ORACIÓN POR EL SINTECHO MUERTO
aunque pasó mucha gente,
yace muerto un indigente,
ahora alguno se lamenta,
su sociedad opulenta
vive muy despreocupada,
como si no pasa nada,
en una calle cualquiera.
¿Cómo puede ser que muera
tanta gente abandonada?
Yace muerto un indigente,
pero nadie se da cuenta,
aunque pasa tanta gente.
Sucedió en San Sebastián,
en Madrid, en Barcelona,
lo mismo en Cádiz, Pamplona,
Palestina, Afganistán…
Si sabemos dónde están
y que carecen de techo,
con la intemperie por lecho,
¿cómo es posible que vivan
en la penuria y que sigan
sin cobijo ni pertrecho?
Yace muerto un indigente,
pero nadie se da cuenta,
aunque pasa tanta gente.
Ocurrió en la Plaza Easo,
y a plena luz del día,
mientras la gente corría
por allí sin hacer caso.
Policía con retraso,
que se iba a morir igual,
con un destino fatal
por pobre, solo y migrante.
La ciudad va de elegante
pero falsa y fantasmal.
Yace muerto un indigente,
pero nadie se da cuenta,
aunque pasa tanta gente.
Se atrasó la funeraria,
se atrasó la policía
a donde el pobre yacía,
la asistencia sanitaria,
menos de la necesaria
para atender dignamente.
Nadie supo estar presente
en hora tan señalada,
en hora tan desgraciada
para aquel cuerpo yacente.
Yace muerto un indigente
perro nadie se da cuenta,
aunque pasa tanta gente.
© Félix Maraña
[El pasado 22 de diciembre de 2025 moría en la plaza de Easo de San Sebastián, a plena luz del día y con la indiferencia de los viandantes, un hombre sin techo, al que engulló la desgracia y la tragedia de nuestro tiempo: la insolidaridad. Murió con la sola compañía de una botella de Martini, que mantuvo la guardia mientras la ciudad se desperezaba y seguía acumulando víveres para celebrar la fiesta de San Sebastián, la ciudad más hermosa del mundo pero muy pobre, como tantas, en la atención a las personas desfavorecidas].

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