martes, enero 27, 2026

Fernando Lobo

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En la penumbra c贸mplice de la sala Jazzville, Madrid escuch贸 aullar bajito. Porque cuando Fernando Lobo canta, no muerde: acaricia. Lobo de voz mansa y colmillo po茅tico, fue dejando huellas sobre el escenario, marcando territorio con canciones que saben a sur, a viaje largo y a palabra bien dicha. Inici贸 el concierto haci茅ndonos una confesi贸n y es que pecaba de “hablautor", lo que hizo el concierto, si cabe, m谩s disfrutado. Un conciertazo para celebrar 25 a帽os en la m煤sica, entre temas antiguos y nuevos, “muchos casi 茅xitos”, defendiendo las letras como columna vertebral, sostenidas por ritmos y armon铆as de excelente factura. “Localista y militante provinciano”, se permiti贸 el lujo de reivindicar a capela a Fernando Qui帽ones, demostrando que lo universal tambi茅n nace en la esquina de cualquier barrio de cualquier provincia. El escenario se pobl贸 de colegas y afectos para acompa帽ar al bardo gadita. Con Antonio de Pinto se cant贸 una milonga que cruz贸 orillas; con Antonio Toledo, una casi “canci贸n protesta”. Con Alberto Alcal谩 se arranc贸 por d茅cimas, y con Amanda Sorokin reson贸 la palabra de Juan Jos茅 T茅llez. Junto a Pedro Mundo Chill贸n hubo antropolog铆a francesa con anglicismos y galicismos, y con P铆a Tedesco y Guada la noche sum贸 coros, lecturas y complicidades. El escenario se ensanch贸 con la complicidad de El Kanka, que se sum贸 como colaboraci贸n en directo. Juntos compartieron canci贸n y sonrisa, confirmando una amistad art铆stica forjada en el respeto mutuo y en esa manera parecida de entender la canci贸n como refugio y espejo. Fran Fern谩ndez, anfitri贸n generoso, se qued贸 sin subir a cantar, pero sostuvo la casa. Entre an茅cdotas —las llamadas inesperadas de Joan Manuel Serrat— y el viaje con “Buslag” de ocho horas por la situaci贸n que atraviesa el ferrocarril en estos d铆as, Lobo demostr贸 que no llega cansado, y canta despierto. Y cuando a煤lla en Jazzville, Madrid escucha. Y entre el p煤blico, la platea tambi茅n aullaba en silencio. La sala estaba sembrada de talento amigo, de esa rutilante cantidad de artistas y amigos que vinieron a escuchar y dieron calor y luz al local. All铆 estaban Mar铆a Mary Rozal茅n, Gonzalo Escarpa, Javier Batanero, Fran Espinosa y Luis Mar铆a P茅rez Mart铆n, entre otros que quisieron acudir a verle. Amigos, c贸mplices, compa帽eros de camino: una constelaci贸n discreta que confirmaba que lo de Fernando Lobo no es solo un concierto, sino una forma de estar en el mundo, rodeado de tribu, palabra y m煤sica compartida. M谩s all谩 del escenario, Fernando Lobo se revela tal como canta: afable, cercano, generoso en la palabra y en la escucha. Hay en 茅l una poes铆a contrastada, curtida en lecturas, en escenarios, en viajes y en barra de bar, pero tambi茅n una mirada limpia que no presume de erudici贸n aunque la tenga. Porque Lobo no solo compone: investiga la canci贸n, la estudia, la rastrea en sus ra铆ces populares y literarias, la compara, la desmonta y la vuelve a armar con oficio y libertad. Su m煤sica suena s贸lida y viva a la vez. Cada tema est谩 construido con respeto al ritmo, al silencio y a la armon铆a, con arreglos que nunca eclipsan al texto, pero lo empujan, lo mecen, lo hacen respirar. Blues, milonga, rumba, d茅cima, canci贸n de autor o aire carnavalesco conviven sin fricci贸n, como si siempre hubieran sido familia. En directo, esas canciones crecen: se vuelven m谩s hondas, m谩s l煤cidas, m谩s necesarias. Y entonces el Lobo no a煤lla solo: convoca, re煤ne la manada, y deja claro que su arte no es un destello pasajero, sino un fuego lento, trabajado y profundamente honesto.
Fuimos felices gracias al Lobo.



















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