Norberto Jansenson presenta un homenaje especial a René Lavand: “Es la primera vez que me animo”
En su paso por el estudio de Infobae en Vivo, el mago mostró algunos de sus trucos y contó cómo lo marcó el legado del gran ilusionista argentino.
Desde chico, Norberto Jansenson aprendió que la vida puede ser una aventura y también puede ser mágica. Esa intuición lo guió desde Villa Crespo, donde empezó a jugar con trucos a los siete años, hasta convertirse en uno de los magos más reconocidos del país. Jansenson hizo de la magia una forma de vida, de trabajo y de viaje: animó cumpleaños, eventos, escenarios televisivos y teatrales, y hoy lleva su arte por el mundo, recorriendo cruceros y volviendo, cada tanto, a sorprender al público argentino. En el estudio de Infobae a las 9 (Infobae en Vivo), se sentó a recordar cuatro décadas dedicadas al asombro.
Apenas saluda frente a las cámaras, Jansenson agradece la bienvenida y el clima del estudio, y se detiene en uno de sus viejos dilemas: “Toda la vida cuando alguien me decía: ‘¿Cómo te promocionamos? ¿Cómo te vendemos? ¿Cómo va a ser el póster?’ Yo decía: ‘De la forma que quieras, pero no pongas conejos, ni cartas, ni palomas’”. Pero hoy, sonríe, cambió de opinión: “Cuando lo veo digo: ‘Es encantador’. Qué pena que… bueno, no sé. Hasta las palomas vuelan. Hoy lo haría así porque me parece espectacular. Así que gracias”.
El rechazo a los animales en escena tiene sus motivos. “Ya veía venir algo que hoy es natural en el mundo: no es una muy buena imagen hacer magia con animales. Nosotros sabemos lo cuidados que están. En general los magos trataban a los animales mejor que a los miembros de su familia, pero el público no lo sabe. Ve salir una paloma de un lugar imposible y piensa: ‘Pobrecita, ¿dónde habrá estado?’“, comenta el especialista. Y explaya: ”Es difícil explicar en medio del show que la paloma está bárbara. Mejor sin ella”.
El cambio, cuenta Jansenson, tiene que ver con la nueva sensibilidad de sus seguidores. “El público objetó todo un día, porque hoy la gente es protagonista. Está bueno que la gente pueda responder y ser parte, aunque también hay quienes se dedican a discutir todo lo que sucede. Yo prefiero que se pueda”, comentó.
La charla se vuelve íntima y lúdica cuando Cecilia Boufflet le recuerda un truco que la dejó pensando durante años: aquel en el que cada espectador dejaba una pregunta en un cofre y, de alguna manera, cada una recibía respuesta. Jansenson revela: “Fue una de las cosas más impactantes que hice. No pude volver a hacerlo tan fácilmente, porque era una técnica muy compleja que dependía de muchas cosas que tenían que pasar al mismo tiempo en el lugar. No en todos los lugares, no todas las veces se puede hacer algo así”.
El recorrido por sus inicios incluye Las manos mágicas, un corto de televisión de los años setenta y ochenta. “El primer truco que aprendí fue ahí. No había VHS, así que cuando ibas a buscar los elementos, el programa ya había terminado“, recordó Jansenson. ”Después me regalaron la caja de magia de setenta y cinco trucos con instrucciones que eran grandes como una servilleta. Y un día, un amigo de mi papá me regaló mis dos primeros trucos de verdad: la bolsa y el huevo de madera y un vaso de leche que desaparecía en una revista. Esos fueron mis dos trucos profesionales del bazar yankee”, completó.
Jansenson sostuvo que “todos venimos al mundo enamorados de la magia”, pero que en algún momento “nos educan y nos hacen alejar de la magia y dejar de ejercer nuestros poderes”. Cree que la intuición y la capacidad de asombro siguen ahí, esperando que uno quiera conectar. “Yo creo que nunca desconecté. Mis papás me dejaron seguir jugando. Y en algún momento me empezaron a salir pedidos para cumpleaños y eventos. Nunca fue mi deseo ser mago profesional, se fue dando y acá sigo estando todavía”. Nota aquí.




