“Este material me emocionó mucho”
El actor brilla en un unipersonal que dispara múltiples interrogantes sobre los vínculos de pareja, el amor y el desamor, los deseos, pasiones y frustraciones. Y no oculta su felicidad por debutar en una sala legendaria.
Luego de cuarenta años de trayectoria, Leonardo Sbaraglia sigue asumiendo retos. Con la frescura de quien se deja sorprender por aquello que le depara el camino, el reconocido actor celebra su debut en el Teatro Cervantes al frente de un proyecto teatral que lo tiene como protagonista absoluto: Los días perfectos.
Basado en la novela homónima del escritor español Jacobo Bergareche, el unipersonal adaptado y dirigido por Daniel Veronese expone la intimidad de un hombre atravesado por conflictos conyugales. El monólogo se dispara a partir de una revelación, luego de que el protagonista visita un centro de documentación de Texas y lee originales de cartas que William Faulkner le había enviado a su amante Meta Carpenter. Como en un juego de espejos y proyecciones, la lectura de ese amor epistolar le abrirá una serie de interrogantes acerca de su propio matrimonio. En ese marco, el doble juego del amor y el desamor, los deseos, las pasiones y las frustraciones de los vínculos de pareja afloran para dominar la escena.
“Quiero hacer esta obra por muchísimos años”, asegura Sbaraglia en un distendido encuentro con Página/12. “Este proyecto recién empieza. Venimos de hacer una función en Rosario y dos en Córdoba, y ojalá podamos volver al Cervantes después de esta primera temporada. Pero lo que sí es seguro es que haremos una segunda temporada y una gira importante por España y otros lugares de Europa para la primera mitad de 2027”, anticipa.
-Es tu primera vez actuando en el Cervantes. ¿Cómo se dio esta posibilidad?
-Todo esto ocurrió porque Gonzalo Demaría, el director del Cervantes, estaba en Madrid, y fue a verme cuando estrenamos en octubre de 2025, en el Teatro La Latina. Pero por temas de mi agenda, que es inconstante y variable, y que depende además no de mí sino de infinitas cosas, no sabíamos cuándo iba a poder hacer temporada teatral acá. Yo tenía planeada la filmación de una película nacional, pero eso se atrasó para febrero, y entonces ahí se abrió la posibilidad de hacer estas funciones en enero.
-¿Y qué sensaciones te genera actuar en la emblemática Sala María Guerrero?
-Es espectacular. Daniel Veronese tampoco había dirigido ahí, pero sí lo había hecho en la Sala Orestes Caviglia. Yo todavía no lo puedo creer. Estoy muy agradecido de todas las cosas que me está dando esta profesión y la vida. Es como que muchas de las cosas que había soñado me están pasando, y uno siempre siente la necesidad de saber que está a la altura. Estoy cumpliendo cuarenta años de trabajo como actor, y no entiendo cómo es que pasaron (risas). Pero lo más importante es que siento que aprendí y sigo aprendiendo mucho.
-¿Qué te atrajo de esta propuesta teatral?
-Me atrajo todo. Yo con Daniel había trabajado hacía muchos años en una obra que se llamaba Cock, con Diego Velázquez, Eleonora Wexler y Jorge D’Elía, y había sido una muy linda experiencia, pero acotada, porque yo me tuve que ir a filmar y no pude seguir. En todos estos años traté de volver a encontrar un material para hacer en teatro. De hecho, en este tiempo me han ofrecido obras para hacer acá y en España, pero es muy difícil para mí porque siempre tenía que dejar colgado a otro actor. Por ese motivo, en los últimos diez años armé un proyecto junto con Fernando Tarrés, El territorio del poder, que fue la manera que encontré de subirme al escenario. Además, en este caso me emocionó el material, y por otro lado me interesó que fuera una obra que se puede montar fácilmente en otros escenarios y circunstancias. Nota aquí.

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