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lunes, enero 26, 2026

Fernando Pessoa

 Biografía descomunal del solitario Fernando Pessoa

Richard Zenith entrega una minuciosa y abarcadora memoria del escritor portugués que ratifica su sentimiento de aislamiento radical.

Apenas nadie supo nada de Fernando Pessoa hasta varias décadas después de su muerte en 1935, y hoy en cambio somos capaces de leer una biografía de 1.400 páginas con una cronología casi microscópica de sus avatares: un baúl gigante ha seguido suministrando información nueva hasta principios del siglo XXI, y esta descomunal biografía de Richard Zenith se beneficia de todo ello como ninguna otra antes.

Es verdad que, a ratos, la minuciosidad analítica casi causa impaciencia y no siempre empujan la lectura las excursiones informativas de contexto histórico. A cambio, ese microdetallismo permite saber que el último libro que recibió en su etapa de formación en Durban (Sudáfrica) fueron unas Obras completas de Shakespeare que lo turbarían en el viaje de regreso a Lisboa, en 1905, como adolescente que estaba consolidando de forma impresionante su cuadro ficticio de sociabilidad íntima. Lo demuestra muy bien Zenith: Pessoa mantiene correspondencia ya desde Lisboa con personajes que conoció en Durban (donde se escolarizó al acompañar a su madre y a su padrastro como cónsul portugués allí), pero en realidad no existieron nunca. Las cartas que recibe Pessoa a sus 14 años y los personajes que las firman son de ficción, como también lo es el autor del poema que manda por entonces a la conocida revista británica Punch, aunque la carta que escribe sí lleva su firma (real, si algo es real en el mundo de Pessoa). Ese fue el origen del mundo literario que iba a construir, y también de su desbordante identidad plural.

No publicaron el poema —por supuesto, escrito en inglés—, pese a que en él se había propuesto, con 16 años, “alcanzar lo ridículo mediante la suma de lo serio y lo grotesco”, según escribe en la carta. Es delator que un poco después, abandonados los estudios universitarios de letras recién empezados, Pessoa se obstinase en identificar la genealogía de su propia genialidad en otros genios, al hilo del impacto que le causó Degeneración de Max Nordau, todavía recordado por él en una entrevista de 1932 como libro crucial de su formación y tan presente en el omniabarcador Libro del desasosiego, que firmó como Bernardo Soares, y omnipresente, con razón, en la biografía de Zenith.

Las múltiples y dispersas notas confesionales conservadas ratifican un sentimiento de soledad radical y la incapacidad de generar en los demás lo que su heterónimo y, en realidad, alter ego, Bernardo Soares llama “una simpatía violenta”. Equivalía a sentirse “tan solo como un barco que naufraga en el mar” (como dice una de esas notas, al hilo de una traducción de Ignacio Vidal-Folch que fluye sin obstáculos). No sería exactamente así, porque frecuentó los núcleos de la nueva literatura desde muy temprano —su filiación semihomoerótica con Mário de Sá-Carneiro o su desdén por Almada-Negreiros (’no es un genio’), su colaboración en Orpheu y en Presença, etc—, pese a los múltiples fracasos que cosechó tras fundirse una sustanciosa herencia de una abuela tras fundar un conato de editorial. Solo pudo o supo ganarse la vida como ocasional crítico y poeta, y sobre todo como traductor y escribiente de cartas comerciales en inglés y francés para empresas de exportación.

Zenith da espacio importante a la relación entre Pessoa y uno de los hermanos de su padrastro, Henrique Rosa, escritor sin suerte, pero determinante para convertir al joven en un progresista republicano y anticlerical de firmes convicciones pesimistas y paradójicamente racionalista. Ahí nace el impulso de otro de sus infinitos proyectos, un panfleto anticlerical en inglés y, como casi todo en él, también inacabado: “Casarse por la iglesia es una estupidez”. Amén, lo cual no quita para que no se curase nunca de una misoginia correosa de fondo ni superase tampoco una ineptitud o atrofia sexual tanto hetero como homosexual hasta su muerte a los 47 años. Es verdad también que la intermitente relación amorosa con Ofelia Queiroz —registrada en infinitas cartas— no fue exactamente vulgar: “Eres ácido sulfúrico” fue la enigmática frase que una vez le dictó a Pessoa la pasión amorosa por Ofelia…

