jueves, abril 23, 2026

Han Kang

 “¿Seré yo la rara al no sentir vértigo después del Nobel?”

La escritora surcoreana defiende la vida y el amor en su literatura de colisiones, y es la estrella en la fiesta de Sant Jordi en Barcelona.

Han Kang sigue siendo esa mujer menuda, educada, amable, de apariencia tímida y con el mismo tono humilde y la voz muy bajita que la caracterizaba, pero es evidente la luminosidad radiante que hoy desprende esta escritora surcoreana que recibió el Nobel de Literatura en 2024, cuando se convirtió en la primera persona de su país en conseguirlo y en una de las más jóvenes de la historia del premio. La escritora, nacida en Gwangju (Corea del Sur) hace 55 años, recibió este miércoles a EL PAÍS en Barcelona, donde ha acudido a la llamada de Sant Jordi, la gran fiesta del libro que se celebra en la capital catalana en tiempos en que crece en España el refugio de la lectura. Como librera que ha sido hasta hace dos años, le emociona el entusiasmo que se respira en la ciudad en torno a la literatura.

Hay autores de un solo universo; otros capaces de combinar muchos registros. Y luego está Han Kang. La escritora lo vuelve a demostrar en Tinta y sangre, una novela de 2010 ahora recuperada en español por Random House con traducción de Sunme Yoon, en la que abraza la intriga criminal mientras extiende las raíces de los temas que la volvieron poderosa en La vegetariana, La clase de griego, Imposible decir adiós o Actos humanos: el miedo, el cuerpo, la colisión entre la vida y la muerte, la violencia visible y la invisible, la intimidad más acuciante y la sensibilidad explosiva que transmite de todas sus aproximaciones, sean los sueños, las sensaciones de un niño, los zapatos que resbalan o el filtro del café. La escritora sublime que es Han Kang ofrece aquí —de nuevo— la paleta completa de colores que le ha valido el máximo galardón.

Pregunta. En una entrevista en Madrid en 2023, antes del Nobel, usted dijo: “El lenguaje me hace sufrir”. ¿Sigue siendo así?

Respuesta. No tanto como entonces. En ese momento el lenguaje para mí era más difícil de comprender, pero al fin y al cabo es algo que todos tenemos. Vivo con ello, es el medio para comunicarme, para conocer a la gente y transmitir todo lo que pienso. Hoy lo siento como algo más preciado, lo valoro un poco más. No significa que sea más fácil, pero le pongo un poco más de valor y por ello siento que lo que escribo hoy se me hace menos dificultoso. No todas las novelas salen bien, pero cuando salen bien la lengua se me hace menos pesada y puedo empezar a entenderla más.

Tinta y sangre es su cuarta novela, la primera tras el gran éxito que fue La vegetariana, premio Booker en 2016, y en ella lleva de la mano a los lectores por un mundo sin mapa, a veces incomprensible, oscuro, donde no habitan la facilidad ni la simpleza, pero sí la verdad en torno a una muerte que alguien quiere convertir en suicidio. Hay intriga y misterio contemplados como choques en busca de esa verdad.

P. Un personaje nos dice que la vida es una sucesión de actos violentos. ¿Es esa violencia insoportable de cada día lo que quiere reflejar?

R. Cuando se iba a publicar esta novela en España, la releí y lo que me sorprendió es que está llena de amor. Es verdad que hay mucho sufrimiento y violencia, pero también es tan potente y tan cálido el amor que hasta duele el corazón el consuelo que se dan, lo que se intentan proteger, la comida que comparten y la forma de abrazarse. Todo ello hace que el amor se refleje más grandiosamente. Y es que lo que nos hace vivir al fin y al cabo en este mundo lleno de violencia y sufrimiento, en estas épocas oscuras, es el amor. En La vegetariana el amor no se ve de manera tan directa, pero aquí me enfoqué mucho en la pregunta que se hacen: ¿tenemos que vivir, merece la pena? Sí, hay que vivir. Hay que vivir con todas las fuerzas y la fuerza que nos hace vivir es el amor. El siguiente libro fue La clase de griego, que se hace la misma pregunta y que representé con los cinco sentidos, sobre todo con el tacto. Pero este libro, Tinta y sangre, es el intermediario, un puente que pudo unir La vegetariana con La clase de griego. Nota aquí.



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