sábado, enero 24, 2026

José Emilio Navarro

 'Berry' Navarro, mánager: "'Limpiar' la casa de Joaquín Sabina nos creó enemistades, pero eso le salvó la vida"

El representante valenciano de Sabina, Serrat, Paco de Lucía o José Luis Perales, entre otros, se jubiló el pasado noviembre tras el último concierto de Sabina, aunque no descarta algún regreso puntual. Hoy iba a recibir la Medalla de las Bellas Artes, pero el acto se ha pospuesto por la tragedia ferroviaria de Adamuz.

El valenciano José Emilio Navarro, “Berry”, ha pasado más de medio siglo cruzando el Atlántico, resolviendo problemas antes de que existieran y cuidando carreras que hoy forman parte de la historia cultural del país. Nunca quiso protagonismo, pero fue clave para que artistas como Serrat, Sabina, Paco de Lucía o José Luis Perales conquistaran escenarios de medio mundo. Tras el último concierto de Sabina el pasado 30 de noviembre, Berry se jubila. Este martes tenía previsto recibir la Medalla de las Bellas Artes, un reconocimiento que pone punto final -o quizá solo una pausa- a la trayectoria de un mánager artesanal, honesto y profundamente humano, de los que ya no quedan, pero el acto se ha pospuesto por la tragedia ferroviaria de Adamuz.

¿Qué hace un manager como usted cuando se jubila?

Pues terminar muchas cosas que habían quedado pendientes. Entre ellas, este martes me dan Toledo la Medalla al Mérito en las Bellas Artes. Están José Mercé, Los Planetas, Camela, Elvira Lindo, Carmen Machi…

¿Y qué ha hecho un manager como usted para que le den una medalla de las Bellas Artes como esta?

Según dice el expediente, me la dan por mi colaboración en el intercambio cultural con Latinoamérica. Yo tengo más de 220 cruces del Atlántico. Calculo que he recorrido más de siete millones y medio de kilómetros entre España y Latinoamérica. He llevado a España a gente como Silvio Rodríguez, Nacha Guevara, Pablo Milanés, Mercedes Sosa, Horacio Guaraní, Jorge Cafrune, Atahualpa Yupanqui, Simon & Garfunkel... Tenía un socio, José Caturla, que era el mánager de María Dolores Pradera, y fuimos los primeros en traer a España a Chavela Vargas como telonera de Joan Manuel Serrat.

Usted que conoce bien la música de allí y la de aquí. ¿Por qué España ha dejado de exportar artistas a Latinoamérica, mientras los de allí vienen cada vez más a España?

Hay tres razones. La primera es que los artistas españoles nuevos ya ganan aquí dinero y no quieren ir allí a picar piedra. Antiguamente las compañías discográficas ayudaban a los artistas a hacer esa labor, pero hoy día las discográficas son solo distribuidores de música: no venden entradas. Por eso Julio Iglesias acabó instalándose en Miami y Serrat ha hecho regularmente uno y a veces dos viajes al año a América. Hasta Paco de Lucía, con lo que era, tuvo que viajar a América para abrir mercado allí. La segunda es que, en general, no hay mánagers hoy en España que dominen bien el mercado americano, porque se están dedicando a hacerlo todo a través de internet. En cambio yo, cuando quería hacer un contrato con un empresario que no conocía, me agarraba el avión de Iberia por la mañana en Madrid, llegaba a La Paz, en Bolivia, a verle la cara al señor de enfrente, y según me soplaba esa cara, hacía el contrato o no lo hacía y me volvía. Era un trabajo artesanal, que ya no se hace. Y la tercera razón es que hoy día las giras grandes en España -incluidas las últimas mías- las compran grupos de inversión y se hace todo de otra manera. Ha cambiado todo.

¿Se va con melancolía, con satisfacción, con alivio?

Con una satisfacción terrible. Yo salí de la calle Borull, número 29, de la carnicería de mis padres, y creo que en España he llegado a algo. He realizado una carrera y mis contactos con mis artistas han sido muy duraderos. Yo nunca he tenido un contrato en exclusiva con un artista. Ahora les hacen unos contratos que, como te descuides, te pueden meter en la cárcel. Si un artista no quería estar conmigo, pues adiós, muy buenas.

Serrat alababa en un artículo su honestidad como manager en la cuestión económica. ¿Le ha perjudicado al bolsilllo ser así?

No. Porque yo siempre he ido a pérdidas y ganancias: si la gira iba mal, no cobraba nadie, ni el artista ni yo. Yo me he solidarizado con el resultado del negocio. Ese romanticismo hoy ya no existe.

También es verdad que empezó a trabajar con Serrat, Sabina o Paco de Lucía cuando ya estaban consagrados…

Bueno, pero antes de venir conmigo Paco de Lucía había ido a América con las compañías de flamenco, pero nunca había brillado él solo. Eso lo abrí yo. Y Sabina había funcionado en Argentina y en México, pero no en el resto de países de América. España es un mercado muy pequeño. Cuando tú has hecho una gira de 30 conciertos y eres figura, se ha acabado el mercado. No es como antes, que hacíamos las fiestas de los pueblos y hacíamos cien conciertos en verano. Ahora no.

¿Y el coste personal, el haber renunciado a parte de su vida por dedicarle tanto tiempo a sus representados?

Sí, claro, eso sí lo he lamentado. Ha habido un momento que este trabajo a mí me ha matado la vida personal, porque prácticamente no la he tenido. He visto crecer a mis hijos por fascículos. He renunciado a muchas cosas para hacer bien mi trabajo. Pero en este trabajo nuestro o se está o no se está. No hay más remedio.

¿Cómo ha conseguido ser amigo de una personas con un vida tan intensa trabajando tan cerca de ellos?

Pues pasando mucho tiempo a su lado. Serrat, por ejemplo, no ha estado con nadie más tiempo que conmigo ni yo tampoco he estado con nadie más tiempo que con él. Ni nuestras mujeres, ni nuestros papás, ni nuestras mamás. Hemos compartido mucho. Y si tú te portas legalmente bien y estás a las duras y a las maduras, acaba habiendo una amistad mayor que si todo se limitara al negocio. Yo no concibo eso de “te veo solo cuando tocas”. Si las cosas se plantean claramente, se llega a conseguir una amistad a lo largo de los años.

Sabina se lo dejó claro incluyéndole en aquel vídeoclip de despedida en el que aparecía toda su gente cercana. ¿Qué sintió?

Me sentí muy agradecido, porque yo soy muy visceral. Yo pongo el corazón cuando trabajo con quien sea. Da igual que haya sido Sabina, Serrat o Perales, que han durado mucho tiempo. Yo he tratado -y lo saben todos- de viajar con ellos y me he desvivido. Hoy existe una palabra que se llama road manager, gente que lo hace muy bien y conoce el mercado: viajan ellos con el artista y el mánager muchas veces se queda en su casa. Pero yo he querido estar con el artista y saber en cada momento lo que pasaba. Si había un problema, quería estar allí para solucionarlo. Y si había una cosa mal, el artista me la podía decir. He dado la cara en cada momento. Nota aquí.











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