Alejandro Jodorowsky, el artista inmortal: “Pienso en la muerte desde el día en que nací”
A punto de cumplir 97 años, el artista chileno publica un libro con Taschen en el que repasa su trayectoria, casi tan inabarcable como surrealista. “Mi obra más importante es atarme el cordón de los zapatos con los dientes”, asegura.
El 17 de febrero, Alejandro Jodorowsky (Tocopilla, Chile, 1929) cumplirá 97 años. Todavía faltan unas semanas para su aniversario, pero el artista asegura que ya sabe los tres deseos que va a pedir cuando sople las velas: tiempo, tiempo y más tiempo. “Quiero vivir 15 años más para seguir haciendo lo que estoy haciendo: vivir placenteramente”, explica en videoconferencia con El País Semanal desde su casa en París. Tiene tantos proyectos entre manos que le cuesta enumerarlos. “Pregúntele a mi mujer”, dice señalando a su esposa, la artista Pascale Montandon, que estará a su lado durante toda la entrevista.
“Alejandro está trabajando en varios libros y cómics, exposiciones, películas…”, apunta Montandon, 43 años menor que el creador y su esposa y colaboradora desde hace más de dos décadas. El proyecto más reciente de Jodorowsky es Alejandro Jodorowsky. Art sin fin (Taschen), dos volúmenes en los que repasa su trayectoria, casi tan inabarcable como surrealista.
Comisariado por el editor y académico Donatien Grau, director de programas contemporáneos del Louvre, esta monografía es un objeto de arte en sí mismo y un manifiesto que capta el espíritu creativo calidoscópico, misterioso y onírico de Jodorowsky en todos sus universos, desde el cine y el teatro hasta la poesía y los cómics, pasando por la filosofía o el tarot. Tampoco falta un capítulo sobre la psicomagia, una técnica no científica creada y ejercida por él mismo que une chamanismo, tarot, psicoanálisis y dramaturgia y que, según asegura, sirve para resolver conflictos psicológicos y “sanar” el espíritu.
“Me divierte el psicoanálisis. He leído a Freud, a Fromm, a Jung, los estudié a todos”, dice Jodorowsky, recordando que de joven cursó dos años de Filosofía y Psicología en la Universidad de Chile. “Pero el psicoanálisis cree que trabaja con la verdad y eso es un error. Estamos a millones de kilómetros de la verdad. Hay millones de verdades. Buscamos acercarnos a ella y eso ya es un gran paso”, añade con su característico estilo críptico.
Pese a su avanzada edad, sigue practicando la psicomagia. También sigue leyendo las cartas del tarot de forma gratuita. “Yo no cobro. Ahora te cobran por todo, hasta por comer. Mire los restaurantes, que cobran. La comida debería ser gratis. El arte debería ser gratis”, proclama.
Al igual que un acertijo, su obra es enrevesada, a veces inentendible. El primer volumen de Art sin fin es un festival visual de páginas desplegables, fotogramas de sus películas, escenas de sus performances, collages, dibujos y fotos raras de su archivo personal. El libro abarca desde sus comienzos, cuando, con 23 años, se plantó en París para estudiar pantomima y, de paso, “salvar el surrealismo” junto a Fernando Arrabal y Roland Topor, hasta sus hitos artísticos, como El topo, su acid western de 1970; la alucinatoria y onírica La montaña sagrada, de 1973, o su legendaria adaptación truncada de Dune.
El segundo volumen pasa de la imagen a la voz, recolectando las propias reflexiones de Jodorowsky, confesiones sobre su trabajo y su vida. En su estilo singular —filosófico, escandaloso, desenfrenado— traza un mapa de sus obsesiones, triunfos y fracasos. Nota aquí.

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