lunes, enero 19, 2026

Madre Carmela

 La historia de Madre Carmela: asesinada en 1936 por los golpistas en Granada y en una fosa común hasta ahora

La familia de la anarquista recupera por fin los restos de una mujer libre asesinada por los sublevados de la Guerra Civil en Víznar, el mismo lugar donde acabaron con la vida de Lorca. Un largo viaje que hace justicia en España, un país donde quedan miles de víctimas por identificar y donde la ultraderecha busca borrar la memoria histórica.

El silencio de esta habitación concentra el dolor de 90 años. Es profundo y está acompañado de lágrimas. “Mamá, la hemos encontrado, la hemos encontrado…”, repite una y otra vez en sus pensamientos Ángel González. Su madre, Nieves, está muerta pero intenta hablar con ella. Intenta decirle que ha encontrado a la abuela Carmela, madre de Nieves y cuyo cuerpo estuvo en una fosa común desde que fue asesinada el 15 de agosto de 1936 por los sublevados que, liderados por Franco, propiciaron el 18 de julio de ese año la guerra civil española. Ha caído la noche en Víznar y el frío es cortante en este viernes, 19 de diciembre de 2025, cuando Ángel, de 79 años, da los primeros pasitos hacia la caja que guarda los restos de Carmen Rodríguez Parra, conocida como Madre Carmela por la hospitalidad con la que trataba a todos los que acudían a su taberna de Granada. Detrás de él, como una piña, están su hermano Antonio, de 75 años, y su primo Marco, de 66, acompañados de María Estrella, la esposa de Ángel, y de dos de sus hijas. Se disponen a abrir la caja. “Abuela, abuela, abuelita…”, dice Ángel para sí mismo sin dejar de llorar mientras es el primero en observar el cráneo que preside una caja de menos de un metro de largo con muchos huesos. “Eres tú, abuela. Estás con nosotros”. Más allá del tiempo y de la historia, la voz de la cabeza de Ángel resuena en el silencio pesado de una habitación austera.

A poco más de un kilómetro de esta habitación, estancia principal del museo etnográfico Molino de la Venta convertido en el laboratorio antropológico y forense de las exhumaciones de la localidad granadina de Víznar, se encuentra el barranco donde Madre Carmela fue asesinada y donde, según algunas investigaciones, pudo estar acompañada de otras tres mujeres, dos jóvenes de la zona y la escritora y pensadora Agustina González López, conocida como La Zapatera, amiga de Federico García Lorca, quien se inspiró en ella para su obra teatral La zapatera prodigiosa. Estas mujeres fueron las primeras ejecutadas en Víznar, según los expertos, dentro de lo que se conoce como el verano caliente cuando, tras la resistencia de la República al golpe de Estado militar, se desató una oleada de violencia con ejecuciones sumarias y venganzas políticas y personales. Tan solo cuatro días después de ellas, el 19 de agosto de 1936, y en el mismo lugar, los sublevados asesinaron a Lorca, cuyos restos aún no han sido hallados.

Madre Carmela ha sido encontrada e identificada. Sus restos regresan con su familia durante un encuentro íntimo en la tarde del 19 de diciembre y en el que parte del equipo interdisciplinar coordinado por Francisco Carrión, profesor de la Universidad de Granada y responsable del grupo de excavaciones del barranco de Víznar formado por arqueólogos, antropólogos forenses, sociólogos e historiadores, acompaña a los familiares en una entrega sin medios de comunicación, autoridades ni vecinos del pueblo. “Solemos hacer este encuentro dos horas antes de la ceremonia oficial y el acto solemne de homenaje a las víctimas porque es una forma más humana de aplicar el artículo 22 de la Ley de Memoria Histórica que contempla la restitución de los restos a sus familiares”, explica Francisco Carrión. “Es una obligación contribuir a hacer justicia y establecer la verdad. Porque ya no están los criminales, pero sí persisten los crímenes”, añade. El País Semanal accede a este momento único y privado, donde la emoción desborda a los familiares de varias generaciones tras casi un siglo de espera. Una emoción compartida esa misma tarde con otras tres familias que reciben los restos de sus parientes: el representante sindical José Raya Hurtado, el labrador Francisco Soriano López y el maestro José García Esteban. En una silla está sentada Trinidad García Esteban, hermana del maestro asesinado, superviviente de una época de la que apenas quedan testimonios directos. A sus 95 años, se dispone a recuperar los restos del mayor de sus cinco hermanos, al que mataron cuando él tenía 25 años y ella cinco. “No recuerdo nada que no sea miedo y, luego, a mi madre contándome que a mi hermano lo arrestaron por pertenecer al sindicato de la fábrica de pólvora, donde también ejercía de maestro de muchos trabajadores analfabetos. El consejo de guerra lo declaró inocente, pero la camarilla de asesinos lo mató”, explica. “Nunca pensé que llegaría este día. Me parece mentira. Es el mayor descanso de mi vida”. Nota aquí.




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