En una carta de 1935 confiesa que “desde que me conozco como siendo aquello a lo que llamo yo [¿no es de una impactante genialidad esta frase?], me acuerdo de haber definido —en figura, movimientos, carácter e historia— diversas figuras irreales que, para mí, eran tan visibles y mías como las cosas de aquello a lo que llamamos, acaso abusivamente, la vida real": que para Pessoa es la “tendencia a crear en torno a mí un mundo ficticio, a rodearme de amigos y conocidos que nunca existieron”. Sí, son sus heterónimos, o excrecencias literarias sobre el papel de su personalidad imaginativa e incontinente. Desde los periódicos y revistas que fabricaba a mano en la primera adolescencia, llenos de autores inventados, hasta el parto en 1914 de los heterónimos gigantes (los deslumbrantes y profundamente dispares poetas Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Ricardo Reis), se despliega un colosal mosaico de invenciones fiel a la profecía de Pessoa en 1912 sobre la aparición inminente de un Gran Poeta portugués que rivalizaría o incluso eclipsaría a Luis de Camões: era evidentemente él, el Supra-Camões. Nota aquí.



lunes, marzo 18, 2024

Fernando Pessoa

 Viaje a las entrañas del poeta de las máscaras

El museo, dedicado a preservar y divulgar la obra de uno de los autores más originales e influyentes de la literatura del siglo XX, participará de la programación cultural que traerá Lisboa a la 48° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires como ciudad invitada de honor. A fines de abril se inaugurará una gran exposición concebida en torno al Libro de desasosiego. 

Desde Lisboa

La luz de Lisboa parece condensar “todos los sueños del mundo”, como diría el poeta portugués. Las siete colinas sobre las que se erige la ciudad configuran la forma de una concha; el sol se refleja en el río Tajo y se derrama sobre los valles. Los destellos del paisaje, los frentes de colores rosas, amarillos y ocres y los azulejos que recubren algunos edificios, se aquerencian en las retinas. En la calle Coelho da Rocha 16, en el aristocrático barrio Campo de Ourique, se distingue el blanco edificio que alberga la Casa Fernando Pessoa, un departamento donde vivió de 1920 a 1935. El corazón de este museo, dedicado a preservar y divulgar la obra de uno de los autores más originales e influyentes de la literatura del siglo XX, que desplegó una hermandad de heterónimos (Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis, entre otros), es la biblioteca privada de Pessoa, integrada por 1.300 títulos, más de la mitad en inglés, que fue declarada Patrimonio Nacional de Portugal.

La Casa de Fernando Pessoa --que participará de la programación cultural que traerá Lisboa a la 48° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires como ciudad invitada de honor-- está preparando una gran exposición concebida en torno al Libro de desasosiego, que se inauguará a fines de abril. 

Tres ejes temáticos organizan el guion de este museo, que fue inaugurado en Lisboa 1993 y luego de una remodelación reciente ofrece también sistema braille delante de las obras y lenguaje de señas: los heterónimos, esos autores ficticios en los que se desdobló Pessoa para proyectar distintas facetas de su estilo literario; la biblioteca particular y la reconstrucción del departamento donde vivió, con muebles originales, objetos personales y diversos documentos. Los pies ascienden por la estrecha escalera de la memoria y a tientas, entre la música de los pasos propios y ajenos, recuerda unos versos del poema “Tabaquería”, del heterónimo Álvaro de Campos: “Hoy estoy vencido, como si supiese la verdad./ Hoy estoy lúcido, como si me fuera a morir, y no tuviese más hermandad con las cosas”. La directora de la Casa Pessoa tiene la danza clásica tatuada en el movimiento de sus manos; habla y los dedos dibujan en el aire una coreografía elegante y fluida. Clara Riso confirma que “la biblioteca que perteneció a Pessoa, los libros que compró, recibió de amigos, leyó y anotó, son el mayor tesoro de este espacio que suscita preguntas como: ¿qué libros leyó Pessoa?, ¿qué autores eligió?, ¿cómo se pueden ver sus marcas en la escritura?”. Nota aquí.




domingo, marzo 11, 2018

Fernando Pessoa

Pessoa, la sorpresa del poeta escondido
Como una caja de Pandora, la obra de Pessoa sigue dando nuevas pistas: José de Jesús Coelho Pacheco fue un poeta cuya obra se atribuyó erróneamente al portugués durante décadas.
La obra de Fernando Pessoa (1888-1935), a más de 80 años de su muerte, es como una Caja de Pandora. A diferencia del mítico recipiente de la mitología griega, de las páginas del poeta portugués no salen todos los males del mundo, sino que continúan apareciendo sorpresas literarias. La mayor parte de la fama de Pessoa se construyó de la mano de los heterónimos, término con que designa a distintos personajes que asume al escribir, como Alberto Caeiro, Bernardo Soares, Ricardo Reis y Álvaro de Campos; mentes independientes respecto de las cuales el escritor es una especie de médium. Coelho Pacheco, hasta ahora el más misterioso de sus heterónimos, era un poeta de carne y hueso, autor de un único poema conocido, “Para além d’outro océano”, destinado al malogrado tercer número de la revista Orpheu, de la que se publicaron dos números en marzo y junio de 1915. Nota aquí.