Guillermo Francella, actor: “Aquí siguen mucho las reglas. El argentino es más flexible”
Unos lo aman, otros no tanto. En cualquier caso, este intérprete bonaerense, auténtico hombre de las mil caras en el cine, el teatro y la televisión, puede jactarse de haber puesto de acuerdo a su país: todos hablan de él por la serie `El encargado’ y la película ‘Homo argentum’, donde interpreta 16 papeles.
Tenemos algún problema con el permiso de las fotos en el hotel Emperador de Madrid. Pero aparece el mismo Guillermo Francella (Buenos Aires, 71 años) y se ocupa. Lo resuelve de inmediato y así entiendes cómo da esa dimensión superpoderosa al personaje que lo ha consagrado como uno de los mejores actores del mundo en la actualidad con una serie como El encargado, de Mariano Cohn y Gastón Duprat. Estrenan la cuarta temporada el 1 de mayo en Disney+, después de haber logrado un impacto global considerable con un auténtico diablo a pie de acera, como es Eliseo: un urdidor maquiavélico, que entra en esta nueva entrega a resolver algo ya de por sí potencialmente condenado, como es Argentina, asesorando al más alto nivel, en la Casa Rosada. Con Eliseo y de la mano de Cohn y Duprat, Francella vive un momento extraordinario en su carrera después de la exhibición que ofreció con 16 papeles distintos en esa joya que es Homo argentum o con otra película en España junto a Dani Rovira, como Playa de Lobos, de Javier Veiga. Con un pie en el teatro también ahora en Buenos Aires, donde ha estrenado en abril Desde el jardín, de Jerzy Kosinski, el actor que lleva triunfando en Argentina cuatro décadas y que ahora lo hace internacionalmente –en septiembre recibirá en México el Premio Platino de Honor– se asusta ante la polarización que nota cuando aborda de manera cruda sus comedias, aunque dice que eso no le quiebra. Le da risa. Así son las armas de su completa polivalencia y un dominio del medio que viene, sobre todo, de haber aprendido a fijarse en el género humano desde la calle.
Me cuesta imaginarlo a usted de niño. ¿Cómo era?
Pasé una infancia muy feliz, éramos una familia muy unida, de esas que si le duele la panza a uno, les duele a todos. Ese Guille era un fresco, un chico normal, me gustaba mucho la pelota, nadaba con mi hermano, estábamos federados. Siempre me gustó el teatro y mis padres me apoyaron, aunque empecé a estudiar Periodismo.
¿Hizo pinitos?
Escribo bien, pero me gustaba el periodismo oral, frente a una cámara o un micrófono, había ahí algo de interpretativo, también. Después empecé a estudiar teatro y trabajé de muchas cosas: vendí casas, seguros, hasta que empecé a tener oportunidades en la televisión. Era muy tenaz, muy constante. Lo sigo siendo.
¿Vendrá del deporte?
No, no. La cabeza… Me propongo algo y sí, voy, voy, voy… Sé que hay escollos, pero me gusta esa constancia. Eso fue todo para mí. No bajar los brazos. Era muy difícil sin alguien conocido detrás, sin un padrino, que te hiciera de trampolín. Entrar en un canal a buscar un bolo. Bolo se dice en Argentina… ¿Acá?
Se entiende, sí.
Aunque sea un cartero que entra, un policía que se lleva a alguien detenido. Costaba mucho. Cuando me lo daban, dejaba la vida en ello. ¿Cómo te llamás? ¿Francola, Franela, Francacela…? Me he manejado siempre solo. No tengo mánager, ni representante.
¿Ah, no?
No, cuando delegué, no me fue muy bien.
Pero eso es mucho trabajo extra, en su caso, cuando vive este momentazo.
Es mucho. Muy fuerte. Y, sí, es un momentazo el que vivo. Divino. Hago lo que amo. Con contenidos heterogéneos, distintos directores, transitando por cabezas diferentes… Trabajé con todos los grandes de mi país. Todavía me entra ese cosquilleo como de adolescente.
En esa época del principio debía de tener usted mucha cara.
Sííí… Un fresco total. Cuando me daban algo de humor, les gustaba. Era mi carta de presentación. Bueno, la comedia… La amé con locura. Toda mi vida. Ahora la austera, la, digamos, económica, la que más amo. Me la jugué y empecé a vivir de ello a los 26 o 27 años. Justo murió mi padre ahí. No sabés lo que fue. Con mamá sola. Me generó mucha responsabilidad aquello. No me podía dejar caer. Y empecé a tener una continuidad que nunca mermó. Hasta que tuve un protagónico en De carne somos, una comedia blanca en el canal 13, y rompió todo. Nota aquí.

0 comentarios:
Publicar un comentario