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José Hierro cumpliría 103 años y hace 23 que nos dejó. y quiero recordarlo con un poema de su último libro "Cuaderno de Nueva York" que dedicó a Gloria Fuertes. ( Que también nos dejó hace 27 años.)
Este poema nació tras ver Pepe una entrevista en la televisión en la que Gloria (junto con Gila) hablaban del tiempo de la guerra incivil española. Gloria hablaba de la portería donde nació, de los niños que vio muertos por la calle, de Filis y su casa de Chozas de la sierra (hoy Soto del Real), del horror de la guerra y de las lentejas con gusanos y las mondas de patatas que comían y hablaba de aquel tiempo tan terrible con su voz cascada, su eterna gracia y su dolor por aquel tiempo de sombras.
Pepe trasladó todo aquello a Nueva York, al Whasington Bridge y comenzó una conversación con la poeta en la que él cuenta todo esto.
Cuando invité a venir a leer en "Tertulias de Autor" (1996) a Gloria, le hablé de este poema, que ella aún no conocía porque el libro se publicó en 1998 (sí que había sido publicado en alguna revista, Tal vez en "Rey lagarto de Literatura", no recuerdo ahora bien,
pero Gloría lo desconocía y se asombró y emocionó diciéndome:
--"Azorín, si Pepe ha escrito lo que me dices es que me valora como persona y... ¿me valora como poeta?
Saber aquello le importaba mucho a Gloria y yo le respondí: Te valora y mucho. Vamos a hacer una cosa, voy a decirle a Pepe que venga a "Tertulias de Autor" para que te presente y lea el poema que te ha escrito.
--No va a querer, me dijo Gloria, eso sería la leche, que él reconociera en público mi poesía.
Sí va a querer, le dije a Gloria, siempre que le pido que venga a presentar a algún poeta, viene.
Pues si consigues eso. sería le releche!, dijo Gloria.
Hablé con Pepe Hierro, le conté todo esto y él me dijo que si a todo excepto a lo de leer el poema.
En la Tertulia, tu lo dices, señorito, el poeta invitado es el importante , de modo que el poema se me va a olvidar y no lo llevaré para no quitar protagonismo a Gloria.
Llego el día de Tertulias que se emitía en directo y allí tenia yo, en el plató de Canal Norte TV, a Pepe Hierro, Gloria Fuertes y un público que llenaba por completo el plató.
Cuando comencé el programa y situé a Gloria fuertes como poeta con una breve reseña de su vida y su obra di paso a Pepe Hierro; pero antes de su intervención tomé el poema que el escribió a Gloria Fuertes y le dije:
-- Como ya sabía que se te iba a olvidar, te lo he traído yo para que lo leas. Y no tuvo más remedio que leerlo.
Aquella tarde-noche José Hierro poeta hablo de Gloria Fuertes y de su poesía reconociendo su valor como poeta y Gloria , se sintió en la "gloria". Pepe sin embargo tras la Tertulia y ya cenando en el mesón La Rueda ( "El tío Conejero" más conocido por todos los poetas porque Pepe lo llamaba así) me amonestó porque, me dijo, no quería quitar protagonismo a Gloría y por eso no había traído el poema. Lo pasamos muy bien con y Gloria y Pepe. Fue, como dijo Gloria, la releche!
Os dejo aquí el poema que escribió Pepe para Gloria.
HABLO CON GLORIA FUERTES
FRENTE AL WASHINGTON BRIDGE
Pasea con el luto de viuhda de sí misma,
payasa, miliciana
entre los arces plateados de New Jersey
(o tal vez sean pinos, encinas, jaras y retamas
de Chozas de la Sierra…Yo no sé)
La navaja del río corta pan y tomate
de la tarde que se evapora.
Don Gil, jilguero de las calzas verdes,
asado con madera del cajón de la portería,
miraba compasivo
cómo acunan tus brazos esqueléticos,
mientras dan de mamar a la guerra de nunca,
teta arrugada, guerra guerreada,
y todo lo demás.
Y todo blanco y negro. Y desvaído.
Un hombre levantaba su cabeza de ortiga
en el menesteroso anochecer.
Mendigos con fusiles (que yo los vi pasar
Porque tú los mirabas).
Y niños muertos que esquivabas para no pisarlos
en la calle de Atocha.
(nunca los vi ni quise verlos),
Y aquel puente estrechísimo que no es el más con más
de Nueva York, sino de nieve y de cellisca,
(yo lo he visto, y lo veo, y seguiré viéndolo,
con las mujeres de ébano y marfil arrugado,
porque era entonces todo blanco y negro).
Y ahora vuelve sin Filis, cabalgando su cáncer,
¡hasta mañana, Filis!
Más tarde, en tu memoria cristalizaban sombras
entre los rascacielos de acero y miel:
sombras de mondas de patatas
que has olvidado, pues no quieres morir,
y fachadas de catedrales bordadas de palomas,
y que mañana no será otro día,
y otra sombra resbalando sobre una lágrima,
enhebrando una aguja, zurciendo una bufanda
a la sombra de una lenteja.


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