“La depresión no era tristeza, era una falta absoluta de sentimientos”
El cantante español prepara una nueva gira tras el lanzamiento de su disco ‘¿Y ahora qué?’ y el próximo estreno de un documental que celebra su obra.
En enero de 2019 Juan Guaidó, frustrado presidente de Venezuela, llamó a Alejandro Sanz, una de las grandes naturalezas de la música de habla española, para agradecerle que se preocupara por el porvenir de su país. Lo que el cantante español le dijo a EL PAÍS entonces, acerca de aquella ocasión frustrada, fue que “aquel había sido el mayor error de Maduro, impedir la acción parlamentaria de la oposición [que había] salida de las urnas”. Siete eneros después el artista madrileño, y de todas partes, de 57 años, rememora aquel episodio. Coincide la actualidad con dos acontecimientos propios, el estreno el próximo 27 de enero de un documental en el que se celebra su obra, Cuando nadie me ve, en Movistar Plus+, y una larga gira que comienza el 13 de febrero en Latinoamérica, continúa en abril en Estados Unidos y le trae a España para actuar en estadios en junio. Todo ello, después de un 2025 que el artista cerró preguntándose ¿Y ahora qué?, frase que da titulo a su último disco, el primero en cuatro años.
Pregunta. ¿Cómo vivió usted aquel momento de 2019?
Respuesta. Se ha vuelto todo tan enrevesado, tan difícil de explicar, tan difícil de justificar. Sigo pensando que ese tipo de régimen es nefasto, no solo para ese país, sino para cualquiera al que le toque vivirlo. Y al mismo tiempo me da mucho miedo y me asombra la forma que está tomando la geopolítica mundial. Se produce un pistoletazo, saltan por el aire una serie de cosas y nadie va a dar explicaciones a nadie. Ahora mismo creo que se necesita la diplomacia mucho más que nunca. Los valores, la diplomacia, la empatía, la solidaridad, se han tirado por la ventana.
P. ¿Cómo puede ayudar la música?
R. La música tiene el poder de ponerle un foco a las cosas. La música sirve de refugio, pero no de solución. No somos trincheras, somos búnkeres. Es muy diferente. Nosotros esperamos que la gente se refugie en nuestras canciones, que se pueda aislar. En los conciertos digo mucho esto: “¿Os habéis dado cuenta de que llevamos dos horas y media aquí y nadie ha pensado en nada que no sea la música?”. No lo pensamos mucho, pero es verdad: ese es el poder de la música.
P. ¿Hasta dónde necesita usted la música?
R. He aprendido a convivir con ella porque la necesito, pero no quiero ser dependiente de ella en el sentido de tener que cubrir todas mis expectativas emocionales con ella. Así que también he de seleccionar mucho. Es como si eres cocinero y te lo comes todo. No se puede comer de todo.
P. ¿Cuándo se dio cuenta de que la música iba a ser su vida?
R. Desde que yo era muy chico. Era un gran devorador de música y de libros. Era mi alimento espiritual. Nunca me lo planteé como un oficio. Me preguntan si yo soñaba con la música. Yo no soñaba, yo vivía. Y, claro, primero quise tener una guitarra, luego quería tener un grupo, después quería viajar, quería componer una canción. En fin, quise ser, eso sí, guitarrista flamenco. Nota aquí.

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