“Habría que hacer una canción sobre la corrupción en la izquierda, ¿por qué no?”
El cantautor madrileño cierra este sábado la gira ‘Sinfónico’ con un concierto en Madrid en el que contará, como invitados, con Víctor Manuel y Pablo Alborán.
on la precisión y meticulosidad que caracterizan a casi todo cantautor, Ismael Serrano (Madrid, 1974) dedica parte de la víspera de su concierto en la capital este sábado 17 de enero a decidir el parloteo con que deleitará al público antes de cada canción, palique que, entre los de su jaez, puede durar más que la propia canción. “Tenemos una cierta obsesión por la palabra”, admite. “Somos contadores de historias, nos gusta la tradición oral, que tiene que ver con el juglar. No nos desprendemos de la idea de concierto como una suerte de diálogo. Hay artistas como Iván Ferreiro que odian hablar en las actuaciones, pero a mí siempre me ha divertido”, dice.
Si puede permitirse dedicar tiempo a tan ameno menester antes de la cita, cierre de su gira Sinfónico, es porque ya lo tiene todo bien ensayado con la orquesta de cuarenta músicos que lo acompañará. Sí: trompetas y violines envuelven ahora las canciones más representativas de su carrera. “Es muy emocionante —dice—, porque aportan una épica diferente a las canciones. Es como volar en parapente: te dejas llevar por las corrientes de aire”. En esta ocasión contará con Víctor Manuel y Pablo Alborán como invitados.
La gira ha servido de presentación de su disco de igual título, que actualiza con arreglos orquestales temas de hasta hace casi treinta años con los que el músico madrileño sigue identificándose. “Mis canciones no pierden vigencia”, sostiene. “Papá, cuéntame otra vez la cantaba como un hijo que hace un reproche a un padre, y ahora la canto como un padre que se pregunta qué responderá a su hijo cuando le haga el reproche pertinente”.
Fue en 1997 cuando Serrano publicó su primer álbum, Atrapados en azul. En todos estos años, considera que, como músico, ha ganado “en permeabilidad”. Lo explica: “De joven eres arrogante. Uno siente que en la industria hay injerencia permanente y te acorazas, te cargas de prejuicios. Musicalmente está bien, porque te conviertes en guardián de tus propias esencias, pero también rechazas cosas que habría estado bien incorporar”.
“Con 20 años —añade—, todo te parece urgente y definitivo: quieres estar en el centro del relato y te mueres de amor. Con el paso del tiempo te das cuenta de que no te mueres de amor y que no hace falta estar en el centro del relato. También pensaba que no hay mayor felicidad que el estar sobre un escenario, y luego comprendes que debes saber bajarte de él. Para mí, la música es muy importante, pero no lo más importante. Lo más importante es la vida: vivir, enamorarse, estar con tus afectos, aprender… He conocido artistas a los que admiro que cuando se bajaban del escenario eran profundamente infelices”.
Lugar central en su vida ocupan sus hijos, Lila, de 11 años, y Martín, de tres. “A ella le gustan muchos los musicales, y me llevó a un concierto de Lawrence, un grupo de hermanos neoyorquinos. Canta muy bien. Igual para mi próximo disco hacemos una colaboración”, dice.
Para el oyente medio, Ismael Serrano es exponente de la canción de autor de tintes políticos. Quizá porque de los de su promoción, era el más activista de todos. ¿Se siente cómodo con esa etiqueta, aunque en su repertorio haya otras temáticas? “Me parece un orgullo reivindicarlo —responde— en un contexto en que la gente se cuida mucho de posicionarse políticamente, porque sabe que le va a caer la de Dios. Hay un acojone, porque saben que se va a generar un ambiente tóxico en las redes. Pero, por otro lado, eso, quizá, ha opacado otras sensibilidades que están presentes en mi música, y que me gustaría reivindicar. Soy lo que soy, hay señalamientos que casi son una medalla, pero esa etiqueta ha podido generar cierto prejuicio y tal vez hay gente que no se ha aproximado a mi música por eso”. Nota aquí.


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