Feliz año, amigos
No sé si es algo triste o estas cosas
son el curso natural de nuestras vidas.
Por ejemplo, que me traten
de usted esas mujeres
a las que uno seguiría al fin del mundo.
O que prefiera un vino a medio día
a una cita amorosa a media noche.
Yo siento que he perdido las urgencias
de buscar una piel que sea conmigo
borrascosa aventura de los días.
Procuro no mirar hacia mi cuerpo,
me conformo con mirar con añoranza
a todo cuerpo ajeno.
Mas llegar a esta edad tiene también,
sin duda, sus ventajas.
No me esfuerzo
en quedar bien con nadie. Y he perdido
la vergüenza a decir algo incorrecto.
Pocas enfermedades ya me asustan
y no me afectan ni críticas ni halagos.
No existe algún amor que me arrebate,
y tampoco yo despierto las pasiones.
Disfruto en plenitud lo que otros llaman
las cosas de Rodolfo y sus manías.
Así que, mientras duren estos años,
seguiré aprovechando las ventajas
de la edad. Incluso, a veces,
en el metro, sueño con la sonrisa
de una mujer que nunca será mía
pero que, muy amable,
va y me cede su asiento.
Y lo agradezco. Qué quiere que le diga.

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