martes, septiembre 01, 2026

Silvia Pérez Cruz

 La cantante y compositora catalana presentó "Oral_Abisal" en el Teatro Ópera

Silvia Pérez Cruz y las muestras de un estilo propio.

En más de veinte años de camino musical, la cantante y compositora catalana Silvia Pérez Cruz construyó su propio estilo. Una forma cantar única, expresiva y popular que desdibuja los límites de los géneros, las culturas y los idiomas. Su voz versátil va del fado a la chacarera, pasando por el flamenco, el jazz, la bossa nova, el bolero, la chanson francesa y modos de la música clásica. Pero el contenido, el concepto artístico, siempre es el elemento principal. Con esa inspirada caja de herramientas, la artista de 43 años presentó el sábado en el Teatro Ópera de Buenos Aires su más reciente disco, Oral_Abisal (2026), frente a casi dos mil personas.

Hay una clara intención artística, estética y política en la obra de Pérez Cruz: tender puentes humanitarios entre miradas de mundo diversas. Esa idea la desvela, sobre todo, en el último tiempo. “A las flores y al amor hay que cuidarlos”, cantó acapella apenas se abrió el telón, en medio de una ovación. “En este momento donde gobierna gente tan terrible es bueno cuidar lo que tenemos”, dijo. Acompañada casi siempre por un sutil trío de cuerdas formado por Bori Albero (contrabajo), Marta Roma (violonchelo) y Carlos Monfort (violín), la cantautora catalana desplegó durante más de dos horas un concierto atravesado por la dualidad: lo conocido y lo desconocido, lo íntimo y lo colectivo, el origen y la búsqueda, la madera y el metal, lo cálido y lo abismal.

Entre esos extremos -o contrastes- se movió durante todo el concierto, de la soledad y desnudez de la guitarra y su voz al vigor de un coro de mujeres, del blanco más puro a la oscuridad más desoladora. “México, Alemania o Gibraltar/ Exilios por tierra y por mar/ Cuando tienes que migrar/ Y a su vez beberte el mar/ Da miedo”, cantó con dolor y ternura en “Mar muerto”, una canción dramática que trata sobre los migrantes que pierden su vida cruzando el mar. En esa misma línea, revindicó el rol de las mujeres en el tema “Capitana”. “Las mujeres no somos solo cuidadoras, sino también capitana”, dijo en clave feminista.

“Estuvimos en Cuba hace unos días. Queríamos cantarles a los cubanos, ha sido muy emocionante. Y por fin hemos llegado aquí. Este disco tiene mucho que ver con este país y mi amor por vosotros. Es largo cruzar este charco. Ustedes celebran mucho la belleza de los demás”, dijo Pérez Cruz en relación a una extensa gira que la llevó por Brasil, México, Estados Unidos, Cuba, República Dominicana y Chile. Su relación con la Argentina está asociada a su infancia –aprendió a comunicarse con la música con “Alfonsina y el mar”-, a sus afectos y compañeros musicales.

En la primera parte del show, de hecho, subieron a tocar el guitarrista tucumano Juan Falú -“es el mejor guitarrista del mundo y con el que más libre he sido cantando”, según ella- y la cantora bonaerense Luna Monti. Con el primero hicieron una versión de la zamba “Piedra y camino”, de Yupanqui, y con la segunda ofrecieron la bossa “É triste viver sem seu amor”, del nuevo disco de Pérez Cruz. La música argentina también tuvo su protagonista en la chacarera “Chundwa” -también de su autoría-, con el fuerte latir del bombo legüero.

Luego, sola en el escenario, le dedicó a García Lorca la profunda “Pequeño vals vianés”, dirigió con sus manos la intensidad de su orquesta en “Abissal” y se entregó a la danza contemporánea en “Mar de na Catalina” y en “Líquido”, una canción clave de Oral_Abisal que habla sobre borrar los límites y volverlos líquidos. “Cuidemos la cultura así la cultura nos cuidará a nosotros”, sostuvo al final del concierto, antes de interpretar su clásico “Gallo rojo, gallo negro”. En su obra, contenido y discurso también se funden en las mismas aguas. Nota aquí.



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