domingo, enero 25, 2026

Tute

 Tute contra la “subestimación del público infantil”: “La infancia es una etapa muy potente y muy delicada a la vez”

El humorista gráfico, que acaba de publicar ‘La niñez’, habla sobre un libro familiar que guarda como un tesoro, sus inicios leyendo ‘Mafalda’ y la fe en los niños, donde brilla “la potencia de la imaginación”

Ya de chico Tute dibujaba sin parar. Tenía con qué. Su padre, Caloi, era historietista; su madre, María Cristina Marcón, artista plástica. Pero también de chico hablaba sin parar. Él y sus dos hermanos. Decían cosas que para sus padres eran absurdas, delirantes, geniales. Un día su madre llegó con un regalo. Un libro forrado en papel escocés y hecho enteramente a mano, con letra de ella pero también de Caloi. Cinco, en realidad: uno para cada integrante de la familia. En la tapa dice Niños.

“Ella fue escribiendo todas las cosas divertidas que decíamos mis hermanos y yo desde que empezamos a hablar hasta la preadolescencia. Lo hicieron mi vieja y mi viejo, pero sobre todo mi vieja: fue la ideóloga. Está separado en tres capítulos: cada capítulo un hermano. Y además de todas las cosas que decíamos están nuestros dibujos y los dibujos que mi viejo nos hacía a nosotros, muchos con Clemente, para los cumpleaños”, recuerda el dibujante del otro lado del teléfono, en entrevista con Infobae Cultura.

“Un material extraordinario donde uno tiene la posibilidad de visitarse con dos años, tres, cinco, siete años. Ver lo que decían mis hermanos, las similitudes, las grandes diferencias... Un libro extraordinario con un original y mi vieja después hizo fotocopias para quintuplicar el libro”, agrega quien acaba de publicar un nuevo título, La Niñez, editado por Siglo Veintiuno. En la tapa, un hombre tatuado mira a su hijo que decidió no dibujar en la hoja, sino en su propio cuerpo, para parecerse a su padre.

“La niñez fue una invitación que me hizo Javi Rollo a participar en una serie para Siglo Veintiuno de distintos temas. Les di dos opciones: uno era la infancia, el otro el amor. Ellos escogieron la niñez. Me pareció bien porque no tenía ningún libro temático sobre la infancia. El trabajo más fino fue de Javi, del editor, porque yo mandé todo el material que tenía sobre la infancia. Eran muchísimos dibujos, cerca de quinientos. Ellos hicieron una selección que es lo que hoy está en el librito", cuenta.

Tute camina entre dos vías. Él le llama paisajes. “Uno es el paisaje del mundo que me rodea: los hijos de uno, pero también los hijos de los amigos, los piberíos desconocidos, lo que uno puede observar. Y después, el paisaje interno, que es donde están las preguntas que uno se hacía cuando era pibe. Un mundo más íntimo, más de la filosofía personal, de las angustias y los entusiasmos más personales. Muchas veces surgen a partir de memorias, de recuerdos, de sensaciones, de pensamientos”.

Es la hora de la siesta pero Tute no piensa dormir. Su casa está en obra. Mientras conversamos, se escuchan, a lo lejos, algunos ruidos: el timbre cada tanto, muebles que se mueven, hombres que hablan de albañilería, de carpintería, de para cuándo pueden terminar tal parte de tal trabajo. El artista se despoja del costumbrismo y viaja al pasado: “De muy chico ya decía que iba a ser dibujante, que iba a ser humorista gráfico. Hacía dibujos y decía: ‘solo falta que me paguen’”, recuerda.

Nació en cuna de artistas, en Buenos Aires, año 1974, y se crio en José Mármol. Estudió diseño gráfico, también cine, y antes de que el portón del nuevo siglo se abra publicó sus dibujos en La Nación. Desde entonces puso un pie, además del que tenía en los medios, en la industria editorial. Tute de bolsillo, El amor es un perro verde, Batu, Mabel & Rubén, Diario de un hijo, Superyó, Yodo es político! y Ensayo para mi muerte, son algunos de sus tantos libros publicados.

“Mi primera lectura fue Mafalda”, confiesa ahora. Muchísimo tiempo después, en el año 2014, cuando publicó su primera novela gráfica, Dios, el hombre, el amor y dos o tres cosas más, Quino le escribió el prólogo. “Yo aprendí a leer con Mafalda y, por supuesto había tiras que no comprendía, pero muchas otras que sí. Y en una segunda lectura comprendí una parte que antes no comprendía. Así suelen ser las obras complejas: tienen muchas capas de lectura y permiten relecturas a lo largo de la vida". Nota aquí.






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