado conservarlos pero mi madre pasó sobre ellos aprovechando algún periodo de mi vida en que yo dejaba abandonados mis enseres.
P. Una forma de entretenerse en vacaciones…
R. El Tour era y sigue siendo el verano, las carreras que hacía con pinzas de colgar la ropa, primero, y luego ya con ciclistas de plomo. Conservo muchos y he comprado algunos recientemente, hará 20 años… 20 años para mí es reciente. Y también me empapaba de las lecturas del Miroir des Sports. Lo entendía perfectamente. El francés en mi calle se manejaba bastante bien porque éramos adictos a las revistas francesas.
P. ¿Ídolo?
R. En la época más temprana era Poblet, el gran ciclista. Ya empezó siéndolo en la época del Faema, pero lo fue sobre todo cuando se va al Ignis y gana dos veces la Milán-San Remo. Tener un tío de Montcada que esprintando los ganaba a todos era para mí muy bueno. En general al equipo Faema lo recuerdo con mucho cariño. Lo capitaneaba Botella, y estuvo luego Angelino Soler…
P. Y Rik Van Looy…
R. Bueno, Rik Van Looy era extraordinario, pero siempre me gustó más Leon Van Daele. Le perseguí cuando en una etapa de la Vuelta del 58 salió de la Universidad Laboral de Tarragona, donde yo estaba estudiando. En el equipo belga estaban los dos, Van Looy y Van Daele y yo busqué con más vehemencia el autógrafo de Van Daele, que le había ganado un par de semanas antes la París-Roubaix a Poblet…. Era un tipo enorme, grandioso. Era más o menos, quién te diría yo, como el nieto de Poulidor. Como Van der Poel, sí, tenía un corte así. Por eso seguramente también me gusta tanto Van der Poel.
P. Un ganador nato, casi un ídolo pop…
R. Yo me imagino que su abuelo debería estar muy orgulloso de tener un nieto como él. Su abuelo, que fue siempre un perdedor, o al menos no un perdedor, pero sí un segundón, y tuvo que aguantar las mofas de la intelectualidad ciclista, tener un nieto como él, realmente lo ha redimido. Es brutal, sobre todo en las clásicas.
P. ¿Qué es lo que más le enamoró del Tour?
R. El Tour me enamoró cuando lo conocí. Yo insistí en seguir un Tour desde dentro. Tenía mucha ilusión. He seguido alguna Olimpiada in situ, he seguido Mundiales de diferentes deportes. Me ha gustado mucho estar presente, viajar, enrollarme dentro, ver todo ese mundo. Son unos días de participación en los que el fenómeno deportivo lo es todo. Me pareció que no había mejor idea que meterme dentro y colarme haciendo alguna sección en El Periódico. Nuestro querido Antonio Vallugera [falleció en 1987] fue el que me introdujo en esto. Fue realmente muy divertido el Tour aquel del 84, el primero que pierde Hinault, podríamos decir.
P. ¿Y le deslumbró?
R. Yo recuerdo la frase, seguramente porque no es muy afortunada, no sé si fue Chico Pérez o Vallugera quien dijo que la única carrera ciclista que existía era el Tour y que el resto eran kermeses. Bueno, me parece una exageración, claro, mientras existan la París-Roubaix o la Milán-San Remo, pero el Tour, realmente vivirlo, seguirlo, es una cosa que enamora a alguien que ama el ciclismo. Me enamoró todo lo que estaba alrededor. Cómo la gente lo seguía, cómo para los franceses el Tour es una fiesta nacional. No sé si existirá en estos momentos la misma pasión y devoción que hace 40 años, porque las cosas y el ciclismo han cambiado mucho, pero aquello era hermoso. No había vallas, y recuerdo que la gente aguantaba con pedazos de banderitas de papel, y cerraban el paso a modo de valla. Me pareció no solo muy educado, sino muy partícipe de la historia. Como algo muy suyo, no solo como un concurso, una carrera, sino como algo que estaban concelebrando cada día. Muy romántico todo. Tengo una visión absolutamente romántica porque fueron días muy emocionantes. Nota aquí.

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